Sillas vacías, gente que no conozco, rostros que probablemente no vuelva a ver jamás. Personas que pasan a mi lado cargando silencios que no se dicen, cansancios que no se explican, tristezas que se disimulan como si no pesaran. Señoras que, a simple vista, parecen guardar una sabiduría que no necesita ser contada.
A veces me gustaría poder hablar con cualquiera de estos desconocidos sobre todo lo que llevo dentro, como si en una conversación breve pudiera aliviar algo de lo que no sé nombrar. Tal vez incluso encontrar un consejo en esa señora que, cana a cana, deja ver que la vida no ha sido precisamente suave con ella.
Y aun así, puede que no sea más que eso: yo proyectando mis propias grietas en personas que no saben nada de mí, ni yo de ellas.
O tal vez no.
Tal vez solo somos eso… personas intentando, en silencio, seguir adelante un día más.