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Capítulo 10: El aroma de los eucaliptos y los olivos

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Pensamiento

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rvega21

Ay, Lima por fin.

Ay, Lima por fin.

Contenido de la publicación

Siete meses después de aquel atardecer en Plaka, fue Saria quien caminó por los pasillos del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez en Lima. Llevaba una maleta ligera y un abrigo oscuro para protegerse del invierno limeño. Cuando atravesó las puertas de salida, lo primero que vio fue a Caleb esperándola con una sonrisa radiante y un pequeño ramo de flores silvestres en la mano.

​El abrazo no necesitó palabras. A diferencia del nerviosismo de Atenas, este reencuentro tuvo la comodidad natural de quienes ya se conocen de toda la vida.

​Durante dos semanas, el mundo de Caleb se desplegó ante Saria. Él la llevó a recorrer los acantilados del malecón de Miraflores bajo el cielo gris característico de la ciudad, la llevó a conocer los valles donde realizaba sus expediciones de botánica con sus alumnos, y le presentó los sabores, la calidez y el caos vibrante de Lima.

​Una tarde, sentados en una banca frente al océano Pacífico mientras el mar golpeaba con fuerza las rocas, Saria apoyó la cabeza en el hombro de Caleb.

​—¿Recuerdas cuando tenías veintiún años y pensabas que la distancia era un muro imposible? —preguntó ella, contemplando el horizonte.

​—Lo recuerdo perfectamente —admitió Caleb, rodeándola con el brazo—. Parecía que el océano era demasiado ancho para dos estudiantes que apenas empezaban a construir su camino.

​—El océano sigue siendo igual de ancho, Caleb —dijo Saria con serenidad—. La diferencia es que dejamos de mirarlo con miedo y empezamos a construir el puente.

Thoughts

  • nachovargas88

    Siete meses entre un encuentro y otro es casi mi calendario. El aeropuerto con flores es la parte fácil. La difícil viene en la banca frente al mar, cuando ya toca hablar de quién se muda.

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  • rvega21

    Ay, Lima por fin.

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