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Capitulo 4 continuacion de entre el amor y la confusion
Cuando la Infancia AprendiĂł a Ser Fuerte — CapĂtulo 4: El dĂa que el amor chocĂł conmigo
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Contenido de la publicaciĂłn
Cuando la Infancia AprendiĂł a Ser Fuerte — CapĂtulo 4: El dĂa que el amor chocĂł conmigo
En fin...
Mientras seguĂa luchando con todo eso, con mi papá, con el alcohol y con los problemas de mi familia, mi vida tenĂa que continuar.
Yo peleaba constantemente con mi papá porque mi hermano estaba descuidado viviendo con Ă©l. A mĂ no me gustaba verlo asĂ. SentĂa que alguien tenĂa que hacerse cargo de Ă©l, que habĂa que cuidarlo, asegurarse de que no anduviera tan tarde por las noches, que se bañara, que tuviera sus cosas y, sobre todo, que pudiera sentirse cuidado.
Pero eso no estaba pasando.
Y entonces llegĂł un momento en el que tuve que preguntarme:
¿Y ahora qué hago?
Si mi papá no podĂa hacerse cargo de Ă©l porque trabajaba de noche y además tenĂa sus propios problemas, alguien tenĂa que tomar las riendas.
Hablé con mi amiga.
Le expliquĂ© la situaciĂłn y le preguntĂ© si mi hermano podĂa quedarse con nosotros.
Ella aceptĂł.
Entonces hablĂ© con mi papá y le dije que no se preocupara, que nosotros Ăbamos a tenerlo en la casa de mi amiga. De esa manera, Ă©l no tendrĂa que preocuparse porque su hijo quedara solo durante la noche mientras trabajaba.
Y asĂ fue.
Mi hermano se fue a vivir con nosotros.
A partir de ese momento empecé a hacerme cargo de él.
Yo trabajaba y trataba de que no le faltaran sus cosas de la escuela, su ropa y todo lo que necesitaba.
No era fácil.
Yo tambiĂ©n tenĂa mis propios problemas.
Pero sentĂa que podĂa hacerlo.
Mientras tanto, en la escuela, todo era diferente.
Mi vida seguĂa transcurriendo entre clases, tareas, amigos y dĂas que parecĂan iguales.
Pero dentro de mĂ estaba pasando algo que cada vez se hacĂa más fuerte.
El amor hacia esa persona.
Al principio no entendĂa quĂ© era.
Me sentĂa confundido.
HabĂa algo en mĂ que se encendĂa cuando lo veĂa, una chispa que no sabĂa explicar.
Pero con el tiempo tuve que aceptar la verdad:
sĂ, me habĂa enamorado.
Y aquella confesiĂłn hacia mĂ mismo no fue sencilla.
VivĂamos en una sociedad bastante cerrada y yo tenĂa miedo de lo que podĂan pensar los demás.
Me preguntaba:
ÂżCĂłmo podĂa estar enamorado de un chico siendo yo tambiĂ©n un chico?
La pregunta se repetĂa una y otra vez en mi cabeza.
No sabĂa cĂłmo explicarlo.
No sabĂa si alguien iba a entenderme.
No sabĂa quĂ© iba a pasar si alguien se enteraba.
Asà que decidà guardármelo.
Y mientras más intentaba esconderlo, más fuerte se hacĂa.
Las miradas en la escuela.
Los grupos de tareas que, por obra de la maestra o quizás del destino, hacĂan que coincidiĂ©ramos.
Las clases de gimnasia.
Los encuentros en la calle.
La plaza.
En una ciudad donde prácticamente todos se conocen, era imposible no cruzarnos.
Y cada vez que lo veĂa, aquel sentimiento volvĂa.
Yo lo guardaba.
Lo escondĂa.
Intentaba actuar como si nada.
Pero por dentro estaba pasando de todo.
Mientras tanto, pensaba:
¿Cómo hago para acercarme a él?
QuerĂa hablarle.
QuerĂa conocerlo más.
QuerĂa encontrar alguna manera de acercarme sin que descubriera inmediatamente todo lo que yo sentĂa.
Y entonces se me ocurriĂł una idea.
Saqué su número del grupo de la escuela.
Busqué una excusa.
Necesitaba una razĂłn para escribirle.
Y finalmente encontré una.
Le mandé un mensaje:
—Hola, ¿tenés para pasarme lo que dieron hoy? No fui porque estaba enfermo.
Él me respondió:
—Holaa, sĂ, amigo. Ya te paso.
Y ahĂ comenzĂł todo.
Puede parecer una conversaciĂłn insignificante.
Un mensaje sobre una tarea.
Pero para mà fue mucho más que eso.
SentĂ cosas.
De esas que uno siente y despuĂ©s se rĂe solo porque sabe que quizás está empezando a ilusionarse.
A partir de ahĂ comenzaron las charlas.
Primero de la escuela.
Después de cualquier cosa.
Y poco a poco empezamos a hablar todos los dĂas.
Hasta que llegĂł un momento en que hablar por las noches se volviĂł parte de nuestra rutina.
Hablábamos de la vida.
De nuestras familias.
De nuestras cosas.
De lo que nos pasaba.
Y yo cada vez me sentĂa más cerca.
Mientras más hablábamos, más difĂcil se me hacĂa guardar lo que sentĂa.
Yo intentaba contenerme.
Decirme que todavĂa no.
Que quizás era demasiado pronto.
Que quizás solamente era una ilusión.
Pero los sentimientos no siempre obedecen a la razĂłn.
Y despuĂ©s de tantos dĂas guardándome todo, llegĂł el momento en que explotĂ©.
No pude más.
Me declaré.
Le dije lo que sentĂa.
Y a partir de ahà también comencé a hablar de aquello con algunas personas de mi familia y con mis amigos.
Ya no querĂa seguir escondiendo una parte de mĂ.
Recuerdo perfectamente su respuesta.
Me dijo:
—Quedé tildado... no sé qué decirte.
Y quizás Ă©l no sabĂa quĂ© decir.
Pero yo sĂ sabĂa lo que acababa de hacer.
HabĂa puesto mi corazĂłn sobre la mesa.
Por primera vez.
Sin saber qué iba a pasar después.
El primer amor que no fue correspondido
Ese amor, en fin...
No fue correspondido.
Y a la vez era como si él tampoco quisiera aceptarlo.
VivĂamos en una ciudad donde se juzgaba mucho y donde era difĂcil sentir algo hacia alguien del mismo sexo. Por eso, quizás, todo era todavĂa más complicado.
Me rechazĂł.
Pero ahora apareciĂł otro problema.
Me confundĂa.
Porque despuĂ©s de rechazarme, seguĂa buscándome.
Me histeriqueaba.
Buscaba que lo mirara.
Buscaba que coincidiéramos.
Hasta mis compañeras me lo decĂan:
—Te busca.
—Se hace el otro.
Y yo no sabĂa quĂ© pensar.
Si no sentĂa lo mismo, Âżpor quĂ© me buscaba?
Si sabĂa lo que yo sentĂa, Âżpor quĂ© hacĂa esas cosas?
Yo ya estaba enamorado.
Y cada mirada, cada acercamiento y cada coincidencia podĂa hacerme volver a ilusionar.
Hasta que un dĂa me puse tan mal que terminĂ© llorando en el colegio.
En el salĂłn nadie sabĂa realmente lo que yo sentĂa por Ă©l.
Nadie sabĂa lo que llevaba guardado.
Mis amigas se dieron cuenta de que algo me estaba pasando y le dijeron a la profesora que me sacara del salĂłn.
Tuve que salir.
SentĂa que me ahogaba.
No entendĂa por quĂ© me habĂa puesto tan mal.
Me preguntaba:
ÂżAsĂ era el amor?
ÂżTambiĂ©n podĂa hacer sufrir tanto?
ÂżPodĂa hacerte llorar de esa manera?
ÂżPodĂa doler tanto saber que la otra persona ni siquiera sabĂa que estabas llorando por ella?
Hablé con la profesora.
Y le conté todo.
Le contĂ© lo que sentĂa, lo que estaba viviendo y todo lo que venĂa guardando.
Después volvà al salón.
Mis amigas me contaron que Ă©l habĂa preguntado por quĂ© me habĂa salido asĂ.
Y yo pensé:
ÂżPor quĂ© te preocupás, si sabĂas por quĂ© era?
Quizás Ă©l no entendĂa completamente lo que provocaba en mĂ.
Quizás él también estaba confundido.
Quizás tenĂa sus propios miedos.
Pero yo solamente sabĂa lo que sentĂa.
Y asĂ fue como el amor llegĂł a mi vida.
Mi primer amor.
Un amor que no fue correspondido.
Pero que, de alguna manera, me ayudĂł a conocerme.
A descubrir quĂ© sentĂa.
A entender quĂ© me atraĂa.
A descubrir una parte de mĂ que hasta entonces habĂa intentado esconder incluso de mĂ mismo.
Y esta historia no termina acá.
TodavĂa falta mucho de aquella etapa.
Porque después aparecieron otras personas.
Personas que tambiĂ©n hacĂan que coincidiĂ©ramos.
Nuevas miradas.
Nuevas situaciones.
Nuevas confusiones.
Y hasta hubo un momento que, sin saberlo, se convertirĂa en una de esas escenas que pueden romperte el corazĂłn en cuestiĂłn de segundos:
ver a esa persona besándose con quien yo creĂa que era mi amiga.
Pero esa...
Esa es otra parte de la historia.
Thoughts
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PermalinkSaliste vivo del otro lado. Eso de conocerte a ti mismo a través del dolor es lo que al final importa.
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PermalinkLa parte donde llorás en el colegio es donde entendĂ©s que el miedo no es tuyo solo. Él tambiĂ©n estaba confundido, Ă©l tambiĂ©n tenĂa sus propios miedos como vos los tuyo. En una sociedad cerrada, a veces el rechazo no es lo que vos crees que es.
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PermalinkGracias por contar la verdad sin adornos. Ese primer amor que duele y te construye a la vez: no sabĂ©s en ese momento que lo necesitabas. EscribĂs bien de eso. TenĂ©s más por acá?
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PermalinkEso đź’™
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PermalinkMe quedĂł eso de que Ă©l seguĂa buscándote despuĂ©s de rechazarte. Como que la rechaza no fue tan simple para Ă©l tampoco.
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PermalinkLo que decĂs de que el amor duele, la mayorĂa se entera de eso en una noche. Vos lo aprendiste con todo tu peso encima: la familia, el miedo, el rechazo y la confusiĂłn de Ă©l. Es mucho para empezar.
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