Ren sin padre desde hace diez años y sin madre desde chico. Alguien lo tuvo que criar entre medio, un tío, una vecina, y seguro ese alguien sabe más de la espada que él.
Capitulo 1
EL ELEGIDO DE LOS MIL ROSTROS
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Ren sin padre desde hace diez años y sin madre desde chico. Alguien lo tuvo que criar entre medio, un tío, una vecina, y seguro ese alguien sabe más de la espada que él.
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EL ELEGIDO DE LOS MIL ROSTROS
Volumen 1: La espada que no debía despertar
Capítulo 1 — La chica que apareció en medio de la noche
La primera cosa que pensé después de escuchar aquellas palabras fue bastante simple.
«Estoy jodido.»
No había otra manera de describir la situación.
Frente a mí estaba la criatura que tenía el rostro de mi padre.
Detrás de ella, una niebla roja cubría las calles de Lunareth.
A lo lejos, las campanas seguían sonando.
Los soldados corrían por todas partes.
Y en mi mano...
Estaba la espada negra.
La misma espada que mi padre había llevado durante los años que todavía podía recordarlo.
La misma espada que acababa de atravesar una ventana y llegar hasta mí como si tuviera voluntad propia.
La observé.
El símbolo 千貌 seguía brillando débilmente sobre la hoja.
—¿Qué demonios eres...?
La espada no respondió.
La criatura frente a mí sí.
—Una pregunta interesante.
Su voz era idéntica a la de mi padre.
—Pero deberías preguntarte algo más importante.
—¿Qué?
La criatura sonrió.
—¿Por qué esa espada te eligió?
Sentí un escalofrío.
—Yo no la elegí.
—Exactamente.
La criatura dio un paso hacia mí.
Instintivamente levanté la espada.
—No te acerques.
—¿O qué?
No tenía respuesta.
Nunca había usado una espada en combate.
Nunca había aprendido magia.
Ni siquiera sabía cómo había conseguido despertar aquella cosa.
Pero, por alguna razón, mis manos no temblaban.
La espada parecía pesar menos que antes.
Como si estuviera hecha para mí.
La criatura volvió a avanzar.
—Ven conmigo, Ren.
—No.
—Tu padre también dijo que no.
Me quedé inmóvil.
—¿Conociste a mi padre?
La sonrisa desapareció.
—Lo conocí mejor de lo que imaginas.
—Entonces dime dónde está.
La criatura guardó silencio.
Por primera vez, su rostro cambió.
Ya no parecía mi padre.
Era un rostro desconocido.
Viejo.
Pálido.
Con ojos completamente blancos.
—Está muerto.
Apreté los dientes.
—Eso ya lo sé.
—No.
La criatura negó lentamente.
—Tú crees que está muerto.
Sentí que la espada vibraba.
—¿Qué quieres decir?
La criatura abrió la boca.
Pero antes de que pudiera responder...
¡BOOOOOOM!
Una explosión iluminó la calle.
La criatura salió despedida.
Algo atravesó la niebla.
Una figura cayó frente a mí.
Una espada blanca brilló en medio de la oscuridad.
—¡Aléjate de él!
La voz era femenina.
Miré hacia arriba.
Una chica estaba frente a mí.
Cabello negro.
Ojos violetas.
Una armadura ligera de color blanco y azul.
En su mano derecha sostenía una espada plateada cubierta de símbolos azules.
La hoja brillaba con energía mágica.
La chica no me miró.
Toda su atención estaba concentrada en el demonio.
—¿Estás herido?
—¿Qué?
—Te pregunté si estás herido.
—Creo que no.
—Bien.
Finalmente me miró.
Sus ojos recorrieron mi ropa, mis manos y la espada negra.
Cuando vio el símbolo de la hoja...
Su expresión cambió.
—¿De dónde sacaste eso?
—Era de mi padre.
—¿Tu padre?
—Sí.
La chica apretó la mandíbula.
—¿Cómo se llamaba?
—Hiro Kurosawa.
Silencio.
Ella bajó ligeramente su espada.
—...
—¿Lo conoces?
No respondió.
—Oye.
La chica volvió a mirar al demonio.
—Después hablaremos.
—¿Por qué?
—Porque todavía tenemos un problema.
Señaló hacia la calle.
El demonio se estaba levantando.
Su cuerpo estaba cubierto de una especie de energía roja.
—Ah.
—Sí.
—Ese sí parece un problema.
La chica me miró de reojo.
—Qué observador.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Ya me estoy acostumbrando.
Por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Duró menos de un segundo.
—Soy Aoi Mizuhara.
Levantó su espada.
—Guerrera de la Facción del Velo.
—¿Rango?
—C.
—¿Eso es bueno?
Aoi me miró como si acabara de decir la cosa más estúpida del mundo.
—En una situación normal, sí.
—¿Y ahora?
Miró al demonio.
—Ahora no.
La criatura terminó de levantarse.
Sus huesos comenzaron a crujir.
Su cuerpo cambió.
Dos brazos adicionales aparecieron de su espalda.
Después otro rostro.
Luego otro.
En cuestión de segundos...
Tenía seis brazos y tres caras.
Aoi adoptó una postura de combate.
—Ren.
—¿Sí?
—Cuando te diga que corras...
—¿Corro?
—No.
—¿Entonces?
—Corres muchísimo más rápido.
—Entendido.
El demonio levantó uno de sus brazos.
—Interesante.
Sus tres rostros sonrieron.
—La heredera de la espada blanca.
Aoi frunció el ceño.
—¿Cómo sabes quién soy?
—Conocemos a todos los que nos cazan.
—¿"Nos"?
Aoi apretó la empuñadura.
—¿Cuántos son?
El demonio respondió:
—Todos.
Y desapareció.
—¡Ren!
Aoi reaccionó inmediatamente.
¡CLANG!
El demonio apareció frente a nosotros.
Aoi bloqueó su ataque.
La fuerza del impacto hizo que el suelo se agrietara.
—¡Corre!
Esta vez no discutí.
Corrí.
---
La ciudad en llamas
Lunareth ya no parecía la ciudad que conocía.
Las calles estaban llenas de personas intentando llegar a los refugios.
Los soldados combatían a los demonios en las avenidas.
Los magos lanzaban hechizos desde las murallas.
Las casas estaban iluminadas por el resplandor de los encantamientos.
Y sobre todo aquello...
La niebla roja.
No desaparecía.
Parecía haberse convertido en parte de la ciudad.
Corrí sin saber exactamente a dónde.
—¡Por aquí!
La voz de Aoi llegó desde atrás.
Miré sobre mi hombro.
Seguía luchando.
Su espada blanca dejó un rastro azul en el aire.
—¡Dije que corrieras!
—¡Estoy corriendo!
—¡Más rápido!
—¡No soy atleta!
Aoi esquivó un ataque.
—¡Pues empieza a serlo!
Un demonio saltó sobre mí.
—¡Mierda!
Levanté la espada negra.
No sabía qué hacer.
El demonio abrió sus garras.
Entonces...
¡CLANG!
Mi espada bloqueó el golpe.
El impacto me hizo retroceder varios metros.
—¡Ren!
Miré la hoja.
La energía negra comenzaba a recorrerla.
Una voz apareció dentro de mi cabeza.
"Ataca."
—¿Qué?
"Ataca."
—No sé cómo.
"Entonces aprende."
El demonio volvió a lanzarse.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Giré.
La espada cortó el aire.
Una onda negra salió disparada.
¡BOOOOM!
El demonio salió lanzado contra una pared.
Me quedé mirando la espada.
—Yo...
Aoi llegó corriendo.
—¿Qué hiciste?
—No lo sé.
—¿No lo sabes?
—¡Te estoy diciendo que no!
Aoi observó al demonio.
—No utilizaste magia.
—Ya te dije que no tengo magia.
—Entonces eso fue la espada.
La criatura se levantó.
Aoi volvió a ponerse delante de mí.
—Eso es malo.
—¿Por qué?
—Porque un arma encantada normal responde al poder mágico de su usuario.
—¿Y esta?
Aoi me miró.
—Esta respondió a ti.
---
La Facción del Velo
—¿Qué es exactamente la Facción del Velo?
Aoi siguió caminando mientras avanzábamos por una calle estrecha.
—Una organización de guerreros.
—Eso ya lo dijiste.
—Protegemos las ciudades de los demonios.
—¿Y cuántos miembros tienen?
—Miles.
—Entonces...
Miré alrededor.
—¿Dónde están?
Aoi no respondió inmediatamente.
Finalmente dijo:
—Muchos murieron cuando comenzó el ataque.
Sentí un nudo en el estómago.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte.
—Pero...
—Tú no provocaste esto.
Me quedé callado.
Aoi continuó:
—Las Facciones de Guerreros existen desde hace casi doscientos años.
—¿Dos siglos?
—Desde la primera aparición de los Demonios de Mil Caras.
—¿Y nunca pudieron eliminarlos?
—No.
—¿Por qué?
Aoi apretó la espada.
—Porque cada vez que creemos haber acabado con ellos...
Se detuvo.
—Regresan.
La miré.
—¿Como ahora?
—Peor.
—¿Qué quieres decir?
Aoi miró hacia la niebla.
—La última invasión ocurrió hace setenta años.
—¿Y?
—Solo apareció un demonio de Rango S.
—¿Solo uno?
—Sí.
—Entonces esta vez...
Aoi no respondió.
No hacía falta.
---
La chica de la espada blanca
Nos escondimos dentro de una pequeña tienda abandonada.
Aoi cerró la puerta y colocó un sello mágico.
Una barrera azul cubrió la entrada.
—Tenemos unos minutos.
Me dejé caer contra la pared.
—¿Unos minutos?
—Sí.
—¿Antes de que nos encuentren?
—Exactamente.
—Perfecto.
Respiré profundamente.
—Creo que voy a desmayarme.
Aoi se sentó frente a mí.
—No lo hagas.
—¿Por qué?
—Porque necesito hacerte unas preguntas.
—Claro.
Aoi me observó.
—¿Dónde aprendiste a usar esa espada?
—No aprendí.
—¿Quién te enseñó el encantamiento?
—Nadie.
—¿Qué tipo de magia utilizaste?
—No lo sé.
—¿Qué clase de núcleo mágico tienes?
—No tengo.
Aoi dejó de hablar.
—¿Qué?
—No tengo núcleo mágico.
—Eso es imposible.
—Pues aquí estoy.
—Todos los humanos poseen uno.
—Yo no.
Aoi se acercó.
Colocó dos dedos sobre mi pecho.
Una pequeña luz azul apareció.
Sus ojos se abrieron.
—...
—¿Qué?
—Es verdad.
—Te lo dije.
—No tienes núcleo mágico.
—¿Eso es malo?
Aoi retiró la mano.
—No.
Pensó unos segundos.
—Es extraño.
—¿Qué diferencia hay?
—Que un humano sin núcleo mágico no debería poder utilizar encantamientos.
Miró la espada.
—Mucho menos uno de este nivel.
—Entonces...
—No sé qué eres.
La frase quedó suspendida entre nosotros.
No sabía por qué...
Pero me molestó.
—Soy humano.
Aoi me miró.
—No dije que no lo fueras.
—Pero lo pensaste.
—Sí.
—Genial.
Me levanté.
—Voy a irme.
Aoi me agarró del brazo.
—¿A dónde?
—A buscar a mi familia.
Ella guardó silencio.
—No tengo familia.
—¿Qué?
—Mi padre desapareció hace diez años.
Aoi bajó la mirada.
—¿Y tu madre?
—Murió cuando era pequeño.
—Entonces...
—Estoy solo.
Aoi no dijo nada.
Por alguna razón, eso hizo que me sintiera menos solo.
Tal vez porque ella tampoco parecía tener muchas personas a su alrededor.
Después de unos segundos, preguntó:
—¿Quieres saber por qué vine a Lunareth?
—Claro.
Aoi levantó la mirada.
—Me enviaron por ti.
—¿Por mí?
—Sí.
—¿Quién?
—El comandante de la Facción del Velo.
—¿Y por qué?
Aoi dudó.
—Porque hace tres días detectaron una anomalía mágica alrededor de esta ciudad.
—¿La niebla?
—No.
Me miró directamente.
—Tú.
Sentí un escalofrío.
—¿Yo?
—Tu presencia apareció en los registros mágicos.
—Pero yo no tengo magia.
—Precisamente.
---
El primer encantamiento
La barrera de la puerta comenzó a agrietarse.
CRACK.
Aoi se levantó.
—Se acabó el descanso.
—¿Ya?
—Sí.
Desenvainó su espada.
Los símbolos azules comenzaron a iluminarse.
—Observa.
—¿Qué?
—Esto es un encantamiento.
La hoja comenzó a congelarse.
—Encantamiento de Hielo: Primera Forma.
Una capa de hielo cubrió la espada.
—Lanza Glacial.
Aoi lanzó un corte.
Una lanza de hielo atravesó la puerta.
¡BOOM!
Tres demonios fueron derribados.
Me quedé impresionado.
—Eso fue increíble.
—No te distraigas.
Otro demonio apareció.
Aoi giró.
Su espada dejó un rastro azul.
¡CLANG!
Lo bloqueó.
—Ahora tú.
—¿Yo?
—Tu espada también tiene un encantamiento.
—No sé usarlo.
—Entonces descubre cómo.
—¡No es tan sencillo!
—Los demonios no van a esperarte.
El monstruo atacó.
Levanté mi espada.
La energía negra volvió a aparecer.
La voz regresó.
"Recuerda."
—¿Recordar qué?
"El miedo."
La criatura saltó.
"El dolor."
Levanté la espada.
"La sangre."
La energía aumentó.
"Y el rostro que más deseas olvidar."
Vi a mi padre.
Por un instante...
No estaba frente a mí.
Estaba en mi memoria.
Sonriendo.
Como cuando era niño.
La espada comenzó a vibrar.
—¡Ren!
Abrí los ojos.
El demonio estaba a centímetros de mí.
Moví la espada.
¡CRAAAAASH!
Una explosión negra llenó la habitación.
Cuando el humo desapareció...
El demonio había sido expulsado hacia la calle.
Aoi me miraba fijamente.
—¿Qué viste?
—A mi padre.
—¿Qué hizo?
—Nada.
—¿Qué escuchaste?
—Una voz.
Aoi se acercó.
—¿Qué dijo?
La miré.
—Me pidió que recordara.
—¿Qué?
—No lo sé.
---
El rostro de mi padre
Salimos nuevamente a la calle.
La niebla había aumentado.
Ya no se veía el cielo.
Aoi levantó la espada.
—No podemos quedarnos aquí.
—¿Adónde vamos?
—A la torre central.
—¿Por qué?
—Allí está el portal de evacuación.
—¿Podemos escapar?
—Tal vez.
—Eso no sonó muy convincente.
—Porque no lo es.
Corrimos.
Entonces...
Algo apareció frente a nosotros.
Un hombre.
De espaldas.
Vestía una capa negra.
Aoi levantó su espada.
—Detente.
La figura no se movió.
—¿Quién eres?
Silencio.
Aoi se acercó.
—Última advertencia.
La figura giró lentamente.
Era mi padre.
Me quedé congelado.
—Papá...
Aoi agarró mi hombro.
—Ren.
—Es él.
—No.
—Es él.
—¡No lo es!
La criatura sonrió.
—Hijo.
Mi cuerpo comenzó a temblar.
—¿Dónde estabas?
—Esperándote.
—¿Por qué?
—Porque sabía que algún día despertarías.
Aoi levantó su espada.
—Ren, no lo escuches.
Mi padre la miró.
—Aoi Mizuhara.
Ella se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Conozco a tu familia.
Aoi perdió el color del rostro.
—No.
La criatura dio un paso.
—Tu madre también conocía la verdad.
Aoi apretó la espada.
—Cállate.
—Ella sabía lo que era el padre de Ren.
—¡Cállate!
Aoi lanzó un ataque.
La criatura desapareció.
Apareció detrás de ella.
Aoi apenas consiguió bloquearlo.
¡CLANG!
La fuerza del impacto la lanzó contra una pared.
—¡Aoi!
Corrí hacia ella.
—¡No!
Se levantó.
Tenía una pequeña herida en la mejilla.
—Ren...
La criatura me miró.
—Tú todavía no estás preparado.
—¿Para qué?
—Para saber quién eres.
—¡Entonces dime!
El demonio sonrió.
—Pregúntale a tu padre.
—¡Está muerto!
—No.
Su rostro comenzó a deformarse.
—Él está esperando dentro de la espada.
La criatura desapareció entre la niebla.
Corrí hacia el lugar donde había estado.
Nada.
Solo quedó una pequeña máscara roja sobre el suelo.
Aoi se acercó.
La recogió.
—Esto...
—¿Qué?
Aoi la observó.
—Es un símbolo antiguo.
—¿De los demonios?
—Sí.
Me miró.
—Ren.
—¿Qué?
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
Aoi señaló la máscara.
—Porque esto significa que ya saben exactamente dónde estás.
---
La decisión
Llegamos a la torre central.
Los últimos guerreros estaban intentando activar el portal.
Un anciano gritaba órdenes.
—¡Más energía!
—¡No podemos!
—¡AUMENTEN EL FLUJO MÁGICO!
El portal comenzó a abrirse.
Una luz azul apareció.
Aoi me empujó hacia ella.
—Ve.
—¿Qué?
—Entra.
—¿Y tú?
—Yo voy después.
—Mentira.
Aoi se quedó callada.
—¿Qué?
—No vas a venir.
—Tengo que quedarme.
—¿Por qué?
—Porque soy guerrera.
—Eso no responde mi pregunta.
Aoi bajó la mirada.
—Porque me ordenaron protegerte.
—Entonces ven conmigo.
—No puedo.
—¿Por qué?
La torre comenzó a temblar.
BOOOOM.
Una enorme grieta apareció en el techo.
Aoi miró hacia arriba.
—Porque ya están aquí.
Los demonios comenzaron a descender sobre la torre.
Cientos.
Miles.
Entre ellos apareció una criatura gigantesca.
Aoi apretó su espada.
—Ren.
—¿Sí?
—Cuando el portal se abra...
Me miró directamente.
—No mires atrás.
—Aoi...
—Prométemelo.
No pude responder.
—Ren.
—Lo prometo.
El portal comenzó a activarse.
La luz aumentó.
Aoi se puso delante de mí.
Su espada comenzó a brillar.
—Entonces corre.
—¿Y tú?
Ella sonrió.
—Nos volveremos a encontrar.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque todavía tienes muchas preguntas.
El portal se abrió.
La luz me envolvió.
Lo último que vi fue a Aoi sosteniendo su espada contra un ejército de demonios.
Y lo último que escuché fue su voz.
—¡Ren!
Abrí los ojos.
—¡¿Qué?!
Aoi gritó:
—¡NO CONFÍES EN LA VOZ DE ESA ESPADA!
La luz me cegó.
Y desaparecí.
---
Cuando volví a abrir los ojos...
No estaba en el portal.
No estaba en Lunareth.
No estaba junto a Aoi.
Estaba en un lugar completamente desconocido.
Un bosque.
La luna brillaba sobre los árboles.
La espada negra descansaba a mi lado.
Me levanté lentamente.
—Aoi...
No hubo respuesta.
Miré hacia el cielo.
La niebla roja todavía era visible a lo lejos.
Pero había algo más.
Una enorme silueta flotaba sobre las nubes.
Un rostro.
Después otro.
Después otro.
Miles de rostros observándome.
La espada comenzó a vibrar.
TUM.
—No otra vez...
Una voz apareció dentro de mi cabeza.
Esta vez era clara.
Mucho más clara que antes.
"No temas, Ren."
—¿Quién eres?
Silencio.
Después...
"Soy la parte de ti que tu padre intentó sellar."
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
La espada comenzó a emitir una luz negra.
"Y ahora que has despertado..."
Las miles de caras del cielo comenzaron a sonreír.
"...ellos también despertarán contigo."
La noche quedó en silencio.
Y en algún lugar, muy lejos de allí...
Una chica de cabello negro y ojos violetas seguía luchando.
Aoi Mizuhara levantó su espada.
—Ren...
Miró hacia la oscuridad.
—Más te vale seguir vivo.
Entonces los demonios volvieron a atacar.
Y la verdadera guerra comenzó.
Thoughts
-
PermalinkRen sin padre desde hace diez años y sin madre desde chico. Alguien lo tuvo que criar entre medio, un tío, una vecina, y seguro ese alguien sabe más de la espada que él.
-
PermalinkSeis brazos y tres caras, y el chaval sin haber cogido una espada en su vida. Yo también habría corrido.
-
PermalinkAoi rango C y aun así se planta sola frente a miles para que él pase por el portal. Si en el próximo le suben el rango, yo aplaudo desde aquí.
-
PermalinkLo que suelta el demonio de la madre de Aoi me ha dejado más inquieta que los seis brazos. Me da que las dos casas se conocían de antes y a Aoi nadie le dijo nada.
-
PermalinkEl 千貌 brillando 👀
-
PermalinkEntre tanta explosión, el momento que me llevo es la tienda abandonada: el sello azul en la puerta, los dos sentados en el suelo y ella poniéndole dos dedos en el pecho para comprobar que no tiene núcleo. Son unos minutos sin demonios y ahí se entiende por qué ella se queda al final.
-
PermalinkMe cayeron bien los dos cuando Aoi le dice que no era un cumplido y Ren contesta que ya se está acostumbrando. Mirá que en plena pelea.
-
PermalinkUn chico sin núcleo mágico y una espada que le responde a él directamente. Me suena a que Hiro sabía que su hijo iba a nacer así y por eso selló esa parte dentro de la hoja. Y con Aoi gritándole que no confíe en la voz justo antes del portal, esto va a ser un volumen de desconfiar de todo el mundo. Gracias por subir el capítulo uno!
-
PermalinkRen gritando que no es atleta mientras corre con una espada que antes pesaba más. Ese pata no ha dormido en dos días, se le nota.
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