Oye, Kaito me ha ganado en un solo capítulo. Entra llamando cobarde a Ren delante de todos, y al final es el que se planta en el dormitorio con la noticia de Aoi y se apunta a ir con él. Me fío más de él que de la espada, que ya van dos veces pidiendo que la dejen entrar. Y la criatura poniéndose la cara de Ren delante de Aoi me dejó mal cuerpo: apuesto a que esa voz y el demonio de mil caras tienen más que ver de lo que Ren quiere creer.
Capitulo 2
EL ELEGIDO DE LOS MIL ROSTROS
In groups
Pensamiento
Oye, Kaito me ha ganado en un solo capítulo. Entra llamando cobarde a Ren delante de todos, y al final es el que se planta en el dormitorio con la noticia de Aoi y se apunta a ir con él. Me fío más de él que de la espada, que ya van dos veces pidiendo que
Contenido de la publicación
EL ELEGIDO DE LOS MIL ROSTROS
Volumen 1: La espada que no debía despertar
Capítulo 2 — La Academia de los Guerreros y el chico que no posee magia
Lo primero que vi al despertar fue el cielo.
Lo segundo fue la espada.
Lo tercero...
Fue una ardilla.
—...
La ardilla me estaba mirando.
Yo la estaba mirando.
Ella no parecía tener ningún problema con la situación.
Yo sí.
—¿Dónde demonios estoy?
La ardilla salió corriendo.
—Buena pregunta.
Me incorporé lentamente.
Todo mi cuerpo dolía.
Estaba tumbado sobre un montón de hojas, en medio de un bosque que no reconocía.
Miré alrededor.
Árboles.
Rocas.
Niebla.
Nada más.
—Genial.
Me puse de pie.
—Simplemente genial.
La última cosa que recordaba era a Aoi.
La torre.
El portal.
Los demonios.
Y su voz.
«¡NO CONFÍES EN LA VOZ DE ESA ESPADA!»
Miré hacia abajo.
La espada negra seguía conmigo.
La levanté.
El símbolo 千貌 estaba apagado.
—Tú...
La observé con desconfianza.
—¿Qué demonios eres?
Nada.
—¿Vas a responderme?
Silencio.
—Perfecto.
La guardé en la funda.
Entonces recordé algo.
—Aoi.
Miré hacia atrás.
No había nadie.
—...
Sentí un vacío extraño en el pecho.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que desaparecí de Lunareth.
Tampoco sabía si ella seguía viva.
Y eso era lo que más me preocupaba.
—Ella dijo que volveríamos a encontrarnos.
Apreté los puños.
—Así que tiene que estar viva.
O eso quería creer.
---
1. El bosque después de la guerra
Caminé durante varias horas.
No sabía hacia dónde iba.
No tenía comida.
No tenía agua.
No tenía mapa.
Y, para empeorar las cosas...
No tenía idea de dónde estaba.
—Esto es oficialmente el peor día de mi vida.
Mi estómago respondió.
GRRRRRR...
—Sí.
Miré al cielo.
—También tengo hambre.
Después de seguir caminando durante un rato, encontré un pequeño arroyo.
Me arrodillé y bebí agua.
Estaba fría.
Demasiado fría.
Pero no me importó.
—Al menos no voy a morir de sed.
Entonces escuché algo.
Crack.
Me quedé quieto.
Una rama había sido pisada detrás de mí.
Lentamente llevé la mano hacia la espada.
—¿Quién está ahí?
Nada.
—Sé que estás ahí.
Silencio.
Entonces...
Dos ojos rojos aparecieron entre los árboles.
—Oh, mierda.
Una criatura salió de la vegetación.
Era pequeña.
Tenía cuatro patas.
Garras largas.
Y un rostro parecido al de un niño.
Un demonio.
—No...
La criatura comenzó a gruñir.
Retrocedí.
—¿Rango F?
No sabía por qué había pensado eso.
Tal vez porque había escuchado hablar de los rangos durante toda mi vida.
F.
El nivel más bajo.
En teoría.
Pero yo nunca había luchado contra uno.
El demonio saltó.
Desenvainé la espada.
¡CLANG!
Bloqueé el ataque.
El impacto me hizo caer de espaldas.
—¡Auch!
La criatura volvió a atacar.
Esta vez giré.
La espada negra cortó una de sus garras.
La criatura retrocedió.
No había utilizado magia.
Solo había cortado.
—¿Eso fue todo?
El demonio volvió a lanzarse.
Levanté la espada.
Y la voz apareció.
"No."
Me congelé.
—Tú...
"Todavía no."
—Aoi dijo que no confiara en ti.
La espada permaneció en silencio.
—¿Quién eres?
"Lo sabes."
—No.
"Sí."
—No.
"Entonces recuerda."
La criatura atacó.
Mi cuerpo se movió solo.
La espada negra brilló.
¡BOOOOM!
Una onda oscura atravesó al demonio.
La criatura desapareció.
Me quedé mirando la espada.
—¿Qué demonios...?
La voz volvió a aparecer.
"Primera puerta."
—¿Primera qué?
Nada.
—¡Oye!
Silencio.
—¡No puedes soltar frases misteriosas y después quedarte callado!
Nada.
—Te odio.
Guardé la espada.
—Y tú también me odias a mí, supongo.
Continué caminando.
No sabía qué significaba aquello de la primera puerta.
Pero una cosa estaba clara.
La espada estaba despertando.
Y yo no sabía cómo detenerla.
---
2. La ciudad que no conocía
Al caer la tarde encontré una carretera.
Seguí el camino.
Después de unas horas, finalmente vi una ciudad a lo lejos.
Pero no era Lunareth.
Era mucho más grande.
Sus murallas eran enormes.
Torres mágicas se elevaban sobre los edificios.
Había carruajes protegidos por barreras.
Guerreros caminando por las calles.
Magos realizando hechizos.
Y, sobre la puerta principal, un enorme símbolo:
Una espada atravesando un círculo mágico.
Me acerqué.
Un guardia levantó la mano.
—¡Detente!
Me detuve.
—Identificación.
—No tengo.
El guardia me miró.
—Nombre.
—Ren Kurosawa.
El hombre sacó una pequeña piedra mágica.
La acercó a mí.
La piedra brilló.
Después...
Se apagó.
El guardia frunció el ceño.
—¿Qué clase de núcleo tienes?
—Ninguno.
El guardia se quedó mirándome.
—¿Qué?
—No tengo núcleo mágico.
—Eso no existe.
—Bueno, aquí estoy.
Otro guardia se acercó.
—Déjame ver.
La piedra volvió a iluminarse.
Nada.
El hombre abrió los ojos.
—Es verdad.
El primer guardia me miró de arriba abajo.
—¿Entonces cómo sobreviviste al ataque de Lunareth?
Me quedé callado.
—¿Cómo sabes lo de Lunareth?
—Todo el reino lo sabe.
El guardia señaló una torre.
Había un enorme cristal mágico proyectando imágenes.
Las noticias.
"LUNARETH HA SIDO EVACUADA."
"SE CONFIRMA LA PRESENCIA DE DEMONIOS DE MIL CARAS."
"LAS FUERZAS DE LA CAPITAL HAN SIDO DESPLEGADAS."
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Tres días.
—¿Tres...?
Me quedé inmóvil.
Habían pasado tres días.
—¿Y los sobrevivientes?
El guardia suspiró.
—Algunos fueron trasladados aquí.
—¿Aquí?
—Sí.
Entonces vi un edificio enorme al otro lado de la ciudad.
Una torre blanca se elevaba por encima de todas las demás.
Sobre ella estaba el mismo símbolo de la puerta.
—¿Qué es eso?
El guardia respondió:
—La Academia Imperial de Guerreros.
---
3. La Academia Imperial
La Academia Imperial era mucho más grande de lo que había imaginado.
Tenía varios edificios.
Campos de entrenamiento.
Torres mágicas.
Bibliotecas.
Dormitorios.
Salas de combate.
Incluso una arena.
Miles de estudiantes caminaban por los terrenos.
Algunos llevaban espadas.
Otros lanzas.
Otros bastones mágicos.
Había estudiantes de todas las edades.
Y todos parecían saber utilizar magia.
Yo era el único que caminaba con una espada negra y una expresión de absoluta confusión.
—¿Seguro que este es el lugar?
Un guardia de la entrada respondió:
—Sí.
—¿Y por qué me dejaron entrar?
—Porque tu nombre apareció en una orden especial.
—¿Una orden especial?
El guardia me entregó un documento.
Lo abrí.
Solo había una frase.
«"Trasladar inmediatamente a Ren Kurosawa a la Academia Imperial. Mantenerlo bajo vigilancia."»
—¿Bajo vigilancia?
El guardia evitó mirarme.
—Orden del Consejo.
—Eso suena muy tranquilizador.
Seguí caminando.
Los estudiantes comenzaron a mirarme.
—¿Ese es él?
—¿El sobreviviente de Lunareth?
—Dicen que estuvo en contacto con un demonio.
—Escuché que mató a uno.
—Yo escuché que mató diez.
—Yo escuché que era hijo de un demonio.
Me detuve.
—¿Qué?
Una chica que estaba hablando con sus amigos se quedó pálida.
—N-Nada.
—No.
Me acerqué.
—¿Qué dijiste?
—Nada.
Sus amigos la arrastraron.
—Vámonos.
—...
Suspiré.
—Tres días fuera y ya soy famoso.
Una voz respondió detrás de mí.
—No eres famoso.
Me giré.
Un chico estaba apoyado contra una columna.
Cabello plateado.
Ojos grises.
Uniforme negro.
Una espada roja en la cintura.
Me observaba con una expresión tranquila.
—Eres un problema.
—¿Nos conocemos?
—No.
Se apartó de la columna.
—Pero conozco tu nombre.
—¿Y tú eres?
—Kaito Arashima.
Señaló su insignia.
—Rango B.
Me quedé mirándolo.
—¿B?
—Sí.
—¿Eso es alto?
Kaito sonrió.
—Bastante.
—Entonces eres fuerte.
—Más que tú.
—Ni siquiera me has visto pelear.
—No necesitas magia.
—Exactamente.
—Y tampoco tienes núcleo.
—Exactamente.
—Entonces no puedes utilizar técnicas mágicas.
—Exactamente.
Kaito se quedó en silencio.
—¿Siempre repites lo que digo?
—Solo cuando tengo hambre.
Kaito soltó una pequeña risa.
—Eres raro.
—Me lo han dicho.
Kaito miró mi espada.
Su expresión cambió.
—¿Esa es?
—¿Qué?
—La espada.
Su mano se acercó a la empuñadura de su propia espada.
—¿Puedo verla?
—No.
—¿Por qué?
—No me caes bien.
Kaito levantó una ceja.
—Acabamos de conocernos.
—Precisamente.
—Interesante.
Dio un paso hacia mí.
—Entonces será divertido.
—¿Qué?
—Descubrir qué eres.
---
4. La prueba del núcleo
Un profesor apareció detrás de nosotros.
—Kaito.
El chico se giró.
—Profesor.
El hombre me observó.
Era alto.
Tenía una cicatriz sobre el ojo izquierdo.
—¿Ren Kurosawa?
—Sí.
—Ven conmigo.
—¿A dónde?
—A realizar tu evaluación.
—¿Qué evaluación?
—Tu nivel mágico.
Suspiré.
—Ya sé cuál será el resultado.
El profesor me miró.
—Eso no importa.
Llegamos a una sala circular.
En el centro había una enorme esfera de cristal.
El profesor señaló el dispositivo.
—Coloca tu mano.
Lo hice.
El cristal brilló.
Esperamos.
Nada.
El profesor frunció el ceño.
—Otra vez.
Volví a colocar la mano.
Nada.
—Concéntrate.
Lo intenté.
Nada.
Kaito observaba desde una esquina.
—Qué extraño.
El profesor sacó otro dispositivo.
—Esto mide la capacidad de circulación mágica.
Lo colocó sobre mi brazo.
El resultado apareció.
0.
El profesor parpadeó.
—Imposible.
Kaito se acercó.
—¿Cero?
—Cero absoluto.
Los estudiantes que estaban mirando comenzaron a murmurar.
—No puede ser.
—¿No tiene magia?
—¿Entonces cómo sobrevivió?
—¿Cómo usa esa espada?
El profesor tomó otro dispositivo.
—Una última prueba.
Me colocó una pequeña piedra mágica sobre el pecho.
La piedra debería haber reaccionado.
No ocurrió nada.
El profesor bajó la mano.
—Ren Kurosawa.
—¿Sí?
—No posees núcleo mágico.
Silencio.
Kaito sonrió.
—Así que era verdad.
El profesor continuó:
—Según las normas de la Academia, alguien sin núcleo no puede ingresar como guerrero.
—Entonces...
Me levanté.
—¿Puedo irme?
El profesor me miró.
—No.
—¿Por qué?
—Porque hay algo que no entendemos.
Señaló mi espada.
—Y queremos saber qué es.
---
5. La espada prohibida
Me llevaron a una sala subterránea.
Había armas antiguas.
Espadas.
Lanzas.
Arcos.
Bastones.
Todas estaban protegidas por barreras mágicas.
El profesor se detuvo frente a una puerta.
—Esta sala contiene armas clasificadas como peligrosas.
—¿Y por qué estoy aquí?
—Porque tu espada no aparece en ningún registro.
—Era de mi padre.
El profesor abrió la puerta.
Dentro había varios investigadores.
Una anciana se acercó.
Al verme, abrió los ojos.
—No...
Miró la espada.
—¿Dónde encontraste eso?
—Era de mi padre.
—¿Quién era tu padre?
—Hiro Kurosawa.
La anciana se quedó completamente quieta.
—Hiro...
Kaito dejó de sonreír.
—¿Conoce ese nombre?
La anciana miró al profesor.
—¿Dónde está Aoi Mizuhara?
—¿Aoi?
Me acerqué.
—¿La conoce?
La anciana me miró.
—¿La conociste?
—Sí.
—¿Está viva?
—No lo sé.
La expresión de la mujer cambió.
—Entonces realmente ocurrió.
—¿Qué?
Ella señaló la espada.
—Tu padre perteneció a la Academia.
—¿Qué?
—Hace dieciocho años.
Me quedé en silencio.
—¿Qué rango tenía?
La anciana respondió:
—Rango S.
Kaito abrió los ojos.
—¿S?
—Sí.
Yo miré la espada.
—Mi padre nunca me dijo que fuera guerrero.
—Porque no quería que lo supieras.
—¿Por qué?
La anciana dio un paso hacia mí.
—Porque tu padre fue uno de los pocos humanos que sobrevivieron al encuentro con un Demonio Supremo.
Sentí un escalofrío.
—¿Y qué tiene que ver eso con mi espada?
La anciana miró el símbolo.
千貌.
—Mucho.
—¿Qué significa?
La mujer no respondió.
Entonces la espada comenzó a vibrar.
Todos los investigadores retrocedieron.
TUM.
Kaito llevó la mano a su espada.
TUM.
Las luces comenzaron a parpadear.
TUM.
La anciana susurró:
—No...
La espada emitió una pequeña cantidad de energía negra.
Y una voz apareció dentro de mi cabeza.
"No deberían estar aquí."
Abrí los ojos.
—¿Qué dijiste?
Kaito me miró.
—Yo no dije nada.
La voz volvió.
"No confíes en ellos."
Miré alrededor.
—¿Quién eres?
La anciana retrocedió.
—¿Está hablando?
—¿Qué?
—La espada.
—Sí.
La mujer palideció.
—Entonces realmente despertó.
---
6. El duelo
Horas después, toda la Academia sabía que yo no tenía magia.
Y, aparentemente, eso era suficiente para convertirme en el entretenimiento del día.
Estaba saliendo del edificio cuando escuché:
—¡Ren!
Me giré.
Kaito estaba en medio del campo de entrenamiento.
Alrededor había decenas de estudiantes.
—¿Qué quieres?
Kaito desenvainó su espada roja.
—Quiero comprobar algo.
—No.
—Ni siquiera sabes qué voy a pedirte.
—Vas a pedirme que pelee.
—Exactamente.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no me gusta pelear.
—Entonces eres un cobarde.
Me quedé quieto.
—¿Qué dijiste?
Kaito sonrió.
—Dije que eres un cobarde.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
Yo apreté los dientes.
—Devuelve esa palabra.
—Hazme.
Aoi me había dicho que no confiara en la espada.
Pero también me había dicho que tenía que aprender a controlarla.
Miré el arma.
—Está bien.
Kaito sonrió.
—Sabía que aceptarías.
Entré en el campo.
—Pero tengo una condición.
—¿Cuál?
—No me culpes si te rompo algo.
Los estudiantes comenzaron a reír.
Kaito también.
—Eso quiero verlo.
El profesor levantó la mano.
—Comiencen.
Kaito desapareció.
¡CLANG!
Mi espada bloqueó el primer golpe.
—¡¿Qué?!
Kaito retrocedió.
—Interesante.
Volvió a atacar.
CLANG.
Otra vez.
CLANG.
Y otra.
No podía seguir sus movimientos.
Pero mi espada sí.
Cada vez que atacaba...
La espada reaccionaba.
Como si conociera el combate mejor que yo.
Kaito comenzó a utilizar magia.
Su espada se cubrió de llamas.
—Encantamiento de Fuego: Primera Forma.
El fuego explotó.
—Colmillo Carmesí.
Me lancé hacia un lado.
El suelo explotó detrás de mí.
—¡Ren!
Levanté la espada.
La energía negra volvió a aparecer.
La voz susurró:
"Déjame entrar."
—No.
"Déjame entrar."
—¡No!
Kaito atacó.
Bloqueé.
La energía negra aumentó.
—¡¿Qué demonios?!
Mi espada comenzó a cambiar.
La hoja se cubrió de grietas luminosas.
Kaito retrocedió.
—Eso no es un encantamiento normal.
La energía aumentó.
Aoi tenía razón.
No debía confiar en aquella voz.
Solté la espada.
—¡No!
La hoja cayó al suelo.
La energía desapareció.
Todos quedaron en silencio.
Kaito guardó su espada.
—¿Por qué hiciste eso?
—Porque no sé qué habría ocurrido si continuaba.
Kaito me miró durante unos segundos.
Después sonrió.
—Entonces no eres un inútil.
—Gracias... supongo.
—Eres algo peor.
—¿Qué?
—Eres un misterio.
---
7. La noticia
Esa noche estaba sentado solo en el dormitorio.
No podía dormir.
Pensaba en Lunareth.
En Aoi.
En mi padre.
En la espada.
En la voz.
Entonces alguien llamó a la puerta.
Toc. Toc.
—¿Quién?
—Yo.
Era Kaito.
Abrí.
—¿Qué quieres?
Entró sin pedir permiso.
—Hay noticias.
—¿De Lunareth?
Kaito asintió.
Me entregó un documento.
Lo leí.
Mis manos comenzaron a temblar.
"La Facción del Velo confirma la desaparición de la guerrera Aoi Mizuhara durante la evacuación de Lunareth."
Debajo aparecía otra línea.
"No se han encontrado restos."
Me quedé mirando la hoja.
—Entonces está viva.
Kaito me observó.
—Eso no lo sabemos.
—Sí lo sabemos.
—¿Por qué?
Miré la espada.
—Porque me dijo que volveríamos a encontrarnos.
Kaito suspiró.
—Tienes mucha confianza en alguien que conociste hace un día.
—No.
Miré hacia la ventana.
—Tengo confianza en que no murió.
Kaito se quedó callado.
Entonces la espada vibró.
TUM.
Los dos la miramos.
—¿Otra vez? —preguntó Kaito.
La voz apareció.
Pero esta vez no solo la escuché yo.
Kaito también la oyó.
"La espada blanca todavía vive."
Kaito se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué...?
La voz continuó:
"Pero no por mucho tiempo."
Mi corazón se detuvo.
—¿Dónde está?
La espada respondió:
"En el territorio de los muertos."
Kaito desenvainó su espada.
—¿Qué significa eso?
La energía negra comenzó a extenderse por la habitación.
Y entonces apareció un mapa.
Un mapa mágico.
Un único punto rojo brillaba en una región al norte del reino.
Kaito reconoció el lugar.
Su expresión cambió.
—No...
—¿Qué?
—Ese lugar...
Señaló el mapa.
—Es una zona prohibida.
—¿Por qué?
Kaito me miró.
—Porque hace setenta años...
Tragó saliva.
—Ahí apareció el primer Demonio de Mil Caras de Rango SSS.
Silencio.
La espada dejó de brillar.
Y una última frase apareció en mi mente.
"Ven a buscarla."
Apreté los puños.
—Aoi...
Kaito me miró.
—¿Qué vas a hacer?
Observé la espada negra.
Por primera vez desde que había llegado a la Academia...
Ya no sentía miedo.
—Voy a encontrarla.
Kaito sonrió.
—Entonces supongo que tendré que ir contigo.
—¿Por qué?
—Porque eres incapaz de sobrevivir solo.
—Qué amable.
—No era un cumplido.
Lo miré.
—Ya me estoy acostumbrando.
Kaito soltó una carcajada.
Pero ninguno de los dos sabía...
Que aquella conversación acababa de poner en marcha algo que llevaba dieciocho años esperando.
Porque mientras Ren y Kaito hablaban en la Academia...
Muy lejos de allí...
Una chica de cabello negro abrió lentamente los ojos.
Estaba rodeada por oscuridad.
No podía moverse.
No sabía dónde estaba.
Pero podía escuchar voces.
Muchas voces.
Miles.
Una de ellas susurró:
—Aoi Mizuhara.
Ella abrió los ojos.
—¿Quién eres?
Una figura apareció frente a ella.
Tenía un rostro.
Después otro.
Después otro.
Hasta que finalmente...
Adoptó el rostro de Ren.
—Él te está buscando.
Aoi apretó los dientes.
—Ren...
La criatura sonrió.
—Y tú tendrás que decidir si salvarlo...
Su rostro comenzó a deformarse.
—...o matarlo.
La oscuridad volvió a cubrirlo todo.
Y, en algún lugar de la Academia Imperial...
La espada negra volvió a despertar.
Thoughts
-
PermalinkQue el padre de Ren nunca le contara que fue rango S, y que la espada fuera lo único que dejó. Mi padre tampoco hablaba de sus cosas, y lo que guardaba en un cajón decía más que él. ¿Sabremos algo más de Hiro pronto?
-
PermalinkKaito ya es mi favorito.
-
PermalinkOye, Kaito me ha ganado en un solo capítulo. Entra llamando cobarde a Ren delante de todos, y al final es el que se planta en el dormitorio con la noticia de Aoi y se apunta a ir con él. Me fío más de él que de la espada, que ya van dos veces pidiendo que la dejen entrar. Y la criatura poniéndose la cara de Ren delante de Aoi me dejó mal cuerpo: apuesto a que esa voz y el demonio de mil caras tienen más que ver de lo que Ren quiere creer.
-
PermalinkQué expectativa!, ¿salvar o matar? dos opciones; no es fácil salvar cuando la oposición es matar. Espada blanca vs espada negra. Dos amigos, dos enemigos? que interesante!. Espero el desenlace de esta historia.
-
PermalinkLa ardilla mirando a Ren nada más despertar, con la espada al lado y todo el lío de Lunareth detrás, me hizo reír mucho. Apuesto a que Kaito va a acabar siendo el amigo que Ren todavía no sabe que necesita, por mucho que ahora le diga que no le cae bien. Aquí estaremos para ese viaje al norte :)
Related posts
-
LAS BOLSITAS QUE GUARDO
—Me estoy poniendo viejo —le digo a mi amigo, mientras revuelvo entre las tantas cosas que tengo guardadas.
-
Extra 3- Cartón de babel
La Torre de Babel tiene treinta y siete pisos.
-
Almas navegantes.
Hace años que se cree que las almas navegantes dejaron de existir.
- Perfil de Yuji (nombre aun por escoger), novela entre raices y recuerdos
-
Abril I: Una puerta entre abierta Cap 6.
Primera mañana sin el "buenos días"...
-
Adaptación contemporáne de la novela orgullo y prejuicio
SI ALGUNO QUIERE UNA COPIA DE LOS PRIMEROS CAPITULOS, ME AVISA Y SE LOS MANDO
-
Capítulo 29: El regreso esperado
La noche había caído por completo sobre la isla. Las últimas hogueras ardían suavemente alrededor del asentamiento, proyectando sombras largas que se mecían sobre las paredes de las cabañas de…
-
Capítulo II: Un helado con sabor a tristeza
El olor a pan tostado inundaba la cocina, pero a la casa siempre le faltaba algo. Le faltaba el ruido de los pasos de su madre, el murmullo de la radio encendida por las mañanas y esa luz que solo…