A veces miro mi piel,
y bajo el frío mantel
veo el reflejo
de mi estupidez.
A veces miro mis palmas,
y en el cobijo de ambas
está el reflejo
de mi propia alma.
¿Acaso me sigue un espejo
que se oculta en las mantas
que cobijan mi cuerpo?
Ojos que callan,
boca que llora,
si ellos me fallan
caeré de todas formas.
A veces me hablo a mí mismo,
¿Será soledad,
o tan solo mi piedad?
No es "odio" la palabra,
ni tampoco tranquilidad;
son palabras rotas
que perforan sin pensar.
Me odio,
o tal vez no,
solo odio la piel
que cubre mi dolor.