Ta, después del cliente que siempre tiene la razón tocaba una de velorio. La dice el que no sabe qué decir, para tapar su propio silencio.
CAPÍTULO XXVI: NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
Pensamiento
Ta, después del cliente que siempre tiene la razón tocaba una de velorio. La dice el que no sabe qué decir, para tapar su propio silencio.
Contenido de la publicación
Otra frase que parece haber sido inventada para que el sufrimiento tenga que justificar su existencia.
¿Y si no?
¿Y si el mal solo fue mal? ¿Y si no aprendí nada? ¿Y si no me hizo mejor persona? ¿Y si no encontré una oportunidad escondida detrás de lo que ocurrió? ¿Y si después de aquello simplemente quedé cansado?
Nos cuesta muchísimo aceptar que algunas cosas no traen un regalo escondido. Queremos encontrar una enseñanza porque pensar que el dolor tuvo algún propósito puede hacerlo más soportable. Si perdí algo, quiero creer que encontraré algo mejor. Si fracasé, quiero pensar que era necesario. Si alguien me hizo daño, necesito imaginar que al menos aquello me convirtió en una versión más fuerte de mí.
Pero ¿qué pasa cuando no ocurre?
¿Qué pasa cuando después de una experiencia difícil no aparece ninguna gran lección? Cuando no te vuelves más fuerte, ni más sabio, ni más agradecido. Cuando simplemente quedas agotado y lo único que puedes decir es: “Ojalá esto nunca hubiera ocurrido”.
Creo que también deberíamos tener derecho a decir eso.
Porque existe una diferencia entre encontrar significado después de algo y afirmar que aquello ocurrió para darnos ese significado. Una cosa la construimos nosotros. La otra se la atribuimos al dolor como si el dolor hubiera llegado con un propósito.
No quiero confundirlas.
Quizás algún día pueda mirar hacia atrás y descubrir que aprendí algo. Tal vez cambie mi forma de ver la vida. Tal vez conozca mejor mis límites. Tal vez descubra personas que no sabía que estaban dispuestas a quedarse. Tal vez incluso consiga construir algo bueno a partir de lo ocurrido.
Pero eso no significa que aquello tuviera que pasar para que yo aprendiera.
Puedo aprender y seguir pensando que fue injusto. Puedo crecer y seguir deseando que nunca hubiera sucedido. Puedo convertir una experiencia terrible en algo útil sin convertirla en algo necesario.
Y esa diferencia importa.
Porque cuando decimos que “todo tiene un propósito”, a veces terminamos justificando cosas que no deberían necesitar ninguna justificación. Una enfermedad, una pérdida, una traición, un accidente, una injusticia. Como si encontrar un supuesto beneficio al final pudiera compensar lo ocurrido.
Pero hay cosas que no se compensan.
Hay pérdidas absurdas. Hay personas que no merecían lo que les ocurrió. Hay errores que no tenían que suceder. Hay despedidas que llegan demasiado pronto. Hay situaciones en las que buscar “lo bueno” inmediatamente puede resultar incluso cruel para quien todavía está intentando comprender lo malo.
A veces la respuesta más honesta no es “quizás esto te traerá algo mejor”.
Es simplemente: “Esto no debería haber pasado”.
Y quizás decirlo sea más difícil porque no ofrece consuelo inmediato.
No tiene moraleja. No promete recompensa. No transforma la tragedia en una historia bonita.
Pero al menos no miente.
También hemos convertido la resiliencia en una especie de obligación. Parece que, después de cualquier golpe, tenemos que levantarnos con una enseñanza bajo el brazo. Tenemos que demostrar que salimos más fuertes. Tenemos que encontrar el lado positivo, agradecer la experiencia y convertirla en una historia inspiradora.
¿Y si no quiero?
¿Y si por un tiempo solo quiero reconocer que me hizo daño?
¿Y si no necesito que mi sufrimiento tenga una utilidad?
No todo lo que vivimos tiene que convertirse en contenido para una lección de vida.
Algunas experiencias simplemente duelen. Y quizás podamos permitirnos dejar que algunas cosas sean exactamente eso.
Después, cuando podamos, haremos algo con lo que quedó. Reconstruiremos. Cambiaremos. Aprenderemos. Volveremos a confiar, quizás de otra manera. Encontraremos personas nuevas. Recuperaremos partes de nosotros que creíamos perdidas. Tal vez incluso aparezcan cosas buenas que hoy no podemos imaginar.
Pero si ocurre, quiero tener claro algo:
No será porque la tragedia necesitaba ocurrir.
Será porque nosotros decidimos qué hacer después de ella.
Esa diferencia me devuelve algo que las frases hechas suelen quitarme: la posibilidad de elegir.
No puedo decidir qué me ocurrió.
Pero puedo decidir, poco a poco, qué lugar ocupará en mi historia.
No necesito agradecer el dolor para demostrar que sobreviví a él. No necesito llamarlo regalo. No necesito decir que todo valió la pena.
Puedo decir la verdad.
Fue injusto. Fue doloroso. No debería haber pasado.
Y aun así, no voy a permitir que sea lo último que haga conmigo.
Quizás no haya ningún bien escondido detrás de cada mal.
Quizás algunas cosas simplemente nos rompen.
Y quizás lo verdaderamente nuestro no sea encontrar un propósito dentro de los pedazos.
Sea decidir qué construiremos con ellos.
No porque la tragedia tuviera un propósito.
Sino porque nosotros decidimos que no sería lo último que haría con nosotros.
#aejovenich #demoliendofrasesvacias #frasesvacías #historiasdevida
Thoughts
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PermalinkLa separación entre construirle un sentido a algo después y creer que pasó para dárnoslo es la parte más útil del capítulo. Le veo una cara más: quien te repite la frase muchas veces necesita creerla por sí mismo, para no asustarse de que le pueda tocar.
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PermalinkDespués del divorcio me dijeron la frase del título unas veinte veces en un mes, casi siempre gente que me quería. Me ayudó más un compañero que cargó la heladera conmigo en la mudanza sin decir nada. Algo aprendí, pero que tenía que pasar, no.
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PermalinkTa, después del cliente que siempre tiene la razón tocaba una de velorio. La dice el que no sabe qué decir, para tapar su propio silencio.
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PermalinkQuisas muchas veces no tengamos la razon para las cosas que suceden en diferentes areas de nuestra vida pero muchas veces justificamos nos consuela pensar que paso por algo o que vendra algo mejor una manera de engañar ala herida pero no todos lo hacemos de ese modo
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CAPÍTULO V: TIENES QUE SOLTAR
Qué fácil.
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Capítulo XXV: EL CLIENTE SIEMPRE TIENE LA RAZÓN
Mentira.
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CAPÍTULO XX: NO PIENSES TANTO
Como si pensar fuera una habitación de la que pudiera salir cuando quisiera. Como si mi cabeza tuviera un interruptor que alguien pudiera apagar desde afuera.
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CAPÍTULO XIV: LA VIDA SIGUE
Sí. Ese es precisamente el problema.
Otra frase que parece haber sido inventada para que el sufrimiento tenga que justificar su existencia.