Fuera de la literatura lírica, narrativa y prosaica, diré algo que me lastima; a pesar de que esté escrito sin sentido intencionado a ninguna de ellas… la poseerá.
Yo me siento lejos del Señor, pues no me siento cerca.
Y me siento huérfano de padre y madre, a pesar de tener al Padre del universo y a mi madre aún con vida.
No quiero caer en el deísmo: soy teísta. Creo en Cristo, y Cristo cree en mí. O eso creo yo.
Lo que creo es que creo que Dios creó un universo donde creer se vuelve algo confuso; y si yo creo en Cristo, es porque Cristo mismo me hizo creer en Él por medio de la sinopsis de su palabra —exactamente… algunos cuantos pasajes.
Al yo creer que creo, y creer que Cristo creó todo lo que a mí me hace creer que creo; que creo que Cristo creó lo que creo, y por consecuencia y resultado creo que creo en Cristo… no, no creo que creo: creo que creo, y firmemente. Al yo creerlo, puedo corroborar que el deísmo para mí no tiene sentido.
Si yo creo que Cristo fue un gran maestro, ¿por qué no creería que promete vida eterna? ¿Por qué no creería la condición para obtenerla?
En cambio, si el deísmo terapéutico me hace ojitos, algo dentro de mí —que creo que es Cristo— me hace creer que lo que creo no es en el deísmo, sino en el teísmo. Porque yo creo que Cristo creó el universo y todo lo que hay en él; y creo en su palabra y todo lo que hay ahí; y creo que Él viene. Por eso me siento así.
Deísta no soy.
Porque yo creo que Dios sí se involucra con los seres. Teísta sí soy, porque creo que Dios me habló de una forma aterradora.
Y lo antes mencionado no se asimila del todo con la razón del porqué creo que me siento lejos del Señor.
Por lo tanto: me falta síntesis.
O me falta simplemente seguir descubriendo cómo es que, a pesar de orar, de servir y de pensar en el Señor, no me puedo sentir cerca. No sé si Dios pueda rechazar a una persona; tendría que preguntarle al calvinista, ya que ellos creen que Dios te elige y a otros los rechaza. Me pregunto si a mí me eligió y después se arrepintió. Tal vez…
Entonces no soy deísta, ni panteísta, ni ateo: sino teísta.
Creo en Cristo; creo que todo es de Él, por Él y para Él.
Pero yo no sé si soy de Él, si vivo por Él y sirvo para Él.
Nuevamente: un cristiano confundido y con tintes grisáceos sobre el rostro, sabores hiélidos sobre su boca… se encuentra confundido. Y nuevamente, no es por la duda existencial, sino por una más personal, más íntima, más… más áspera.
— Jorge Guzmán