Ese gorrión. Nada más.
Capítulo 4: La nueva semilla
Pensamiento
Ese gorrión. Nada más.
Contenido de la publicación
El comedor de la Academia Aozora era, probablemente, uno de los lugares que mejor revelaba la verdadera naturaleza de aquella institución. Oficialmente, todos los estudiantes tenían los mismos derechos. No existían mesas reservadas ni reglas escritas que indicaran dónde debía sentarse cada quien. Sin embargo, las normas no siempre necesitaban estar plasmadas en papel para existir.
Las mesas cercanas a los grandes ventanales, con manteles impecables y vajilla más fina, pertenecían siempre a los hijos de las familias más influyentes. Allí se reunían como si aquel espacio les perteneciera por derecho propio. Más atrás quedaban las mesas comunes. Y, en una zona apartada y discreta, las que utilizaban habitualmente los estudiantes becados. Nadie les había ordenado sentarse allí. Simplemente… todos sabían cuál era su lugar.
Aquella mañana, sin embargo, algo estaba a punto de alterar aquella costumbre.
Las puertas se abrieron. Yuji entró. Caminaba con paso tranquilo, sosteniendo suavemente la mano de Airi a su lado. Unos pasos más atrás venían Miyu y Leonhart.
Durante unos segundos, el silencio fue absoluto. Luego, los murmullos estallaron como un murmullo que recorre el agua.
—Es ella…
—¿Esa es Yuji?
—No puede ser… es mucho más hermosa que en la fotografía.
—¿De verdad era un chico?
—Legalmente sigue siendo Yuji Kuzonoha… pero mira.
—¿Por qué mantiene los ojos cerrados? ¿Será ciega?
—Dicen que no. Dicen que algo le ocurrió durante el año que desapareció. Algo extraño.
Yuji continuó caminando sin prestarles atención. No sabía que, apenas minutos después de abandonar el aula, su regreso se había convertido en el tema principal de toda la academia. Una fotografía tomada a escondidas circulaba ya por los dispositivos de casi todos los estudiantes: él sentado en su antiguo pupitre, cabello blanco, plumas entrelazadas, ojos cerrados y aquella calma inalcanzable en el rostro. Debajo, una sola frase: El estudiante desaparecido ha vuelto. Y ha vuelto así.
No necesitaban decir más. Toda la academia quería saber quién era aquella persona. Y ahora la tenían frente a ellos. Incluso quienes solían considerarse los más bellos y destacados comenzaron a sentirse incómodos. Yuji no hacía absolutamente nada para llamar la atención. No necesitaba hacerlo. Su cabello blanco, sus rasgos delicados, las plumas que caían suavemente sobre su cabello y aquella mirada que nunca se abría… todo lo hacía destacar entre cientos de personas. Y cuanto menos explicaba, más irresistible resultaba el misterio.
Pero Yuji parecía no darse cuenta. O simplemente no le importaba. Seguía caminando tranquila, sosteniendo la mano de Airi, quien caminaba cada vez más nerviosa.
—Yuji… todos nos están mirando —susurró la chica.
—Lo sé.
—¿No te molesta?
Yuji negó suavemente.
—No.
Airi miró a su alrededor. Llevaba el uniforme sencillo de los becados, y aquello provocaba algo curioso: muchas chicas la observaban con envidia, no por su origen, sino porque era ella quien caminaba de la mano de la persona que en cuestión de horas se había convertido en la más comentada de toda la academia.
—Creo que ahora eres tú quien llama más la atención —murmuró Miyu a su espalda.
Airi se puso aún más roja.
—¿Yo?
—Exactamente —dijo Leonhart con una pequeña risa—. Es lógico. Todos quieren saber quién es Yuji… y tú eres la primera persona que aparece a su lado, caminando así.
Airi bajó la mirada.
—No lo había pensado…
Yuji le apretó suavemente la mano.
—No tienes que preocuparte por eso. Mientras estés conmigo, no tienes nada que temer.
El rostro de Airi se encendió aún más, pero esta vez no era de nerviosismo. Era de alivio.
—Aunque… —añadió Leonhart mirando a su alrededor— creo que sería mejor buscar una mesa antes de que todo el comedor se quede mirándonos el almuerzo entero.
—Buena idea —asintió Yuji.
Se acercaron al mostrador de comida. La cocinera levantó la vista y, al ver a Yuji, se quedó inmóvil un instante.
—Buenos días —dijo Yuji con una inclinación de cabeza.
La mujer parpadeó, recuperándose.
—Buenos días… ¿qué van a pedir?
Miyu levantó la mano de inmediato.
—Yo quiero el menú de hoy, pero cambia las verduras por—
—No puedes hacer eso —la interrumpió Leonhart.
—¡Todavía no terminaba!
—Ya sé cómo terminas siempre.
—Entonces quiero doble postre.
—Eso sí puedes pedirlo.
Miyu sonrió satisfecha.
—¡Perfecto!
Leonhart negó con la cabeza y comenzó a hacer su pedido. Airi, mientras tanto, miraba las bandejas sin decidirse.
—Yo… no sé qué elegir.
Yuji se inclinó suavemente hacia ella.
—Pide lo que más te guste. Sin miedo.
—¿Seguro?
—Por supuesto. —Y entonces señaló tranquilamente a Leonhart—. Después de todo, Leo paga.
Leonhart se quedó rígido. Giró despacio hacia él.
—¿Perdón?
Yuji lo miró con inocente serenidad.
—¿Qué?
—¿Desde cuándo soy yo el cajero de todos?
Miyu levantó una mano.
—Desde ahora.
—¡Tú no me ayudes!
Yuji soltó una risa suave.
—Deberías sentirte afortunado, Leo.
—¿Afortunado? ¿Por qué?
Yuji señaló primero a Miyu, luego a Airi, y finalmente a sí misma.
—Vas a almorzar acompañado por tres bellezas en la misma mesa.
Leonhart lo miró unos segundos y respondió con absoluta calma:
—No metas en la misma categoría a la cabeza hueca de Miyu.
Silencio.
Miyu giró lentamente el cuello hacia él.
—¿Qué dijiste?
Leonhart se dio cuenta demasiado tarde.
—Nada.
—Me llamaste cabeza hueca.
—Porque lo eres.
—¡LEO!
¡PAM!
El golpe cayó directo sobre su cabeza.
—¡Oye! —se quejó él, frotándose—. ¡No tienes derecho a golpearme!
—¡Y tú no tienes derecho a decir lo que todos piensan pero nadie dice!
—¡Eso no tiene sentido!
—¡Entonces discúlpate!
—¡Jamás!
—¡¿Quieres otro?!
—¡No, gracias!
Mientras ambos comenzaban a discutir con la familiaridad de siempre, la cocinera los observaba con absoluta impasibilidad. Airi suspiró, resignada.
—Ya empezaron otra vez…
Yuji guardó silencio unos instantes, escuchando los reproches y réplicas que se lanzaban uno a otro. Entonces habló con voz tranquila y clara:
—Cuando se casen, invítenme a la boda.
Silencio absoluto.
Miyu y Leonhart se quedaron congelados. Airi abrió los ojos de par en par. Yuji permaneció serio, sin cambiar la expresión. Un segundo… dos… tres…
—¡¿NI EN UN MILLÓN DE AÑOS?! —gritaron ambos al unísono.
—¡Casarme con él! ¡Antes me tiro desde la torre más alta! —exclamó Miyu.
—¡Y yo digo lo mismo! ¡Con ella no podría vivir ni un día! —replicó Leonhart.
Yuji se llevó una mano a los labios. Airi hizo lo mismo. Y entonces los hombros de ambas comenzaron a temblar.
—¿De qué se ríen? —preguntó Miyu, cruzando los brazos.
Yuji intentó contenerse.
—De nada.
—N-nada… —alcanzó a decir Airi, escondiendo el rostro.
Pero fue inútil. Una risa cristalina y suave escapó de Yuji. Airi no pudo contenerse más y estalló en risas junto a ella. Leonhart las miró indignado.
—¡No se rían! ¡No tiene nada de gracioso!
Eso solo hizo que Yuji se riera con más fuerza.
—Está bien, está bien… —consiguió decir finalmente, recuperando el aliento—. Lo siento.
—No parece que lo sientas —reclamó Miyu.
—Un poquito sí.
—¡Yuji!
Él sonrió. Y por unos instantes, todo lo demás desapareció. Las miradas curiosas, los rumores, las jerarquías del comedor, la fotografía que circulaba por todas partes, las preguntas sin respuesta… todo se desvaneció. Solo estaban ellos cuatro. Como si aquel año de ausencia jamás hubiera existido.
Sin embargo, desde una de las mesas más apartadas, otros estudiantes observaban la escena en silencio. No todos miraban a Yuji con curiosidad. Algunos lo hacían con desprecio. Otros con incomodidad. Y unos pocos… con temor.
Porque las palabras que había pronunciado en el aula seguían resonando en quienes las habían escuchado: Hay pequeñas semillas creciendo por toda esta academia… y están rodeadas de demasiada mala hierba.
Para muchos no había sido más que una frase bonita. Pero para los estudiantes de las últimas mesas… para los que habían sido humillados, apartados, obligados a bajar la cabeza para sobrevivir… aquellas palabras no sonaron como una metáfora. Sonaron como una promesa.
Yuji tomó su bandeja. Airi permaneció a su lado. Mientras caminaban hacia una mesa libre, él volvió a mirar alrededor. Sus ojos seguían cerrados. Pero una sonrisa tranquila y firme apareció en sus labios.
Porque él sabía. Sabía que aquel lugar estaba lleno de semillas. Algunas apenas brotaban, otras estaban a punto de marchitarse. Y todas… estaban rodeadas de hierbas que querían ahogarlas antes de que pudieran crecer.
Pero ahora alguien las había visto. Alguien sabía que estaban ahí.
Y mientras él siguiera allí… nadie se las llevaría.
Yuji tomó ambas bandejas y comenzó a caminar hacia una de las mesas libres. Airi caminaba a su lado, intentando quitarle una de las bandejas.
—Puedo llevar la mía —insistió ella.
Yuji negó suavemente.
—No hace falta.
—Pero ya llevas la tuya.
—Y puedo llevar dos. No es pesado.
Airi bajó la mirada, todavía sintiéndose incómoda. Yuji sonrió levemente.
—Piénsalo así: es parte de mi trabajo como hermana mayor temporal.
Airi lo miró con los ojos muy abiertos.
—¿Hermana mayor temporal? ¿Eso existe?
—Desde ahora sí —respondió Yuji con calma.
Airi soltó una risita.
Detrás de ellas, Miyu todavía terminaba de hacer sus exigencias mientras Leonhart pagaba con una expresión de pura resignación.
—¡Leo! ¡También quiero un jugo extra!
—Ya tienes uno.
—¡Ese es para después!
—No.
—¡¿Por qué no?!
—Porque no voy a pagar tres bebidas. No soy un banco.
—¡Eres un tacaño!
—¡No soy tacaño, soy razonable!
Yuji escuchó la discusión a sus espaldas y negó levemente con la cabeza.
—Nunca cambian.
Airi sonrió.
—Me gusta que sean así. Se nota que se quieren mucho.
—A mí también —admitió Yuji.
Continuaron caminando. Pero antes de llegar a la mesa… alguien se cruzó en su camino.
Yuji se detuvo en seco. Airi también.
Frente a ellas estaba Valeria Montserrat. Hija de una de las familias más influyentes del país, cabello castaño oscuro perfectamente peinado, uniforme impecable… y aquella expresión de superioridad que parecía tallada en su rostro.
Yuji no necesitó abrir los ojos. No necesitó escuchar su nombre. Algo en su interior la reconoció al instante. Cuando todavía era un chico, cuando usaba lentes y caminaba intentando pasar desapercibido, Valeria había sido quien más disfrutaba humillarlo. Comentarios sobre su ropa, sobre su condición de becado, sobre su familia… Incluso escondía sus útiles solo para verlo buscar desesperadamente mientras ella se reía.
Yuji lo recordaba todo. Cada palabra. Cada risa.
Valeria ignoró por completo a Airi. Sus ojos estaban fijos únicamente en Yuji.
—Así que realmente eres tú.
Yuji mantuvo la calma.
—Eso parece.
—Quiero escucharlo de ti. Dilo claramente.
—Sí. Soy Yuji Kuzonoha.
Valeria soltó una risa incrédula.
—Todavía no me lo creo. Pareces otra persona.
—Si tienes dudas —respondió Yuji con tranquilidad—, consulta con la directora o con la presidenta del Consejo Estudiantil. Ambas pueden confirmarlo.
Valeria sonrió con ironía.
—Entonces tendrás que darme el nombre de tu cirujano. Quiero conocer al genio que consiguió transformarte en esto.
Algunos estudiantes cercanos comenzaron a prestar atención.
Yuji sonrió levemente.
—Tal vez pueda presentártelo.
Valeria arqueó una ceja, sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí. —Yuji hizo una pausa breve—. Quizá también pueda arreglar el desastre que el tuyo hizo con tu personalidad.
Un silencio. Y luego… risas contenidas.
—Pff… ¡Eso dolió!
—Ni lo dijo dos veces…
Valeria giró lentamente la cabeza hacia quienes se reían. Su mirada fue suficiente para que el silencio regresara de inmediato. Luego volvió a mirar a Yuji, apretando los labios.
—Parece que ahora tienes una lengua más afilada.
—Gracias —respondió Yuji.
—¿Gracias?
—Es un don que adquirí durante mi ausencia.
El rostro de Valeria se endureció.
—Dejaré pasar ese comentario. Pero escúchame bien: ahora que tienes esta apariencia… debo reconocer que estás cualificada.
—¿Cualificada para qué?
Valeria sonrió con suficiencia.
—Para unirte a nosotras. Ahora eres popular. Todo el mundo habla de ti. Eres misteriosa, llamativa… tienes todo lo necesario para estar arriba. Si quieres mantenerte ahí, necesitas estar con las personas adecuadas. Ven, siéntate con nosotras. Seremos amigas.
La palabra amigas sonó tan falsa que casi pudo escucharse.
—Sería una lástima que desperdiciaras esta oportunidad —añadió ella.
Yuji guardó silencio. Valeria bajó entonces la mirada hacia Airi, observándola de arriba abajo con una sonrisa burlona.
—Aunque… tendrás que deshacerte del lastre.
Airi sintió un nudo en el estómago y bajó la mirada de inmediato.
—Una becada como ella —señaló Valeria con desdén— solo mancharía tu reputación.
—¡¿QUÉ ACABAS DE DECIR?!
Miyu apareció de un momento a otro, dando un paso hacia adelante furiosa. Leonhart la detuvo extendiendo un brazo frente a ella.
—Déjala, Miyu.
—¡Pero está insultando a Airi!
—Lo sé. —Leonhart señaló con la mirada a Yuji—. Deja que sea él quien responda.
Miyu apretó los dientes, pero se detuvo.
Yuji permanecía inmóvil frente a Valeria. Entonces soltó una risa suave, elegante y casi dulce.
—Hacía mucho tiempo que no veía tanta arrogancia concentrada en una sola persona.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué dijiste?
Yuji sonrió más ampliamente.
—Y eso que ni siquiera necesito abrir los ojos para verla.
Varios estudiantes ahogaron carcajadas. Valeria se tensó por completo.
—¿Qué quisiste decir con eso?
—Que tienes un ego tan grande —respondió Yuji con calma— que debería tener su propio número de aula.
Las risas estallaron con más fuerza. Valeria miró a su alrededor, furiosa, y volvió a clavar la vista en Yuji.
—¡No sabes con quién te estás metiendo!
—Sí lo sé. —La sonrisa de Yuji desapareció lentamente—. Precisamente por eso te hablo así.
Valeria se quedó sin palabras. Yuji tomó suavemente la mano de Airi.
—Y, sinceramente… —la miró directamente a ella— prefiero compartir mi tiempo con alguien tan dulce como Airi, antes que soportar un ego tan sofocante como el tuyo.
Valeria abrió la boca, indignada. Pero Yuji simplemente pasó a su lado. Sin detenerse. Sin volver a mirarla.
—Yuji… —susurró Airi, caminando a su lado todavía sorprendida.
—¿Sí?
—No tenías que defenderte así por mí…
—Sí tenía. —Yuji le apretó suavemente la mano—. No voy a permitir que nadie te haga sentir menos por nada. ¿Entendido?
Airi asintió, sintiendo que algo cálido le recorría el pecho.
Detrás de ellas, Miyu sonrió satisfecha. Leonhart metió las manos en los bolsillos.
—Te lo dije —le dijo a Miyu—. Él sabía cómo manejarla.
—Sí… —admitió ella—. Pero igual quería pegarle.
—Lo sé.
Valeria, mientras tanto, permanecía inmóvil. Su orgullo acababa de ser destrozado frente a medio comedor. Enfurecida, dio un paso rápido hacia Yuji y alargó la mano para agarrarla del brazo.
—¡ESPERA! ¡NO HE TERMINADO CONTIGO!
No llegó a tocarla.
—¡PÍO!
Un pequeño gorrión descendió desde lo alto y picoteó con fuerza la cabeza de Valeria.
—¡¿AH?!
El ave subió en círculos y volvió a bajar.
—¡PÍO!
—¡QUÍTATE, MUCHO! —gritó ella intentando apartarlo.
—¡PÍO! ¡PÍO! ¡PÍO!
El pájaro la rodeaba una y otra vez, picoteándola cada vez que intentaba acercarse a Yuji. Valeria retrocedía, cubriéndose la cabeza, tropezando… hasta que sus pies engancharon con una pata de silla.
—¡AAAH!
Cayó de espaldas. Su bandeja voló por el aire y todo el contenido terminó cayendo encima de ella. Salsas, arroz, sopa… todo sobre su uniforme impecable.
El comedor entero guardó silencio absoluto.
El pequeño gorrión, sin detenerse allí, voló directo hacia Yuji. Se posó suavemente sobre su hombro y, con un movimiento tierno y delicado, frotó su cabecita blanca contra la mejilla de ella.
—Pío…
El sonido fue suave, casi un susurro.
Yuji permaneció inmóvil. Una pequeña y cálida sonrisa se dibujó en sus labios. Levantó lentamente una mano y acarició con ternura al ave sobre su hombro.
—¿Ese pájaro es tuyo? —preguntó Leonhart, observándolo con asombro.
Yuji no apartó la mano del pequeño gorrión.
—No tengo idea.
El pájaro frotó nuevamente su cabeza contra ella, como dándole la razón.
—Pío.
—Claro que no —murmuró Miyu, con los ojos brillantes de emoción.
Yuji tomó de nuevo la mano de Airi, sin dejar de acariciar al ave.
—Vamos a comer.
—Sí…
Mientras se alejaban, Valeria seguía en el suelo, cubierta de comida, con el rostro ardiendo de humillación y rabia. Nadie se atrevía a ayudarla. Nadie se atrevía a hablar.
Yuji no necesitaba verlo. Sabía que su pequeño amigo seguía allí, a su lado, acompañándolo.
Thoughts
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PermalinkEse gorrión. Nada más.
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PermalinkMiyu y Leo discutiendo por un jugo extra mientras medio comedor mira a Yuji es la mejor pareja de comedia, y Yuji tirando lo de la boda con cara de nada, ídola. Airi ya me cae bien por querer llevar su bandeja.
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PermalinkA lo largo de todo el capítulo se siente la tensión que hay en el comedor. Solo Yuji es capaz de disolverla con tal delicadeza.
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PermalinkMe ha hecho gracia lo de hermana mayor temporal, y me ha parecido más verdad que todo el discurso de las semillas, con lo que ese discurso asusta a las últimas mesas. La escena con Valeria la veía venir y aun así el gorrión me pilló desprevenida. Me da la impresión de que ella no se va a quedar con el uniforme manchado sin devolvérselo. ¿Ya tienes pensado lo que hace después de esto?
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