Desde la teoría de comparación social de Festinger (mayormente conocido por la teoría de la disonancia cognitiva) se nos explica que las personas poseen una tendencia natural a evaluar sus opiniones y capacidades por medio de la comparación con otros individuos. Esta teoría hace reflexionar acerca de la construcción de objetividad que poseemos los seres humanos, somos capaces de ver una realidad limitada y en parte tenemos necesidad de un otro para confirmar esa capacidad.
El asunto no es que no exista la capacidad de conocimiento propio sino el papel de otros frente a la confirmación o ese instinto científico de replicabilidad, de ver si el otro ve lo mismo que yo veo, si el objeto es efectivamente "objetivo". Entonces de este punto se piensa: ¿Cuál es el rol de los otros frente al conocimiento objetivo?
Para eso tengo que confirmar la existencia de otros desde mis limitadas capacidades, partiendo de ese punto donde no puedo conocer toda la realidad, me es imposible conocer del todo a un sujeto, ni las personas más cercanas a mi me conocen del todo ni yo a ellos ¿Alguien podría afirmar aquello? El punto es que para confirmar al otro dentro del espacio de la existencia debería siempre de necesitar a un otro, algún tercero ¿No es paradójico? A la ecuación siempre se le irá añadiendo una persona más para confirmar la existencia de la otra por tanto ¿Permitimos la paradoja o buscamos otra alternativa?
Si buscamos alguna alternativa: desde la experiencia propia uno sabe que existen los otros una vez más por los maravillosos sentidos (tacto, visión, olfato, etc...) Uno puede experimentar a los otros pero sería algo iluso volver a postular que puedo confiar en mis sentidos ¿no? El "cogito ergo sum" de Descartes ayuda a pensar en que efectivamente el sujeto va antes y que puedo confiar en mi entendimiento y uso de razón.
¿Puedo confiar en mi razón? Si así se sigue no se puede confiar en nada pues no hay nada que me termine por confirmar alguna de estas preguntas. ¿En que confiar? Dando por válida la razón como método se puede llegar a la semejanza, si acepto el "cogito ergo sum" al menos yo existo pero los demás pueden ocupar la razón de igual forma y llegar a la misma conclusión, por tanto, también existen ¿no?
Aquello efectivamente confirmaría un otro, bajo ciertas condiciones: el uso de razón compartido, la vida compartida. Se puede dar cuenta de un otro mediante el cogito cartesiano más no solo por manifestar verbalmente el "pienso luego existo" sino que aquello posee un subtexto detrás, el encuentro de ese subtexto (en este caso el acto de pensar) nos abre paso a la semejanza de episteme y por tanto de una coexistencia de "pensares".
Se confirma la existencia de un ser, no sé si será correcto nombrar alma, me parece algo impreciso pero al menos está el ser consciente como uno. Confirmado el otro mediante la semejanza, sé de sujetos cognoscibles dentro de las limitaciones (claro que ajenos a mí) , ¿Cómo conocer los objetos?
Que otra forma mejor sino en el "mundo en común" sabiendo que no es un mundo en solitario el que se habita se da cuenta uno de el entramado gigantesco en el que uno está inmerso, en el encadenamiento de consciencias que a lo largo de la historia han forjado algo más. En medida se va entendiendo lo social la realidad se va tejiendo, el lenguaje termina por ser el medio por el que fluye la razón siendo mediador de "lo posible" es así que la objetividad nace en la construcción de ese mundo reconocido por la masa de otros, si es así el yo también es parte de ese mundo compartido y finalmente la existencia es mediada siempre por esos otros, por la suma de toda consciencia colectiva.