¿Y qué pasa cuando el nudo está en el alma y no en la garganta?
Cuando no tienes nada atorado que decir, pero sientes que llevas demasiado dentro.
Cuando nadie te pregunta qué te pasa porque por fuera pareces estar bien, pero por dentro hay algo que pesa y ni siquiera sabes cómo explicar.
Porque hay dolores que no salen en forma de lágrimas.
A veces simplemente se quedan ahí.
En los recuerdos que aparecen de repente, en las palabras que nunca dijiste, en las preguntas que todavía no tienen respuesta y en todas esas cosas que aprendiste a guardar porque ya no sabías con quién compartirlas.
Y quizá lo más difícil es que no sabes cómo soltar algo que ni siquiera puedes explicar.
¿Cómo dices que extrañas una etapa y no necesariamente a la persona?
¿Cómo explicas que ya aceptaste que terminó, pero que una parte de ti todavía está aprendiendo a vivir con esa realidad?
¿Cómo dices que no quieres volver, pero que tampoco has aprendido completamente a dejar de recordar?
Hay días en los que quisiera sacar todo lo que llevo dentro, decir cada cosa que me callé y dejar de fingir que algunas historias no me afectaron.
Pero también aprendí que no todo lo que duele necesita ser explicado para ser real.
Hay sentimientos que simplemente necesitan tiempo.
Tiempo para entenderlos.
Tiempo para llorarlos.
Tiempo para aceptar que algunas cosas no tuvieron el final que queríamos.
Y quizá ese nudo en el alma no desaparezca de un día para otro.
Quizá se vaya haciendo más pequeño cada vez que dejo de pelear conmigo misma por sentirlo.
Cada vez que acepto que puedo extrañar sin regresar.
Que puedo recordar sin buscar.
Que puedo reconocer que algo me dolió sin permitir que ese dolor decida por mí.
Porque tal vez sanar no consiste en despertar un día y sentir que ya no pesa nada.
Tal vez sanar es poder llevar lo que alguna vez dolió sin que vuelva a controlar nuestra vida.
Y cuando el nudo está en el alma, quizá lo único que podemos hacer es escucharnos un poco más.
Dejarnos sentir.
Dejarnos descansar.
Y tener paciencia con esa parte de nosotros que todavía está intentando entender algo que el corazón ya sabe, pero que el alma todavía está aprendiendo a aceptar.