Itzayana Martinez
A veces voy caminando
y me pregunto:
¿Alguien me mirará con anhelo?
¿Alguien me mirará
y hará una historia sobre mí?
¿Alguien me mirará
y se preguntará el porqué de mi corte de cabello?
¿Alguien me mirará
y se preguntará qué música escucho?
¿Alguien me mirará
y pensará en qué se siente ser mi amigo?
¿Alguien me mirará
y se preguntará cómo beso?
¿Alguien me mirará
y se preguntará mi postura política?
¿Alguien me mirará
y se preguntará a quién le dedico mis lágrimas?
Al menos…
¿Alguien me mirará?
No sé si alguien lo haga,
pero estoy segura
de que yo lo hago con muchas personas.
Suelo crear historias
sobre gente que me parece interesante.
Tenemos pláticas e historias
en donde nos reímos
y nos contamos la vida
mientras observamos el paisaje.
Lloramos a las 3:00 de la madrugada
por no poder dormir,
y nos abrazamos por llamada,
calmándonos el uno al otro.
Compartimos un día de parque
mientras vemos formas de nubes
y contamos anécdotas de la infancia.
Nos compartimos música nueva.
Y caminamos por los museos,
analizando como críticos de arte,
aunque, en el silencio,
pensemos que es absurdo.
Le cuento mis miedos y anhelos,
mis enojos y mis tristezas.
Parece perfecto.
Pero, cuando volteo la mirada,
estoy sola.
Observando el horizonte.
No hay nadie.
Más que un vínculo fantasma.
Una prueba
de los anhelos contenidos
y de lo que el mundo insensible
me robó.