Capítulo 16
Algo le había anticipado Barraza en el camino. Sin embargo esas aclaraciones previas no pudieron suavizar el asombro que se apoderaba de Lucas, ahora que estaba solo en el centro de lo que el Sapo había llamado “tabernáculo”.
- Voy a buscar una novela…- dijo en voz alta.
Las paredes de ladrillo se opacaban por la luz tenue. Dos posters con mucho marrón y mucho colorado. Uno de Jesús, con ojos enigmáticos y atrayentes, otro, en la pared opuesta, mostraba en torpes trazos varias imágenes superpuestas y esfumadas; la que Lucas pudo completar tenía como elemento sobresaliente la cabeza de un cuervo sobre una copa humeante y una serpiente enroscada desde su base. En la puerta de acceso a la habitación, una cortina azul, escarlata y púrpura. La relación con las fuerzas cósmicas, está en esos colores, le diría más tarde Zaida. Los olores del incienso eran envolventes, saturadores. En su momento, Zaida le explicará que el aire que respiramos es fotografiado por átomos que tenemos en el corazón destinados a registrar cada escena de nuestras vidas; si ésta no tuviera un aire tan denso no sería bien registrada por su cuerpo y no libraría su espíritu. Tal vez, gracias a este detalle, recordará tan precisamente la organización de la biblioteca en la quinta de Bioy y aquello que Zaida le repitiera a lo largo del liviano e iniciático viaje: estantería tres, anaquel cuatro, tomo trece. Sobre la mesa había seis platos con alimentos naturales, sin cocción ni proceso. No se animará a preguntar para qué o para quién
Zaida será clara. Extrañamente no hablará como un oráculo. Ahora, la imaginación de Lucas la prefiguraba indescifrable.
Tendrá inmensos aros dorados que apoyarán en los hombros sus orejas agrandadas, y que tintinearán a cada movimiento de cabeza exagerando el silencio de la concentración y del rito. Nada de turbantes. Sensualidad callejera. Nada de túnicas ni halos energéticos ni fantasmagorías. Uñas largas, pintadas con dos colores. Vestimenta negra.
Será fácil. Lucas aún no lo sabía, pero verá la calle, la entrada y el parque con nitidez. Primero desde lejos. Como desde un planeador. Después de cerca, conducido por soplos intensos emergentes de cada silaba desprendida de la boca de Zaida. Ingresará por una ventana y deambulará, perdido, por la biblioteca. Sentirá que cientos de volúmenes caerán sobre él. Encontrará lo buscado cerca de una lámpara. Lo verá muy claramente.
No lo olvidará.