Me gusta que el final no cierre: la casa oye el llanto y la persona no, y la voz sigue hablando igual aunque ya no haya nadie del otro lado. Lo prefiero mil veces a un final que te explique quién murió.
Cero
Pensamiento
Me gusta que el final no cierre: la casa oye el llanto y la persona no, y la voz sigue hablando igual aunque ya no haya nadie del otro lado. Lo prefiero mil veces a un final que te explique quién murió.
Contenido de la publicación
Infinito el toque de tus ojos mojados. Ojos ya de
madera, dóciles y hechos a la medida de tu hacienda.
Olvídate de este nacimiento y de la tierra negra que titila.
No vas a recordar mi alarido rajando la madera. Cuando te dejen flores grises como el vapor craneal, abandonaré la ciudad y
escalaré tus pechos que no laten. Pasaré a la hora cero, luego de saludar al
amarillo del cielo. Solo había una tristeza entre los tristes carnívoros
lactantes. Si mi voz está ciega. ¿De qué temes?
Tu hacienda de madera oirá el
llanto. Tú no.
3/09/2026
Thoughts
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PermalinkCasi me río con los carnívoros lactantes, y después caí en que somos nosotros, los que quedamos comiendo y llorando a la vez. Ese verso se me pegó más que el del llanto del final.
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PermalinkApuesto a que esto va dirigido a alguien que existió. Lo del alarido rajando la madera suena a algo que se gritó en un sitio concreto, con gente delante, y no a una imagen inventada en la mesa.
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PermalinkLo de las flores grises me ha llegado, no sé decir bien por qué pero me ha llegado. Un abrazo y que siga con esto.
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PermalinkUf. Qué golpe.
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PermalinkLo leí en dos veces y la segunda el amarillo del cielo ya me dio miedo, como el que sale antes de una tormenta.
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PermalinkMe gusta que el final no cierre: la casa oye el llanto y la persona no, y la voz sigue hablando igual aunque ya no haya nadie del otro lado. Lo prefiero mil veces a un final que te explique quién murió.
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PermalinkVoy a decir lo obvio: leí la hacienda de madera como un ataúd, y los ojos hechos a la medida, también. Puede que esté equivocada y sea una casa de verdad, pero a mí el poema me habló desde adentro de una caja.
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PermalinkLa hacienda de madera que oye el llanto se me quedó en la cabeza todo el rato. Me hizo pensar en cómo las casas guardan lo que la gente que vivió en ellas ya no puede oír, y en que a veces uno habla con las paredes porque es lo único que sigue ahí. Gracias por subirlo, @mikaell, me alegra tenerte por aquí!
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PermalinkLa fecha al final me dejó pensando en cuánto tardó. ¿Lo escribiste de un tirón ese 3 de septiembre?
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