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CAPÍTULO XVIII: HAY PERSONAS QUE ESTÁN PEOR

AEJOVENICH
Pensamiento

Pensamiento

MarisolTorrijos

Totalmente de acuerdo contigo. Además para bien o para mal nunca me han gustado las comparaciones.

Totalmente de acuerdo contigo.

Además para bien o para mal nunca me han gustado las comparaciones.

Contenido de la publicación

Sí. Siempre hay alguien que está peor.

Hay alguien que perdió más. Alguien que tiene menos. Alguien que lleva más tiempo sufriendo. Alguien que hoy no tiene qué comer. Alguien que está enfrentando una enfermedad. Alguien que perdió su casa, su familia, su trabajo o cualquier cosa que para nosotros parece imposible de imaginar.

Eso es verdad.

Pero dime: ¿qué hacemos con eso?

¿Guardamos nuestras lágrimas porque otra persona llora más fuerte? ¿Dejamos de sentir tristeza hasta que desaparezca la última injusticia del mundo? ¿Esperamos hasta que nadie tenga problemas para permitirnos reconocer los nuestros?

Porque si esa es la condición, entonces nunca podremos sentir nada.

Siempre habrá alguien que esté peor. Pero también habrá alguien que esté mejor.

Alguien con más dinero. Con una familia más unida. Con más oportunidades. Con mejor salud. Con una vida que desde afuera parece más fácil.

Entonces, si vamos a medir nuestra tristeza comparándola con la vida de los demás, ¿con quién deberíamos compararnos?

¿Con aquel que tiene menos? ¿Con aquel que tiene más? ¿Y quién decide cuánto dolor es suficiente para tener derecho a sentirlo?

Tal vez ahí está el problema.

Hemos convertido el sufrimiento en una competencia que nadie pidió jugar.

“Al menos tienes esto”. “Podría ser peor”. “Hay gente que daría cualquier cosa por estar en tu lugar”.

Puede ser que todo eso sea cierto. Pero ninguna de esas frases cambia lo que estoy sintiendo.

Puedo saber que tengo suerte y sentirme mal. Puedo estar agradecido por mi vida y estar destrozado por algo que ocurrió en ella. Puedo reconocer que existen problemas mucho más graves que el mío y aun así admitir que este problema me está superando hoy.

Una cosa no cancela la otra.

La gratitud no elimina la tristeza. Y la tristeza tampoco elimina la gratitud. Podemos sostener ambas cosas al mismo tiempo.

Puedo tener comida en la mesa y sentirme vacío. Puedo tener personas que me quieren y extrañar profundamente a alguien que ya no está. Puedo tener trabajo y estar preocupado por perderlo. Puedo tener una vida que otros considerarían buena y aun así estar atravesando una etapa terrible.

Y decirlo no significa que no valore lo que tengo.

Significa que soy capaz de reconocer más de una emoción a la vez. Pero parece que necesitamos justificar incluso nuestras lágrimas.

Como si antes de decir “estoy triste” tuviéramos que presentar una lista de razones que demuestren que nuestra tristeza es legítima.

Como si alguien pudiera responder:

“Eso no es suficiente”.

¿Y quién decide? ¿Tú? ¿Yo? ¿La sociedad? ¿El tamaño de la tragedia?

Porque quizás una de las cosas más crueles que podemos hacerle a alguien que está sufriendo es obligarlo a sentirse culpable por no estar agradecido mientras sufre.

No necesito que me recuerdes que tengo cosas buenas. Probablemente ya lo sé. Precisamente por eso puedo agradecerlas mientras reconozco que algo me duele.

No quiero convertir mi dolor en una excusa para ignorar el sufrimiento de los demás. Pero tampoco quiero utilizar el sufrimiento de los demás como una excusa para ignorar el mío.

Porque ambas cosas pueden coexistir.

Puedo mirar las noticias y sentir tristeza por alguien que jamás conoceré. Y después puedo apagar el televisor y llorar por algo que me sucedió a mí.

Eso no me convierte en egoísta. Me convierte en humano.

Tal vez deberíamos dejar de pensar que para validar nuestro dolor tenemos que demostrar que es el más grande.

No quiero ganar.

No quiero que alguien diga:

“Sí, lo tuyo es peor que lo mío”.

No necesito eso.

Solo quiero poder decir:

“Esto me duele”.

Y que la respuesta no sea una comparación.

No me hablen de alguien que está peor o mejor. No conviertan mi tristeza en una estadística.

Porque mi dolor no necesita competir con el de nadie para existir.

Y quizás también deberíamos aprender a aplicar esto a nosotros mismos.

Porque a veces somos nosotros quienes nos decimos:

“No debería estar así”. “Tengo muchas cosas por las que agradecer”. “No tengo derecho a quejarme”. “Hay gente que está pasando por cosas mucho peores”.

Y terminamos siendo la persona que menos permiso nos da para sentir.

Nos exigimos estar bien porque creemos que estar mal sería una falta de gratitud. Pero agradecer no significa negar.

Puedes mirar tu vida y decir:

“Sé que tengo mucho”.

Y al mismo tiempo:

“Esto me está doliendo”.

No hay contradicción. La verdadera contradicción sería creer que debemos elegir entre una cosa y la otra.

Así que sí. Hay gente que está peor. Y también hay gente que está mejor. Pero ninguna de esas personas está viviendo exactamente mi vida.

Ninguna está dentro de mi cabeza. Ninguna conoce exactamente lo que significa para mí aquello que perdí, aquello que temo o aquello que todavía no sé cómo manejar.

Por ese motivo, por una vez, no quiero comparar. No quiero medir. No quiero justificar. No quiero demostrar que mi tristeza es suficientemente grande.

Esta tristeza es mía.

Y por una vez, déjame sentirla sin tener que compararla con nadie.

#aejovenich #demoliendofrasesvacias #frasesvacías #frases #historiasdevida

Thoughts

  • Fijado por quien publicó

    AEJOVENICH
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  • RamiroEsquivel

    Esa comparación casi siempre viene de arriba hacia abajo, po. El que te dice que otros están peor rara vez está entre los peores. Yo la escuché treinta años de boca de jefes, nunca de un compañero, y cumplía una función bien clara: que nadie reclamara. Eso le falta a tu capítulo, quién sale ganando cuando la tristeza de uno se queda callada.

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  • preguntaAbierta

    Leo la serie desde hace rato y este capítulo es el que más se te nota de cerca. ¿Hay alguna de esas frases que sí te haya servido alguna vez, dicha por la persona correcta?

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  • MarisolTorrijos

    Totalmente de acuerdo contigo.

    Además para bien o para mal nunca me han gustado las comparaciones.

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  • la_duda_metodica

    Aquí te discuto una parte. Mezclas dos usos de la comparación que funcionan distinto: el del otro que te la tira para que te calles, y el tuyo, en privado, para medir el tamaño de algo.

    Lo primero lo desarmas bien. Lo segundo a veces sirve: saber que lo mío tiene arreglo y lo de otra persona no me ha bajado la angustia más de una vez, sin quitarme el derecho a sentirla. Si tu argumento aguanta con ese matiz, me lo compro entero.

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  • P3ns4mi3nto20

    Lo peor que podemos hacerle a alguien que está sufriendo es obligarlo a sentirse culpable por no estar agradecido mientras sufre. Muy fuerte y cierto a la vez. ¿Quién decide cuánto debe dolerme para poder ser validado?.

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