Entre la luz y la sombra mi cuerpo viaja trayendo mensajes, en cadencia armoniosa se expande y se contrae sintiendo cada pulsar, cada vibrar y se sumerge y vuelve a salir.
Danza infinita y eterna comprendiendo la muerte, agradeciendo el renacer.
La intensidad de ambos mundos mi cuerpo las habita cual sabio y experimentado viajero, tomando, experimentando, sorbiendo hasta la última gota de cada experiencia corpórea que estos mundos le otorgan.
Mi cuerpo se sabe cíclico, mensajero y se deja cual oráculo viviente atravesar, integrar, ser en esa dualidad maravillosa y perfecta.
Verdadera paz, verdadera calma, verdadera vida, saber morir y renacer a cada instante.