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Capítulo XVII: El límite del abismo

AEJOVENICH
Pensamiento

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Capítulo XVIII: Un silencio habitable. #unmalditointentandocambiar

Contenido de la publicación

Hay miedos que rasgan la piel, pero hay uno solo que paraliza el pulso: ver a un hijo enfrentar la muerte cuando su vida apenas comienza.

Jano miró a Fabi, ya un hombre hecho y derecho, y en un parpadeo la memoria lo arrastró diecinueve años atrás.

Recordó el olor a antiséptico, los medicamentos y la luz fría de la sala de urgencias, cuando lo que parecía un malestar pasajero se transformó en una pesadilla médica: una apendicitis silenciosa que escaló rápidamente a peritonitis y, como si el destino quisiera probarlos al límite, una severa obstrucción intestinal tres días después obligó a someter a ese cuerpo diminuto a una nueva intervención de urgencia.

Para Jano, todo había ocurrido demasiado rápido.

Aquellos días, el mundo exterior dejó de existir.

No había trabajo, no había partidos de fútbol, no había problemas cotidianos.

Solo existía ese pequeño cuerpo luchando por aferrarse a la vida y un hombre de veintitantos años aterrorizado, rezando en un idioma de angustia pura que ni él mismo sabía que conocía.

Fueron días complejos y de incertidumbre.

Jano durmió siempre con un ojo abierto. No comió a sus horas.

Se quedó de pie en la sala de espera o al lado de la cama, sujetando el piecito de su hijo.

A veces no sabía qué hacer. A veces no había nada que hacer. Solo esperar.

Esperar que los médicos hicieran su trabajo.

Esperar que el cuerpo de Fabi respondiera.

Esperar que aquella pesadilla terminara.

Y mientras esperaba, Jano le prometió a la penumbra de la sala que, si ese niño salía de ahí, él se encargaría de protegerlo contra cualquier tormenta que la vida le pusiera enfrente.

Era una promesa nacida del miedo.

De ese miedo que aparece cuando uno comprende que puede perder aquello que más ama y que, por un instante, no tiene absolutamente ningún control sobre lo que sucederá.

Luego de una semana, el milagro ocurrió.

Tras la tormenta de los pabellones y la espera angustiante, el cuerpo de Fabi respondió.

Ya había pasado lo peor y solamente quedaba seguir con el tratamiento para retornar a casa en un corto periodo.

Jano pudo respirar un poco más tranquilo.

Pero hay experiencias que, aunque terminen bien, nunca terminan del todo.

Algo queda.

Una memoria que aparece de vez en cuando. Un recuerdo que basta para hacerte volver a aquella habitación, a aquella espera, a aquella sensación de no saber si todo iba a estar bien.

«Ese día te ganaste tu derecho a la vida, hijo», pensó Jano en el presente, mirándolo en la cocina mientras el humo del hervidor subía despacio.

Y por unos segundos, el hombre adulto que tenía frente a él se mezcló con aquel niño pequeño al que había visto luchar tantos años atrás.

Era difícil no sentir gratitud. Aquel niño había crecido. Había sobrevivido.

Y ahora estaba allí, convertido en un hombre, preocupado por su padre.

La vida había seguido.

Haber rozado el abismo tan temprano le enseñó a Jano una lección que jamás olvidaría: la vida se sostiene de un hilo transparente.

Por eso, ver a Fabi hoy, sano, fuerte y preocupado por él, no solo era un motivo de orgullo, sino la prueba viviente de que las batallas más oscuras se pueden vencer.

También le recordaba algo que a veces olvidaba cuando se perdía en sus propios problemas:

Había cosas que dolían. Había cosas que lamentaba. Había cosas que quizás nunca podría reparar.

Pero también había cosas por las que tenía que estar agradecido.

Y una de ellas estaba frente a él.

Fabi. El niño que una vez estuvo entre la vida y la muerte.

El hijo que, diecinueve años después, seguía allí. De pie.

Y para Jano, eso era mucho más grande que cualquier otra victoria que pudiera conseguir.

Porque después de haber conocido de cerca el miedo de perder a un hijo, algunos problemas de la vida podían adquirir otra dimensión.

No dejaban de doler. Pero ya no parecían el final del mundo.

Jano volvió a mirar a Fabi y guardó silencio. No necesitaba decirle todo lo que estaba pensando. Quizás algún día se lo contaría. Quizás no.

Por ahora le bastaba con saber que aquel pequeño cuerpo que una vez sostuvo mientras esperaba un milagro se había convertido en el hombre que ahora podía sentarse frente a él y preguntarle cómo estaba.

Y eso, para un padre, era un milagro que nunca dejaba de agradecer.

*************************************************************************

Estuviste a un suspiro de irte cuando apenas empezabas a vivir, y desde esa noche entendí que ningún dolor de mi presente es más fuerte que el milagro de verte de pie.

#aejovenich #unmalditointentandocambiar #ficcióncontemporanea #historiasdevida

Thoughts

  • Fijado por quien publicó

    AEJOVENICH
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  • Ovid

    Lo que me deja inquieto es el presente: Fabi está en la cocina preocupado por su padre, y el capítulo nunca dice por qué. Esas cosas que Jano quizás nunca pueda reparar suenan a algo que le está pasando ahora. Apuesto a que el recuerdo del hospital le vuelve justo porque esta vez el que anda cerca del borde es él. Gracias por seguir con Jano!

    Permalink
  • la_duda_metodica

    Diecinueve años y Jano todavía no se lo cuenta. Me da la impresión de que Fabi ni se acuerda de esa sala, y que el que sigue un poco internado ahí es el padre.

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