Tú conoces los sueños que me dan vergüenza contar.
Los que parecen demasiado grandes,
demasiado lejanos,
demasiado imposibles
para la mujer que hoy los sostiene.
A veces temo que no sea fe,
sino simplemente imaginación.
Otras veces temo que sea fe
y que me falte valor para caminar hacia ella.
Por eso no te pido solamente que cumplas mis sueños.
Te pido algo más difícil:
purifica mis sueños.
Quita de ellos mi necesidad de demostrar,
mi deseo de ser reconocida,
mi miedo a quedarme atrás
y mi comparación con quienes llegaron antes.
Si un sueño nació de mi orgullo,
hazlo pequeño.
Si nació de Ti,
hazme valiente.
Si tarda, dame paciencia.
Si llega, dame humildad.
Y si nunca llega,
dame la certeza de que Tu voluntad
nunca fue una versión menor de mi vida.
Porque no quiero construir un sueño enorme
sobre un corazón pequeño.
Prefiero una vida sencilla contigo
que una vida extraordinaria sin Ti.
Pero si alguna vez decides confiarme algo grande,
enséñame a sostenerlo
sin olvidar quién me lo entregó.