Hoy aquí, delante de todos vosotros, vengo a confesaros mis delitos, mas no sé sí son tan graves para el destino que me espera.
Delante de ustedes señores, yo, Paola de Marsella , me sincero, mas no antes, sin mostraros mi lista de agravios que de tanto en el pueblo hablan:
Robo con gran destreza.
Coqueteo con gran sutileza.
Burla a la realeza.
Carecer de gentileza.
Os miro hoy aquí, mas que pereza esta lista de franquezas.
Yo que siempre he querido mi libertad y vosotros como no, me imponéis estas bajezas.
Si no siempre sonrío, es que me abunda la tristeza.
Si cometo miles errores, enseguida me tacháis de torpeza.
Si no me demuestro mis emociones, oye, pero ¡qué chica con gran aspereza e rareza!
Podría seguir enumerando tantas destrezas, pero diríais Paola, deja tus grandezas para otras proezas.
Vine ayer, mas no quisisteis saber de mi, por mi condición de ladronzuela que no pertenece a la realeza.
Vengo hoy, ofreciéndoos mis delitos tan graves que me queréis ver entre rejas.
Aunque eso es solo para las viejas.
Quise sincerarme y demostrarme que no merezco vuestro tiempo, ya que a mi confesarme hacéis, pero no os dáis cuenta que cada cabezudo esconde un gran escudo.
No es mi objeto mostraros tantos desagravios, ya que es cierto que pecado tengo varios.
No quiero aburriros con mis casos, porque mis pasos seguiréis varios.
Solo vengo a enseñaros que, ni Dios me manda tantos calvarios, ni los demonios se contentan con mis poco benévolos comentarios.
Quise mostraros mis agravios, pero la lista que antes he mostrado solo me sirve para quedarme algo recatada.
Si la justicia me cayera en gracia, diría que es una meritocracia.
No obstante, en esta confesión que no es una procesión, ni un tostón, prefiero bien añadir sin mucha devoción:
¡Señorita Paola, confiesa, que las damas quieren tus cadenas, ya que piensan que sus esposos bien fogosos y algo sosos no aguantarán siempre en los mismos pozos!
Por eso, es mejor condenarte que liberarte y, así evitar malas artes que pueden aparecer en algunos escaparates. Su señoría, le declara culpable por tantos miserables disparates en tus agravios.
Es bien sabido que de ese sector prefiero ser desertor, ya que prefiero que esa función se cierre como lo hace un gran actor.
Os veo bien sentados con vuestros culos bien clavados, pero decidme:
¿Sí vosotros estuvierais en este lado cual sería vuestro pecado ?
Mi pecado ya que no todo del recatado y bien confesado, os dejo para que en vuestra mente quede bien guardado.
Yo, Paola de Marsella, como buena doncella, con este discurso un poco intruso, os dejo y no seáis muy ilusos.
M.