Pobre Aoi, ni modo.
Capítulo 34: una nueva aliada? Pregunta Sin responder
Aoi permanecía inmóvil sobre la roca. El helado seguía en su mano, pero ya no sentía su peso ni su frío. Shizuka lo observaba con esa calma absoluta, como si estuvieran comentando el tiempo,…
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Pobre Aoi, ni modo.
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Aoi permanecía inmóvil sobre la roca. El helado seguía en su mano, pero ya no sentía su peso ni su frío. Shizuka lo observaba con esa calma absoluta, como si estuvieran comentando el tiempo, mientras el viento movía suavemente su cabello.
—Creo que se está equivocando —alcanzó a decir Aoi con voz entrecortada.
Shizuka levantó una ceja con curiosidad.
—¿Ah, sí?
—Sí —asintió él varias veces, intentando convencerse a sí mismo—. Debe haberme confundido. Yo no soy esa... esa persona.
Shizuka soltó una risa suave, sin rastro de burla, solo divertida.
—¿De verdad vas a intentar negarlo?
—No sé de qué habla —repitió él apartando la mirada.
—No intentes esconderlo —dijo ella con tranquilidad—. Te reconocí desde que llegaste. Vi que venías con tus hermanas, luego aparecieron tus amigas... al principio solo pensé que erais un grupo muy llamativo. Pero cuando volviste con esa peluca... supe que tenía que comprobarlo.
Aoi sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Nos ha estado observando todo este tiempo...
—Sinceramente —continuó ella—, pensé que mis ojos me engañaban. Ese rostro es idéntico al de la Domadora que todos han visto vencer a Argos.
—Seguro hay mucha gente parecida... —murmuró Aoi, ya sin mucha convicción.
—No tantas —negó ella mientras sacaba su teléfono con calma—. Así que hice una pequeña comprobación.
El corazón de Aoi empezó a latir desbocado. Primero apareció una foto tomada hacía unos minutos: él mismo, con la peluca, mirando hacia el mar.
—Te pediría perdón, pero necesitaba estar segura —dijo ella deslizando la imagen.
A continuación apareció la captura de pantalla de la transmisión oficial de la batalla: la Domadora, con su rostro ocupando casi toda la imagen. Y finalmente, ambas fotos superpuestas: líneas finas unían puntos exactos en los ojos, la nariz, la mandíbula y las mejillas. En letras grandes y claras apareció el resultado:
Coincidencia facial: 99,87 %
Aoi sintió que la sangre se le iba del rostro. No había duda. No había error.
Shizuka guardó el teléfono despacio.
—No soy ninguna experta, pero creo que los números hablan por sí solos.
—Y-Yo... es que... —Aoi intentó decir algo, buscar alguna explicación, pero las palabras se le atascaban en la garganta.
—Tranquilo —dijo ella suavemente—. No voy a decirle nada a nadie. Respeto demasiado a los jugadores como para revelar algo tan personal. No tendría ningún sentido hacerlo.
Aoi soltó el aire que había estado reteniendo, aunque seguía temblando ligeramente. Una parte inmensa de la tensión desapareció de golpe.
—Aunque... —Shizuka sonrió con una chispa de diversión en los ojos— tengo que confesar algo. He visto demasiados animes y siempre pensaba que eso de "un chico que parece una chica con solo cambiarse" era pura fantasía. Nunca creí que pudiera ser real.
Aoi bajó la cabeza, sintiendo cómo las mejillas le ardían.
—Y hoy —continuó ella señalándolo con una media sonrisa—, acabo de conocer al primero.
—Por favor... —suplicó él con voz derrotada— no vuelva a decir eso...
Shizuka rió con sinceridad. No se burlaba de él; simplemente le parecía increíble y entrañable que el mismo chico capaz de idear estrategias que dejaban boquiabierto a todo un servidor, ahora estuviera completamente desarmado por una simple peluca y unas palabras.
Aoi se cubrió el rostro con ambas manos, deseando que la arena se lo tragara o que las olas se lo llevaran lejos. Mientras tanto, Shizuka lo miraba y pensaba para sí misma: Definitivamente... la Domadora es mucho más interesante de lo que las noticias cuentan.
Shizuka seguía sonriendo mientras Aoi permanecía con la cara hundida entre las manos, totalmente derrotado. Tras unos segundos de silencio, ella lo miró con curiosidad:
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—...Adelante —suspiró él.
Ella ladeó levemente la cabeza:
—¿Eres de esos chicos que eligen jugar con avatar femenino porque les gusta?
El silencio duró apenas un segundo. Aoi levantó la cabeza de golpe, gritando con tanta fuerza que varias gaviotas alzaron el vuelo asustadas:
—¡¡¡NO!!! ¡¡Yo no lo escogí!! ¡¡Fue culpa de ese maldito juego!!
Shizuka parpadeó un instante y estalló en risas.
—Jajaja... perdona, pero es que... ¿de verdad se te olvidó?
—¿Olvidar qué? —preguntó él frunciendo el ceño.
—Que los cascos de RV generan el avatar tomando como base tu propio rostro —dijo ella con una sonrisa divertida.
Aoi se quedó inmóvil. Las palabras fueron calando despacio en su mente: "tu propio rostro", "como referencia", "mi cara". Muy lentamente llevó las manos hasta tocar la peluca y luego su propia cara. Y entonces lo entendió todo.
Las mejillas se le tiñeron de un rojo intenso. Sin decir nada, bajó la cabeza y dejó que el largo cabello le cubriera el rostro por completo; solo se veían las puntas de sus orejas, que también ardían de la misma forma.
—¡Jajajajaja! —Shizuka ya no pudo contenerse más—. ¡Lo siento muchísimo! ¡Pero esa reacción ha sido perfecta!
Desde debajo del cabello salió una voz casi inaudible:
—...Quiero desaparecer...
—Pensaba que lo sabías desde el principio —dijo ella recuperando el aliento.
—Se me había olvidado... —respondió él con tono apagado.
La risa volvió a brotar de los labios de Shizuka.
—Eres increíble...
El silencio volvió a reinar entre ellos, hasta que una voz conocida los hizo girar a los dos:
—¿Aoi?
Reika se acercaba caminando por la arena, buscándolo. Al verlo junto a una desconocida, aceleró el paso con alivio:
—Aquí estabas... estábamos preocupados, pensamos que te habías alejado demasiado.
Aoi se levantó de inmediato:
—Perdón... solo quería estar un rato tranquilo.
—No te preocupes —sonrió ella con calma—, solo queríamos asegurarnos de que estuvieras bien.
Shizuka observó la escena y luego sonrió con una pequeña chispa de picardía:
—Ya veo... ya ha venido a buscarte tu novia.
El silencio fue absoluto. Aoi y Reika se quedaron petrificados, y un segundo después ambos se pusieron completamente rojos al mismo tiempo:
—¡¡N-NO!! —gritaron al unísono.
Shizuka levantó ambas manos en señal de inocencia:
—Vaya... hasta respondéis igual.
—¡No es mi novia! —se apresuró a decir Aoi moviendo las manos desesperadamente.
—¡Somos solo compañeros de clase! —añadió Reika, y al instante se corrigió todavía más sonrojada—: ¡Y amigas... amigos!
Aoi se llevó una mano a la frente:
—¡Mire lo que ha provocado!
—Lo siento —dijo Shizuka conteniendo la risa—, no pude resistirme.
Se puso de pie despacio, sacudiendo la arena del pareo.
—Creo que ya es hora de irme.
Dio unos pasos y se detuvo, girando apenas la cabeza:
—Por cierto... si alguna vez nos cruzamos dentro del juego... búscame.
—¿Dónde? —preguntó Aoi levantando la vista.
—Ve al gremio cuyo emblema es un león —respondió ella con total serenidad—. Pregunta por mí. Estoy segura de que te dejarán entrar.
—¿Pertenece usted a ese gremio?
—Digamos que tengo cierta responsabilidad allí —sonrió ella.
Levantó una mano despediéndose:
—Hasta la vista, Domadora.
—...Hasta la vista —respondió Aoi con una media sonrisa resignada.
Shizuka se alejó caminando entre la gente de la playa hasta perderse de vista. Reika miró entonces a Aoi con curiosidad:
—¿La conocías?
—Acabo de conocerla ahora mismo —negó él lentamente.
—¿Y quién era?
Aoi miró hacia el horizonte donde ella se había marchado, y recordó sus palabras: "el gremio del león".
—Creo... —dijo despacio— que alguien bastante importante dentro de Eternal Fantasy Online.
Reika siguió su mirada, sin saber aún que aquel encuentro casual al sol acababa de abrirle a Aoi una puerta hacia uno de los lugares más influyentes de todo el juego.
Aoi se quedó unos instantes mirando hacia donde se había ido, todavía tratando de encajar todo lo que acababa de ocurrir. Reika dio un paso a su lado.
—¿Nos vamos?
—Sí —asintió él.
Caminaron despacio por la orilla, con el sonido rítmico de las olas envolviéndolos. Al cabo de unos segundos, Reika miró de reojo la larga melena negra que le caía por los hombros.
—Por cierto... ¿por qué no te la quitas ya?
Aoi soltó un suspiro profundo.
—Porque Hina me amenazó.
—¿Amenazó? —parpadeó ella sorprendida.
—Sí —dijo él con total seriedad—. Dijo que si me quitaba la peluca, les enviaría a ustedes dos unas fotos mías de cuando era pequeño.
Reika sonrió suavemente.
—¿Solo por eso?
—¡¿"Solo"?! ¡Eso es gravísimo! —exclamó él.
—¿Tan vergonzosas son?
—Muchísimo. Y no pienso dejar que eso pase.
Reika se llevó una mano a la barbilla, con curiosidad divertida.
—Ahora me has dado ganas de verlas.
—No —se apresuró a decir Aoi señalándola con el dedo.
—Solo una.
—¡No!
—Seguro eras un niño muy adorable —insistió ella con una media sonrisa.
Las mejillas de Aoi se encendieron.
—¡Eso no va a pasar nunca!
—¿Estás segura? —preguntó ella despacio, levantando una mano y señalando detrás de él—. Creo... que ya está pasando.
Aoi frunció el ceño y giró lentamente. La sangre se le heló en las venas.
Bajo la sombrilla, Hina estaba sentada junto a Reina con un álbum enorme abierto sobre las rodillas, pasando las páginas con una sonrisa inmensa.
—¡Qué tierno eras! —se escuchó decir a Reina, con los ojos brillantes de ternura.
Y entonces vio a Kaede: acababa de llegar con otra caja en las manos, la abría con calma y murmuraba:
—Las de primaria ya están... las del jardín también... ¡ah! Aquí están las de cuando era bebé.
Reika abrió un poco los ojos y volvió a mirar a Aoi. Él estaba pálido, completamente blanco, como si el mundo se le viniera encima.
—No... —susurró con voz apenas audible.
—Parece que tu hermana habla muy en serio —dijo Reika conteniendo la risa.
Aoi reaccionó de golpe.
—¡¡NOOOOO!!
Echó a correr a toda velocidad hacia la sombrilla.
—¡¡HINAAAAAA!!
Su hermana levantó la vista, feliz de la vida, y le mostró una foto:
—¡Llegas justo a tiempo! Mira qué cachetoncito eras.
—Es demasiado lindo —decía Reina tapándose la boca.
—Espera —añadió Kaede abriendo el segundo álbum—, todavía faltan las mejores. Estas son de cuando aprendía a caminar.
—¡¡DÉVUELO ESO!! —gritó Aoi intentando alcanzar el álbum, pero Hina lo levantó por encima de su cabeza con una sonrisa traviesa.
—Muy lento, hermanito.
Pasó otra página: allí estaba él, con apenas tres años, con un sombrero de paja gigante que le tapaba media cara y abrazando un osito de peluche casi más grande que él.
—Es imposible ser más tierno —murmuró Reina, encantada.
Kaede levantó otra foto: Aoi bebé, profundamente dormido dentro de una caja de cartón, abrazando una almohada pequeña. Reika lo vio al llegar y sonrió con ternura:
—Qué monada...
Aoi dejó caer los hombros, miró al cielo y murmuró derrotado:
—Ya no queda nada por proteger...
—Y todavía —dijo Hina con una sonrisa maliciosa— faltan las fotos del día que te disfrazaste de conejito para la obra del jardín.
Aoi abrió los ojos como platos.
—¡¡ESAS NO!!
Y volvió a lanzarse hacia adelante, dispuesto a recuperar su dignidad —y los álbumes— antes de que fuera demasiado tarde.
El sol comenzaba a hundirse despacio en el horizonte, tiñendo el cielo de naranjas, rosas y dorados que se reflejaban en el agua tranquila. Las olas rompían suavemente, como si también se estuvieran quedando dormidas.
Al final, Aoi sí había terminado disfrutando el día, aunque jamás en la vida admitiría que se había divertido. Sus hermanas lo arrastraron a todo: jugar al voleibol, construir castillos de arena que luego las olas se llevaban, correr por la orilla... Hasta Hina consiguió meterlo al agua un par de veces, aunque él pasó la mayor parte del tiempo intentando no mojarse demasiado.
Y por supuesto, la vergüenza no se fue con la peluca. Un chico universitario se le acercó para invitarlo a tomar algo; el salvavidas le preguntó si necesitaba ayuda para encontrar a sus amigas; y lo peor de todo fue cuando un niño pequeño tiró de la mano de su madre y le dijo con los ojos brillantes:
—Mamá... la princesa también vino a la playa.
Aoi se quedó rígido como una estatua. Hina cayó de rodillas en la arena riendo hasta llorar; Reina escondió la cara en una toalla; incluso Kaede tuvo que darse la vuelta para no perder la compostura. Aoi solo levantó un dedo y dijo con voz apagada:
—Renuncio.
Ahora el día se apagaba y todo estaba en calma. La playa se vaciaba poco a poco y una brisa suave acariciaba la arena. Aoi dormía profundamente sobre una manta grande, con la cabeza apoyada en el regazo de Kaede. Ella le acariciaba el cabello despacio, con una sonrisa llena de ternura.
Hina lo miraba desde el otro lado, inflando las mejillas.
—No es justo...
—¿Qué pasa? —preguntó Reina.
—Yo también le ofrecí mi regazo —se quejó Hina, sacando la lengua al imitarlo— y me sacó la lengua y se fue contigo.
—Todavía está dolido por lo de la peluca —dijo Reina riendo bajito.
—Pues qué rencoroso —cruzó los brazos Hina.
Kaede negó con suavidad.
—No lo molestes más. Hoy ya ha pasado suficiente.
Hina bajó un poco la mirada.
—Bueno... tal vez sí me pasé un poquito.
—¿Un poquito? —levantó una ceja Reina.
—Creo que bastante —corrigió Reika con una sonrisa.
Hina soltó una risita nerviosa, pero su expresión se volvió más seria al mirar a su hermano dormido.
—Precisamente por eso insistí tanto en traerlo. Hace tiempo que no lo veía así: distraído, riendo, corriendo, haciendo pucheros, quejándose... aunque haya pasado vergüenza, hoy se ha comportado como un chico de su edad.
Un silencio suave envolvió al grupo.
—Desde que nuestros padres se fueron —dijo Kaede con voz tranquila—, se ha obligado a madurar demasiado rápido. Siempre intenta no preocupar a nadie: si le pasa algo, lo arregla solo; si está triste, se encierra en su cuarto; y muchas veces sonríe solo para que nosotras estemos tranquilas.
Reika y Reina bajaron la mirada, sin saber esa parte de su historia.
—Por eso quería que saliera —continuó Hina—, que olvidara por un rato todo lo demás.
Reina lo miró con ternura. Era difícil imaginar que ese chico que dormía tan tranquilo era el mismo que se enfrentaba solo a jefes temidos por miles de jugadores. Allí, entre las mantas y el olor a mar, solo parecía un muchacho cansado que necesitaba un respiro.
—Es curioso —dijo Reika—: dentro del juego parece tenerlo todo bajo control, pero fuera es tan... humano.
—Porque ese es el verdadero Aoi —sonrió Hina—: tímido, callado, y demasiado bueno para decir que no.
—Y muy terco —añadió Kaede.
—Muchísimo —coincidió su hermana.
Las cuatro rieron bajito para no despertarlo.
—Ahora entiendo por qué siempre están tan pendientes de él —dijo Reina.
—Es nuestro hermanito —respondió Kaede con dulzura.
Hina miró entonces a Reika y a Reina, y esa sonrisa traviesa volvió a aparecer en sus labios.
—Y además... tengo la sensación de que muy pronto dejará de ser solo responsabilidad nuestra.
Ambas se sonrojaron al instante.
—¡H-Hina! —exclamó Reika.
—Otra vez con lo mismo... —murmuró Reina desviando la mirada.
—¿Qué? —se hizo la inocente—. Solo digo que alguien tendrá que cuidar a este desastre cuando nosotras no estemos.
Kaede miró a las dos chicas con una sonrisa suave.
—Por la forma en que lo miráis... creo que ya hay dos candidatas.
Ninguna respondió, pero el silencio lo dijo todo. Mientras el sol desaparecía por completo y las primeras estrellas comenzaban a asomar, las hermanas supieron que aquel día, a pesar de todas las bromas y la vergüenza, había sido mucho más importante de lo que parecía. Y Aoi, dormido profundamente, descansaba por fin sabiendo que nunca estaría solo.
Aoi sintió un vaivén suave y rítmico. El sonido de las olas llegaba lejano, mezclado con el murmullo de quienes aún se quedaban en la playa, y con él llegaba un calor conocido que le envolvía entero. Abrió apenas un ojo: frente a él, mechones rubios brillaban con los últimos rayos dorados del sol, y reconoció esa espalda antes de poder decir nada.
—...Kaede... —susurró con voz adormilada.
—¿Ya despertaste? —respondió ella con una sonrisa tranquila, sin dejar de caminar ni aflojar el abrazo con el que lo sostenía.
Aoi volvió a cerrar los ojos y apoyó la cabeza de nuevo sobre su hombro. No se sonrojó, no intentó bajarse, ni siquiera preguntó por qué lo llevaba así. Era algo que habían hecho mil veces desde que era pequeño: cuando se quedaba dormido en el coche, cuando la fiebre no lo dejaba caminar, o simplemente cuando sus piernas no daban más, Kaede siempre terminaba llevándolo a casa.
A su lado caminaba Hina, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza y una media sonrisa.
—Míralo —dijo bajito—, ni siquiera se queja.
—Nunca lo hace —respondió Kaede con dulzura.
Aoi guardó silencio unos instantes, hasta que habló con voz muy suave:
—...Debo estar pesado...
Kaede negó despacio.
—Nunca lo has sido.
—Pero ya crecí... —insistió él.
—Y seguirás creciendo —ella acomodó mejor sus piernas sobre su cintura—. Da igual cuánto midas o cuánto peses. Mi espalda siempre fue para llevarte a ti.
Las palabras quedaron flotando entre el sonido de sus pasos sobre el paseo marítimo, mientras las primeras luces de la ciudad empezaban a encenderse una a una. Aoi volvió a hablar, casi entre sueños:
—No quiero... que renuncien a ser felices... por mi culpa...
Kaede y Hina se miraron brevemente, sin decir nada.
—Quiero que algún día... formen sus propias familias... —continuó él, con la voz cada vez más lenta—...que sean felices... y que no sigan preocupándose siempre por mí...
Las últimas palabras se perdieron en un susurro. Su cabeza se recostó por completo y su respiración se volvió profunda y tranquila: se había vuelto a dormir.
Kaede sonrió con una ternura inmensa, acariciando despacio una de sus manos que descansaba sobre su hombro.
—Siempre piensa en los demás antes que en él mismo.
—Es un caso perdido —dijo Hina con una sonrisa llena de cariño.
—Sí —asintió Kaede—, pero precisamente por eso... nunca dejará de ser nuestro pequeño hermano.
Hina se inclinó un poco para apartarle con cuidado un mechón de pelo de la frente.
—Y aunque algún día tengamos nuestras propias vidas... eso jamás significará dejar de cuidarte.
Las dos siguieron caminando bajo el cielo teñido de naranja y violeta, con la brisa marina acompañándolas. Para ellas, llevarlo así no era una carga: era un regalo, una promesa que se habían hecho desde que eran pequeñas, y que sabían que cumplirían pase lo que pase.
Respuestas
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PermalinkPobre Aoi, ni modo.
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PermalinkAoi olvidando que el casco de RV le armo el avatar con su propia cara me hizo pensar en lo poco que leemos lo que aceptamos al instalar cualquier juego. Apuesto a que Shizuka no va a ser la ultima en sacar la cuenta, y que el gremio del leon le va a complicar la vida mas de lo que parece. Me encanto el cierre con Kaede :)
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PermalinkEl nene con lo de la princesa en la playa 😂 Mirá, ahí Aoi ya no tenía cómo zafar.
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