Aoi cerrando la ventana del huevo para preguntarles primero a las hermanas qué opinan, ahí me quedé un rato. Donde yo crecí una decisión de las que cambian a todo el grupo nadie la toma solo aunque tenga el derecho; primero se junta a la gente y después se decide. Y Kaede sacando el objeto de la Beta justo ahora da la impresión de que llevaba veinte capítulos esperando ese momento. ¿Cuántos capítulos más piensas hacerlo esperar con el huevo guardado?
Capitulo 20: un nuevo compañero
Las afueras de la ciudad se extendían en una amplia zona de transición, donde los senderos de piedra dejaban paso a la hierba grisácea y a la tierra pisada. Era un lugar extrañamente tranquilo, casi…
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Aoi cerrando la ventana del huevo para preguntarles primero a las hermanas qué opinan, ahí me quedé un rato. Donde yo crecí una decisión de las que cambian a todo el grupo nadie la toma solo aunque tenga el derecho; primero se junta a la gente y después s
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Las afueras de la ciudad se extendían en una amplia zona de transición, donde los senderos de piedra dejaban paso a la hierba grisácea y a la tierra pisada. Era un lugar extrañamente tranquilo, casi pacífico. Apenas unos cuantos jugadores transitaban por los caminos secundarios, dirigiéndose hacia las zonas de caza o regresando de ellas, y el ruido constante, vibrante y caótico del centro urbano llegaba hasta aquí amortiguado, como un murmullo lejano y suave.
Teóricamente, era el sitio perfecto para detenerse un momento, respirar aire fresco y relajarse lejos de las miradas ajenas.
O al menos, eso debería haber sido.
Pero en medio de un pequeño claro rodeado de arbustos de hojas oscuras… la paz se había roto por completo.
—¡¡NO ES JUSTOOOOO!!
El grito desesperado de Aoi retumbó entre los árboles. Acto seguido, se dejó caer de espaldas contra el césped con una fuerza dramática, estirando los brazos y las piernas hacia arriba como una estrella de mar enfadada, para inmediatamente después comenzar a moverlos de forma totalmente descontrolada, pataleando y golpeando el aire como si quisiera pelear contra el mismo cielo gris del segundo piso.
—¡¡Yo solo quería hacer cosas normales!! —se quejó con los ojos muy abiertos y brillantes por la indignación, gesticulando exageradamente con las manos—. ¡Solo quería vender los materiales, comprar lo que necesitaba y marcharme tranquilo! ¡Eso era todo! ¡TODO!
Dio una patada al aire con mucha energía.—¡Cinco minutos! —levantó un dedo, frunciendo el ceño con fuerza—. ¡Les habría bastado con darme cinco miserables minutos de tranquilidad absoluta! ¿Era mucho pedir? ¿VERDAD QUE NO?
Otro manotazo furioso contra la hierba.—¡Pero nooooo! ¡Claro que no! Porque en el momento en que puse un pie fuera del gremio, todos tenían que detenerse, señalarme y quedarse mirando como si yo fuera algún tipo de monstruo raro o una estatua de museo… ¡¡ESO ES INVASIÓN DE PRIVACIDAD!!
Desde lo alto de una rama de un árbol cercano, Lyn observaba toda la escena con la cabeza ladeada, sus ojos redondos brillando con una mezcla de curiosidad y diversión.
A pocos pasos, Fern permanecía sentado sobre sus cuartillas, inmenso, negro y majestuoso, con una expresión de absoluta calma y paciencia, como quien observa una tormenta desde un lugar seguro.
Y a unos metros de distancia, Puddle rebotaba suavemente arriba y abajo, deteniéndose de vez en cuando para inclinar su cuerpo gelatinoso hacia un lado u otro, siguiendo los movimientos de su dueño con total atención.
Los tres parecían estar conectados por un mismo pensamiento, una idea que flotaba en el aire: “Otra vez empezó. Y va para largo.”
—¡¡Y luego los susurros!! —continuó Aoi, ahora rodando sobre un costado y golpeando el suelo con el puño cerrado, con una cara de sufrimiento que parecía sacada de una tragedia—. ¿Escucharon lo que decían? ¿Verdad que sí? "¡Miren, es ella!", "¡Es la domadora misteriosa!", "¡La heroína que venció al jefe del primer piso en modo difícil!"… —se detuvo, se puso de rodillas y señaló al vacío con cara de ofendido—. ¡¿Misteriosa yo?! ¡¿En qué soy misteriosa?! ¡Si voy vestida normal, camino normal y no hago nada extraño! ¡Solo quiero comprar pociones, comer y vivir mi vida en paz! ¡¿Es tan difícil de entender?!
Fern soltó un resoplido profundo, mezcla de aburrimiento y diversión, y sacudió levemente la cabeza.
Aoi se incorporó de golpe, quedando sentado con las piernas cruzadas y los brazos en jarras, mirando al lobo con ojos entrecerrados y una sospecha enorme.
—¿Acabas de burlarte de mí, Fern? —acusó señalándolo con un dedo—. ¿Lo hiciste? ¡Te vi resoplar! ¡Ese fue un resoplido de burla, lo reconozco perfectamente!
El gran lobo giró la cabeza lentamente hacia el lado opuesto, fingiendo un interés repentino y absoluto por unas rocas que había a lo lejos.
—¡Demasiado tarde para fingir que no pasa nada! —exclamó Aoi, poniéndose de pie de un salto y señalándolo con más energía—. ¡Te escuché claramente! ¡Estás riéndote de mi desgracia!
—Kyiii… —emitió Lyn con un chillido suave, como intentando calmarlo o quizás simplemente apoyar a Fern.
—¡Y tú tampoco te salvas, señorita! —le gritó Aoi al ave, apuntándola ahora con ambas manos—. ¡Te conozco! Estás ahí arriba pensando "qué lindo cuando se enfada", ¡lo veo en tus ojos! ¡Dejen de tratarme como si fuera un niño pequeño que hace berrinches! ¡Estoy sufriendo por causas ajenas!
Puddle rebotó dos veces en el aire, alto y feliz.
—¡Y tú, Puddle! ¡Tú eres el peor de todos! —se quejó Aoi, acercándose al slime con las mejillas infladas por el enfado—. ¡Te divierte demasiado mi sufrimiento! ¡Deja de rebotar así, parece que estés aplaudiendo en silencio!
El slime azul volvió a rebotar, esta vez más alto que antes.
—¡¿Por qué siento que nadie me toma en serio mis problemas existenciales?! —se dejó caer de nuevo al suelo, esta vez sentado y apoyando la barbilla en las rodillas, mirando a sus compañeros con una expresión de pura tristeza y abandono—. Soy un aventurero atormentado por la fama injusta… deberían tenerme lástima y consolarme…
Hubo un silencio breve.
Los tres continuaron observándolo. Sin moverse. Sin intervenir. Sin hacer el menor gesto de consuelo. Simplemente se quedaron allí, mirándolo fijamente, con esa calma impasible que solo ellos sabían tener. Era como si estuvieran contemplando un fenómeno natural inevitable, como ver llover o cómo caen las hojas de los árboles.
Aoi comenzó a sentirse cada vez más incómodo bajo esa mirada fija. Frunció el ceño, arqueó las cejas y abrió los ojos más y más.
—…¿Por qué me miran así? —preguntó con voz lenta y desconfiada—. ¿Por qué me miran todos con esa cara?
Fern inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado.
Lyn hizo exactamente el mismo movimiento al mismo tiempo.
Incluso Puddle inclinó todo su cuerpo gelatinoso, copiando el gesto de los otros dos.
Aoi entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos rendijas estrechas, analizando cada pequeño movimiento.
—No me gusta esa mirada… —murmuró retrocediendo un poco sobre el césped—. Esa mirada es sospechosa. Es la mirada de "ya te lo habíamos dicho" o de "tú te lo buscaste". ¡Y no me gusta nada!
Pero ellos no cambiaron su postura. Siguieron igual, con esa calma infinita y esa expresión que, de alguna manera extraña, Aoi entendía a la perfección. Era como si una voz flotara en el aire diciendo:
«Es el precio de ser famoso, Aoi. Águantese.»
«Te ganaste la fama, ahora te aguantas los susurros. Problema tuyo.»
«Te ves muy bien siendo el centro de atención, no te quejes.»
Una pequeña vena comenzó a palpitar visiblemente en su frente.
—¡¡DEJEN DE MIRARME CON CARA DE "TE LO BUSCASTE"!! —gritó, señalando a los tres alternativamente con mucha energía, abriendo mucho la boca y poniendo una expresión indignada de puro teatro—. ¡Yo no pedí ser famosa! ¡Yo solo quería ser una aventurera normal y corriente que mata monstruos y vende cosas! ¡¿Es mi culpa por ser demasiado buena en lo que hago?! ¡¿VERDAD QUE NO?! ¡Es culpa del jefe del primer piso por ser tan débil que lo vencí!
Fern bostezó lentamente, mostrando sus dientes afilados, cerrando los ojos con indiferencia.
—¡NO BOSTEZCES CUANDO ESTOY SUFRIENDO! —bramó Aoi, llevándose las manos a la cabeza—. ¡Estoy compartiendo mis sentimientos profundos aquí, Fern! ¡Un poco de respeto emocional, por favor!
Lyn comenzó a acomodarse las plumas del pecho, arreglándose con elegancia y dándole la espalda.
—¡Y TÚ TAMPOCO ME IGNORES! —se quejó señalando al ave—. ¡Soy tu dueña y tu líder! ¡Escúchame cuando hablo de mis penas!
Puddle, por su parte, aprovechó para rebotar hasta subirse a una roca alta, desde donde tenía mejor vista del espectáculo.
—¡Y DEJA DE DIVERTIRTE A COSTA DE MI DOLOR INTERIOR! —le gritó Aoi, poniéndose de pie y agitando los brazos hacia el slime—. ¡BAJA DE AHÍ Y VEN A DARME CARIÑO!
—Blurp… —respondió el slime, sonando sospechosamente alegre.
—¡NO ES GRACIOSO! —Aoi golpeó el suelo con el pie, haciendo un puchero enorme, con los labios muy fruncidos y las mejillas infladas, una expresión que lo hacía parecer una niña pequeña a la que acababan de prohibir comprar dulces en la tienda—. ¡Todo esto es terriblemente injusto y ustedes son malos compañeros!
Lo era. Todo era graciosísimo. Y todos lo sabían.
Aoi volvió a sentarse en el suelo, cruzó los brazos sobre el pecho con fuerza y desvió la mirada hacia el horizonte, haciendo todo lo posible por parecer ofendido, dolido y completamente incomprendido por el mundo.
Fern lo observó con el rabillo del ojo.
Lyn bajó un poco la cabeza.
Puddle rebotó suavemente en su roca.
—La odio… —murmuró Aoi entre dientes, con la cara todavía fruncida—. Odio la fama. Odio ser reconocido. Odio que me señalen. La odio muchísimo, ¿me oyen? ¡MUCHÍSIMO!
Fern soltó otro resoplido, esta vez más claro y sonoro, que claramente era una risa contenida.
Lyn emitió un sonido agudo y corto que no dejaba lugar a dudas: se estaba riendo.
Puddle literalmente perdió el equilibrio de la risa y cayó de lado de su roca, rebotando torpemente por el suelo.
Aoi abrió los ojos desmesuradamente, giró la cabeza lentamente hacia ellos y los miró con incredulidad absoluta.
—¡¿SE ESTÁN RÍENDO OTRA VEZ DE MÍ?! —chilló con voz aguda, señalándolos a todos—. ¡¡ESO ES TODO!! ¡¡TRAIDORES!! ¡¡LOS CREÍA MEJORES AMIGOS Y RESULTAN SER MIS VERDADEROS ENEMIGOS!!
Su grito resonó fuerte por todo el camino, espantando a un par de aves que pasaban volando.
Pero justo en ese momento, en medio de su indignación teatral y sus gestos exagerados, Aoi se detuvo. Miró a Fern, que lo miraba con esa calma de siempre; a Lyn, que inclinaba la cabeza con dulzura; y a Puddle, que ya volvía a rebotar feliz hacia él. Y entonces, sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa traviesa y sincera se abrió paso en su rostro, rompiendo su actuación de niña enfadada.
Porque, pensó mirándolos con cariño, aunque el día había sido un desastre.
Aunque Reika y Reina seguían siendo una amenaza constante para su salud mental y su cordura.Y aunque media ciudad parecía conocer su nombre, su cara y sus hazañas…
Al menos todavía tenía a estos tres aquí.
Incluso si eran los peores compañeros del mundo cuando se trataba de dar apoyo emocional o consuelo.
Incluso si disfrutaban demasiado viéndolo hacer berrinches.
Eran suyos. Y él era de ellos.
—Está bien, está bien… —suspiró, negando con la cabeza mientras se ponía de pie y se sacudía la hierba del pantalón, sonriendo con ternura—. Ganaron esta vez. Pero un día de estos van a necesitar algo y voy a recordarles todo esto, ¿eh? Se los voy a cobrar muy caro.
Fern se levantó y caminó hacia él, empujándolo suavemente con la cabeza, haciéndolo perder el equilibrio un poco.
Lyn bajó volando para posarse en su hombro, acariciando su mejilla con el pico.
Y Puddle se abalanzó para chocar suavemente contra su pierna.
Sí, pensó Aoi, mientras acariciaba el pelaje negro de Fern y miraba hacia la ciudad que tenían delante. Todo estaba bien. La fama podía ser molesta, las miradas incómodas y los rumores ridículos… pero con ellos a su lado, nada de eso importaba realmente.
—Bueno… —dijo, recuperando su compostura y ajustando su equipo, con una determinación renovada brillando en sus ojos—. Ya que somos famosos y todo eso… ¡vamos a aprovecharlo! ¡Seguro que nos hacen descuentos en las tiendas por ser "la heroína del primer piso"! ¡Vamos a gastar ese dinero que ganamos!
Y con esa nueva misión en mente, el grupo reemprendió la marcha, dejando atrás el claro tranquilo y dirigiéndose de nuevo hacia el ruido, el caos y las miradas curiosas de la ciudad.
Aoi seguía de pie, con el dedo índice extendido y apuntando acusadoramente a sus tres compañeros, recorriendo con esa señal a Fern, luego a Lyn y finalmente a Puddle, con una expresión de absoluta seriedad y autoridad.
—¡Y otra cosa más, que no se me olvide! —exclamó, levantando la voz para que quedara bien claro—. ¡La próxima vez que alguien me reconozca, que me señale o que se arme un alboroto en la ciudad por mi culpa, ustedes tienen la obligación legal y moral de ayudarme a escapar! ¡Me cubren, me esconden o abren paso a empujones si hace falta! ¿Entendido?
Fern, recostado cómodamente sobre la hierba grisácea, bostezó lentamente, mostrando sus filosos dientes y cerrando los ojos como si estuviera aburrido.
Lyn, posada en la rama más baja de un árbol, levantó una pata y comenzó a acomodarse una pluma del ala con una meticulosidad exagerada, ignorando por completo su discurso.
Puddle, por su parte, rebotó suavemente en el aire y soltó un pequeño “Blurp” sin ningún tipo de entusiasmo, como si solo lo hiciera por quedar bien.
—¡No me ignoren cuando estoy haciendo un discurso importante sobre mi seguridad personal y mi privacidad! —se quejó Aoi, inflando las mejillas, sintiéndose totalmente despreciado por su propio equipo.
Justo en ese momento, cuando estaba a punto de seguir reclamando, una ventana de interfaz de color azul brillante apareció de repente flotando justo frente a sus ojos, interponiéndose entre él y sus compañeros. Al mismo tiempo, el sonido nítido y metálico característico del sistema resonó con claridad en su cabeza.
Ding.
Aoi parpadeó varias veces, interrumpido en seco.
—¿Eh?
La ventana comenzó a desplegarse lentamente, línea por línea, con letras blancas limpias y elegantes sobre el fondo azul.
NOTIFICACIÓN DEL SISTEMA
🎖️ TÍTULO ACTUALIZADO Y MEJORADO
Nombre del Título: Madre de los DragonesRango: Élite ➜ Único / Nivel 2
Descripción: El vínculo que compartes con las criaturas más antiguas, poderosas y nobles de este mundo se ha fortalecido irreversiblemente. Tu esencia resuena en armonía con la suya, otorgándote autoridad absoluta, afinidad natural y un lugar propio dentro del linaje dracónico. Ya no eres solo una domadora: eres parte de su historia.
✨ Nuevas Habilidades Desbloqueadas:
1️⃣ Lenguaje Primordial:
Puedes comprender y hacerte comprender por todos los Dragones Menores, así como por cualquier bestia de tipo dragón de bajo rango (Guerreros Dragón, Wyverns, Serpientes Aladas, Quimeras Dracónicas, Bestias Aladas, etc.). Ya no existen barreras de comunicación con estos seres; te reconocen y te escuchan por derecho propio.
2️⃣ Llamado de la Sangre Ancestral:
Tu conexión con los Dragones Antiguos ha alcanzado un nivel superior. Ahora tienes la capacidad única y exclusiva de iniciar el proceso de eclosión de cualquier Huevo de Dragón Antiguo que esté bajo tu custodia.
Nota: La criatura que nazca será un ser nuevo, pequeño y en plena etapa de crecimiento, pero conservará intacto todo su linaje, su potencial infinito y su esencia pura de dragón antiguo desde el mismo momento de su nacimiento. Será tuyo por vínculo de sangre y voluntad propia.
El viento que soplaba entre los árboles pareció detenerse de golpe. El silencio se hizo absoluto en el claro.
Aoi se quedó completamente inmóvil, con la mano todavía levantada en el aire y la boca ligeramente abierta, incapaz de reaccionar por unos segundos.
—...
Parpadeó una vez.
Luego otra.
Y una tercera, más lenta y sorprendida.
—...
Fern levantó la cabeza, sintiendo el cambio brusco en la atmósfera y se acercó curioso, olfateando el aire cerca de la pantalla.
Lyn descendió en silencio y aterrizó suavemente sobre el hombro de Aoi, mirando también la información con sus ojos brillantes.
Puddle incluso dejó de rebotar y se quedó quieto sobre el césped, emitiendo un sonido bajo y largo, como si entendiera que algo muy importante acababa de ocurrir.
Aoi volvió a leer todo el texto desplegado.
Luego lo leyó otra vez, palabra por palabra.
Y una tercera vez, solo para asegurarse de que no hubiera ningún error o malentendido.
—¿Ya...? —susurró finalmente, con una voz que apenas salió, débil por la impresión.
—¿Tan pronto?
Sinceramente, no esperaba que esto sucediera todavía. Ni de lejos. En su cabeza, siempre había imaginado que para lograr algo así necesitaría llegar mucho más lejos. Quizás al tercer piso, o incluso tener que atravesar todo el cuarto antes de que el sistema le permitiera romper el cascarón.
Pero ahí estaba la prueba. Letras claras y brillantes que no dejaban lugar a dudas. El sistema le estaba diciendo que podía hacerlo ahora mismo. En este preciso instante. Podía abrir el huevo. Podía traer al mundo al primer Dragón Antiguo que nacería bajo su cuidado.
Su corazón comenzó a latir aceleradamente, golpeando fuerte contra sus costillas. Porque esto no era hablar de una mascota cualquiera. No era otro monstruo raro que había encontrado por ahí. Ni una criatura especial que había domesticado.
Era un Dragón Antiguo.
Una existencia legendaria. Un ser que, incluso dentro de este juego, parecía estar rodeado de mitos, historias de poder absoluto y respeto sagrado.
Lentamente, con movimientos casi mecánicos, abrió la interfaz de su inventario. Y allí, en el espacio más protegido y seguro, apareció flotando ante él.
El huevo.
Grande, pesado, imponente.
Cubierto por una cáscara oscura, como roca volcánica cristalizada, recorrida por vetas rojizas que brillaban y pulsaban rítmicamente, como si debajo de la superficie corriera verdadero magma ardiente. Incluso estando solo proyectado en la pantalla, parecía irradiar calor, una calidez antigua y potente que Aoi podía sentir en la punta de sus dedos.
Lo observó en silencio, hipnotizado.
Por un instante...realmente estuvo tentado.
Muy tentado.
Solo debía presionar un botón.Solo uno.Marcar "SÍ".
Y podría conocer inmediatamente a esa criatura.
Ver cómo era.
Escuchar su voz por primera vez.
Saber qué clase de dragón sería, qué forma tendría, qué personalidad...
Su dedo índice se deslizó lentamente hacia la opción brillante, acercándose cada vez más, casi tocando las letras doradas...
Hasta que se detuvo a milímetros de la pantalla.
—...No.
Retiró la mano despacio, cerrando el puño con firmeza.
Fern inclinó la cabeza a un lado, sin entender.
Lyn emitió un pequeño sonido agudo de curiosidad.
Puddle rebotó una sola vez, como preguntando "¿Por qué?".
—No sería justo —explicó Aoi, mirando fijamente el huevo antes de cerrar la ventana principal lentamente, haciendo que la información desapareciera poco a poco.
Una pequeña sonrisa suave, llena de cariño y determinación, apareció en su rostro.
—Después de todo... ustedes estuvieron conmigo desde el principio. Compartimos todo. Las alegrías, los problemas, los sustos y las victorias. No puedo tomar una decisión tan grande y sola, sin contar con ustedes.
Hizo una pausa, mirando a sus tres compañeros con afecto, y luego su mirada se perdió en la distancia, como si estuviera viendo más allá de las ruinas.
—Y mis hermanas también —añadió en voz baja, —. Ellas son parte de esto. Todo esto existe gracias a que estamos conectados. Sería como traer un nuevo miembro a la familia sin avisarles ni preguntarles qué piensan.
Inevitablemente, su mente recordó a las dos responsables de que él estuviera ahí metido en primer lugar. Las mismas que prácticamente lo habían arrastrado a jugar este juego, las que ponían las reglas y vigilaban todo desde arriba.
—. Aunque sean una amenaza constante para mi salud mental y mi tranquilidad, siguen siendo mi grupo. Con ellas derrotamos al jefe Berserker. Con ellas hemos pasado por todo. Sería injusto que no estuvieran ahí para verlo nacer y hacer sus comentarios raros.
—Quiero preguntarles primero qué opinan —concluyó Aoi, guardando definitivamente la imagen del huevo en lo más profundo de su inventario y de su memoria—. Quiero que todos estemos juntos cuando llegue el momento.
Se quedó callado un segundo más, y luego su expresión cambió, volviéndose un poco nerviosa, con una mueca de preocupación genuina.
—Además... —dijo, mirando a sus compañeros con seriedad—. ¿Y si sale algo raro?
Fern lo miró fijamente.
Lyn lo miró fijamente.
Puddle lo miró fijamente.
—¡No me miren así! —se defendió Aoi, levantando las manos—. ¡Es una preocupación totalmente válida! ¡Muy válida, de hecho!
Porque, pensándolo bien, si miraba a su equipo actual... ya tenía:
Un lobo de sombras gigante que parecía una pesadilla viviente.
Un águila de tormenta que controlaba vientos y rayos.
Y un slime azul que, por alguna razón que nadie entendía, resultó ser un laboratorio alquímico ambulante.
Sinceramente...dadas las experiencias que había tenido...ya no confiaba demasiado en la capacidad del sistema para producir criaturas "normales" o "convencionales".
—Capaz que sale un dragón que escupe burbujas en vez de fuego... o que solo sabe bailar... o que es pequeño y brillante —dijo con desconfianza—. ¡Cualquier cosa puede pasar conmigo! ¡Tengo mala suerte para estas cosas!
—Kyiii... —chilló Lyn, como diciendo que eso era imposible o que estaba exagerando.
—¡Sí, eso es justo lo que me preocupa! ¡Ustedes también son raros y no se dan cuenta! —le respondió Aoi.
Puddle rebotó dos veces rápido, como contradiciéndolo energéticamente.
—¡Tú tampoco me contradigas, bola de gelatina! ¡Eres la cosa más extraña que existe!
Finalmente, se puso de pie, sacudiéndose la hierba del pantalón y observó hacia el horizonte, donde la ciudad se alzaba entre las ruinas antiguas. El sol artificial del segundo piso comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos oscuros y violetas, marcando el fin del día.
Y por primera vez desde que apareció la notificación del sistema...la sorpresa y la duda dieron paso a la emoción pura.
Porque ahora tenía una nueva meta, mucho más grande, más importante y más personal.
Ya no se trataba solo de llegar al quinto piso.
Ni solo de encontrar a Leviara.
Ni solo de descubrir más sobre su título o su destino.
Ahora también debía prepararse para algo mucho más importante, mucho más grande que cualquier batalla.
El nacimiento de su primer Dragón Antiguo.
Y por alguna razón extraña...esa idea, esa responsabilidad...lo ponía mucho más nervioso y emocionado que la primera vez que tuvo que enfrentarse a un jefe en modo Berserker.
—Bueno... —susurró con determinación, ajustando el cinturón y mirando a sus compañeros—. Entonces ya saben lo que toca. Vamos a ser fuertes. Vamos a prepararlo todo. Y vamos a reunir a todos los que queremos aquí... porque cuando ese huevo se rompa, quiero que sea la cosa más increíble que este mundo haya visto. ¿Entendido?
Fern soltó un rugido bajo y seguro.
Lyn agitó las alas con fuerza.
Puddle rebotó alto, lleno de energía.
Y así, con un nuevo propósito brillando en sus ojos, Aoi emprendió el camino de regreso a la ciudad, sabiendo que el verdadero comienzo de su historia estaba cada vez más cerca
La tarde había avanzado mucho más rápido de lo que Aoi esperaba. El sol artificial del segundo piso ya empezaba a cambiar de tono, tiñendo las ruinas de colores dorados y oscuros, pero él apenas se había dado cuenta. Se había quedado sentado en un rincón tranquilo de la ciudad, dándole vueltas y más vueltas al mismo asunto, pensando, sopesando cada detalle y cada posible consecuencia.
Después de meditarlo durante bastante tiempo, con la imagen del huevo brillando en su mente, terminó tomando una decisión definitiva: no iba a abrirlo todavía. Al menos no sin antes consultar con las personas en las que más confiaba, esas que conocían el juego, que lo conocían a él y que, sobre todo, podían entender la magnitud de lo que tenía entre manos.
Así que, una vez que terminó de ordenar su inventario, asegurando cada objeto en su lugar, y después de dejar a Fern, Lyn y Puddle descansando cómodamente dentro de sus espacios de guardado —donde estarían a salvo y tranquilos—, dio la orden de cerrar sesión.
El mundo mágico se desvaneció lentamente, reemplazado poco a poco por la habitación real, con sus muros sencillos y la luz natural que entraba por la ventana. El casco de realidad virtual se retiró suavemente de su cabeza, deslizándose hacia atrás, y Aoi soltó un suspiro largo, profundo y cargado de cansancio acumulado.
—…Qué día tan largo y extraño —murmuró con voz baja, sintiendo todavía la emoción vibrando en su pecho.
Se dejó caer de espaldas sobre el colchón, estirando los brazos y mirando fijamente el techo blanco durante unos segundos, dejando que su respiración se calmara. Pero entonces, como un rayo, el recuerdo volvió a su mente con toda su fuerza: la notificación del sistema, el título evolucionado, la opción brillante que decía “Listo para Eclosionar”.
Se incorporó de golpe, sentándose en el borde de la cama con los ojos muy abiertos.
—Cierto. Tengo que hablar con ellas ya.
Tomó su teléfono de la mesa de noche con movimientos rápidos, buscó un contacto en la lista y presionó el botón de llamar. La llamada apenas sonó dos veces antes de que la respuesta llegara al otro lado.
—¿Aoi? —la voz de Kaede sonó clara y tranquila, inmediatamente atenta—. ¿Pasó algo? ¿Ocurrió algún problema?
—¿Estás ocupada? —preguntó Aoi, sin responder directamente, con un tono que mezclaba nerviosismo y emoción contenida.
—No mucho, solo estamos descansando un poco —respondió ella, y luego se escuchó una pequeña pausa, seguida de una sospecha evidente en su tono—. ¿Por qué siento que cuando me llamas así, de repente y con esa voz, siempre terminas metido en algún lío increíble?
—¡No siempre es así! —se defendió Aoi, llevándose una mano a la frente.
—Aoi… —dijo ella, simplemente pronunciando su nombre, como si eso explicara todo.
—…Bueno, está bien. Casi siempre —admitió él, rindiéndose.
Kaede soltó una pequeña risa suave al otro lado de la línea.
—Está bien. ¿Qué ocurrió esta vez? ¿Qué cosa extraordinaria te ha pasado ahora?
—¿Está Hina contigo? —preguntó Aoi, mirando hacia la pared como si pudiera verlas.
—Sí, está aquí mismo.
De fondo se escuchó inmediatamente una voz animada y ruidosa que Aoi reconocería en cualquier lugar.
—¿Eh? ¿Es Aoi? ¡Pásame el teléfono!
—Sí, es él —respondió Kaede.
—¡Pon el altavoz ahora mismo! —exigió Hina con energía.
—Hina, no grites, que te oigo perfectamente igual —la regañó su hermana, aunque se notaba que sonreía.
—¡Que lo pongas! ¡Quiero escuchar qué hizo ahora!
Un par de segundos después, el sonido de la llamada cambió y una segunda voz, más fuerte y entusiasta, llenó el auricular.
—¡Aoi! ¡Cuéntalo todo ya!
—Hola, chicas —saludó él, un poco abrumado por la energía de ambas.
—Vamos al grano —dijo Hina sin rodeos—. ¿Qué explotó ahora? ¿O a qué jefe te enfrentaste solo?
—¿Por qué asumen inmediatamente que algo explotó o que hice algo peligroso? —se quejó él.
—Porque eres tú —respondieron ambas al mismo tiempo, con total naturalidad.
Aoi se quedó en silencio. No tenía ningún argumento válido contra esa lógica.
Kaede soltó otro suspiro divertido.
—Ignórala un momento y cuéntanos. Estamos escuchando.
Aoi se acomodó mejor sobre la cama, apoyando la espalda contra la cabecera, y tomó aire, preparándose para soltar la bomba.
—Bueno… —empezó lentamente—. Recibí una actualización importante del título. El de Madre de los Dragones.
Del otro lado se hizo un silencio absoluto. Un silencio tan profundo que parecía que hasta habían dejado de respirar.
—¿Y? —preguntó Hina, con la voz un poco más aguda de la curiosidad.
—Ahora subió al nivel 2. Y ahora puedo hablar y entenderme con todas las criaturas dracónicas menores: dragones pequeños, wyverns, bestias que tengan sangre de dragón… todo eso.
—¡Eso es increíble! ¡Es una habilidad única! —exclamó Kaede, impresionada.
—Y… —Aoi hizo una pausa dramática, sintiendo cómo le latía el corazón— también… cumplí todos los requisitos necesarios. El sistema me lo confirmó.
Otra vez el silencio. Esta vez fue mucho más largo, pesado y cargado de expectativa.
—… —… —…
—¿El huevo? —preguntó Hina finalmente, susurrando casi.
—Sí —respondió Aoi.
—¿El huevo del Dragón Antiguo? ¿El que encontraste en esa zona prohibida por accidente?
—Sí.
—¿El dragón antiguo legendario, del que solo hay historias antiguas en los libros del juego?
—Sí.
—¿Ese huevo?
—¡Sí, ese huevo! ¡El único que tengo! —exclamó Aoi, ya un poco desesperado por la repetición.
—¡¡ENTONCES ÁBRELO YA!!
El grito fue tan fuerte y repentino que Aoi tuvo que apartar el teléfono de su oído rápidamente para no quedarse sordo.
—¡Hina! ¡Baja la voz!
—¡¿Qué?! ¡Es un Dragón Antiguo! ¡¿Cómo que "ábrelo"?! ¡¿Cómo puedes dudar?!
Kaede intervino antes de que la conversación se convirtiera en una discusión total, poniendo un tono más serio y reflexivo.
—Espera, Hina. —Y luego se dirigió a Aoi—: Dime algo… si ya puedes abrirlo y sabes lo que significa, ¿por qué nos llamaste? Porque te conozco. Si fuera solo por la emoción, ya lo habrías hecho y nos estarías enviando capturas de pantalla ahora mismo. Así que hay algo más.
Aoi se dejó caer de nuevo hacia atrás, hundiendo la cabeza en la almohada y mirando el techo con expresión dramática.
—Porque tengo un problema enorme. Un problema que puede arruinar mi vida en el juego… y quizás fuera también.
—¿Qué problema? —preguntaron las dos al mismo tiempo, ahora mucho más serias.
—Si ese huevo se rompe y nace… —empezó Aoi, hablando despacio—, ¿cómo diablos voy a esconderlo?
Las dos hermanas guardaron silencio, entendiendo inmediatamente a dónde quería llegar. Y Aoi continuó, soltando todo lo que le había estado preocupando durante horas:
—Ahora mismo ya es difícil pasar desapercibido. Ya soy "la domadora misteriosa", "la chica que venció al berserker". Todo el mundo me mira, todo el mundo me señala. Si de repente aparece un dragón caminando detrás de mí, o volando sobre mí… todo el mundo va a conectar los puntos inmediatamente. "Ah, mira, tiene un dragón. Ella es la Madre de los Dragones". ¡Será obvio!
—Eso es cierto… —admitió Kaede, valorando la gravedad del asunto.
—Y si la gente descubre realmente quién soy, qué títulos tengo y todo lo que eso implica… —Aoi se estremeció visiblemente solo de pensarlo. Recordó a Reika, recordó a Reina, recordó las veces que lo habían vestido de sirvienta o lo habían arrastrado a planes locos—. Mi vida tranquila terminará para siempre. Me convertiré en una atracción de feria. ¡O peor! ¡Reika y Reina me usarán de escudo humano o para experimentos raros! ¡Será el fin!
—Exagerado —dijo Hina con tranquilidad.
—No estoy exagerando nada —se defendió él.
—Un poquito sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí, es parte de tu encanto —bromeó ella.
Kaede decidió intervenir antes de que volvieran a pelear.—Entiendo perfectamente tu preocupación, Aoi. Tienes razón. Un Dragón Antiguo es demasiado llamativo, demasiado importante. Si nace tal cual es, te vas a convertir en el centro de atención absoluta del juego entero en cuestión de minutos. Por eso querías pedirnos consejo, ¿verdad?
—Exactamente. No sé qué hacer. Lo quiero conocer, de verdad que sí… pero no quiero que todo el mundo sepa que lo tengo.
Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea. Y entonces, la voz de Kaede sonó diferente, con un matiz misterioso y una pequeña sonrisa en sus palabras.
—Creo… que puedo ayudarte con eso.
Aoi parpadeó, levantando la cabeza rápidamente.
—¿Eh? ¿En serio? ¿Cómo?
—Durante la etapa de pruebas, la Beta, encontré un objeto bastante extraño y muy difícil de conseguir. Nunca le vi mucha utilidad para mí, pero ahora… —hizo una pausa, disfrutando del momento— creo que es justo lo que necesitas.
—¿Qué clase de objeto? —preguntó Aoi, totalmente concentrado ahora.
—Es uno de esos objetos únicos de exploración. De los que solo aparecen una vez en todo el servidor.
Los objetos únicos eran extremadamente raros, casi leyendas dentro del juego. Aoi sintió que se le aceleraba el pulso.
—¿Y qué hace? —insistió, impaciente.
—Permite alterar temporalmente la apariencia física de un ser vivo.
Aoi se quedó inmóvil. Sus ojos se abrieron de par en par.
—…¿Cómo? ¿Alterar cómo?
—Puedes modificar su aspecto exterior, su tamaño aparente, el color de sus escamas… todo, siempre y cuando mantenga sus características básicas y sus habilidades. Es solo apariencia visual, no cambia su poder ni su naturaleza, pero para los demás jugadores, verán algo totalmente distinto a lo que es realmente.
—Espera… —Aoi se sentó de golpe, sintiendo cómo la esperanza nacía en él—. ¿Eso significa que…?
—Exactamente —respondió Kaede, y hasta a través del teléfono pudo escuchar claramente la sonrisa triunfal que tenía—. Si el dragón nace y es demasiado imponente, demasiado brillante o demasiado grande… podemos disfrazarlo. Podemos hacerlo pasar por cualquier cosa.
Hina, que había estado escuchando atenta, saltó de inmediato a la conversación, terminando la frase.
—¡Podemos hacerlo pasar por una simple cría de wyvern! ¡O una serpiente alada común! ¡O un lagarto gigante de fuego! ¡Lo que quieras!
Aoi se quedó boquiabierto.
—¿En serio? ¿Podemos hacerlo parecer algo normal?
—Bueno… —Kaede dudó un poco, siendo realista— lo más normal posible para tratarse de un Dragón Antiguo, claro. Aunque lo disfracemos, seguirá teniendo esa presencia… pero al menos nadie sabrá lo que es en realidad. Nadie conectará las piezas.
—¡Eso sirve! —exclamó Aoi, sintiendo como si le hubieran quitado un peso gigante de encima—. ¡Eso sirve muchísimo!
—¡Entonces ya está todo resuelto! —gritó Hina, llena de energía—. ¡Problema solucionado, obstáculo eliminado! ¡Ábrelo ya, Aoi! ¡Ábrelo ahora mismo!
—¡No es tan simple como lo dices! —se quejó él—. ¡Es un Dragón Antiguo! ¡Es una responsabilidad enorme!
—¡Precisamente por eso tienes que hacerlo ya! ¡Es genial!
—¡¿Y si sale algo raro?! —preguntó Aoi, sacando su mayor miedo a relucir—. ¡Ya sabes cómo funciona la suerte conmigo! ¡Podría nacer con tres cabezas, o que escupe agua en vez de fuego, o que canta en vez de rugir! ¡Ya tengo a Puddle, a Fern y a Lyn… todo lo que tengo es extraño! ¡¿Y si este también lo es?!
—Va a salir algo raro, seguro —admitió Hina sin dudar.
—¡Eso no ayuda en absoluto, Hina!
Kaede volvió a reír suavemente, calmando los ánimos de ambos.
—Aoi. Escúchame bien, por favor.
—¿Sí?
Su voz se volvió más cálida, más suave, llena de confianza absoluta en él.—No importa cómo nazca. No importa si es raro, si es diferente o si es perfecto. No importa si es grande o pequeño. Es tu compañero. Es tuyo. Y tú ya demostraste de sobra cómo eres.
Aoi se quedó callado, escuchando atentamente.
—Ya criaste a Fern —continuó ella con firmeza—. Lo encontraste siendo una criatura pequeña y desconocida, y ahora es el lobo más fuerte de todos. Lo hiciste tú.
—Sí… —susurró él.
—Ya criaste a Lyn. Un ave que nadie quería, que parecía débil, y ahora es capaz de controlar tormentas. Tú la hiciste así.
—Sí.
—Y también criaste a Puddle… —aquí hizo una pequeña pausa divertida— bueno, Puddle es un caso perdido, pero igual lo lograste hacer especial y útil. Lo cuidaste, lo protegiste y creció contigo.
Aoi sonrió levemente, asintiendo para sí mismo.
—Entonces… —concluyó Kaede con seguridad— si fuiste capaz de criar a tres seres tan diferentes y hacerlos tan fuertes y leales, entonces serás más que capaz de criar a un dragón también. Sea como sea.
Por alguna razón, esas palabras fueron suficientes. Lograron tranquilizarlo mucho más de lo que esperaba, mucho más que cualquier plan o cualquier objeto mágico. Sintió que tenía razón. Que ella tenía razón.
—Gracias, Kaede. De verdad. Me quitaste un peso enorme de encima —dijo con voz sincera y aliviada.
—Para eso estamos nosotros. Siempre —respondió ella dulcemente.
—Aunque sigo diciendo que deberías abrirlo ya mismo sin pensarlo más —intervino Hina de nuevo.
—Hina… —la llamó él con advertencia.
—¿Qué? Solo doy opiniones constructivas.
—No ayudas con tu impaciencia.
—¡Yo ayudo emocionalmente! ¡Te doy ánimos!
—Eso no cuenta como ayuda estratégica.
—Claro que cuenta, es lo más importante.
La discusión amistosa continuó durante unos minutos más, entre risas y consejos, hasta que finalmente Aoi tuvo que despedirse, prometiendo que les avisaría en cuanto tomara la decisión definitiva y que les contaría todo al detalle.
Cuando finalmente colgó la llamada, se quedó mirando la pantalla oscura del teléfono, con una sonrisa tranquila y el pensamiento claro.
Por primera vez desde que apareció la notificación del sistema, la preocupación, el miedo y las dudas quedaron completamente atrás, reemplazados únicamente por esa emoción brillante y ardiente que sentía en el pecho.
Tenía una solución para el problema de la fama.
Tenía el apoyo de las personas que más quería.
Y tenía el huevo, esperando por él.
Se recostó de nuevo, mirando al techo con los ojos brillantes de ilusión.
Después de todo…tal vez, muy pronto…conocería a su primer Dragón Antiguo.
Thoughts
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PermalinkKaede recordándole que ya crió a Fern, a Lyn y a Puddle antes de opinar nada del dragón, eso sí me gustó. Así se levanta a alguien, con lo que ya hizo.
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PermalinkFern, Lyn y Puddle mirando el berrinche como quien ve llover fue lo mejor del capítulo. Nadie consoló a nadie y el drama se apagó solo.
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PermalinkLo de pedir descuento en las tiendas por ser la heroína del primer piso le va a salir al revés. Al que reconocen en la calle le cobran más, no menos, porque saben que tiene con qué. Aoi lo descubre en la primera poción.
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PermalinkAoi con el dedo a milímetros del botón y retirando la mano porque sus hermanas tienen que estar ahí para verlo nacer me hizo pensar en la gente que se guarda una noticia buena hasta poder darla en persona. Apuesto a que el dragón sale raro, y que es justo el que le toca a este equipo. Gracias por seguir con la serie!
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PermalinkAoi cerrando la ventana del huevo para preguntarles primero a las hermanas qué opinan, ahí me quedé un rato. Donde yo crecí una decisión de las que cambian a todo el grupo nadie la toma solo aunque tenga el derecho; primero se junta a la gente y después se decide. Y Kaede sacando el objeto de la Beta justo ahora da la impresión de que llevaba veinte capítulos esperando ese momento. ¿Cuántos capítulos más piensas hacerlo esperar con el huevo guardado?
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