El capitán les dice a cada uno, con nombre, lo que hizo mal y lo que hizo bien, y de él mismo solo sabemos que sonrió y que tiene dos cortes en la ropa. A mí me da que ese hombre va con demasiada prisa por algo que no les cuenta. Con Hejin sin sentir el brazo, mandarlos a repetir la pelea a la media hora me pareció mucho, y dudo que los seis lleguen enteros al segundo piso si sigue así.
Capítulo 23: Preparación (3)
Pensamiento
El capitán les dice a cada uno, con nombre, lo que hizo mal y lo que hizo bien, y de él mismo solo sabemos que sonrió y que tiene dos cortes en la ropa. A mí me da que ese hombre va con demasiada prisa por algo que no les cuenta. Con Hejin sin sentir el b
Contenido de la publicación
Guío a todos hasta la sala de entrenamiento y me coloco frente a ellos.
Jiwon y Eunbyeol permanecen fuera del área de combate. Por ahora, ambas cumplen funciones de apoyo: Jiwon todavía no desarrolló habilidades de fortalecimiento ni métodos para intervenir a distancia, y Eunbyeol necesita convertir su capacidad de análisis en órdenes rápidas durante una batalla real.
Más adelante podrán participar directamente.
Esta primera prueba está destinada a los otros cuatro.
Kwon ocupa el flanco izquierdo. Mujin se coloca al frente. Doyun espera en la retaguardia con una flecha apoyada sobre la cuerda, mientras Haejin reúne energía mágica entre las manos.
Los observo uno por uno.
—¿Están listos?
Kwon hace girar uno de sus cuchillos.
—¿No creés que estás un poco agrandado, capitán?
—Tch.
Mujin chasquea la lengua, aunque mantiene la espada levantada.
Las palabras de ambos son despreocupadas, pero su formación no lo es. Mujin bloquea el camino directo hacia la retaguardia. Kwon permanece ligeramente oculto a su izquierda, preparado para atacar mi punto ciego en cuanto intente atravesar la primera línea. Doyun tiene espacio suficiente para disparar sin que sus compañeros obstruyan su trayectoria, y Haejin se encuentra detrás de todos, protegida mientras completa su hechizo.
Nada mal.
—Interesante... —murmuro.
Desde fuera del campo de entrenamiento, Jiwon inicia la cuenta.
—En tres...
El aire se tensa.
—Dos...
Mujin ajusta los pies. Kwon baja el centro de gravedad y la cuerda del arco de Doyun cruje suavemente.
—Uno.
Abro los ojos y libero una pequeña parte de mi sed de sangre.
El ambiente se vuelve pesado. Haejin pierde la concentración por un instante y el círculo mágico frente a sus manos parpadea.
Mujin, en cambio, da un paso al frente.
Bien.
Pateo el suelo utilizando una fracción de mi fuerza. El piso se agrieta y atravieso la distancia en un instante, pasando junto a Mujin.
Su reacción es buena. Gira el cuerpo y lanza un corte hacia mi espalda, pero comienza el movimiento una fracción de segundo demasiado tarde.
Cuando su espada desciende, yo ya estoy frente a Haejin.
Sus ojos se abren. El hechizo todavía no está completo.
Sin tiempo para retroceder, saca una daga de la cintura y la dirige hacia mi cuello. Inclino la cabeza y sujeto su muñeca.
—Una maga intentando defenderse físicamente...
Haejin aprieta los dientes.
—Me dijo que siempre tuviera un recurso de emergencia.
—Y prestaste atención.
Antes de que pueda desarmarla, percibo una corriente de aire detrás de mi oreja. Suelto su muñeca y giro el rostro.
Una flecha pasa rozando mi mejilla.
Doyun ya prepara la siguiente.
—Buen disparo.
—Fallé —responde.
—No estabas apuntando a mi cabeza.
Sus ojos se estrechan.
Así que comprende que descubrí su intención.
La flecha no pretendía herirme. Su verdadero objetivo era obligarme a moverme hacia la derecha.
Y allí está Kwon.
Su presencia desaparece durante un instante. El efecto del equipo de Clemen reduce el sonido de sus pasos hasta volverlo casi inexistente.
Aparece junto a mi costado y lanza ambos cuchillos al mismo tiempo: uno hacia mis costillas y el otro hacia la parte posterior de mi rodilla.
Desvío el primero con el dorso de la mano y levanto la pierna para evitar el segundo.
Kwon sonríe.
—Te encontré.
Una sombra cae sobre nosotros.
Mujin.
Utiliza el tiempo que sus compañeros compran para regresar a la formación. Su espada desciende verticalmente con toda la fuerza de su cuerpo.
No puedo esquivarla hacia atrás: Haejin está allí.
Kwon bloquea la izquierda.
Y Doyun ya apunta hacia la única salida libre.
El cerco está cerrado.
Perfecto.
Levanto una mano y atrapo la espada de madera de Mujin antes de que alcance mi hombro. El impacto hace temblar la sala.
Los ojos de Mujin se abren.
—Buena fuerza —digo—, pero todavía dependés demasiado de ella.
Tiro de la espada.
Mujin no la suelta. En vez de intentar recuperarla, avanza y lanza un cabezazo hacia mi rostro.
Me aparto lo justo para evitarlo.
Kwon vuelve a atacar.
Doyun dispara.
Haejin completa el cántico.
—¡Descarga convergente!
Tres líneas de energía azul aparecen detrás de mí.
Por primera vez, tengo que soltar la espada de Mujin y alejarme. La descarga golpea el suelo donde estaba un instante antes y una explosión sacude la sala.
El humo cubre el campo de entrenamiento.
—¿Le dimos? —pregunta Haejin.
—No —responde Doyun.
Correcto.
La visión del arquero atraviesa el polvo mejor que la de los demás.
Salgo del humo frente a él.
Doyun suelta la cuerda de inmediato. Atrapo la flecha entre dos dedos.
—Tu velocidad de reacción mejoró.
Utilizo la punta roma del proyectil para tocarle suavemente la frente.
—Pero permitiste que el enemigo entrara en tu distancia mínima.
Doyun retrocede y utiliza el arco para bloquear mi siguiente movimiento. No intenta golpearme; solo desvía mi brazo.
También aprendió.
Antes de que pueda derribarlo, una pared de energía se forma entre nosotros. Haejin extiende ambas manos desde el otro extremo de la sala.
—¡Ahora!
Kwon y Mujin atacan al mismo tiempo desde ambos lados.
Golpeo la barrera con la palma. El hechizo se quiebra y Haejin palidece al sentir la energía regresar hacia sus brazos, aunque consigue conservar el equilibrio.
Kwon llega primero.
Deslizo un pie frente al suyo y altero su trayectoria. Su cuerpo sale despedido hacia Mujin, pero esta vez el grandote no intenta atraparlo.
Baja el hombro.
Kwon apoya un pie sobre él y lo utiliza como plataforma para impulsarse por encima de mí.
Una maniobra improvisada.
El cuchillo desciende hacia mi cabeza. Inclino el cuerpo y la hoja pasa tan cerca que corta una pequeña hebra de cabello.
Kwon aterriza detrás de mí.
Todos guardan silencio.
Él observa el cabello que cae lentamente hacia el suelo. Después levanta la cabeza con una sonrisa.
—Te toqué.
—Tocaste un cabello.
—Dijiste que intentáramos tocarte.
—La condición era alcanzar mi cuerpo o mi ropa.
Su sonrisa desaparece.
—Estás cambiando las reglas.
—Estoy aclarando una interpretación defectuosa.
—¡Eso cuenta y lo sabés!
Mujin suelta una carcajada.
—Dejá de festejar. Ni siquiera llegó a rozarle la piel.
Kwon lo señala con el cuchillo.
—Sin tu hombro no habría llegado.
—Entonces agradeceme.
—Preferiría morir.
—Eso puede arreglarse.
—Concéntrense —ordeno.
Ambos vuelven a adoptar sus posturas.
Aunque discutan, ya no combaten como cuatro personas separadas. Mujin crea oportunidades, Kwon las aprovecha, Doyun controla mis rutas de movimiento y Haejin modifica el terreno para obligarme a reaccionar.
Todavía tienen demasiados defectos. Mujin es fácil de provocar; Kwon abandona la formación cuando cree ver una abertura; Doyun depende demasiado de conservar la distancia, y Haejin necesita varios segundos para formar cualquier hechizo complejo.
Pero comienzan a entenderse.
—Otra vez.
Haejin respira con dificultad.
—¿No terminó la prueba?
—La primera parte terminó cuando consiguieron obligarme a retroceder.
Kwon levanta una ceja.
—Entonces aprobamos.
—Apenas.
Mujin vuelve a levantar la espada.
—¿Cuál es la siguiente parte?
Sonrío.
—Ahora voy a atacar en serio.
La expresión de Kwon cambia.
—¿Qué significa «en serio» para vos?
Libero un poco más de presión. Las paredes crujen.
Doyun tensa el arco. Haejin inicia un nuevo cántico, Mujin se coloca al frente sin retroceder y Kwon desaparece hacia un costado.
Desde fuera del área, Eunbyeol habla con calma:
—Mujin, no intentes detenerlo. Desviá su avance hacia la izquierda. Kwon, esperá hasta que Doyun dispare. Haejin, prepará una barrera detrás de él, no delante.
Los cuatro reaccionan a sus instrucciones sin discutir.
La miro de reojo.
Eunbyeol sostiene una libreta entre las manos. En ella ha dibujado la sala, nuestras posiciones y varias rutas posibles.
No se limitó a observar.
Jiwon permanece a su lado con vendas y medicamentos preparados, atenta a quién recibirá el primer golpe.
Quizá ha sido un error dejarlas fuera.
No necesitan entrar en el campo para participar en la batalla.
—Vengan.
Esta vez, los seis se preparan para enfrentarme.
Eunbyeol observa desde fuera de la zona de combate y Jiwon permanece junto a ella, lista para intervenir en cuanto alguien sufra una lesión seria. Frente a mí, Mujin levanta su espada, Kwon se desliza hacia mi costado, Doyun coloca una nueva flecha sobre la cuerda y Haejin recita en voz baja.
No llevo ninguna espada.
Ni siquiera adopto una postura de combate.
—¿En serio vas a enfrentarnos con las manos vacías? —pregunta Mujin.
—No necesito un arma para entrenarlos.
—Seguís bastante agrandado —murmura Kwon desde algún punto a mi izquierda.
Cierro los ojos.
No necesito verlo para saber dónde está. Sus pasos no producen sonido gracias al conjunto de Clemen, pero cada movimiento desplaza el aire, hunde ligeramente el suelo y modifica la respiración de quienes se encuentran cerca.
Todavía le falta mucho para desaparecer por completo.
—Empiecen —ordena Eunbyeol.
Mujin avanza.
Esta vez no carga de forma descontrolada. Mantiene pasos cortos, la espada cerca del cuerpo y los hombros relajados. No busca derrotarme con el primer golpe, sino limitar mi espacio para obligarme a moverme hacia donde sus compañeros esperan.
Su espada se dirige hacia mi costado.
Retrocedo medio paso.
Una flecha atraviesa el lugar al que habría llegado si continuaba moviéndome.
Doyun no apuntó hacia mí.
Disparó contra mi posible ruta de escape.
Bien.
Giro sobre un pie y la espada de Mujin pasa frente a mi pecho. No intento contraatacar; quiero comprobar hasta dónde pueden llegar.
—¡Dos pasos a la derecha! —grita Eunbyeol.
Mujin obedece sin preguntar. Se desplaza y bloquea mi camino hacia Haejin, que continúa recitando mientras una formación azul se extiende bajo nuestros pies.
No prepara un hechizo ofensivo.
Está modificando el terreno.
Kwon aparece detrás de mí y dirige un cuchillo hacia el tendón de mi hombro. Inclino el cuerpo y el filo pasa junto a mi ropa.
No insiste. Se retira antes de que pueda atraparlo.
También mejoró.
Antes habría intentado un segundo ataque por orgullo y habría terminado en el suelo.
—¡Ahora, Doyun! —ordena Eunbyeol.
Tres flechas salen casi al mismo tiempo. La primera apunta a mi pierna; la segunda, a mi hombro. La tercera parece desviada.
Golpeo la primera con los dedos y muevo la cabeza para evitar la segunda.
La tercera impacta contra una placa de energía que Haejin formó detrás de mí. Rebota y cambia de dirección.
Ahora vuela directamente hacia mi espalda.
Atrapo el proyectil sin mirar.
Durante un instante, todos permanecen en silencio.
—Un rebote calculado —digo mientras observo la flecha—. Nada mal.
Doyun no responde. Ya prepara el siguiente disparo.
Haejin termina su cántico.
—¡Prisión de gravedad!
El círculo bajo mis pies se ilumina y mi cuerpo se vuelve más pesado. No demasiado, pero sí lo suficiente para reducir la velocidad de alguien de su mismo nivel.
Mujin vuelve a entrar.
Su espada desciende hacia mi cabeza. Levanto el antebrazo y bloqueo el golpe.
El impacto hace temblar el suelo.
Mujin sonríe.
—Te detuve.
—No.
Sujeto su espada.
—Elegí detenerme.
Tiro de ella. Mujin avanza junto con el arma y utiliza mi propia fuerza para acercarse antes de lanzar un puñetazo hacia mi rostro.
Me aparto.
Kwon aparece por debajo de su brazo.
Así que Mujin no intentaba golpearme.
Estaba ocultando el ataque de Kwon.
El cuchillo se dirige hacia mi pecho. Levanto una mano, pero Kwon modifica la trayectoria a mitad de camino y corta un pequeño fragmento de mi manga.
La tela cae al suelo.
Su sonrisa aparece de inmediato.
—Esta vez fue la ropa.
Observo el corte.
—Cierto.
Kwon abre la boca, posiblemente esperando que reconozca su victoria.
Le golpeo la frente con un dedo.
Sale despedido varios metros y rueda sobre las colchonetas.
—Pero festejaste antes de retirarte.
—¡Era la primera vez que te tocábamos!
—Y por eso dejaste de prestar atención.
Kwon intenta levantarse, pero Doyun grita:
—¡Abajo!
Una flecha pasa sobre su cabeza. La esquivo inclinándome hacia un costado.
Mujin ya está allí.
Su espada barre el espacio en horizontal. La presión de Haejin limita mis movimientos y Doyun cubre las rutas más seguras. Eunbyeol utiliza a Mujin para mantenerme dentro del círculo mágico.
No intenta que sus compañeros me persigan.
Reduce poco a poco el espacio en el que puedo moverme.
Una estrategia correcta contra alguien más rápido.
Atrapo la espada de Mujin con ambas manos y la detengo frente a mi cuello. Sus músculos se tensan y el suelo bajo sus pies se agrieta.
—¡Haejin! —grita Eunbyeol.
La maga modifica el cántico. Las líneas del círculo ascienden y se enrollan alrededor de mis piernas como cadenas luminosas.
—¡Kwon, detrás! ¡Doyun, hombro derecho!
Una flecha vuela hacia mi brazo. Kwon se levanta y desaparece hacia mi punto ciego, mientras Mujin continúa presionando desde el frente.
No puedo mover las piernas sin romper el hechizo. Tampoco puedo soltar la espada sin permitir que alcance mi cuello.
Por primera vez, cada integrante cumple una función.
Mujin restringe mis brazos.
Haejin, mis piernas.
Doyun controla mi ruta de movimiento.
Kwon prepara el ataque final.
Y Eunbyeol mantiene unida toda la formación.
No está mal.
Realmente no está mal.
Suelto la espada.
Mujin abre los ojos.
La hoja avanza hacia mi cuello, pero giro el cuerpo y dejo que pase a un lado. Desvío con la palma la flecha de Doyun y Kwon aparece detrás de mí con ambos cuchillos dirigidos hacia mi espalda.
Libero fuerza en las piernas.
Las cadenas mágicas estallan.
Una onda de presión se expande por la sala. Haejin pierde el control del hechizo y retrocede varios pasos; Mujin levanta su espada para protegerse y Doyun baja el centro de gravedad.
Kwon es el único que continúa avanzando.
Sus ojos se clavan en mi cuello.
Instinto depredador.
La habilidad le muestra la abertura que dejé al romper el hechizo.
No es una abertura real.
Él todavía no puede distinguirlo.
Dejo que se acerque. Su cuchillo corta el aire y atrapo su muñeca.
—Una debilidad demasiado evidente suele ser una trampa.
Giro su brazo y lo arrojo hacia Mujin.
—¡Otra vez no! —grita Kwon.
Mujin lo recibe con un brazo, gira sobre sí mismo y lo lanza nuevamente hacia mí, igual que durante nuestros entrenamientos anteriores.
Pero esta vez Kwon estaba preparado.
En pleno vuelo, lanza uno de sus cuchillos hacia el suelo. La hoja se clava y una cuerda delgada se tensa desde su empuñadura.
Kwon utiliza la cuerda para cambiar de dirección en el aire y aparece encima de mí.
Interesante.
Doyun dispara en ese mismo instante. La flecha no apunta hacia mi cuerpo, sino hacia la cuerda.
La corta.
Kwon queda libre y cae directamente hacia mi espalda, impidiendo que vuelva a utilizar su trayectoria para arrojarlo.
Haejin levanta ambas manos.
—¡Impulso!
Una corriente de aire golpea la espalda de Kwon y aumenta su velocidad.
Mujin carga desde el frente.
Un ataque desde arriba.
Otro desde delante.
Doyun mantiene una segunda flecha apuntando hacia mi única ruta de evasión.
Eunbyeol levanta la voz:
—¡No le den tiempo para pensar!
Sonrío.
No necesito tiempo para pensar.
Extiendo una mano y atrapo el tobillo de Kwon antes de que su cuchillo alcance mi hombro. Utilizo su cuerpo para bloquear la espada de Mujin.
—¡Soltame! —grita Kwon.
—No.
Mujin detiene el golpe a pocos centímetros de su espalda.
Esa duda era inevitable.
No está dispuesto a herir a un compañero durante un entrenamiento.
Aprovecho ese instante y lanzo a Kwon hacia Doyun. El arquero abandona el disparo para apartarse.
Avanzo hacia Mujin. Intenta recuperar la espada, pero golpeo la empuñadura con la palma. La vibración recorre sus brazos y los dedos se le abren involuntariamente.
La espada cae.
Le doy un golpe en el pecho.
Mujin retrocede, aunque no sale despedido.
Su habilidad se activa.
Vanguardia indomable.
Su cuerpo soporta el impacto y vuelve a avanzar.
—¡Todavía no terminé!
Lanza un puñetazo.
Lo recibo con la palma abierta.
Su fuerza es buena, incluso mejor de lo que esperaba después de tan pocas semanas, pero todavía intenta enfrentar fuerza con fuerza.
Giro ligeramente la muñeca y desvío toda su potencia hacia el suelo. Mujin pierde el equilibrio. Golpeo la parte posterior de su rodilla y cae.
Antes de que pueda levantarse, apoyo dos dedos sobre su cuello.
—Muerto.
Me alejo.
Una flecha atraviesa el lugar donde estaba.
Doyun ya recuperó la postura. Kwon se encuentra a su lado, pero no vuelve a atacar de inmediato.
Aprendió de su error.
Haejin respira con dificultad. Romper su prisión de gravedad provoca un retroceso en sus circuitos mágicos.
Jiwon levanta la voz desde fuera:
—¡Haejin, tu brazo derecho está perdiendo sensibilidad! ¡No vuelvas a canalizar por ese lado!
Haejin contempla su mano. Los dedos le tiemblan.
Cambia de postura y reúne la energía únicamente con la izquierda.
Jiwon todavía no puede luchar, pero es capaz de leer el estado físico de sus compañeros antes de que ellos mismos noten una lesión.
—Doyun —dice Eunbyeol—, disparos bajos. No intentes acertarle. Kwon, rodealo. Haejin, prepará niebla.
Los tres obedecen.
Varias flechas impactan contra el suelo frente a mí. Sus puntas rompen pequeñas cápsulas que liberan polvo.
Haejin extiende una mano.
—Condensación.
La humedad del ambiente se mezcla con el polvo y forma una niebla espesa.
Mi visión desaparece.
Buena combinación.
Doyun no necesita verme con claridad gracias a Ojo de trayectoria. Kwon tampoco depende únicamente de la vista; su instinto puede percibir mi hostilidad y encontrar puntos vulnerables.
En cambio, yo debería estar limitado.
Al menos, eso creen.
Cierro los ojos.
Escucho la respiración de Haejin, la tensión de la cuerda de Doyun y los pasos de Kwon acercándose desde mi izquierda. Eunbyeol pasa una hoja de su libreta. Jiwon mueve el botiquín. Mujin intenta levantarse detrás de mí.
Todos están dentro de mi percepción.
Kwon ataca desde la niebla. Inclino el cuerpo y su cuchillo pasa junto a mi mejilla.
No lo atrapo.
Doyun dispara detrás de él. Una flecha roza mi costado, otra llega desde un ángulo distinto y una tercera se dirige hacia mis pies.
Haejin forma pequeñas corrientes de aire que modifican sus trayectorias después de cada disparo.
Doyun calcula.
Haejin corrige.
Eunbyeol decide el orden.
Kwon me obliga a moverme.
Por un momento, todo el campo funciona como un único organismo.
Una flecha alcanza mi abrigo y rompe una pequeña parte de la tela antes de continuar.
El silencio dura menos de un segundo.
—¡Ahora! —grita Eunbyeol.
Kwon aparece frente a mí.
No desde atrás.
No desde un punto ciego.
De frente.
Su primer cuchillo apunta hacia mi garganta. El segundo permanece oculto detrás del antebrazo.
El ataque visible es una distracción.
El verdadero objetivo es mi costado.
No está mal.
Dejo que se acerque.
Su segundo cuchillo comienza a moverse.
Antes de que pueda completar el ataque, libero mi presión.
No demasiada.
Solo una parte.
Pero el efecto es inmediato.
La niebla se dispersa. Las flechas pierden su trayectoria. El cántico de Haejin se interrumpe. Doyun siente que el cuerpo se le vuelve pesado y Mujin deja de intentar levantarse.
Kwon es el único que consigue avanzar un paso más.
Su cuchillo queda a pocos centímetros de mi ropa. Los brazos le tiemblan, pero aprieta los dientes.
—Todavía... no...
Intenta continuar.
Buena voluntad.
No es suficiente.
Golpeo su muñeca. El cuchillo cae.
Después apoyo la palma sobre su pecho y Kwon sale despedido hasta aterrizar junto a Mujin.
Doyun dispara una última flecha.
Camino hacia ella.
No la esquivo.
La atrapo entre dos dedos y continúo avanzando.
Sus ojos se abren.
—Un arquero que pierde la calma revela el momento exacto de su disparo.
Arrojo la flecha hacia un costado.
Doyun intenta utilizar el arco para defenderse. Sujeto la madera y tiro de ella, pero él no la suelta.
Bien.
En lugar de luchar por el arma, da un paso hacia mí y golpea con el extremo inferior del arco. Desvío el ataque y toco su pecho con dos dedos.
—Muerto.
Doyun suelta el aire y se deja caer sentado.
Solo queda Haejin.
La joven mantiene la mano izquierda extendida. Su brazo derecho cuelga sin fuerza y una esfera inestable de energía mágica se concentra frente a ella.
—No lo hagas —advierte Jiwon—. Tus circuitos están sobrecargados.
—Todavía puedo lanzar uno más.
—Podrías lesionarte.
Haejin mantiene la mirada fija en mí.
—En la Torre, el enemigo no va a detenerse porque me duela el brazo.
Correcto.
La esfera comienza a comprimirse. No es un hechizo que conozca: las capas externas giran en sentidos contrarios, aumentando la presión dentro del núcleo.
Cálculo mágico.
Analiza la estructura mientras la construye.
—¡Haejin, tres grados hacia arriba! —ordena Eunbyeol.
La maga corrige el ángulo.
Comprendo su objetivo.
No apunta directamente hacia mí. La esfera impactará contra el techo, rebotará mediante una placa de energía y descenderá a mi espalda.
Igual que la flecha de Doyun.
Aprendió del arquero durante la misma pelea.
Sonrío.
—Suficiente.
Aparezco frente a ella.
Haejin no alcanza a verme moverme.
Toco la esfera con la punta del dedo. La energía se desarma sin explotar y se dispersa como pequeñas luces azules.
Después apoyo el mismo dedo sobre su frente.
—Muerta.
Haejin permanece inmóvil.
—¿Cómo deshizo el hechizo?
—Encontré el punto donde se conectaban las dos capas.
—Pero acabo de crearlo.
—Eso no significa que carezca de estructura.
Sus ojos se iluminan con curiosidad, incluso después de perder.
Definitivamente tiene talento.
Retiro la presión.
Kwon cae de espaldas y respira profundamente. Mujin vuelve a ponerse de pie, aunque se sostiene el pecho. Doyun revisa el arco en busca de daños y Haejin observa los restos de energía que todavía flotan alrededor de sus manos.
Eunbyeol cierra la libreta.
—Perdimos.
—Sí.
Kwon levanta la cabeza desde el suelo.
—No hacía falta responder tan rápido.
—La derrota es más útil cuando se acepta pronto.
—Conseguimos cortar tu ropa dos veces —protesta.
—Y yo podría haberlos matado a los cuatro al menos nueve veces.
—Pero no lo hiciste.
—Porque necesito que sigan entrenando.
Mujin recoge su espada.
—¿Cuánto poder usaste?
Lo pienso un momento.
—Al principio, menos de una décima parte.
El rostro de Kwon se oscurece.
—¿Y al final?
—Un poco más.
—Eso no es un número.
—Fue suficiente.
Mujin aprieta la empuñadura de su espada, pero, en lugar de frustrarse, sonríe.
—Entonces todavía tenemos mucho que mejorar.
—Muchísimo.
Eunbyeol entra en el campo de entrenamiento.
—Pero lo obligamos a romper la prisión de Haejin, cambiar de posición por las flechas de Doyun y liberar su presión para detener el último ataque.
La miro.
—Sí.
—Entonces no fue una derrota completa.
—Toda derrota es completa.
Eunbyeol frunce ligeramente el ceño.
—Pero puede producir resultados útiles —añado.
Su expresión se relaja.
Kwon se sienta.
—¿Qué hicimos mal?
Señalo a Mujin.
—Vos seguiste intentando enfrentarme directamente, incluso después de comprender que no podías detenerme.
Después miro a Kwon.
—Abandonaste la formación dos veces porque creíste haber encontrado una oportunidad.
Dirijo la mirada hacia Doyun.
—Tus disparos fueron buenos, pero, cuando perdías de vista a Eunbyeol, intentabas decidir las trayectorias por tu cuenta. Eso creó espacios entre tus ataques y los de los demás.
Finalmente, observo a Haejin.
—Y vos utilizaste demasiada energía durante los primeros minutos. Un mago inconsciente no sirve, por poderoso que sea su último hechizo.
Haejin baja la mirada hacia el brazo entumecido.
—Entiendo.
—Sin embargo...
Los cuatro levantan la vista.
—Mujin consiguió permanecer en primera línea sin romper la formación. Kwon utilizó a sus compañeros en lugar de intentar destacar solo. Doyun controló mis movimientos sin obsesionarse con acertar cada flecha. Y Haejin adaptó sus hechizos a las técnicas de los demás.
Miro a Eunbyeol.
—Tus órdenes fueron correctas. No intentaste predecir todos mis movimientos, sino reducir mis opciones.
Después observo a Jiwon.
—Y detectaste la lesión de Haejin antes de que se dañara el brazo de forma permanente.
Jiwon se acerca a la maga y comienza a revisar sus dedos.
—Necesitará dejar descansar el flujo mágico durante unas horas.
—Puedo seguir —protesta Haejin.
—No.
La voz de Jiwon no deja espacio para discutir.
Haejin guarda silencio.
—Individualmente, ninguno de ustedes podría obligarme a utilizar más fuerza —continúo—. Juntos, consiguieron hacerlo.
Kwon sonríe desde el suelo.
—Entonces admitís que somos buenos.
—Admito que dejaron de ser completamente inútiles.
—Siempre arruinás el momento.
Me acerco al centro de la sala. En el piso permanecen las marcas de las flechas, las grietas causadas por Mujin y los restos de los círculos mágicos de Haejin.
También hay dos pequeños cortes en mi ropa.
Talento no les falta.
Kwon posee instintos capaces de convertir cualquier abertura en una herida. Mujin puede sostener una línea incluso frente a un enemigo superior. Doyun adaptó su antigua técnica a una mano que todavía no funciona correctamente. Haejin aprende con solo observar. Jiwon ve los límites de un cuerpo antes de que se rompa.
Y Eunbyeol consigue transformar seis estilos diferentes en una sola estrategia.
Pero todavía son jóvenes.
Inexpertos.
Y demasiado débiles.
La Torre no tendrá piedad de ellos solo porque posean talento.
Observo a los seis.
Ya no necesito pensar quién se quedará fuera.
—Entrarán juntos al segundo piso.
Kwon mira alrededor y vuelve a contar.
—Somos siete.
—Ustedes seis formarán un grupo.
La sonrisa desaparece de su rostro.
—¿Y vos?
—Entraré solo.
—El sistema permite seis personas —dice Mujin—. Podrías venir con cinco y dejar a uno esperando.
—No.
Miro a Jiwon y a Eunbyeol.
—Un grupo no está formado únicamente por quienes atacan. Sin una sanadora, la primera herida grave puede condenarlos. Sin alguien que coordine, volverán a pelear como individuos en cuanto la situación se complique.
Jiwon cruza los brazos.
—¿Y quién va a coordinarlo a usted?
—Yo.
Kwon suelta una risa seca.
—Claro. ¿Quién mejor para soportarte que vos mismo?
Ignoro el comentario.
—Además, si entrara con ustedes, dependerían de mí para superar cada problema. Necesito comprobar que pueden sobrevivir cuando no estoy delante.
Eunbyeol me observa en silencio.
—¿Usted va a estar bien solo?
La pregunta me golpea con más fuerza de la que debería.
—Sí.
No es una promesa.
Es una obligación.
Me vuelvo hacia los demás.
—Descansen treinta minutos. Después repetiremos la pelea.
Kwon me mira horrorizado.
—¿Repetirla?
—Sí.
—Apenas podemos levantarnos.
—Entonces la siguiente prueba comenzará en una situación más realista.
Mujin vuelve a apoyar la espada sobre su hombro.
—Esta vez voy a detenerte.
—No.
—Al menos dejame intentarlo antes de negarlo.
Haejin levanta la mano que todavía puede mover.
—Quiero saber cómo desarmó mi hechizo.
Doyun recoge una de sus flechas.
—Y yo necesito modificar el ángulo del tercer disparo.
Eunbyeol vuelve a abrir la libreta.
—Ya encontré tres errores en la formación.
Kwon los observa a todos. Después deja caer la cabeza contra el suelo.
—Estoy rodeado de enfermos.
—Vos intentaste apuñalarme apenas regresaste de la Torre —le recuerdo.
—Nunca dije que yo fuera normal.
Sonrío ligeramente.
Todavía no pueden derrotarme.
Ni siquiera están cerca.
Pero, por primera vez desde que reuní al grupo, puedo imaginar el día en que obligarán al mundo entero a reconocer sus nombres.
Durante los seis días siguientes repetimos la prueba una y otra vez. Cambiamos formaciones, corregimos errores y entrenamos hasta que el cuerpo de cada uno aprende a obedecer incluso después de que la mente empieza a pedir descanso.
La última jornada se prolonga hasta entrada la noche. Apenas conservamos fuerzas para comer antes de irnos a dormir.
A la mañana siguiente, abro los ojos antes de que suene la alarma.
Las cinco en punto.
Finalmente llegó el día.
El segundo piso se abrirá en pocas horas.
Thoughts
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Permalink¡Ay, Hejin! Qué terca
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PermalinkLo de la presión me costó. Con soltar una parte chiquita a Hejin se le cae el hechizo y a Doyun le pesa el cuerpo, pero Mujin sigue avanzando. Será que aguanta más el que no retrocede.
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PermalinkEl capitán les dice a cada uno, con nombre, lo que hizo mal y lo que hizo bien, y de él mismo solo sabemos que sonrió y que tiene dos cortes en la ropa. A mí me da que ese hombre va con demasiada prisa por algo que no les cuenta. Con Hejin sin sentir el brazo, mandarlos a repetir la pelea a la media hora me pareció mucho, y dudo que los seis lleguen enteros al segundo piso si sigue así.
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PermalinkYo en ese entrenamiento duro lo que tarda Jiwon en contar hasta uno, y después pido la hoja de reclamaciones por lo duras que están las colchonetas.
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PermalinkEl capitán deja a Eunbyeol y a Jiwon afuera del campo casi para que no estorben, y al final una da las órdenes y la otra ve el brazo de Hejin antes que la misma Hejin. A mí me parece que en el segundo piso la que va a sacar a alguien vivo va a ser Jiwon desde atrás, mucho antes que Mujin con la espada, y que el capitán todavía no calcula cuánto va a depender de eso.
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PermalinkMae, Eunbyeol dibujando la sala en la libreta mientras los otros cuatro se agarran a golpes, esa es mi favorita jaja
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PermalinkDesde que Kwon se quedó con el conjunto de Clemen no se le oyen los pasos, y a Doyun ahí atrás le vendría de lujo algo parecido. ¿Clemen puede hacer más piezas así para el resto del grupo?
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PermalinkNo me entraba en el descanso ni a palos, lo terminé en el colectivo. Kwon quejándose de que lo rodean enfermos, justo él, me reí sola
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