Viviendo en Bangkok
Hace unos días me agarró mucho cansancio de golpe -al punto de dormirme al sol. Los vecinos habían puesto la música a todo lo que daba. Se podía sentir hasta su vibración. Hacía mucho calor y mucha humedad. Había alquilado una habitación en el barrio Thonburi, Bangkok.
Al cabo de unas horas ya se había hecho de noche y me sentí sin fuerzas. Necesitaba hacer algo. Cuando me puse a cocinar, sentí que mis abuelas me estaban hablando-es muy difícil de explicarlo con palabras porque es algo que sentí en carne propia. Fue casi como una invitación a pintar, a que haga lugar en la mesa y ordene mis papeles (siempre tengo cuadernos en todos los rincones de la casa).
A Rosario-la mamá de mi mamá, le gustaba pintar. A Nilda-mi abuela paterna, le gustaba cantar y también payaba. Entre ellas charlaban y opinaban-se reían. Fue muy hermoso. Sentí como si las hubiese tenido ahí, en la mesa, pintando conmigo. Pude sentir su presencia. Fue, de verdad, algo de otro mundo. Recuperé mi energía.