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CAPÍTULO XXVII: ASÍ SOY YO

AEJOVENICH

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Qué frase tan cómoda. A veces la usamos para describirnos y otras veces para cerrar cualquier conversación que nos invite a mirarnos un poco más de cerca. Sirve para no pedir perdón, para no cambiar, para convertir nuestros defectos en características de fábrica y para decirle al mundo: “Si no te gusta, tendrás que acostumbrarte”.

Soy celoso. Soy frío. Soy impulsivo. Tengo mal carácter. No sé expresar lo que siento. Me enojo fácilmente. Siempre he sido así.

Y quizás algunas de esas cosas sean ciertas.

El problema no está en reconocerlas. El problema aparece cuando utilizamos ese reconocimiento como una excusa para no hacer nada al respecto.

Porque descubrir quién eres no debería ser el final de la historia.

Debería ser el principio.

Decir “soy una persona impulsiva” puede ser una forma honesta de conocerte. Pero si sabes que tu impulsividad termina lastimando a otras personas y nunca intentas trabajar en ella, entonces ya no estás simplemente describiendo quién eres. Estás utilizando esa descripción para evitar la responsabilidad de cambiar.

Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

No elegimos todas nuestras características. Hay formas de reaccionar que aprendimos mucho antes de darnos cuenta de que las estábamos aprendiendo. Hay personas que crecieron en ambientes donde gritar era normal. Otras aprendieron a callarse. Algunas aprendieron a desconfiar. Otras aprendieron a complacer para evitar conflictos. Muchas de nuestras maneras de relacionarnos tienen una historia detrás.

Comprender de dónde viene una conducta puede ayudarnos a entenderla.

Pero entenderla no significa estar obligados a conservarla.

Puedo saber por qué soy desconfiado y aun así intentar aprender a confiar. Puedo entender de dónde viene mi dificultad para expresar cariño y aun así intentar decir lo que siento. Puedo reconocer que aprendí a huir cuando las cosas se ponen difíciles y aun así decidir quedarme a conversar.

Mi historia explica muchas cosas de mí.

No necesariamente las justifica todas.

Y quizás eso sea crecer: dejar de preguntarnos solamente “¿por qué soy así?” y empezar a preguntarnos “¿quiero seguir siendo así?”.

Porque a veces nos aferramos a nuestra personalidad como si cambiar fuera traicionarnos.

“Yo siempre he sido así”.

¿Y qué?

También has cambiado antes.

No piensas exactamente como cuando eras niño. No quieres exactamente lo mismo. Has dejado amistades, costumbres, ideas y formas de comportarte que alguna vez parecían parte inseparable de ti. Has aprendido cosas que antes no sabías.

Entonces, ¿por qué tendría que ser diferente con aquello que sabemos que necesitamos mejorar?

Si sabes que hieres y sigues hiriendo, no basta con decir que eres así.

Si sabes que gritas y nunca intentas aprender a hablar de otra manera, no es simplemente carácter.

Si sabes que desapareces cuando alguien intenta acercarse y nunca te preguntas por qué, quizás no sea independencia.

Puede ser miedo.

Y decirlo así no pretende convertir cada defecto en un diagnóstico ni simplificar a las personas. No todo comportamiento difícil es una elección consciente. Todos tenemos límites, heridas y cosas que nos cuestan. Cambiar tampoco ocurre porque un día decidamos hacerlo y al siguiente seamos una versión completamente distinta.

Pero intentarlo importa. Pedir perdón importa. Reconocer el daño importa. Volver a intentarlo después de equivocarnos importa.

No porque tengamos que convertirnos en personas perfectas, sino porque vivir con otros implica entender que nuestras acciones tienen consecuencias.

A veces escuchamos “acéptate como eres” como si aceptarse significara no cuestionarse nunca.

Yo creo que puede significar lo contrario.

Aceptar quién eres también puede implicar mirar tus partes incómodas sin esconderlas. Decir: “Sí, hago esto. No me gusta. Entiendo de dónde viene. Y quiero trabajar para cambiarlo”.

Eso también es aceptarte.

Porque hay una versión bastante peligrosa del amor propio que consiste en convertir cualquier crítica en un ataque y cualquier defecto en una característica que los demás simplemente deben soportar.

No quiero eso.

Quiero poder decir que soy humano sin utilizarlo como permiso para hacer daño.

Quiero poder reconocer mis errores sin pensar que admitirlos destruye mi identidad.

Quiero poder cambiar de opinión sin sentir que estoy traicionando a la persona que fui.

Porque no somos solamente lo que somos.

También somos lo que hacemos con lo que somos.

Y quizás esa sea una de las responsabilidades más difíciles de aceptar: no podemos elegir todas nuestras cartas, pero sí podemos decidir qué hacemos con algunas de ellas.

No siempre podremos cambiar rápidamente. No siempre podremos hacerlo solos. Habrá cosas que necesitaremos aprender, desaprender o incluso aceptar que nos costarán mucho tiempo.

Pero hay una diferencia entre decir “esto me cuesta” y decir “esto es así y no pienso hacer nada”.

La primera reconoce una dificultad. La segunda puede convertirse en una excusa.

Por eso ya no me convence demasiado cuando alguien dice “así soy yo” como si acabara de pronunciar una sentencia definitiva.

Porque no somos una descripción.

Somos un proceso.

Hay partes de nosotros que merecen ser cuidadas. Otras que necesitan ser cuestionadas. Algunas que tendremos que dejar atrás.

Y quizás una de las formas más honestas de conocernos no sea solamente descubrir quiénes somos.

Sea atrevernos a decidir quiénes ya no queremos seguir siendo.

Así que sí:

“Así soy yo”.

Por ahora.

Porque también soy la persona que todavía puede aprender.

#aejovenich #demoliendofrasesvacias #frasesvacías #historiasdevida

Thoughts

  • golpeSeco

    En la puerta esa frase la oigo casi cada fin de semana, parcero, y casi siempre llega un minuto antes de que el man haga lo que ya sabía que no debía. Pero el pedazo que más me sirvió fue el del que desaparece cuando alguien se le acerca. Ese no arma escándalo, nadie le dice nada, y se va quedando solo sin que nadie lo note.

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  • IntrusiveThoughts

    Con el capítulo «Sé tú mismo» se arma un par raro: aquel preguntaba cuál de todos los yo, y este pregunta cuál de ellos quieres seguir cargando.

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  • Ovid

    Veintisiete capítulos desmontando frases y este cierra con un Por ahora que le quita el candado a la del título. Apuesto a que la frase más difícil de la serie todavía no tiene capítulo: decir ya no quiero ser así delante de alguien que te va a ver intentarlo y fallar unas cuantas veces. Esa la leería con ganas.

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