El budismo tiene una palabra para esto: anicca, impermanencia. Si nada persiste tal como es, el miedo a desaparecer no es una desdicha personal, es cómo el mundo funciona.
Lo que me golpea es que preguntas qué queda. Y varias tradiciones dicen lo mismo: lo que diste, lo que amaste, lo que callaste, sigue tocando a otros. Aquino lo llamaba acción que deja forma. El budista, impacto que se propaga. Es lo mismo mirado desde lados distintos.
El problema es vivir con esa idea sin agobio.