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Capitulo 4 continuacion de entre el amor y la confusion

Aledellarosa
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Cuando la Infancia Aprendió a Ser Fuerte — Capítulo 4: El día que el amor chocó conmigo

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dcabrera55

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Contenido de la publicaciĂłn

Cuando la Infancia Aprendió a Ser Fuerte — Capítulo 4: El día que el amor chocó conmigo

En fin...

Mientras seguía luchando con todo eso, con mi papá, con el alcohol y con los problemas de mi familia, mi vida tenía que continuar.

Yo peleaba constantemente con mi papá porque mi hermano estaba descuidado viviendo con él. A mí no me gustaba verlo así. Sentía que alguien tenía que hacerse cargo de él, que había que cuidarlo, asegurarse de que no anduviera tan tarde por las noches, que se bañara, que tuviera sus cosas y, sobre todo, que pudiera sentirse cuidado.

Pero eso no estaba pasando.

Y entonces llegĂł un momento en el que tuve que preguntarme:

¿Y ahora qué hago?

Si mi papá no podía hacerse cargo de él porque trabajaba de noche y además tenía sus propios problemas, alguien tenía que tomar las riendas.

Hablé con mi amiga.

Le expliqué la situación y le pregunté si mi hermano podía quedarse con nosotros.

Ella aceptĂł.

Entonces hablé con mi papá y le dije que no se preocupara, que nosotros íbamos a tenerlo en la casa de mi amiga. De esa manera, él no tendría que preocuparse porque su hijo quedara solo durante la noche mientras trabajaba.

Y asĂ­ fue.

Mi hermano se fue a vivir con nosotros.

A partir de ese momento empecé a hacerme cargo de él.

Yo trabajaba y trataba de que no le faltaran sus cosas de la escuela, su ropa y todo lo que necesitaba.

No era fácil.

Yo también tenía mis propios problemas.

Pero sentĂ­a que podĂ­a hacerlo.

Mientras tanto, en la escuela, todo era diferente.

Mi vida seguĂ­a transcurriendo entre clases, tareas, amigos y dĂ­as que parecĂ­an iguales.

Pero dentro de mí estaba pasando algo que cada vez se hacía más fuerte.

El amor hacia esa persona.

Al principio no entendía qué era.

Me sentĂ­a confundido.

HabĂ­a algo en mĂ­ que se encendĂ­a cuando lo veĂ­a, una chispa que no sabĂ­a explicar.

Pero con el tiempo tuve que aceptar la verdad:

sĂ­, me habĂ­a enamorado.

Y aquella confesiĂłn hacia mĂ­ mismo no fue sencilla.

Vivíamos en una sociedad bastante cerrada y yo tenía miedo de lo que podían pensar los demás.

Me preguntaba:

¿Cómo podía estar enamorado de un chico siendo yo también un chico?

La pregunta se repetĂ­a una y otra vez en mi cabeza.

No sabĂ­a cĂłmo explicarlo.

No sabĂ­a si alguien iba a entenderme.

No sabía qué iba a pasar si alguien se enteraba.

Así que decidí guardármelo.

Y mientras más intentaba esconderlo, más fuerte se hacía.

Las miradas en la escuela.

Los grupos de tareas que, por obra de la maestra o quizás del destino, hacían que coincidiéramos.

Las clases de gimnasia.

Los encuentros en la calle.

La plaza.

En una ciudad donde prácticamente todos se conocen, era imposible no cruzarnos.

Y cada vez que lo veĂ­a, aquel sentimiento volvĂ­a.

Yo lo guardaba.

Lo escondĂ­a.

Intentaba actuar como si nada.

Pero por dentro estaba pasando de todo.

Mientras tanto, pensaba:

¿Cómo hago para acercarme a él?

QuerĂ­a hablarle.

Quería conocerlo más.

QuerĂ­a encontrar alguna manera de acercarme sin que descubriera inmediatamente todo lo que yo sentĂ­a.

Y entonces se me ocurriĂł una idea.

Saqué su número del grupo de la escuela.

Busqué una excusa.

Necesitaba una razĂłn para escribirle.

Y finalmente encontré una.

Le mandé un mensaje:

—Hola, ¿tenés para pasarme lo que dieron hoy? No fui porque estaba enfermo.

Él me respondió:

—Holaa, sí, amigo. Ya te paso.

Y ahĂ­ comenzĂł todo.

Puede parecer una conversaciĂłn insignificante.

Un mensaje sobre una tarea.

Pero para mí fue mucho más que eso.

SentĂ­ cosas.

De esas que uno siente y después se ríe solo porque sabe que quizás está empezando a ilusionarse.

A partir de ahĂ­ comenzaron las charlas.

Primero de la escuela.

Después de cualquier cosa.

Y poco a poco empezamos a hablar todos los dĂ­as.

Hasta que llegĂł un momento en que hablar por las noches se volviĂł parte de nuestra rutina.

Hablábamos de la vida.

De nuestras familias.

De nuestras cosas.

De lo que nos pasaba.

Y yo cada vez me sentía más cerca.

Mientras más hablábamos, más difícil se me hacía guardar lo que sentía.

Yo intentaba contenerme.

Decirme que todavĂ­a no.

Que quizás era demasiado pronto.

Que quizás solamente era una ilusión.

Pero los sentimientos no siempre obedecen a la razĂłn.

Y después de tantos días guardándome todo, llegó el momento en que exploté.

No pude más.

Me declaré.

Le dije lo que sentĂ­a.

Y a partir de ahí también comencé a hablar de aquello con algunas personas de mi familia y con mis amigos.

Ya no querĂ­a seguir escondiendo una parte de mĂ­.

Recuerdo perfectamente su respuesta.

Me dijo:

—Quedé tildado... no sé qué decirte.

Y quizás él no sabía qué decir.

Pero yo sĂ­ sabĂ­a lo que acababa de hacer.

HabĂ­a puesto mi corazĂłn sobre la mesa.

Por primera vez.

Sin saber qué iba a pasar después.

El primer amor que no fue correspondido

Ese amor, en fin...

No fue correspondido.

Y a la vez era como si él tampoco quisiera aceptarlo.

Vivíamos en una ciudad donde se juzgaba mucho y donde era difícil sentir algo hacia alguien del mismo sexo. Por eso, quizás, todo era todavía más complicado.

Me rechazĂł.

Pero ahora apareciĂł otro problema.

Me confundĂ­a.

Porque después de rechazarme, seguía buscándome.

Me histeriqueaba.

Buscaba que lo mirara.

Buscaba que coincidiéramos.

Hasta mis compañeras me lo decían:

—Te busca.

—Se hace el otro.

Y yo no sabía qué pensar.

Si no sentía lo mismo, ¿por qué me buscaba?

Si sabía lo que yo sentía, ¿por qué hacía esas cosas?

Yo ya estaba enamorado.

Y cada mirada, cada acercamiento y cada coincidencia podĂ­a hacerme volver a ilusionar.

Hasta que un día me puse tan mal que terminé llorando en el colegio.

En el salón nadie sabía realmente lo que yo sentía por él.

Nadie sabĂ­a lo que llevaba guardado.

Mis amigas se dieron cuenta de que algo me estaba pasando y le dijeron a la profesora que me sacara del salĂłn.

Tuve que salir.

SentĂ­a que me ahogaba.

No entendía por qué me había puesto tan mal.

Me preguntaba:

ÂżAsĂ­ era el amor?

¿También podía hacer sufrir tanto?

ÂżPodĂ­a hacerte llorar de esa manera?

ÂżPodĂ­a doler tanto saber que la otra persona ni siquiera sabĂ­a que estabas llorando por ella?

Hablé con la profesora.

Y le conté todo.

Le conté lo que sentía, lo que estaba viviendo y todo lo que venía guardando.

Después volví al salón.

Mis amigas me contaron que él había preguntado por qué me había salido así.

Y yo pensé:

¿Por qué te preocupás, si sabías por qué era?

Quizás él no entendía completamente lo que provocaba en mí.

Quizás él también estaba confundido.

Quizás tenía sus propios miedos.

Pero yo solamente sabĂ­a lo que sentĂ­a.

Y asĂ­ fue como el amor llegĂł a mi vida.

Mi primer amor.

Un amor que no fue correspondido.

Pero que, de alguna manera, me ayudĂł a conocerme.

A descubrir qué sentía.

A entender qué me atraía.

A descubrir una parte de mĂ­ que hasta entonces habĂ­a intentado esconder incluso de mĂ­ mismo.

Y esta historia no termina acá.

TodavĂ­a falta mucho de aquella etapa.

Porque después aparecieron otras personas.

Personas que también hacían que coincidiéramos.

Nuevas miradas.

Nuevas situaciones.

Nuevas confusiones.

Y hasta hubo un momento que, sin saberlo, se convertirĂ­a en una de esas escenas que pueden romperte el corazĂłn en cuestiĂłn de segundos:

ver a esa persona besándose con quien yo creía que era mi amiga.

Pero esa...

Esa es otra parte de la historia.

Thoughts

  • idea1908

    Saliste vivo del otro lado. Eso de conocerte a ti mismo a través del dolor es lo que al final importa.

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  • earriaga17

    La parte donde llorás en el colegio es donde entendés que el miedo no es tuyo solo. Él también estaba confundido, él también tenía sus propios miedos como vos los tuyo. En una sociedad cerrada, a veces el rechazo no es lo que vos crees que es.

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  • Ovid

    Gracias por contar la verdad sin adornos. Ese primer amor que duele y te construye a la vez: no sabés en ese momento que lo necesitabas. Escribís bien de eso. Tenés más por acá?

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  • dcabrera55

    Eso đź’™

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  • cuatrocafes

    Me quedó eso de que él seguía buscándote después de rechazarte. Como que la rechaza no fue tan simple para él tampoco.

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  • correosinleer

    Lo que decís de que el amor duele, la mayoría se entera de eso en una noche. Vos lo aprendiste con todo tu peso encima: la familia, el miedo, el rechazo y la confusión de él. Es mucho para empezar.

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