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Capítulo 31: Ya no camina solo

DNavarrete
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Un poco más atrás, apartadas del grupo principal y bajo la sombra fresca y densa de un gran árbol de hojas anchas, la señora Aoi y Minori-sensei permanecían de pie, observando en un silencio que…

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Un poco más atrás, apartadas del grupo principal y bajo la sombra fresca y densa de un gran árbol de hojas anchas, la señora Aoi y Minori-sensei permanecían de pie, observando en un silencio que pesaba tanto como la ternura que sentían.

 

La distancia era perfecta: lo bastante lejos para no invadir ese momento tan íntimo y doloroso que Yuuto estaba compartiendo con sus amigas, pero lo suficientemente cerca para verlo todo, para escuchar los retazos de su voz quebrada y para observar cómo las chicas lo rodeaban formando un círculo cerrado, un verdadero escudo tejido con amor y protección.

 

La señora Aoi se llevaba una mano al pecho, justo sobre su corazón, mientras una lágrima silenciosa y cálida resbalaba lentamente por su mejilla. No era una lágrima de amargura, sino de un alivio tan profundo que dolía. Ver a su hijo así, abriéndose por fin, dejando salir el llanto que había guardado tanto tiempo, pero sostenido entre brazos cariñosos y miradas comprensivas… era algo que había dejado de creer posible.

 

Minori-sensei, a su lado, mantenía una expresión serena, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y profunda emoción. Había visto pasar a muchos estudiantes por su aula, había escuchado muchas historias… pero la de Yuuto era distinta. Llegaba al alma y se quedaba allí.

 

—Gracias… —murmuró de pronto la señora Aoi, rompiendo solo el suave susurro del viento entre las hojas—. Muchas gracias por haber venido hoy, Minori-san. Por acompañarnos. Sé que es un día muy difícil y que no era obligación suya estar aquí.

 

La profesora negó suavemente con la cabeza, sin apartar la vista de su alumno ni un instante.

 

—Por favor, Aoi-san, no tiene que agradecerme nada —respondió con voz suave pero firme—. Desde el momento en que conocí a Yuuto y vi lo que estaba pasando a su alrededor, ya tomé una decisión: estar a su lado, ayudarlo en todo lo que pueda. Él es un chico especial, y merece todo el apoyo del mundo.

 

Hizo una pequeña pausa, y su mirada se tornó más pensativa.

 

—Aunque… debo ser sincera. Sabía que tenía miedos, que le costaba confiar… pero no imaginaba que todo esto tuviera raíces tan profundas. No sabía nada de esta historia, ni de lo importante que era su abuelo para él.

 

La señora Aoi soltó un suspiro largo, cargado de nostalgia, y una sonrisa tierna y triste a la vez se dibujó en sus labios al evocar su recuerdo.

 

—Mi suegro… el abuelo Shioji, era una persona maravillosa —empezó a contar con voz dulce y pausada—. Un hombre de pocas palabras, pero con un corazón tan grande que cabía todo el mundo dentro. Desde el primer día, cuando Yuuto no era más que un bebé, lo quiso con una intensidad que rara vez se ve. Y cuando el cuerpo de Yuuto empezó a cambiar… cuando su cabello se volvió blanco como la nieve y sus rasgos se hicieron más finos y delicados…

 

Se secó otra lágrima con el borde del pañuelo.

 

—Muchos en la familia empezaron a murmurar, preocupados, otros incluso llegaron a cuestionarse qué era lo que estaba ocurriendo. Pero él nunca. Él solo miraba a su nieto. Veía a Yuuto, nada más. Incluso cuando la enfermedad empezó a robarle las fuerzas y tuvo que quedarse en cama… siempre encontraba la forma de estar junto a él, de escucharlo, de darle la mano.

 

Minori la escuchaba con total atención, inclinando ligeramente la cabeza.

 

—¿Y cómo fue…? —preguntó con mucha delicadeza, casi en un susurro—. ¿Cómo fue su partida?

 

La señora Aoi levantó la vista hacia el cielo, donde las nubes avanzaban despacio, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para acompañarlos.

 

—Fue tranquilo… —respondió bajando la mirada—. Su corazón simplemente decidió descansar. Ya tenía una edad avanzada y su cuerpo había luchado mucho. Los médicos nos dijeron que fueron causas naturales, que su tiempo había llegado. Pero hasta el último segundo… hasta el último latido, él fue el refugio de Yuuto. Su único lugar seguro.

 

Su voz se quebró un poco al traer de vuelta aquel día, y tuvo que hacer una pausa para recuperar el aliento.

 

—Ese día… en el hospital —continuó con esfuerzo—, yo salí un momento a hablar con los doctores. Yuuto no se movió de su lado ni un instante. Se quedó allí, sentado en esa sillita pequeña, aferrado a su mano con todas sus fuerzas, sin soltarlo.

 

Minori cerró los ojos un momento, tratando de imaginar esa escena y sintiendo cómo se le formaba un nudo en la garganta.

 

—Cuando volví a entrar a la habitación —siguió Aoi, con los ojos llenos de lágrimas pero con una paz extraña en la mirada—, todo estaba en un silencio absoluto. Yuuto seguía ahí, con la cabeza apoyada suavemente en el borde de la cama, mirando fijamente el rostro inerte de su abuelo.

 

Hizo una pausa, grabando cada detalle como si fuera una foto que nunca quisiera olvidar.

 

—Él levantó la vista hacia mí… me miró con esos ojos grandes y oscuros llenos de dolor, y con una vocecita muy pequeña, tratando de parecer fuerte, me dijo:

 

    “Mamá… por favor no hagas ruido. El abuelo está muy cansado y se quedó dormido. Pero no te preocupes… solo está descansando. Ya va a despertar en un ratito, ya verás. Solo hay que esperarlo.”

 

La señora Aoi se tapó la boca con la mano para contener un sollozo.

 

—Y yo… yo no pude decirle nada. Porque aunque sus palabras decían que solo dormía… sus ojos me gritaban que sabía la verdad. Con solo doce años, él entendió perfectamente que no volvería a verlo. Pero se negó a aceptarlo en voz alta. Necesitaba creer que solo dormía para poder seguir soportando ese dolor.

 

Minori-sensei sintió que el corazón se le encogía. Ahora todo tenía sentido. Comprendía sus silencios, su miedo a mostrarse tal cual era, esa necesidad de ocultarse del mundo. Aquella pérdida lo había marcado para siempre.

 

—Por eso —dijo Aoi volviendo a mirar a su hijo, que ahora reía entre lágrimas al contar alguna anécdota—, verlo así hoy… ver que por fin ha encontrado a gente que lo quiere y lo acepta tal como es… es como si una carga enorme que llevo en el pecho desde hace dos años se hubiera levantado de golpe.

 

Minori puso una mano suave y cálida sobre su hombro.

 

—Su hijo es increíblemente fuerte, Aoi-san —le dijo con sincera admiración—. Y tiene una bondad que muy poca gente conserva. El abuelo Shioji hizo un trabajo maravilloso con él. Y ahora… ahora esas chicas están continuando su labor. Lo están cuidando exactamente como él lo haría.

 

Ambas volvieron a guardar silencio, observando con ternura. Desde lejos veían a Yuuto gesticular con emoción, y cómo las chicas reían con él y a la vez se les llenaban los ojos de lágrimas.

 

Ya no estaba solo.

 

Aquel que fue su protección en la tierra se había ido… pero ya no caminaba sin compañía.

 

El sol ya se había ocultado casi por completo, tiñendo el cielo de tonos violetas y anaranjados oscuros cuando finalmente salieron del recinto. El ambiente seguía siendo sereno, pero se sentía mucho más ligero que al llegar; como si una nube pesada hubiera pasado y se hubiera llevado consigo parte de la angustia acumulada.

 

Minori-sensei se encargó de llevar a las chicas de regreso a sus casas, ya que la señora Aoi necesitaba irse un momento antes con Yuuto para que él pudiera descansar.

 

Antes de separarse, bajo la luz tenue y amarillenta de las farolas que empezaban a encenderse, Yuuto se acercó a ellas una por una.

 

Sin decir nada al principio, las envolvió en un abrazo suave pero firme, un abrazo que contenía todo lo que no podía expresar con palabras.

 

—Gracias… —susurró contra el hombro de cada una, con la voz todavía ronca—. De verdad… gracias por venir. Gracias por no haberme dejado solo.

 

—No tienes que dar las gracias —le respondió Ayaka apretándolo con fuerza antes de soltarlo—. Nosotras queríamos estar ahí.

 

—Mañana seguimos juntos, ¿vale? —añadió Shiori con una sonrisa cálida y segura.

 

Yuuto asintió despacio, y esta vez la sonrisa que se le dibujó en los labios fue más tranquila, más real.

 

—Sí… mañana nos vemos.

 

Se quedaron todas mirándolo subir al vehículo con su madre, y no se movieron hasta que las luces traseras se perdieron entre las sombras de la calle. Solo entonces subieron al coche de la profesora.

 

DENTRO DEL AUTO

 

En cuanto Minori cerró las puertas y el motor empezó a ronronear suavemente, hubo un breve silencio… y entonces sucedió.

 

Como si hubieran soltado una pesada carga que llevaban en los hombros desde hacía horas, las cuatro chicas se desplomaron al mismo tiempo.

 

Ayaka se dejó caer contra el respaldo soltando un largo suspiro y se pasó ambas manos por la cara. Reika, que siempre mantenía la postura recta y elegante, apoyó la cabeza en el cristal de la ventanilla y cerró los ojos, relajando cada músculo tenso. Airi se abrazó a sí misma y exhaló profundamente, y Shiori simplemente se hundió en el asiento mirando el techo, como si le faltaran las fuerzas para mantenerse erguida.

 

Habían estado fuertes, atentas y firmes durante todo ese tiempo, y ahora que la tensión había bajado, el agotamiento y la emoción les ganaban.

 

Minori las miró por el espejo retrovisor y no pudo evitar sonreír con ternura.

 

—Vaya… —murmuró con voz suave—. Creo que todas necesitaban esto, ¿verdad? Parece que les han quitado diez kilos de encima.

 

Las chicas asintieron o soltaron risitas cansadas.

 

—Es que… ha sido muy intenso, sensei —dijo Ayaka finalmente, frotándose las sienes—. No sabíamos todo lo que llevaba dentro.

 

—Es verdad —admitió Reika sin abrir los ojos—. A veces siento que cuidar de Yuuto es como caminar sobre huevos todo el tiempo. Tienes que ir con mucho cuidado para no lastimarlo sin querer.

 

Nadie lo contradijo. Todas sabían que era así.

 

—Es curioso —comentó Shiori con voz pensativa—. Creo que a veces nos engañamos pensando que ya lo conocemos del todo… y entonces descubrimos que apenas hemos empezado a ver lo que hay en su corazón.

 

Minori guardó silencio unos instantes, atenta a la carretera, y luego preguntó con mucha calma:

 

—¿Y eso… les molesta? ¿Les cansa tener que ir despacio, descubriéndolo capa por capa? ¿No les parece demasiado esfuerzo?

 

La pregunta flotó un momento, pero la respuesta llegó clara y sin dudas.

 

—No —dijo Airi con firmeza—. No nos molesta en absoluto.

 

—Al principio quizás nos confundía —agregó Reika abriendo los ojos—, pero ahora sabemos que vale la pena.

 

—Yuuto ya es parte de nosotras —sentenció Ayaka con determinación—. No importa cuánto tiempo tome o qué tanto tengamos que aprender. No nos vamos a ir a ninguna parte.

 

Minori sonrió con orgullo genuino.

 

—Me alegra tanto escuchar eso.

 

Hubo un nuevo silencio, más tranquilo ahora. Fue Reika quien volvió a hablar, con una duda que le había estado dando vueltas en la cabeza.

 

—Sensei… ¿cree que si hubiéramos llegado antes? Si desde el primer día nos hubiéramos acercado de verdad… ¿cree que él no sufriría tanto ahora?

 

Minori no respondió de inmediato. Siguió mirando el camino, pensando con cuidado en lo que iba a decir.

 

—Nadie lo sabe con certeza, Reika —dijo finalmente—. La vida no funciona con “y si…”. Nadie puede saber qué hubiera pasado de haber hecho las cosas diferentes. A veces el dolor es parte del camino, aunque duela mucho aceptarlo.

 

Las miró a todas una por una en el espejo.

 

—Pero escúchenme bien: no se culpen por lo que no hicieron ayer. Lo importante no es el pasado, sino el ahora. Ustedes decidieron estar ahí hoy. Decidieron quedarse a su lado. Así que no piensen en lo que pudo ser… piensen en todo lo que pueden hacer desde ahora.

 

Airi asintió suavemente.

 

—Tiene razón. Ahora estamos aquí, y no nos moveremos.

 

—Así es —confirmó Minori con una sonrisa suave—. Mañana será otro día, y poco a poco todo irá mejor.

 

Y con esa promesa llena de esperanza, el auto siguió avanzando bajo la noche, llevando consigo el inicio de algo muy grande y hermoso que apenas comenzaba.

 

Mañana siguiente escuela

 

La mañana siguiente llegó con un sol radiante y un aire fresco que parecía haber barrido cualquier rastro de pesadez.

 

En los pasillos de la escuela, Yuuto caminaba junto a Airi y Shiori. A primera vista, seguía siendo el mismo: su ropa holgada seguía envolviéndolo como un escudo protector, la capucha bien puesta y cada detalle en su lugar. Pero bastaba observarlo un poco más para notar el cambio. Ya no caminaba encogido sobre sí mismo; sus pasos eran más firmes, levantaba un poco más la cabeza y respiraba con calma, sin contener el aliento.

 

A su alrededor, las miradas seguían ahí: curiosas, preguntándose, susurrando de vez en cuando. Pero ya no se clavaban en él como antes. Ya no le pesaban. Eran como el ruido lejano del viento: presentes, pero incapaces de quitarle la paz. Se sentía más ligero, como si alguien hubiera soltado un nudo que llevaba en el pecho desde hacía mucho tiempo.

 

—…Y el autor describe los bosques y montañas con tanto detalle que sientes que estás caminando ahí mismo con ellos —decía Shiori con los ojos brillantes, sosteniendo el libro contra su pecho como si fuera un tesoro—. Mira, mira estas ilustraciones… parecen vivas.

 

Se detuvieron en un rincón apartado, lejos del bullicio mayor. Shiori le acercó el ejemplar con entusiasmo, mientras Airi asentía con una sonrisa suave.

 

—Es verdad —dijo ella—. Me lo terminé la semana pasada y no pude soltarlo. Te va a encantar, Yuuto-kun. De verdad.

 

Él sacó su libreta y el lápiz, escribiendo con trazo tranquilo y seguro:

 

«¿De qué trata? ¿Qué género es?»

 

Al leerlo, Shiori se iluminó por completo: infló el pecho y esa chispa especial que solo aparecía cuando hablaba de historias encendió sus ojos.

 

—¡Es fantasía épica, mi favorita! —susurró emocionada—. Pero no es solo eso… tiene mucho misterio y secretos que se van descubriendo poco a poco. Ocurre en un mundo donde la magia no desapareció, solo se ocultó… y hay un chico que lleva un poder dentro que ni siquiera sospecha que tiene, y…

 

Yuuto y Airi cruzaron una mirada rápida, casi imperceptible, y ambos pensaron al mismo tiempo: «Ya empezó».

 

Porque todos sabían que cuando Shiori se ponía a explicar una historia, no había frenos. Podía hablar durante horas, deteniéndose en cada matiz, cada sentimiento y cada pequeño detalle… aunque jurara por todos los santos que no soltaría ningún final.

 

Estaban totalmente concentrados: Yuuto asintiendo de vez en cuando, siguiendo sus palabras con atención, y Airi escuchando con una sonrisa cómplice, cuando…

 

Estaban totalmente concentrados: Yuuto asintiendo de vez en cuando, siguiendo sus palabras con atención, y Airi escuchando con una sonrisa cómplice, cuando…

 

Yuuto levantó la vista.

 

Algo más allá de la conversación había llamado su atención. Su expresión cambió de golpe. Airi siguió su mirada al instante. Y segundos después… Shiori dejó de hablar en seco.

 

Los tres quedaron inmóviles, con la vista fija en el enorme tablón de anuncios del pasillo. En el centro, imposibles de pasar por alto, había dos carteles grandes. Firmados por el Club de Periodismo. Y bajo el nombre del grupo, en letras bien visibles: Sakura.

 

El primero mostraba varias fotografías de Yuuto tal como todos lo conocían: envuelto en su ropa holgada, la capucha puesta, la mirada siempre baja. El título ocupaba casi media hoja:

 

¿QUIÉN ES EL CHICO MISTERIOSO?

 

¿Un delincuente? ¿Alguien peligroso? ¿O simplemente un estudiante antisocial?

 

Sakura promete descubrir toda la verdad detrás de Yuuto Kanzaki. Si alguien posee información sobre él, el Club de Periodismo agradecerá su colaboración.

 

Yuuto permaneció rígido en su sitio. Pero entonces sus ojos cayeron sobre el segundo cartel… y su respiración se detuvo por completo.

 

Era la fotografía tomada el día del paseo con Ayaka y Reika. El viento había alzado un poco su capucha, dejando ver parte de su rostro y cómo su cabello plateado brillaba bajo el sol. Y el título decía:

 

¿QUIÉN ES LA COSPLAYER MISTERIOSA?

 

¿Ha llegado una nueva celebridad a la ciudad? ¿Quién es esta hermosa joven?

 

El Club de Periodismo busca cualquier información sobre su identidad. Si alguien sabe quién es, por favor comuníquese con Sakura.

 

Los tres no pudieron moverse. Dos investigaciones. Dos personas totalmente distintas para el resto. Pero una sola realidad.

 

Shiori fue la primera en reaccionar, apretando el libro contra su pecho con los dedos entrelazados.

 

—No puede ser… —susurró con voz entrecortada.

 

Airi tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

 

—No tienen ni la menor idea…

 

Yuuto se quedó mirando ambos carteles durante largos segundos, sintiendo cómo lo partían en dos sin saberlo. Después abrió lentamente su libreta y escribió con un pulso ligeramente tembloroso:

 

«Me ven como dos personas diferentes… y ninguna de las dos soy yo de verdad».

 

Las dos chicas leyeron aquellas palabras y el silencio volvió a caer sobre ellos, pesado y doloroso. Shiori cerró lentamente el libro, miró primero un cartel y luego el otro, y finalmente levantó la vista hacia él con una sonrisa tranquila y firme.

 

Muy lejos de allí, en la sala del Consejo Estudiantil…

 

Ayaka entró con un fajo de documentos bajo el brazo.

 

—Reika, ¿ya viste…?

 

Ni siquiera terminó la pregunta. Se detuvo en seco al encontrar a Reika de pie junto a la ventana que daba al patio, observando fijamente los carteles desde lejos. Su expresión era completamente seria, sin rastro de su calma habitual.

 

Ayaka dejó los papeles sobre la mesa con cuidado.

 

—Ya los viste…

 

Reika asintió muy despacio.

 

—Sí.

 

Hubo unos segundos de silencio tenso. Hasta que ella volvió a hablar.

 

—Esto es mucho peor de lo que parece.

 

Ayaka frunció el ceño, confundida.

 

—¿Por qué?

 

Reika apartó la vista de la ventana y la miró a los ojos.

 

—Porque conozco a Sakura. No es una periodista común. Cuando algo despierta su curiosidad… se obsesiona. No se detiene. No importa cuánto tiempo tenga que invertir, ni a quién tenga que molestar o investigar. Siempre termina encontrando la respuesta.

 

Ayaka sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

 

—¿Crees que descubrirá lo de Yuuto?

 

Reika suspiró lentamente, como si ya supiera lo que vendría.

 

—Tarde o temprano… sí.

 

—¿Tan buena es investigando? —preguntó ella con voz más baja.

 

Reika negó con la cabeza.

 

—No. Lo peligroso no es eso. Lo peligroso… es que me odia.

 

Ayaka se quedó sin palabras.

 

—Ella sabe que Yuuto ha estado conmigo varias veces —continuó Reika—. También sabe que esa “cosplayer” apareció conmigo ese mismo día. Para cualquier otra persona serían solo dos coincidencias. Pero Sakura nunca cree en las coincidencias.

 

Cruzó los brazos con firmeza, aunque sus ojos reflejaban preocupación.

 

—Va a empezar investigándome a mí. Y cuanto más profundice… más cerca estará de Yuuto.

 

El estómago de Ayaka se contrajo con fuerza.

 

—Entonces… esto apenas está empezando.

 

Reika volvió a mirar por la ventana. A lo lejos distinguió la figura de Yuuto caminando junto a Shiori y Airi, y murmuró para sí misma, con una promesa silenciosa en la voz:

 

—No dejaré que te encuentre antes de que estés preparado para enfrentarte al mundo.

 

Porque conocía a Sakura mejor que nadie. Y cuando ella marcaba un objetivo… no descansaba hasta haber arrancado toda la verdad a la luz.

 

Club de Periodismo

 

La puerta del Club de Periodismo se cerró suavemente detrás de ella.

 

El pequeño salón estaba casi en silencio, solo roto por el zumbido monótono de un ventilador viejo y el tic-tac incesante del reloj de pared.

 

Sakura dejó su bolso sobre la mesa, se acercó a la ventana y cruzó los brazos, observando el patio principal desde su altura. Desde allí podía distinguir perfectamente el tablón de anuncios. Sus dos carteles seguían colgados en el centro, atrayendo la mirada de cuantos pasaban por delante.

 

Sonrió apenas.

 

Ya estaba hecho. Ahora solo quedaba esperar.

 

—Empieza el incendio… —murmuró para sí misma.

 

No era un incendio de llamas. Era mucho más efectivo: un incendio de rumores. Conocía demasiado bien cómo funcionaba la gente. No necesitaba obligar a nadie a hablar. Bastaba con sembrar una duda, y ellos mismos se encargarían de alimentarla, de exagerarla y de inventar lo que hiciera falta para llenar los huecos.

 

Pronto habría quienes juraran haber visto a Yuuto metido en peleas. Otros asegurarían que entraba en lugares prohibidos. Y muchos afirmarían conocer a la misteriosa chica de cabello plateado, diciendo ser parientes, amigos o vecinos. La mayoría serían mentiras, historias nacidas solo de la imaginación… pero eso no le importaba.

 

Porque sabía que entre cien mentiras, siempre se ocultaba una verdad. Solo hacía falta saber encontrarla. Y ella llevaba años perfeccionando esa habilidad.

 

Tomó una libreta de tapas negras y escribió con letra firme:

 

Yuuto Kanzaki

 

Debajo, anotó otro nombre, entre comillas:

 

«Mika»

 

Aún no sabía si ese era su nombre real. Ni siquiera estaba segura de que existiera tal identidad. Pero necesitaba llamarla de alguna forma hasta descubrir quién era realmente.

 

Apoyó el lápiz sobre la mesa y sonrió con una mezcla de satisfacción y astucia.

 

—Dos misterios… y ambos giran en torno a la misma persona.

 

Reika.

 

Solo pronunciar ese nombre hizo que su expresión se endureciera al instante. Su mano se cerró con fuerza sobre el lápiz.

 

Años atrás, ella también había sido parte del Consejo Estudiantil: brillante, admirada, con un camino despejado por delante. Hasta que ocurrió aquel incidente. No había hecho nada terrible, solo había adelantado una noticia usando información que otros aún no habían confirmado. Una práctica arriesgada, sí, pero que muchos utilizaban.

 

Sin embargo, Reika no lo vio así. Fue la primera en alzar la voz, la primera en presentar pruebas, la primera en declarar. No lo hizo por rencor, sino porque para ella era lo correcto. Y precisamente por eso Sakura nunca pudo perdonarla. Porque no podía acusarla de hipocresía: Reika había actuado fiel a sus principios, colocándose siempre por encima de todo.

 

Desde aquel día, su prestigio se había desplomado. Y ella solo había esperado. Esperado el momento exacto para devolver el golpe, para demostrar que incluso la impecable Reika podía caer.

 

Y ahora, el destino le había puesto justo delante las piezas que necesitaba.

 

Yuuto Kanzaki: el chico extraño que siempre se esconde.

 

Y esa chica misteriosa, de belleza inusual y cabello plateado.

 

Ambos… siempre junto a Reika. Más de una vez.

 

Sakura abrió una carpeta llena de fotografías y las extendió sobre el tablero. Una mostraba a Reika hablando con Yuuto en la entrada. Otra, a ambas caminando juntas bajo el sol del fin de semana. Las observó una a una, analizando cada detalle.

 

—No creo en las coincidencias —susurró, con los ojos brillando con una intensidad casi obsesiva—. Si ambos están a tu lado… tú eres el nexo.

 

Tomó un hilo rojo y comenzó a unir las imágenes con chinchetas: Reika, Yuuto, «Mika». Tres nombres, tres caras, un mismo punto de unión.

 

Al colocar la última, sonrió lentamente.

 

—Gracias —murmuró con amargura y satisfacción a la vez—. Me han dado justo lo que buscaba.

 

Se alejó unos pasos para contemplar el tablero completo. Sabía que los rumores empezarían a correr esa misma tarde. Y mientras todos hablaban a gritos, ella escucharía en silencio. El ruido confundía a la mayoría… pero para ella, el ruido era el mejor lugar donde escondía la verdad.

 

Y estaba decidida a encontrarla. A costara lo que costara. Incluso si tenía que derribar primero a la persona que más admiración y odio le provocaba.

Thoughts

  • MarianelaVidal

    La madre contando que el chico le pidió que no hiciera ruido porque el abuelo estaba cansado me anduvo dando vueltas toda la tarde. Ella dice que los ojos le decían otra cosa, y esa parte, la de saber y no poder decirlo en voz alta, me pareció la más cierta del capítulo. Después el auto con las cuatro desarmándose todas juntas cuando se cierra la puerta llegó como el descanso que faltaba.

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  • Ovid

    Los dos carteles colgados en el mismo tablón, uno preguntando quién es el chico raro y el otro quién es la chica del pelo plateado, me recuerda a lo que se arma acá cuando alguien sube dos cosas muy distintas y nadie ata que son la misma persona. Apuesto a que Sakura se queda con la mitad que menos le sirve.

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  • EmilioPrats

    El abuelo que no murmuraba nada y solo miraba al nieto mientras el resto de la familia se preguntaba cosas, eso se me quedó puesto. En mi comedor hay un sillón que no usa nadie desde hace dos años y sigo pasando por delante igual, así que lo de las costumbres que se quedan cuando falta alguien me suena de cerca. Y el chaval de doce pidiendo que no hagan ruido porque el abuelo está cansado se entiende a la primera, ahí no hay nada que explicarle a nadie.

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