Vea pues, las cubetas.
Cubetas para un mar inagotable
Sobre la tarea de escribir todos los días que me impuse desde hace ya casi dos meses:
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Pensamiento
Vea pues, las cubetas.
Contenido de la publicación
Sobre la tarea de escribir todos los días que me impuse desde hace ya casi dos meses:
Pensar: «¿Qué voy a decir?», «¿De qué voy a hablar?». Y lo que en la mente se me genera a partir de eso... bueno, eso es lo que salgo escribiendo; no algo que tuviera la intención principal, a veces ni inicial, de empezar a plasmar en mis letras... —empiezan las abstracciones divagantes: «¿letras?», ¿no es mejor decir «palabras»? ¿O acaso lo escrito debe esperar ser leído para dar el salto de las letras a las palabras? Las letras... ¿qué son? ¿Una simple herramienta heredada socializadora logicista? ¿O son el símbolo exacto del pensamiento puro que empieza a existir en el mundo como palabra solo bajo la condición de ser leído?...—
Empiezo a preguntarme también: ¿Es necesario siempre decir algo? Estar constantemente comunicando lo que se cruce por la cabeza... ¿Cuál es el resultado verdadero de esto? ¿Exponerse para qué, a qué, buscando qué?
También pienso que al usar las letras... ¿cómo deberíamos hacerlo en verdad? ¿Técnica y estructuradamente? ¿Coloquialmente? ¿De forma amena y agradable? ¿Para causar asco y espanto? ¿Para generar conciencia sobre algo, señalar una injusticia, un desajuste, una problemática, un fenómeno? ¿Para distraer o alardear? ¿Deberíamos hacer siempre y necesariamente un show espectacular con nuestros... —¿«palabrenguajes»?—... para demostrar dominio de los mismos desarrollando un tema de delicada índole debido a su importancia epistemológica, estética, o lo que sea?
Me imagino a Homero, por ejemplo, antes de la Odisea pensando: «Y... ¿musas y dioses me inspiraron precisamente esto?». Aunque seguro no dudó ni un instante y la escribió, pero eso de la inspiración por las musas y dioses es más bien, creo, la excusa inspiracional más profunda que él y todos los otros —siendo de la antigua Grecia tan sublime, elevada y artística— pudieron haberse ideado para aferrarse a la ejecución de su arte...
Volviendo al no espectacular ni helenístico yo, en una actualidad... no tan elevada ni tan propensa a elevarse como en la Grecia de las fantasías —no era la gran cosa en verdad, y se volvió más relevante al dejarse fagocitar militar y políticamente por Roma para colonizar a Roma culturalmente—, sigo pensando en qué decir mientras voy diciendo, como si al ir poniendo mis letras en el vacío de la superficie en blanco, las palabras de encima vayan jalando las que están en el fondo y quieran subir y salir...
Preguntas y más. Por ejemplo: ¿De verdad se puede ir diciendo lo que sea, aun teniendo cómo sustentar lo que se está diciendo?
Los reportajes periodísticos... Existe un tema generado por un suceso —o el suceso mismo es el tema—. Unos periodistas reportan sobre el tema de una forma específica con datos fundamentados, análisis congruentes, opiniones serias y estadísticas de expertos. Siempre, como desde la otra orilla, aparecen otros periodistas reportando sobre exactamente el mismo tema, con la misma rigurosidad técnica y seriedad, pero con un enfoque y datos estadísticos completamente opuestos a los del otro reportaje sobre ello.
Entonces, ¿es válido decir lo que se vaya a decir sobre lo que sea, con estudios serios incluidos acerca de ello? En el ejemplo anterior, ambos contrarios están igualmente dateados de forma seria y son creíbles en iguales proporciones, y no es que necesariamente una u otra opinión tenga que anular a su contrario; lo erróneo sería usar el derecho a decir lo que sea porque se pueden generar confusiones, dicotomías, falsedades y malinterpretaciones.
¿Qué es esto? No el acabose del desencuentro y el choque de opinión devastador, solo es... la trampa de la posverdad o de la hiper-fundamentación, donde la estructura lógica y los datos ya no garantizan la verdad, sino la persuasión.
¿Decir para persuadir, para generar aceptación, adeptos, defensores de posturas, partidarios, opinadores?
Si se remite estrictamente a decir para generar conciencia... Por ejemplo, me acuerdo de que en los noventa, cuando era un chiqui, Jacques Cousteau y un montón de gente escribían sobre el impacto ambiental, sobre los daños generados al planeta; me acuerdo de campañas de Greenpeace —antes de que pasara a ser una multinacional de ideología— para generar la conciencia ambiental que tres mil doscientos paquetes de papitas después no se ha podido interiorizar en la sociedad.
Así mismo, todo lo que sea decir para alzar la voz por minorías, desgraciados invisibles, atropellados eternos, abusados perpetuos, injusticias, violencia, sufre exactamente el mismo destino: genera reactividad, reacción por un grupo reducido —limitado en cuanto a la población total de un territorio que, al ser mayoría, acalla la reactividad y la verdadera preocupación e indignación del reducido grupo al que sí le hayan llegado las palabras de concientización, las haya entendido e interiorizado por aceptarlas del todo—. Y todo queda de lado en unas semanas. Una que otra protesta «pacifiolenta», una que otra muerte a manos del opresor, una que otra indignación puesta sobre la indignación inicial, y solo luego de la muerte de los que murieron creyendo en ese luchar contra el mal, se visibiliza de verdad la problemática que generó la indignación inicial...
Queda, decir para describir nuestros sentimientos...
Eso me parece sincero, pero habrá que estar preparados para ello, para estar demasiado visibles bajo la spotlight...
Porque, digamos que cualquiera en la calle se te queda mirando detenida(descarada)mente, y te detallan hasta cómo llevas los cordones de los zapatos, a la larga no verán nada. Pero al escribir algo que salga de tu corazón, hacerlo público y que lo lean, te verán más de lo que verían si estuvieras completamente desnudo caminando por ahi.
Yo no sé... Yo me muestro yo y ya, y sí, a veces quiero hacer malabares y trucos con mi «palabrenguaje», y me creo bastante cuando hago un poema y lo leo y me gusta, o cuando, por ejemplo, escribo mis consideraciones acerca de cosas ya pensadas pero no dichas por mí; porque, por ejemplo, Byung-Chul Han ya pudo haber escrito La sociedad del cansancio, pero ese cansancio de/en/desde la sociedad lo siento yo, y todos los que vemos demasiado profundamente, y lo expreso como yo quiera, para mí o para ponerlo a la vista cuando lo decida.
Mientras ellos gastan sus fortunas con insistencia, yo me trato de gastar el mar que hay en mi. Y lo más gracioso es que de ese, mi mar, sólo extraigo cubetas. Muchas, pero igual ¿cómo voy a secar mi mar a cubetazos?
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Thoughts
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PermalinkVea pues, las cubetas.
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PermalinkNeta, yo aguanté dos semanas con un diario y ya iba en puras listas de pendientes. Dos meses seguidos está cañón. ¿A qué hora del día te sientas a escribir?
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PermalinkSacar el mar propio a cubetazos sabiendo que no se va a secar me hizo pensar en que escribir todos los días aguanta justo por eso: nadie pretende vaciar nada, solo llenar la cubeta de hoy. Apuesto a que dentro de unos meses vas a releer estas primeras semanas y vas a reconocer cuáles cubetas salieron del fondo.
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PermalinkOjo con Homero, que lo de las musas seguramente ni era suyo: la invocación era la fórmula con la que arrancaba cualquier aedo, y la Odisea viene de siglos de gente recitándola de memoria. La excusa venía con el oficio. Lo de Grecia colonizando a Roma por la cultura ya lo dejó dicho Horacio. Lo que yo no te compro es que Grecia no fuera la gran cosa.
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