Cargando…

Capítulo 12: conociendo la academia, intentando de no causar problemas

DNavarrete
Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 16 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

La mañana transcurría con una tranquilidad que Saint Aurora no había conocido desde la llegada de cierto estudiante. Los pasillos comenzaban a vaciarse poco a poco, mientras profesoras y alumnas…

En series

In groups

Contenido de la publicación

La mañana transcurría con una tranquilidad que Saint Aurora no había conocido desde la llegada de cierto estudiante. Los pasillos comenzaban a vaciarse poco a poco, mientras profesoras y alumnas regresaban a sus tareas habituales, como si el alboroto de horas atrás hubiera quedado solo en un recuerdo.

 

Gael caminaba junto a Akane y Anastasia, con el grueso libro de tapas negras apoyado firmemente bajo uno de sus brazos.

 

—Entonces… ¿ustedes no vienen? —preguntó con un tono de leve decepción.

 

Akane negó con la cabeza.

 

—No podemos, tenemos asuntos que atender.

 

Anastasia suspiró suavemente.

 

—El consejo estudiantil ha convocado una reunión urgente.

 

Gael inclinó la cabeza, curioso.

 

—¿Tan grave es como para dejar todo lo demás?

 

Akane asintió con seriedad, levantando dos dedos mientras hablaba.

 

—Tenemos dos incidentes importantes que debemos investigar de inmediato. El primero: el ataque al primer vagón del tren de acceso.

 

—Y el segundo —continuó Anastasia, con voz más baja—: descubrir quién o qué pudo controlar al Guardián del Lago.

 

El ambiente se volvió un poco más serio al instante. Gael recordó de inmediato el tamaño imponente de aquella serpiente de escamas brillantes y energía antigua.

 

—Es verdad… ni siquiera me había detenido a pensar en eso después de que todo pasara.

 

—Esa criatura ha protegido este lugar durante siglos —explicó Akane—. Nunca ha atacado a nadie sin motivo. Alguien tuvo que obligarlo a actuar.

 

—Lo que significa —añadió Anastasia cruzándose de brazos— que hay alguien con el poder suficiente para manipular seres tan antiguos y poderosos como él.

 

Gael guardó silencio unos segundos, reflexionando, hasta que esbozó una sonrisa tranquila.

 

—Bueno, espero que encuentren pronto alguna pista.

 

Las dos le devolvieron la sonrisa. Akane comenzó a caminar hacia el edificio del consejo, pero antes de alejarse del todo, se giró de nuevo.

 

—Ah… Gael.

 

—¿Sí?

 

La presidenta lo señaló con un dedo en tono de advertencia amistosa.

 

—Mientras nosotras no estemos… por favor, intenta no meterte en problemas.

 

Gael parpadeó, confundido.

 

—¿Eh?

 

Anastasia asintió con total convicción.

 

—Te lo pedimos de verdad.

 

Gael abrió mucho los ojos, casi indignado.

 

—¡Oigan! ¿Qué significa eso?

 

—¿Qué cosa? —respondió Akane con inocencia.

 

—¡Que yo no ando buscando problemas por todas partes!

 

Ambas lo miraron con esa expresión tranquila, esa que decía claramente: Claro que no…

 

Gael se señaló a sí mismo con ambas manos.

 

—¡Es en serio!

 

—No dudamos de tu palabra —dijo Akane sonriendo—, pero…

 

—Los problemas parecen encontrarte a ti —completó Anastasia.

 

—¡Eso tampoco es cierto!

 

Akane comenzó a contar con los dedos, uno por uno.

 

—Primer día aquí: te subes al tren equivocado y creas un caos en la estación.

 

—¡Eso fue un simple accidente!

 

—Segundo día: terminas discutiendo y desafiando al profesor Valerius.

 

—¡Él empezó a hablar primero de esa forma!

 

—Tercero: te enfrentas al Guardián del Lago y logras que se quede tranquilo.

 

—¡Yo no lo “domestiqué”, solo le expliqué que no tenía por qué atacar!

 

—Y cuarto, hace apenas unas horas: te enfrentas al profesor más fuerte de toda la academia y lo derrotas.

 

Anastasia dio un pequeño paso adelante y añadió con calma:

 

—Y todo eso… en menos de cuarenta y ocho horas.

 

Gael se quedó completamente callado. Se quedó mirando al vacío unos segundos, haciendo cuentas en silencio.

 

—Bueno… si lo miran así… tal vez parece otra cosa…

 

Akane levantó una ceja con aire triunfal.

 

—¿Ves?

 

Gael se cruzó de brazos y frunció el ceño, haciendo un pequeño puchero.

 

—Sigo pensando que exageran demasiado.

 

Ambas soltaron una risa baja.

 

—Solo prométenos que intentarás pasar un día tranquilo, sin sobresaltos —pidió Akane.

 

Gael infló las mejillas con decisión.

 

—¡Les demostraré que puedo hacerlo! Hoy no pasará nada fuera de lo normal.

 

—Eso queremos ver —respondió ella con una sonrisa.

 

Anastasia levantó una mano para despedirse.

 

—Nos vemos más tarde, cuídate.

 

—Ustedes también, no hagan esperar a los demás.

 

Las dos se alejaron caminando por el largo corredor, dejando a Gael solo.

 

Él se quedó inmóvil unos instantes, todavía con el ceño ligeramente fruncido.

 

—No confían nada en mí… —murmuró para sí mismo, antes de volver a inflar las mejillas con determinación—. Pues les demostraré que están equivocadas. Hoy no voy a meterme en ningún problema, ni el más mínimo.

 

Se dio media vuelta con paso firme y comenzó a caminar por los pasillos, completamente convencido de que aquel sería el día más tranquilo desde su llegada a la academia.

 

Un poco más atrás, Akane y Anastasia seguían avanzando hacia el edificio del consejo. Después de unos segundos de silencio, Anastasia habló en voz baja.

 

—Akane…

 

—Dime.

 

—¿De verdad crees que logrará pasar el día sin meterse en ningún lío?

 

La presidenta se quedó pensativa unos instantes. Quería responder que sí, de verdad quería tener fe en ello, pero de inmediato le vinieron a la mente todos los sucesos de los últimos dos días: el tren, la discusión con Valerius, el Guardián, el combate…

 

Suspiró profundamente, rascándose la nuca.

 

—… La verdad… no lo sé.

 

Anastasia soltó una pequeña risa resignada.

 

—Yo tampoco.

 

Akane miró hacia atrás una última vez, pero Gael ya había desaparecido doblando la esquina del pasillo.

 

—Solo espero que cuando terminemos la reunión… la academia siga en pie y sin daños graves.

 

Las dos intercambiaron una mirada cómplice y, sin decir nada más, entraron al edificio del consejo estudiantil.

 

Mientras tanto, en otra parte de Saint Aurora, Gael caminaba tranquilo, con el libro apretado bajo el brazo y la mente puesta solo en encontrar un lugar silencioso para leer. Estaba totalmente convencido de que demostraría que podía tener un día normal y sin incidentes.

 

Pero el destino, al parecer, tenía una opinión muy distinta y ya comenzaba a mover sus piezas para que, una vez más, la tranquilidad durara muy poco.

 

La sala del Consejo Estudiantil había dejado de ser el lugar tranquilo de todos los días. Sobre la enorme mesa ovalada descansaban montones de documentos, mapas detallados de todo el recinto de la academia y, en el centro, los restos metálicos del extraño artefacto encontrado tras el ataque al primer vagón.

 

Freya ajustó unas pequeñas gafas de análisis mientras uno de sus autómatas proyectaba en el aire una imagen tridimensional del dispositivo. El cilindro metálico giraba lentamente, mostrando cada una de sus piezas internas. Astrid observaba con los brazos cruzados y una expresión tensa. Akane y Anastasia permanecían sentadas frente a la directora Evelyn, y a un costado, en silencio, se encontraba también el profesor Valerius.

 

El ambiente era completamente serio.

 

Freya fue la primera en tomar la palabra.

 

—Terminé de analizar todos los fragmentos del dispositivo. Se trata de un anulador de magia de corto alcance pero de gran potencia.

 

La proyección cambió y mostró los símbolos grabados en el interior de la estructura.

 

—No fue fabricado con materiales ni técnicas comerciales. Fue construido expresamente para neutralizar cualquier tipo de energía mágica durante unos minutos, lo suficiente para crear confusión y desventaja en el campo de batalla.

 

Akane levantó la vista, preocupada.

 

—¿Se ha logrado identificar quién pudo fabricarlo?

 

Freya negó lentamente con la cabeza.

 

—No hay registros de su diseño en ninguna base de datos conocida. Pero encontré algo mucho más importante.

 

La imagen volvió a cambiar, mostrando una pequeña marca grabada en una de las piezas metálicas: un círculo perfecto rodeando una estrella de doce puntas.

 

Astrid reconoció el símbolo al instante.

 

—Lo vi tatuado en el antebrazo del hombre que logramos capturar en la estación.

 

Anastasia inclinó la cabeza, seria.

 

—¿Confesó algo durante el interrogatorio? ¿Quiénes son?

 

Astrid asintió, abriendo una carpeta gruesa que tenía frente a sí.

 

—Confesó mucho más de lo que esperábamos.

 

Toda la sala guardó silencio, esperando. Fue la directora Evelyn quien animó a continuar.

 

—Cuéntanos todo lo que sabes.

 

—Pertenecen a una organización extremista secreta —explicó Astrid con voz firme y grave—. Se hacen llamar Los Hijos del Origen, y sus creencias son peligrosas hasta el extremo.

 

Hizo una pausa antes de soltar la revelación:

 

—Ellos no ven a las Calamidades como una maldición o una amenaza. Para ellos… son una bendición enviada por los dioses.

 

Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Akane frunció el ceño, sin entender.

 

—¿Una bendición? ¿Qué clase de locura es esa?

 

—Según su doctrina —continuó Astrid—, las Calamidades son agentes de purificación. Su misión es liberar a la humanidad de lo que ellos consideran una desviación: el uso de la magia.

 

Anastasia negó con la cabeza, incrédula.

 

—Eso no tiene ningún sentido. La magia ha permitido proteger el mundo durante siglos.

 

—Para nosotros no tiene lógica —reconoció Astrid—, pero para ellos es una verdad absoluta. Afirman que el mundo comenzó a corromperse desde el momento en que apareció la magia moderna.

 

Freya apoyó ambas manos sobre la mesa, interesada y preocupada.

 

—¿Corromperse? ¿En qué sentido?

 

—Sostienen que hace quinientos años la humanidad perdió el camino correcto —explicó Astrid—. Dicen que antes de la magia existía un único poder, uno puro, uno primordial, que solo unos pocos elegidos podían usar.

 

Akane levantó lentamente la mirada, reconociendo esas palabras de los libros antiguos que tanto leía.

 

—El poder de los Guardianes… —murmuró con voz baja.

 

—Exacto —asintió Astrid—. Según ellos, la magia actual no es más que una copia imperfecta, débil y corrupta de ese verdadero poder. Por eso construyeron este dispositivo: para anular la magia que tanto desprecian.

 

La directora Evelyn cruzó las manos sobre la mesa, con una expresión fría y calculadora.

 

—Entonces no odian solo a esta academia o a los que estudiamos aquí. Odian la magia en sí misma. Quieren borrarla del mundo.

 

—Y aquí viene lo más grave y preocupante —añadió Astrid, cambiando de página en sus notas.

 

La sala se quedó en silencio absoluto.

 

—Ellos creen que solo unas pocas personas son dignas de poseer el poder primordial. El resto… no tiene derecho a usar ninguna clase de energía. Su objetivo final es eliminar a todos los usuarios de magia, dejando el mundo solo en manos de sus “elegidos”.

 

Anastasia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

 

—¿Eliminar? ¿Acabar con todos nosotros?

 

—Sí —respondió Astrid con firmeza—. Y para conseguirlo, tienen un plan claro: pretenden romper los sellos que mantienen confinadas a las Calamidades. Creen que esas criaturas harán el trabajo sucio por ellos, destruyendo todo lo que consideran impuro.

 

Freya negó con la cabeza, consternada.

 

—Pero si liberan una sola de esas fuerzas, el resultado sería el caos total. Eso significaría el fin de la civilización tal como la conocemos.

 

—Ellos no lo ven así —respondió Astrid cerrando la carpeta—. Según su doctrina, solo sobrevivirán quienes realmente merezcan hacerlo. El resto es desechable.

 

Nadie respondió de inmediato. La directora Evelyn permanecía inmóvil, analizando cada palabra. Entonces, Valerius rompió el silencio con una voz más fría y cortante que de costumbre.

 

—Fanáticos ciegos.

 

Todos giraron hacia él. El profesor mantenía la mirada fija sobre los documentos, como si reconociera en esas palabras algo que había visto demasiadas veces en el pasado.

 

—Son personas que solo han logrado recopilar fragmentos de la historia antigua —explicó con desdén—. Creen que al conocer una parte de la verdad ya lo saben todo. Y son los más peligrosos de todos, porque actúan con la convicción de estar haciendo el bien.

 

Evelyn asintió lentamente, comprendiendo perfectamente.

 

—Porque mezclan una pequeña parte de realidad con una montaña de mentiras y distorsiones. Esa es la peor clase de engaño.

 

Fue entonces cuando Astrid añadió el detalle que hacía todo aún más grave:

 

—Y hay algo más que confirma que su alcance es mucho mayor de lo que creíamos. El Guardián del Lago… también fue controlado por ellos.

 

Akane y Anastasia abrieron los ojos con sorpresa.

 

—¿El Guardián? —preguntó Akane—. Pero esa criatura tiene una voluntad propia, su energía es antigua y estable. ¡Nadie debería poder someterla a su voluntad!

 

—Precisamente por eso es lo más preocupante —intervino Valerius con gravedad—. Si lograron imponer su voluntad a un ser tan antiguo y poderoso como él, significa que entre sus filas hay personas con una capacidad de manipulación y control que no habíamos considerado posible.

 

La directora Evelyn golpeó suavemente la mesa con un dedo, asimilando la amenaza.

 

—Si eso es cierto, entonces esta academia y todas las instituciones mágicas del mundo están en riesgo. Si pueden controlar guardianes, romper defensas y usar dispositivos como este, no hay lugar seguro.

 

Freya levantó la vista, conectando los puntos.

 

—Y hay otro detalle que debemos tener en cuenta: dentro de apenas dos meses, tendremos que realizar el ritual de renovación de energía del sello que confina a la Calamidad que duerme en las profundidades cercanas a este valle.

 

Anastasia asintió, recordando el calendario anual.

 

—Sí, es un procedimiento obligatorio para mantener el sello estable. Sin esa recarga, la barrera se debilita en cuestión de semanas.

 

—Ese momento será su oportunidad perfecta —advirtió Valerius—. Durante el ritual, la energía del sello fluctúa y se vuelve más vulnerable. Si estos extremistas planean liberar a alguna de las Calamidades, ese será el momento exacto para intentarlo.

 

Evelyn se puso de pie, con la mirada decidida.

 

—Entonces debemos actuar ya. Lo más prudente es prepararnos para lo peor. Reforzaremos todas las defensas de la academia, aumentaremos las rondas de vigilancia y protegeremos el acceso al lugar del ritual. Además, enviaremos un informe urgente al Ministerio de Magia para que envíe refuerzos y tome medidas a nivel nacional. No podemos permitir que un desastre de proporciones aniquiladoras ocurra por la locura de unos pocos.

 

Todos asintieron en silencio.

 

Mientras las decisiones se tomaban, Akane no podía dejar de pensar en lo que habían dicho al principio: había un poder anterior a la magia, el de los Guardianes, y esos fanáticos lo citaban como una verdad. Pero nadie en la sala, salvo Evelyn y Valerius, sabía que, sin querer, habían acertado solo en ese detalle.

 

Hace quinientos años sí existía ese poder primigenio, el mismo que había salvado al mundo en el pasado y el que ahora, sin saberlo, Gael comenzaba a despertar. Sin embargo, lo que esos extremistas ignoraban era la verdad más importante: ese poder nunca fue un privilegio, nunca se heredaba por sangre ni elegía a nadie por su linaje. Solo respondía a quienes estaban dispuestos a entregar todo, incluso su propia vida, para proteger a los demás.

 

Y esa diferencia era justo lo que separaba a un verdadero Guardián… de alguien que solo buscaba el poder para dominar.

 

La reunión del Consejo Estudiantil había terminado, pero el ambiente seguía siendo tan pesado como cuando comenzó. Akane caminaba en silencio junto a Anastasia; Astrid y Freya revisaban todavía algunos documentos, intercambiando opiniones en voz baja, mientras que delante de todas iban la directora Evelyn y el profesor Valerius.

 

Nadie hablaba. Todas las mentes seguían ocupadas en la misma amenaza: la Calamidad de Tauro.

 

Evelyn rompió finalmente el silencio con voz grave.

 

—Si el sello continúa debilitándose como hasta ahora… no tendremos mucho tiempo para reaccionar.

 

Valerius asintió lentamente.

 

—En cuanto detectemos cualquier cambio, habrá que activar la evacuación de inmediato. No podemos arriesgarnos.

 

Akane bajó la mirada, pensando en la magnitud de la tarea.

 

—Más de mil estudiantes en toda la academia…

 

Freya completó la frase con un tono preocupado.

 

—No podremos moverlas a todas a un lugar seguro en cuestión de minutos.

 

Astrid cruzó los brazos, con la mandíbula apretada.

 

—Entonces alguien tendrá que quedarse atrás para ganar tiempo.

 

—Los más fuertes —respondió Valerius sin vacilar, como si ya hubiera asumido esa responsabilidad desde hacía mucho tiempo.

 

El silencio volvió a caer sobre el grupo. Todos sabían exactamente lo que significaban esas palabras. No sería una batalla para vencer, sino una para resistir el mayor tiempo posible.

 

Anastasia habló casi en un susurro, con la voz entrecortada.

 

—Eso sería… una masacre.

 

Nadie respondió. No hacía falta. Todas compartían ese mismo pensamiento sombrío.

 

Fue entonces cuando un grupo de alumnas pasó corriendo a su lado, con los ojos muy abiertos y las voces llenas de asombro.

 

—¡¡Apúrense!!

 

—¡¡Está en el patio central!!

 

—¡¡Nunca habíamos visto algo igual!!

 

Akane levantó la cabeza de golpe.

 

—¿Qué ocurre? ¿A dónde van todas?

 

Una estudiante de tercer año se detuvo apenas un instante para responder, antes de volver a correr.

 

—¡Algo pasó en la clase de Invocación de Familiares! ¡Todos los familiares enloquecieron de repente!

 

Los seis intercambiaron una mirada de alerta inmediata.

 

Valerius frunció el ceño.

 

—¿Enloquecieron?

 

Freya cerró su tableta de golpe, lista para analizar cualquier anomalía.

 

—¿Algún hechizo salió mal o descontrolado?

 

—¿O es otro ataque de los mismos que controlaron al Guardián? —preguntó Astrid, llevando la mano al mango de su lanza.

 

—Vamos a verlo ya —ordenó la directora con firmeza.

 

Todos comenzaron a correr por los pasillos. A medida que avanzaban, se encontraban con más alumnas que también se dirigían hacia el mismo lugar. El ruido aumentaba conforme se acercaban, pero… no eran gritos de pánico ni de miedo. Por el contrario, se escuchaban risas y exclamaciones de asombro.

 

Akane abrió de golpe la gran puerta que daba acceso al patio central, y en cuanto cruzaron el umbral, todos se quedaron completamente inmóviles, con la boca entreabierta y sin saber qué decir.

 

En medio del amplio jardín, rodeado de cientos de miradas curiosas, estaba Gael.

 

—¡¡Esperen, por favor!! —gritaba, intentando moverse—. ¡¡No se queden todos encima!!

 

Sobre su espalda y pecho descansaba un enorme zorro de nueve colas, de pelaje brillante y tamaño casi igual al de un caballo, que parecía haber encontrado el lugar más cómodo del mundo.

 

—¡¡Pesas muchísimo, no puedo respirar bien!!

 

El gigantesco familiar respondió lamiéndole toda la cara con su lengua caliente y suave.

 

—¡¡Noooo!! —se quejó Gael, cerrando los ojos—. ¡¡Me haces muchísimas cosquillas!!

 

A su alrededor, decenas de criaturas de todo tipo lo rodeaban formando un círculo cerrado: pequeños dragones de escamas de colores, lobos de pelaje plateado, aves mágicas de plumas luminosas, conejos hechos de cristal, serpientes que brillaban con luz propia y espíritus del bosque que parecían hechos de hojas y ramas.

 

Un pequeño búho de ojos dorados se había acomodado plácidamente sobre su cabeza; dos gatos de energía azul dormían tranquilamente sobre sus piernas; y una diminuta salamandra de fuego bostezaba sobre su hombro izquierdo. Todos permanecían en calma, sin mostrar agresividad alguna, como si estuvieran protegiendo a alguien muy importante para ellos.

 

Gael seguía moviendo los brazos con dificultad, intentando incorporarse sin éxito.

 

—¡¡¿Alguien podría ayudarme a quitar a este zorro de encima?!!

 

El animal soltó un sonido grave y profundo que parecía una risa, y volvió a apoyar toda su cabeza sobre el pecho del joven.

 

—¡¡Ni tú me crees, verdad!! —se quejó Gael.

 

Todo el patio estalló en carcajadas, rompiendo por completo la tensión que se había sentido minutos antes.

 

Akane, Anastasia, Freya, Astrid, la profesora Selene y los demás se quedaron allí, inmóviles y completamente desconcertados. La profesora encargada de la clase de Invocación tenía ambas manos sobre la cabeza, con una expresión de pura confusión.

 

—No lo entiendo… —decía ella—. Hace apenas unos segundos estábamos haciendo una práctica normal, todos los familiares estaban tranquilos y controlados… y de repente, sin ninguna señal, todos se soltaron y corrieron hacia él.

 

Señaló a Gael con el dedo.

 

—Todos al mismo tiempo. Como si los hubiera llamado, pero no lanzó ningún hechizo ni pronunció ninguna palabra.

 

Gael consiguió sacar un brazo por debajo del zorro y lo levantó señalando hacia arriba con desesperación.

 

—¡¡Les juro que no hice nada!! —gritó para que todos lo escucharan—. Estaba caminando por aquí buscando un lugar tranquilo para leer, y de repente salieron corriendo de todas partes y se me echaron encima solos. ¡Yo no empecé nada!

 

En ese momento, Akane no pudo evitar avanzar unos pasos hacia él, con una mezcla de seriedad y una sonrisa divertida.

 

—¿Ah sí? —le dijo, cruzándose de brazos—. ¿Recuerdas lo que nos prometiste antes de irnos? Te pedimos que te portaras bien y que no te metieras en ningún problema en todo el día.

 

Gael abrió mucho los ojos, indignado, y señaló a su alrededor con ambas manos, aunque todavía atrapado entre tantas criaturas.

 

—¡Y no es mi culpa! —respondió con firmeza—. ¡Yo no fui quien comenzó esto! Estaba totalmente tranquilo, sin hacer nada raro, y ellos vinieron solos por su cuenta. ¿Cómo voy a meterme en problemas si no he hecho absolutamente nada?

 

Freya observaba la escena con la mente trabajando a toda velocidad, mientras anotaba mentalmente cada detalle.

 

—Según todos los registros, los familiares solo responden así, con tanta confianza y afecto, cuando reconocen en alguien una energía que les resulta familiar, segura y superior a la suya.

 

—Como si fuera alguien de su misma esencia —completó Astrid, sin dejar de mirar a las criaturas.

 

Valerius entrecerró los ojos, manteniéndose en silencio, pero estudiando cada movimiento. Incluso los familiares más temperamentales y difíciles de controlar, que normalmente atacaban a cualquiera que se les acercara sin permiso, permanecían allí tranquilos, como si estuvieran en presencia de alguien a quien jamás podrían hacer daño.

 

Entonces, la directora Evelyn dejó escapar una pequeña risa suave, negando con la cabeza.

 

—Parece que incluso los seres más antiguos y sensibles lo reconocen antes de que él mismo recuerde quién es en realidad.

 

Valerius cerró lentamente los ojos y murmuró para sí mismo, con un tono cargado de recuerdos:

 

—Siempre fue así… los animales y las criaturas de la naturaleza nunca se equivocan. Saben ver lo que a veces nosotros nos cuesta tanto encontrar.

 

Gael, todavía aplastado bajo el peso del zorro, volvió a levantar un brazo hacia todos con expresión de súplica.

 

—¡¿En serio nadie va a ayudarme?! ¡Prometo que no hice nada malo!

 

Pero nadie se movía todavía. Todos seguían intentando comprender cómo era posible que absolutamente todos los familiares de Saint Aurora hubieran elegido a ese joven desconocido como si fuera el centro de su mundo. Y aunque intentara negarlo, para todos estaba claro que, sin buscarlo, una vez más, el destino había puesto a Gael en el centro de la atención de la academia.

Related posts

  • Capítulo 1: Un día de lo imposible

    —Hace quinientos años, cuando los Guardianes aún caminaban por el mundo y el poder que dio origen a todo lo que conocemos hoy todavía existía en su forma verdadera...

  • Capítulo 13: una nueva maestra

    —¡¡No me sigan, por favor!!

  • Capítulo 10: un momento de infarto

    El rumor comenzó con una sola alumna que salía corriendo por el pasillo con los ojos muy abiertos.

  • Capitulo 5: fuera de lo normal

    La estación principal de Saint Aurora había cambiado por completo en apenas unos minutos.

  • Capítulo 4: Saint Aurora

    El tren comenzó a disminuir su marcha, y el ritmo constante y metálico de los rieles, que durante horas había marcado el viaje, se desvaneció poco a poco. En su lugar, surgió un sonido completamente…

  • Capitulo 2: un día supuestamente normal

    Akane seguía mirándolo fijamente.

  • Capítulo 6: Un alumno imposible

    El bullicio que había llenado el andén durante la emergencia se fue apagando poco a poco, como si la propia magia de la academia recuperara su ritmo habitual. Las alumnas de primer año eran guiadas…

  • Capitulo 9: una leyenda sin rostro

    La biblioteca volvió a sumergirse en su silencio habitual. Las alumnas que se habían acercado para escuchar la narración de Akane fueron regresando poco a poco a sus mesas, con la mente llena de…