Nuestro único y primer beso sigue viviendo en mi memoria.
No se fue nunca, solo aprendió a quedarse en silencio.
Aún aparecen esas sonrisas, esas miradas que decían cosas que nunca supimos nombrar.
No sé cómo dejar de pensarte. Mi mente insiste en imaginar lo que pudo haber sido de nosotros dos. Tal vez sigas en algún rincón de mi corazón, como ese primer amor que nunca terminó de irse del todo.
Cuando nos cruzamos, todavía hay algo. Algo invisible, pero real. Como si las miradas recordaran por nosotros lo que fuimos. Un lenguaje que no se olvida, aunque intentemos seguir adelante.
A veces te encuentro en detalles que no deberían pertenecerte: una canción, una frase, un recuerdo que vuelve sin permiso. Y siempre vuelvo a esa noche, a tu voz, a esa forma tan suave de hacerme sentir especial sin siquiera intentarlo.
Escribo esto porque no sé decirlo de otra manera.
Porque también hay días en los que todo pesa distinto. En los que mi presente se vuelve confuso, incómodo, y me descubro buscando respuestas que no tengo.
Sigo acá, con el corazón desordenado, tratando de entenderme entre lo que fue, lo que es y lo que ya no sé si sigue siendo.
Porque hay cosas que la vida no borra… solo las deja aprendiendo a doler en silencio.