Y una vez un viejo ogro me dijo que confiara más en Él… Y yo me pregunté: ¿por qué?
Entonces el domingo no fui a su casa, pero el día anterior conviví con su familia; disfruté con ellos, pero al otro día… no quise verlo.
Y hoy se cumple un mes que no he ido a visitarlo, y quisiera hacerlo, pero él solo me regaña. Aunque su sola ausencia me lastima, y en mi oído escucho voces que me llaman: ¡Cobarde!
Y sí… tal vez lo sea.
He pensado seriamente en abandonarlo todo, todo, que no quede nada en mí; lo he pensado, lo he deseado.
¿Y con qué propósito? —me pregunto—. ¿Con qué fin? Si de esto no sacaría provecho.
Es verdad cuando dicen que el Señor da descanso, pero incluso en el descanso se necesita descanso. Las veces que he querido parar, incluso descansando he querido descansar.
Y el descanso no es suficiente, no lo es. Hace falta algo más, algo… eterno.
La alegría es decadente, puesto que no es estable; pero aquel desasosiego se estabiliza por más que quieras lo contrario. Es triste, es pesado; todos pasaremos por ahí. Si tú aún no experimentas tan amarga sensación, entonces ¡lárgate de aquí!
— Jorge Guzmán