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Capítulo 43: El precio de una mentira

DNavarrete

Contenido de la publicación

La sala del Club de Periodismo estaba en silencio.

 

A esas horas de la mañana, los rayos del sol atravesaban las ventanas e iluminaban los escritorios, las estanterías llenas de periódicos antiguos y el tablón donde se exhibían las publicaciones más destacadas del club. Normalmente, aquel lugar era uno de los rincones más ruidosos de la academia. Siempre había alguien discutiendo sobre una noticia, proponiendo una investigación o quejándose porque otra persona había utilizado su computadora sin permiso.

 

Pero aquella mañana, Sakura estaba sola.

 

Sus amigas todavía no habían llegado y, por primera vez en varios días, no tenía a nadie con quien hablar ni ninguna noticia urgente que perseguir. Frente a ella descansaba una pila de documentos que había reunido para sus próximas publicaciones. Intentó revisarlos, pero sus ojos recorrían las páginas sin que su mente procesara una sola palabra.

 

Finalmente, dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

 

—Maldita sea…

 

Se recostó en la silla y miró al techo.

 

Llevaba varios días intentando convencerse de que había hecho lo correcto. Al fin y al cabo, ella era periodista, ¿no? Su trabajo consistía en investigar, descubrir información que otros preferían mantener oculta y publicarla para que los demás conocieran la verdad.

 

Eso era lo que siempre se había dicho.

 

Sin embargo, cuando intentaba aplicar aquella justificación a lo que había ocurrido con Yuuto Kanzaki, algo dentro de ella se revolvía incómodamente.

 

Cerró los ojos.

 

Y los recuerdos de los últimos días regresaron a su mente.

 

Todo había comenzado unos días atrás, cuando el director Aoyama la había llamado a su despacho.

 

Sakura todavía recordaba perfectamente aquella conversación. Había entrado en la oficina con su habitual expresión confiada, pensando que quizá el director quería felicitarla por alguna de sus publicaciones o encargarle una investigación especial. Aoyama, sentado detrás de su escritorio, le había indicado que tomara asiento.

 

Después de intercambiar unas palabras sobre las actividades del club, el director dejó una carpeta sobre la mesa.

 

—Sakura, me gustaría preguntarte algo —había dicho, observándola por encima de sus gafas—. ¿Qué opinas de Yuuto Kanzaki?

 

Ella había parpadeado.

 

—¿Yuuto Kanzaki? ¿El chico que siempre anda escondido bajo esa capucha y esa ropa enorme?

 

—El mismo.

 

Sakura se había encogido de hombros.

 

—Sinceramente, me parece un bicho raro. Siempre está apartado, apenas habla y parece que intenta esconderse de todo el mundo. Aunque, si soy sincera, solo empecé a investigarlo porque quería molestar un poco a Reika.

 

Lo había dicho sin demasiados reparos. En aquel momento, no le parecía especialmente importante.

 

—Pero no creo que sea una noticia que merezca demasiado seguimiento —había añadido—. No he encontrado nada realmente interesante. Es un chico extraño, sí, pero eso no significa que haya algo detrás.

 

Aoyama había entrelazado los dedos sobre el escritorio.

 

—Creo que deberías investigar más a fondo.

 

Sakura ladeó la cabeza.

 

—¿Más a fondo? ¿Por qué? ¿Hay algo que deba saber?

 

El director no respondió inmediatamente. En cambio, deslizó la carpeta hacia ella.

 

—Lee esto.

 

Sakura la abrió con curiosidad. Las primeras páginas contenían información sobre la anterior academia de Yuuto, declaraciones recogidas después de un incidente y un informe sobre un supuesto altercado ocurrido durante un temblor.

 

Al principio, leyó sin demasiado interés.

 

Hasta que llegó a la descripción de lo sucedido.

 

Según el documento, durante el movimiento sísmico, Yuuto habría acorralado a una compañera en uno de los pasillos e intentado propasarse con ella. La situación habría terminado con una confrontación física, y varios estudiantes aseguraban haber visto al muchacho atacándola.

 

Sakura dejó de pasar las páginas.

 

Volvió a leer el párrafo. Después, levantó lentamente la mirada.

 

—¿Qué…?

 

Sus ojos regresaron al documento.

 

—¿Esto es verdad?

 

Aoyama se acomodó en su silla.

 

—El informe recoge declaraciones de varios testigos. Según ellos, la chica estaba tan asustada que apenas podía reaccionar. Todos vieron a Kanzaki atacándola.

 

Sakura volvió a mirar las páginas, esta vez con mucha más atención.

 

Aquello era diferente.

 

Hasta ese momento, solo había tenido un chico extraño al que podía utilizar para provocar a Reika. Pero si la información de aquel informe era cierta, entonces tenía algo mucho más llamativo entre manos.

 

Una historia capaz de sacudir a toda la academia. Una historia que, además, podía perjudicar seriamente a Reika Himuro.

 

Y esa última posibilidad había sido la que terminó de despertar su interés.

 

—¿Reika conoce este incidente? —preguntó.

 

—No podría decírtelo con seguridad —respondió Aoyama—. Pero, si lo desconoce, quizá le interese saber qué clase de persona tiene cerca.

 

Sakura apretó los labios, pensativa.

 

En su mente, la escena ya estaba tomando forma. Publicaría la información, dejaría que los estudiantes reaccionaran y observaría qué hacía Reika. ¿Lo defendería? ¿Intentaría justificarlo? ¿O se alejaría de él al descubrir aquella parte de su pasado?

 

Sakura conocía a su rival. Reika siempre había sido una persona serena, disciplinada y difícil de provocar. Incluso cuando discutían, la presidenta del consejo estudiantil respondía con argumentos, no con gritos. Era irritantemente difícil hacerla perder la compostura.

 

Pero todos tenían un límite.

 

Y Sakura quería descubrir cuál era el de Reika.

 

—Entiendo —había dicho finalmente, cerrando la carpeta—. Investigaré el asunto.

 

Aoyama le dedicó una sonrisa discreta.

 

—Sabía que podía contar contigo.

 

En aquel momento, Sakura había interpretado aquellas palabras como un reconocimiento a su capacidad periodística.

 

Ahora, al recordarlas, no estaba tan segura.

 

Sakura abrió los ojos y regresó al presente.

 

—¿Por qué tuve que meterme en esto…?

 

Se frotó la frente.

 

Cuando había publicado la noticia, estaba convencida de que había encontrado la manera perfecta de poner a Reika contra las cuerdas. Había preparado el texto, distribuido la información y esperado con impaciencia las reacciones de los estudiantes.

 

Y, durante un instante, todo había salido como esperaba.

 

Los rumores se extendieron por la academia. Los estudiantes comenzaron a hablar de Yuuto. Algunos aseguraban que siempre habían sospechado de él; otros repetían la historia del incidente como si hubieran estado presentes en aquella antigua escuela. La noticia se había convertido en el tema de conversación de los pasillos.

 

Pero entonces llegó la reacción de Reika.

 

Sakura apretó los dedos contra el borde del escritorio.

 

Recordaba aquella mirada. No había sido la expresión serena con la que Reika acostumbraba a responder a sus provocaciones. Tampoco había sido la indignación que mostraba cuando alguien infringía las normas de la academia. Era algo mucho más intenso. Una mirada fría, cargada de una furia que Sakura jamás le había visto.

 

Y, por primera vez, cuando Reika le advirtió que no volvería a permitir que perjudicara a Yuuto y que estaba dispuesta a destruir su reputación si seguía adelante, Sakura sintió que la amenaza no era una simple respuesta impulsiva.

 

Reika hablaba en serio. Muy en serio.

 

—Nunca la había visto así… —murmuró.

 

Siempre habían competido. Sakura quería demostrar que el Club de Periodismo podía descubrir verdades que el consejo estudiantil prefería ignorar. Reika, por su parte, defendía el orden y exigía que cualquier acusación estuviera respaldada por hechos. Su rivalidad había comenzado con pequeñas discusiones y diferencias de criterio. Con el tiempo, Sakura empezó a considerar cada desacuerdo una competición que debía ganar.

 

Recordó una ocasión en la que había publicado una noticia sobre un supuesto favoritismo dentro de la academia. Reika investigó el asunto, reunió pruebas y desmontó las afirmaciones de su artículo delante de otros estudiantes. Sakura había quedado en ridículo. En aquel momento, se sintió humillada. Interpretó la intervención de Reika como un ataque contra su trabajo y decidió que, en la siguiente oportunidad, sería ella quien la dejaría sin palabras.

 

Pero, con el tiempo, había revisado los documentos que Reika le presentó. La información era correcta. Su artículo había sido precipitado y algunas de sus afirmaciones carecían de fundamento. Sakura lo sabía. Nunca se lo había reconocido a Reika, por supuesto. Su orgullo no se lo permitía. Pero, en el fondo, comprendía que aquella vez había cometido un error.

 

Y ahora había vuelto a cometerlo. Solo que esta vez era mucho peor.

 

—Aquello era una noticia equivocada… —susurró—. Pero esto…

 

Su voz se apagó.

 

Esta vez no se trataba simplemente de una publicación que podía corregirse con una disculpa y una rectificación. Había utilizado una acusación grave para atacar a un chico que apenas tenía la capacidad de defenderse públicamente. Y había conseguido exactamente lo que quería en un primer momento: que toda la academia hablara de él.

 

Solo que no había previsto lo que vendría después.

 

Sakura había visto a Yuuto por los pasillos. Había observado cómo los estudiantes se apartaban cuando él se acercaba, cómo algunos cuchicheaban a sus espaldas y cómo otros lo miraban con desconfianza sin conocerlo en absoluto. Incluso cuando estaba acompañado por sus amigos, aquella atmósfera no desaparecía por completo. Reika, Ayaka y los demás permanecían a su lado. Lo defendían, lo trataban con normalidad y no permitían que los rumores determinaran su comportamiento.

 

Pero no podían estar con él en todas partes. No podían impedir que cada estudiante que se cruzara con Yuuto recordara la noticia. No podían borrar de la noche a la mañana lo que Sakura había publicado.

 

Y lo peor era que ella misma había contribuido a convertirlo nuevamente en un marginado.

 

Sakura bajó la mirada hacia sus manos.

 

—Solo quería ver cómo reaccionaba Reika…

 

Aquellas palabras le supieron amargas.

 

Había querido provocar a su rival. Quería verla perder la compostura, quizá incluso obligarla a reconocer que se había equivocado al confiar en Yuuto. Pero nunca se había detenido a pensar en lo que aquella publicación significaría para él. No había pensado en cómo se sentiría al descubrir que los demás lo miraban como si fuera un monstruo. No había pensado en lo que significaría volver a ser señalado, juzgado y apartado por algo que supuestamente había hecho en el pasado.

 

Y tampoco se había preguntado si el informe que Aoyama le entregó contaba toda la historia.

 

Había aceptado las declaraciones recogidas en la carpeta porque encajaban perfectamente con la noticia que deseaba publicar. No había buscado otras versiones. No había intentado hablar con alguien que conociera el contexto completo. Ni siquiera había considerado la posibilidad de que los testigos estuvieran equivocados o de que existieran circunstancias que el informe no recogía.

 

Había querido una noticia impactante. Y había encontrado una acusación que podía destruir la vida de otra persona.

 

Sakura se quedó inmóvil.

 

—¿Y si…?

 

No terminó la frase. Una parte de ella se resistía a formular aquella pregunta, porque hacerlo significaba admitir que quizá no había investigado lo suficiente. Y, si no había investigado lo suficiente, ¿con qué derecho había publicado aquella historia?

 

Se mordió el labio inferior.

 

—No. El director dijo que había varios testigos…

 

Pero la respuesta ya no la tranquilizaba.

 

Aoyama había sido quien le entregó la carpeta. Aoyama le había recomendado investigar más a fondo. Aoyama había presentado aquel incidente como una oportunidad para descubrir algo importante sobre Yuuto. Sin embargo, ella era quien había decidido publicar la noticia. Nadie la había obligado a hacerlo. Nadie había escrito el artículo por ella. Y, aunque el director le hubiera proporcionado información incompleta, eso no borraba su responsabilidad.

 

Sakura apretó los puños.

 

—Maldita sea…

 

Se levantó y comenzó a caminar por la sala. Necesitaba pensar, encontrar una salida, cualquier cosa que le permitiera recuperar el control de una situación que se le escapaba de las manos. Si publicaba una rectificación, tendría que reconocer que su investigación había sido deficiente. Si admitía que había cometido un error, los demás podrían cuestionar sus publicaciones anteriores. El prestigio del Club de Periodismo también podía verse afectado. Y su propia reputación…

 

Sakura se detuvo frente al tablón de anuncios.

 

Allí estaban algunas de sus publicaciones anteriores, cuidadosamente ordenadas. Durante mucho tiempo había sentido orgullo al verlas. Eran la prueba de que su trabajo tenía repercusión, de que podía descubrir historias que los demás pasaban por alto. Ahora, sin embargo, aquellos artículos parecían observarla en silencio.

 

¿Cuántas veces había confundido tener una noticia impactante con tener la verdad? ¿Cuántas veces había permitido que su rivalidad con Reika influyera en sus decisiones? Y si esta vez había cometido un error tan grave, ¿qué impedía que hubiera hecho lo mismo antes?

 

Apartó la mirada.

 

—No puedo permitir que esto llegue más lejos…

 

Pero ¿cómo podía detenerlo? La noticia ya se había extendido por toda la academia. Los rumores se alimentaban de cada conversación y de cada mirada de desconfianza. Aunque retirara la publicación original, los estudiantes seguirían recordándola. Y si Yuuto continuaba siendo señalado por su culpa, Reika no se lo perdonaría. Sakura estaba segura de ello.

 

Por primera vez, comprendió que lo que más le aterraba no era perder una discusión con la presidenta del consejo estudiantil. Era la posibilidad de que Reika dejara de verla como una rival con la que podía competir y comenzara a verla como alguien en quien no se podía confiar. Alguien capaz de utilizar el sufrimiento de otra persona para ganar una discusión. Alguien que prefería proteger su orgullo antes que reconocer sus errores.

 

Sakura regresó lentamente a su asiento. Se dejó caer sobre la silla, cruzó los brazos encima del escritorio y apoyó la frente sobre ellos.

 

—Sé que la he cagado muy feo esta vez…

 

Su voz sonó apagada contra la superficie de madera.

 

—Pero ¿cómo demonios arreglo este desastre sin arruinar mi reputación?

 

Permaneció inmóvil durante varios segundos. Después, levantó un poco la cabeza y miró la carpeta que había traído consigo. Dentro todavía estaban las copias de los documentos que Aoyama le había entregado. La observó con una mezcla de rabia y desconcierto.

 

—¿Por qué me diste esto, director…?

 

No sabía si Aoyama simplemente había confiado en un informe antiguo, si había querido advertirle sobre Yuuto o si existía alguna otra razón detrás de su insistencia. No tenía pruebas para acusarlo de nada. Pero sí recordaba algo: antes de aquella conversación, ella no había considerado que Yuuto mereciera una investigación tan exhaustiva. Había sido el director quien insistió en que profundizara en el asunto. Y ahora que las consecuencias estaban a la vista, Sakura empezaba a preguntarse por qué.

 

¿De verdad le preocupaba el bienestar de los estudiantes? ¿O había algo sobre Yuuto que quería que los demás creyeran?

 

Sakura se incorporó despacio. Por primera vez, la pregunta no le pareció una conspiración absurda, sino algo que merecía investigar. Sin embargo, todavía no estaba preparada para aceptar lo que aquello podía significar. Si el informe estaba incompleto, tendría que descubrirlo. Si la información era falsa, tendría que rectificarla. Y si Aoyama había omitido deliberadamente detalles importantes, tendría que averiguar por qué.

 

Pero antes debía decidir qué hacer con la noticia que ella misma había publicado.

 

Se llevó las manos al rostro y soltó un largo suspiro.

 

—Si esto sigue escalando, no podré volver a mostrar la cara en el club…

 

Sus dedos se cerraron sobre el borde de la mesa.

 

—Y mucho menos podré volver a mirar a Reika como antes.

 

Aquello último le dolía más de lo que quería reconocer. No porque fueran amigas. Nunca lo habían sido realmente. Su relación siempre había estado marcada por la competencia, los reproches y el deseo de demostrar quién tenía razón. Pero Sakura respetaba a Reika, aunque jamás se lo hubiera dicho. Respetaba su disciplina, su inteligencia y su capacidad para mantenerse firme incluso cuando todos los demás perdían la cabeza. Y ahora había utilizado a alguien importante para ella como un instrumento para herirla.

 

Sakura volvió a apoyar la cabeza sobre los brazos.

 

—¿Qué se supone que debo hacer ahora…?

 

La sala permaneció en silencio.

 

Por primera vez desde que había comenzado a publicar noticias sobre Yuuto Kanzaki, Sakura no estaba pensando en cómo conseguir una exclusiva, cómo superar a Reika o cómo lograr que toda la academia hablara de su próximo artículo. Estaba pensando en las consecuencias.

 

Y, aunque todavía no se atrevía a admitirlo en voz alta, comenzaba a comprender algo que debería haber entendido desde el principio:

 

Una noticia podía darle prestigio, atraer la atención de toda una escuela y convertirla en el centro de las conversaciones. Pero, si no se preocupaba por comprobar la verdad, también podía destruir la vida de una persona inocente.

 

Sakura cerró los ojos. No sabía todavía cómo arreglaría aquel desastre. Tampoco sabía si sería capaz de reconocer públicamente su error. Pero, por primera vez, la posibilidad de que Yuuto estuviera pagando el precio de su ambición le impedía permanecer tranquila.

 

Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.

 

Porque, si quería arreglar lo que había hecho, tendría que enfrentarse a algo mucho más difícil que una discusión con Reika Himuro.

 

Tendría que enfrentarse a sí misma.

 

Sakura ya no soportaba permanecer sentada en aquella habitación.

 

Llevaba demasiado tiempo dándole vueltas a los mismos pensamientos, buscando una solución que no terminaba de encontrar. Cuanto más intentaba justificar sus decisiones, más consciente se volvía de lo mal que había actuado. Y, aunque una parte de ella seguía preocupada por las consecuencias que todo aquello tendría para su reputación, otra no dejaba de recordarle las miradas que Yuuto recibía por los pasillos.

 

Finalmente, se levantó de su silla.

 

—Necesito despejarme…

 

Tomó su teléfono y salió de la sala del Club de Periodismo, cerrando la puerta detrás de ella. No tenía ganas de hablar con nadie, y mucho menos de encontrarse con sus amigas para explicarles por qué llevaba toda la mañana tan distraída. Lo único que quería era dejar de pensar durante unos minutos.

 

Bajó las escaleras hasta el piso inferior, donde había varias máquinas expendedoras junto a una de las ventanas del pasillo. Se acercó a una de ellas y observó las bebidas disponibles. Después de unos segundos, eligió su favorita.

 

La lata cayó en el compartimento inferior con un ruido metálico. Sakura la recogió, abrió la anilla y escuchó el característico siseo del gas. Tomó un sorbo. El sabor familiar le produjo una pequeña sensación de alivio.

 

—Ah… Esto es justo lo que necesitaba.

 

Sin embargo, ni siquiera aquella bebida consiguió apartar sus pensamientos. Miró la lata entre sus manos.

 

—¿Qué voy a hacer contigo, Yuuto Kanzaki…?

 

Suspiró.

 

—No. La pregunta es qué demonios voy a hacer conmigo misma.

 

Se quedó unos instantes junto a la máquina, contemplando el movimiento de los estudiantes que cruzaban el pasillo. Algunos conversaban animadamente sobre el festival; otros llevaban libros bajo el brazo o se apresuraban para llegar a sus respectivas aulas. La vida en la academia continuaba con absoluta normalidad. Para todos ellos, quizá, aquello no era más que otro día.

 

Pero para Yuuto, cada mirada de desconfianza podía convertirse en un recordatorio de lo que ella había publicado.

 

Sakura apretó ligeramente la lata.

 

—Lo siento…

 

Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas. No había nadie cerca para escucharlas. Y, aunque Yuuto tampoco estaba allí para recibirlas, pronunciarlas le hizo sentir todavía peor. Porque pedir perdón en una habitación vacía era sencillo. Lo difícil sería hacerlo delante de la persona a la que había perjudicado.

 

Sakura terminó su bebida, depositó la lata vacía en el recipiente de reciclaje y emprendió el camino de regreso.

 

Subió el primer escalón. Después, el segundo. Pero su mente seguía muy lejos de allí.

 

¿Y si la noticia de la antigua academia no contaba toda la historia? ¿Y si Yuuto había intentado ayudar a aquella chica y los demás lo habían malinterpretado? ¿Y si…?

 

—¡Ah!

 

Su pie resbaló.

 

Sakura sintió que el cuerpo se le iba hacia atrás. Intentó recuperar el equilibrio, pero ya había perdido el apoyo. Sus manos se agitaron en el aire buscando una barandilla que estaba demasiado lejos. Los escalones aparecieron ante sus ojos. Por un instante, el tiempo pareció detenerse.

 

No puede ser…

 

Su espalda comenzó a inclinarse hacia atrás.

 

¿De verdad voy a caerme por unas escaleras?

 

Cerró los ojos con fuerza. Y, justo antes de que su cuerpo golpeara los escalones, un pensamiento absurdo cruzó su mente.

 

Esto debe de ser el karma.

 

Se preparó para el impacto. Pero este nunca llegó de la manera que esperaba.

 

En su lugar, sintió que unos brazos la rodeaban por la cintura. Alguien había aparecido detrás de ella y la había sujetado con todas sus fuerzas, intentando detener la caída. Una cabeza chocó contra su espalda y un pequeño cuerpo soportó parte de su peso.

 

—¿Eh…?

 

Sakura abrió los ojos, desconcertada. Durante un segundo, ambos permanecieron suspendidos en una posición precaria. La persona que la sujetaba estaba haciendo un esfuerzo evidente para mantenerla en pie, pero el desnivel de los escalones y la diferencia de peso hacían que la tarea resultara prácticamente imposible.

 

Entonces reconoció aquellas manos. Y aquella ropa holgada. Y la capucha.

 

—¿Yuuto…?

 

Él no pudo responder. Estaba demasiado ocupado intentando evitar que ambos terminaran rodando por las escaleras. Pero su esfuerzo no fue suficiente. El equilibrio terminó por romperse.

 

—¡Ah!

 

Los dos cayeron.

 

Yuuto recibió el impacto primero, golpeando el suelo con el cuerpo mientras intentaba amortiguar la caída de Sakura. Ella terminó encima de él, con las manos apoyadas a ambos lados de su cabeza y los ojos completamente abiertos. Durante unos segundos, ninguno se movió.

 

Sakura miró hacia abajo. Yuuto la miró desde debajo de la capucha. El silencio resultó tan incómodo que casi parecía irreal.

 

Entonces, Yuuto comenzó a agitar los brazos y las piernas. No de una manera especialmente elegante. Más bien como alguien que intentaba transmitir desesperadamente un mensaje sin disponer de una sola palabra.

 

Sakura tardó un instante en comprenderlo.

 

—¡A-ah! ¡Lo siento!

 

Se apartó de inmediato y se levantó apresuradamente, arrodillándose a su lado.

 

—¡Perdóname! ¡No me había dado cuenta de que estabas detrás de mí! ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

 

Yuuto permaneció sentado en el suelo unos segundos, respirando profundamente. Después se acomodó la capucha, que se le había desplazado durante la caída, y dejó escapar un suspiro cansado.

 

Sakura esperaba que estuviera enfadado. Después de todo, había terminado en el suelo por intentar detenerla. Y ella no era precisamente una persona con la que tuviera motivos para mostrarse amable.

 

Sin embargo, Yuuto simplemente sacó su libreta de entre la ropa, comprobó que el lápiz seguía allí y escribió unas palabras. Después se la mostró.

 

«¿Estás bien?»

 

Sakura se quedó inmóvil. Miró la libreta. Después, a Yuuto.

 

—¿Qué…?

 

Volvió a leer la pregunta.

 

«¿Estás bien?»

 

—¡Eso debería preguntártelo yo! —exclamó, señalándolo con ambas manos—. ¡Tú eres quien acaba de recibir toda la caída!

 

Yuuto parpadeó, aparentemente sorprendido por su reacción. Bajó la mirada y escribió otra respuesta.

 

«Estoy bien. No te preocupes».

 

—¡¿Cómo que no me preocupe?!

 

Sakura se llevó las manos a la cabeza.

 

—¡Te has lanzado para detenerme! ¡Podrías haberte lastimado seriamente!

 

Yuuto ladeó ligeramente la cabeza, como si no entendiera por qué aquello le parecía tan extraño. Después escribió:

 

«Te estabas cayendo. No podía dejarte caer sin intentar ayudarte».

 

Sakura sintió que algo le apretaba el pecho.

 

No podía dejarte caer.

 

Una frase tan sencilla. Tan natural. Yuuto no había dudado. No se había detenido a pensar en quién era ella, en lo que había publicado ni en el daño que le había causado. Había visto a una persona a punto de sufrir una caída y había intentado detenerla. Incluso cuando hacerlo significaba arriesgarse a terminar herido.

 

Sakura abrió la boca, pero no encontró palabras. Entonces, al observarlo con mayor atención, reparó en algo. La capucha de Yuuto había vuelto a cubrirle parte de la frente, pero no lo suficiente para ocultar una marca rojiza que comenzaba a aparecer justo debajo del borde de la tela.

 

Su expresión cambió.

 

—Espera… ¡Tienes un golpe en la frente!

 

Yuuto se llevó una mano a la zona señalada. Al tocarla, hizo una pequeña mueca.

 

Sakura se inclinó hacia él, preocupada.

 

—¡No te muevas! Déjame ver…

 

Pero Yuuto retrocedió un poco, más por timidez que por rechazo. Se acomodó la capucha con cuidado y volvió a escribir.

 

«No es nada grave. Iré a la enfermería para que Minori-sensei lo revise».

 

Sakura miró la libreta y después su rostro.

 

—¿Y vas a ir solo?

 

Yuuto asintió. Entonces escribió una segunda pregunta.

 

«¿Te has hecho algún daño? Si tienes un golpe, puedo acompañarte también».

 

Sakura sintió que el corazón le daba un vuelco.

 

—¿Qué?

 

Leyó aquellas palabras otra vez. Él acababa de golpearse la frente al intentar salvarla. Era evidente que le dolía, aunque tratara de restarle importancia. Y, aun así, estaba preguntándole si ella necesitaba ayuda.

 

—Yuuto…

 

Su voz salió mucho más baja de lo que pretendía. Él la observó en silencio, esperando una respuesta.

 

Sakura apartó la mirada.

 

—No. Estoy bien. Gracias a ti.

 

Yuuto pareció relajarse al escucharla. Escribió unas últimas palabras y giró la libreta hacia ella.

 

«Me alegro de que estés bien».

 

Sakura dejó de respirar durante un instante. No había reproches. No había acusaciones. Ni siquiera una mirada de desprecio. Solo aquellas palabras.

 

Me alegro de que estés bien.

 

Como si lo único que le importara fuera comprobar que ella no había resultado herida. Como si Sakura no hubiera contribuido a convertir sus días en algo mucho más difícil. Como si todavía fuera posible tratarla con la misma consideración que a cualquier otra persona.

 

Yuuto guardó la libreta, apoyó una mano en la barandilla y se puso de pie. Después le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Sakura la contempló unos segundos antes de aceptarla. Él tiró suavemente de ella y la ayudó a recuperar el equilibrio.

 

—Gracias… —murmuró ella.

 

Yuuto asintió. Luego se llevó una mano a la frente, comprobó una vez más que la capucha estuviera bien colocada y comenzó a alejarse por el pasillo.

 

Sakura se quedó observándolo.

 

—¡Yuuto!

 

Él se detuvo y se volvió hacia ella. Sakura quiso decirle algo. Quiso preguntarle por qué la había ayudado. Quiso disculparse por la noticia, por los rumores, por todas las cosas que había dicho y hecho sin detenerse a pensar en las consecuencias. Pero, cuando lo tuvo delante, las palabras se le atascaron en la garganta.

 

Yuuto esperó unos segundos. Al ver que ella no decía nada más, inclinó ligeramente la cabeza a modo de despedida. Después echó a correr por el pasillo, probablemente para llegar cuanto antes a la enfermería.

 

Sakura permaneció junto a las escaleras, inmóvil. El sonido de sus pasos fue desapareciendo poco a poco. Y ella seguía sin comprender lo que acababa de suceder.

 

—¿Por qué…?

 

La pregunta escapó de sus labios en un susurro. Sakura bajó lentamente la mirada hacia la mano con la que había sujetado la de Yuuto. Todavía podía recordar la firmeza de su agarre. Había sido una mano pequeña, pero la había sostenido sin vacilar.

 

¿Por qué me ayudaste?

 

Ella había publicado una acusación que lo perseguía por toda la academia. Había contribuido a que otros estudiantes lo miraran con desconfianza. Había utilizado su pasado como un arma para provocar a Reika. Y, sin embargo, cuando la vio caer, Yuuto no había dudado en arriesgarse para salvarla. Ni siquiera había esperado que ella se lo agradeciera. Ni siquiera había intentado reprocharle nada. Se había preocupado más por su bienestar que por el golpe que él mismo había recibido.

 

Sakura sintió un escalofrío.

 

—¿Cómo…?

 

Se apoyó en la barandilla y cerró los ojos.

 

—¿Cómo puede alguien hacer algo así por una persona que le ha hecho daño?

 

La pregunta quedó suspendida en el pasillo vacío. Durante días había imaginado a Yuuto como un chico extraño, alguien cuya conducta podía esconder algo oscuro. Había leído el informe de su antigua escuela y había aceptado las declaraciones de los testigos porque confirmaban la imagen que había comenzado a construir de él.

 

Pero ahora no podía dejar de pensar en aquella historia. En el temblor. En la chica que supuestamente había sido atacada. En los estudiantes que aseguraban haber visto a Yuuto abalanzarse sobre ella. Y en la manera en que los demás habían interpretado lo ocurrido.

 

Sakura abrió los ojos de golpe.

 

¿Y si…?

 

No se atrevió a terminar el pensamiento. Pero una posibilidad comenzó a abrirse paso en su mente. ¿Y si aquel día había ocurrido algo parecido a lo que acababa de suceder en las escaleras? ¿Y si Yuuto había visto a alguien en peligro y había intentado ayudarla? ¿Y si, durante el temblor, había sujetado a aquella chica para evitar que se cayera o se golpeara, y alguien había interpretado sus movimientos como una agresión?

 

Sakura apretó la barandilla. No tenía pruebas. No sabía qué había ocurrido realmente en la antigua academia. Tampoco podía asegurar que su hipótesis fuera correcta. Pero, por primera vez, se permitió considerar una versión de los hechos diferente de la que había publicado. Y cuanto más recordaba lo sucedido en las escaleras, más difícil le resultaba ignorarla.

 

Yuuto no había tenido tiempo de pensar. No había podido calcular si conseguiría detenerla ni si acabaría lastimándose. Simplemente había reaccionado. Había visto a alguien caer y había intentado protegerla. ¿Acaso no podía haber sucedido lo mismo en el pasado?

 

Sakura sintió que el estómago se le encogía. Si aquella posibilidad era cierta, entonces quizá no solo había publicado una noticia incompleta. Quizá había contribuido a condenar a un chico por intentar hacer algo bueno.

 

—No…

 

Se llevó una mano a la boca.

 

—No, no, no…

 

Pero negar aquella posibilidad no la haría desaparecer. De pronto, comprendió por qué la mirada de Reika había sido tan diferente aquella vez. No era solamente porque la noticia afectara a alguien importante para ella. Quizá Reika sabía algo que Sakura ignoraba. Quizá había descubierto detalles que no aparecían en el informe. Quizá había visto en Yuuto algo que los demás se habían negado a ver. Algo que Sakura, cegada por su rivalidad, tampoco había querido buscar.

 

Su expresión se descompuso.

 

—¿Qué te hice…?

 

Esta vez no se refería a Reika. Se refería a Yuuto. Al chico que acababa de recibir un golpe por intentar salvarla y que, incluso después de todo, se había preocupado por ella.

 

Sakura bajó la cabeza.

 

—¿Qué demonios te hice, Yuuto…?

 

Las palabras le salieron quebradas. Por primera vez, no estaba preocupada por su reputación ni por la posibilidad de que Reika la derrotara en otra discusión. Estaba pensando en el muchacho que había corrido hacia la enfermería sin pedirle nada a cambio. Y en la posibilidad de que ella hubiera ayudado a convertirlo en el villano de una historia cuya verdad ni siquiera conocía.

 

Sakura se quedó allí durante varios minutos, incapaz de moverse. Después levantó la cabeza. Su expresión seguía siendo de desconcierto, pero algo había cambiado en sus ojos. No sabía todavía qué había sucedido en la antigua academia. No podía asegurar que Yuuto fuera inocente de todas las acusaciones que había leído. Pero ahora tenía una certeza.

 

No tenía derecho a seguir afirmando que conocía la verdad mientras se negara a investigar todas las posibilidades. Y si quería descubrir lo que realmente había ocurrido, tendría que volver al principio. Tendría que buscar a los testigos, revisar los informes originales y averiguar por qué Aoyama le había entregado aquella carpeta sin que ella hubiera encontrado por su cuenta una razón para investigar el pasado de Yuuto.

 

Esta vez no lo haría para provocar a Reika. Tampoco para conseguir una exclusiva. Lo haría porque necesitaba saber si había contribuido a destruir injustamente la vida de alguien que, aun teniendo motivos para odiarla, acababa de arriesgarse para salvarla.

 

Sakura se secó los ojos con el dorso de la mano, sorprendida al descubrir que se le habían humedecido.

 

—Primero tengo que averiguar qué pasó de verdad…

 

Miró hacia el pasillo por el que Yuuto había desaparecido.

 

—Y después… tendré que encontrar la manera de disculparme.

 

No sabía si él aceptaría sus disculpas. Quizá nunca volvería a confiar en ella. Quizá Reika no le permitiría acercarse a él mientras siguiera sin reparar el daño que había causado. Y, por primera vez, Sakura comprendió que no tenía derecho a exigir ninguna de esas cosas. Había sido ella quien había elegido publicar la noticia. Ahora tendría que ser ella quien afrontara las consecuencias.

 

Respiró hondo y se apartó de la barandilla. Pero antes de regresar al Club de Periodismo, volvió a mirar las escaleras. Todavía podía imaginar a Yuuto sujetándola por la cintura, intentando detener su caída con todas sus fuerzas. Un chico pequeño, tímido y acostumbrado a esconderse del mundo. Un chico que había arriesgado su propio cuerpo para protegerla.

 

Sakura cerró los ojos.

 

—Gracias por salvarme…

 

Su voz fue apenas un susurro. Después apretó los puños.

 

—Y perdóname por lo que te he hecho.

 

Esta vez, sin embargo, no dejó que aquellas palabras se perdieran en el silencio. Porque había tomado una decisión. Descubriría la verdad sobre el incidente de la antigua academia, aunque al final esa verdad terminara destruyendo la reputación que tanto había intentado proteger.

Thoughts

  • sprintFallido

    Carpeta, nota publicada, rumores, amenaza de Reika, y recién al final buscar otras versiones. El periodismo entero al revés, che.

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  • mediosiglo

    La escalera me parece la pieza que venía guardada: Yuuto la agarra de la cintura para que no se parta la cabeza, y de lejos, en pleno temblor, eso parece otra cosa. Yo desconfío más de Aoyama, que le dio la carpeta ya armada y le dijo qué buscar.

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La sala del Club de Periodismo estaba en silencio.

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