NO SOY FELIZ
La Luz de la Inocencia, me cubrió con su manto
para que la felicidad viviera en mí,
días dorados los de mi infancia,
cantando al viento como un pájarito,
las risas danzaban, mi alma era entera.
Cuidaba de mis plantas y mis mascotas,
en el campo, era feliz, levantándome tempranito
para ver a mis primos ordeñar las vacas,
atrapando pajaritos, caminando en el monte
o llevando agua en el burro a la casa.
Mas el tiempo, cruel maestro,
me presento el eco del desencanto,
mis ojos se abrieron a sombras sombrías,
la falta de humanidad, el desamor, la guerra, el desdén,
la humanidad herida, dolor que desafía.
Recuerdos que Duelen.
Suselen se fue, mi primer amor,
dejandome sumido en un profundo dolor y tristeza.
Mi corazón, un laberinto insano,
buscando la paz en mi alma arrazada.
Quise hacer un hogar como el de mis padres,
un amor eterno, dónde la fe perdurara,
pero el destino, travieso y sin márgenes,
dibujó mi camino con líneas oscuras,
dejándome solo sueños marchitos.
Soñé con ser un buen padre, pero no lo soy,
un abuelo risueño y bueno,
para tejer recuerdos en risas y cuentos con mis nietos,
pero tampoco lo soy, el peso de anhelos, un duro diseño,
mi vida, un río de frustraciones, silencios y lamentos.
Quise conseguir el amor verdadero
de una mujer siendo un viejo.
Yo lo conseguí en ella, pero ella no en mi.
Con ella viví muchos momentos felices,
pero también de tristeza, ira y dolor. Me abandono.
Quizás no soy feliz por locura o por pena,
ejercicio oscuro de una mente perdida,
pero en cada lágrima, en cada condena,
hay un destello de vida aún en la herida.
Vivo enfrentando la tormenta.
No soy el faro que guía en la niebla,
no hallar la risa puede ser mi sino,
pero aún en el caos de esta triste entrega,
busco la luz entre sombras, mi camino divino,
mientras llega a mi la muerte.
No soy feliz, lo entiendo, lo siento y lo acepto,
un viaje incierto entre risas y llanto,
la felicidad en mi, es fugaz como el viento,
soy un sobreviviente, en este confuso mundo,
del cual siento no pertenecer. Un lamento sincero.
Quise hacer un hogar como el de mis padres,
un amor eterno, dónde la fe perdurara,
pero el destino, travieso y sin márgenes,
dibujó mi camino con líneas oscuras,
dejándome solo sueños marchitos.
Soñé con ser un buen padre, pero no lo soy,
un abuelo risueño y bueno,
para tejer recuerdos en risas y cuentos con mis nietos,
pero tampoco lo soy, el peso de anhelos, un duro diseño,
mi vida, un río de frustraciones, silencios y lamentos.
Quise conseguir el amor verdadero
de una mujer siendo un viejo.
Yo lo conseguí en ella, pero ella no en mi.
Con ella viví muchos momentos felices,
pero también de tristeza, ira y dolor. Me abandono.
Quizás no soy feliz por locura o por pena,
ejercicio oscuro de una mente perdida,
pero en cada lágrima, en cada condena,
hay un destello de vida aún en la herida.
Vivo enfrentando la tormenta.
No soy el faro que guía en la niebla,
no hallar la risa puede ser mi sino,
pero aún en el caos de esta triste entrega,
busco la luz entre sombras, mi camino divino,
mientras llega a mi la muerte.
No soy feliz, lo entiendo, lo siento y lo acepto,
un viaje incierto entre risas y llanto,
la felicidad en mi, es fugaz como el viento,
soy un sobreviviente, en este confuso mundo,
del cual siento no pertenecer. Un lamento sincero.
San Francisco, 2026.
Accede a la canción, casada en esta composición, a través de los siguientes enlaces:
https://vkvideo.ru/video-231361250_456239239