Historias de la infancia
Relatos sobre mi vida cotidiana
El alimento que nos une: La mesa de la abuela Nilda.
Estamos sentados en la mesa. Comemos ravioles de Alperte. Al que le tocaba la hoja de laurel, lavaba los platos. Me acuerdo del olorcito, y el sonido crujiente del pan que le comprábamos a Andrés - que llegaba siempre a la mitad- (era imposible no darle un mordisco a ese pan).
Pienso cuántas cosas que hemos vivido y me pregunto en silencio: ¿Podremos mantener vivo ese recuerdo? y ¿Cómo?. Las memorias de mi infancia son como ese aire fresco en una tarde de verano. Me recuerdan lo simple que es vivir.
Los primos y yo pasábamos toda la tarde en la pileta. Volvíamos cagados de hambre. Nos esperaban con la merienda. Pan con manteca y dulce de leche; pan con manteca y azúcar; y una chocolatada bien fresca.
Para mí no existe mayor felicidad que la de sentir y pensar qué memorias más lindas, cuánto disfrute. Qué alegría.
¿Podremos mantener vivo ese recuerdo? y ¿Cómo?. Volviendo a los sentidos. El contacto con el agua; el olor a cloro; el sabor a pan recién horneado, calentito. Una foto. Compartir el recuerdo con otra persona. Así lo mantenemos vivo. Así sigue viviendo dentro de nosotros.