Apuesto a que Olivia termina armando la banda pero escondida, con el moño verde de Trini puesto y sin decirle a nadie que las letras son suyas. Piolina ya ganó esa pelea.
Bueno... Y si... No... Sí...
La noticia llegó tarde, simplemente un avión desapareció. O al menos es así como lo podemos definir ignorando lo emocional.
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Apuesto a que Olivia termina armando la banda pero escondida, con el moño verde de Trini puesto y sin decirle a nadie que las letras son suyas. Piolina ya ganó esa pelea.
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La noticia llegó tarde, simplemente un avión desapareció. O al menos es así como lo podemos definir ignorando lo emocional.
Un día con un viento dulce y clima agradable, y Piolina caminaba con sus guantes de lana rosas a la casa de la que en ese momento era su amiga más necesitada, Olivia Rehegua Sall Solis. En el camino se permitió disfrutar de la caminata, incluso con todo lo malo que había pasado, era el momento de una imagen optimista.
Al llegar a la casa, tocó la puerta primero, estaba acostumbrada a entrar sin tocar, pero luego de lo de Trinidad no quería interrumpir un mal momento. El señor Solis abrió la puerta con la cara más depresiva que podía poner y la saludó e invitó a pasar.
—¿Un café? —ofreció el señor amablemente—. Hice uno para mi mujer, pero salió cuando se enteró de que detendrían la búsqueda del avión temporalmente, la hubiera acompañado, pero es mejor no frenarla en este caso… igual está frío.
—No, lo acepto igual. —Sujetó la taza y comenzó a tragar—. ¿Cómo está Olivia?
—Está en el cuarto de las… su cuarto, no quiere salir y no quiere hablar con nadie. Pero seguro reaccione contigo aquí.
—Gracias, señor, ya puede limpiar la taza —Piolina se levantó y giró para ir a la habitación.
Vio la misma puerta de siempre, con un cartel viejo escrito por Trini: “Club de Oli y Trini”, con corazones de colores alrededor. Piolina sintió un nudo en la garganta, como un grito contenido. Respiró profundo y tocó la puerta sin demasiada fuerza.
—¡Oli! Soy yo, te extraño. —Ella misma se sorprendió con lo que dijo, como si no sintiera a conciencia—. ¿Podemos hablar?
Pasos se acercaron del otro lado, pasos que retrocedieron y luego volvieron para abrir la puerta. Del otro lado, los ojos morados y vidriosos de Olivia.
—Pioli…
Se abrazaron con fuerza y entraron juntas a la habitación. Había una división clara entre dos lados: el lado de la ventana se decoraba con pósters de músicos y músicas de la actualidad y los viejos tiempos, del lado de Trinidad, más cerca del televisor, había decoración abstracta sobre música, películas, series, autos, deportes, una réplica de la Monalisa y un pizarrón con la ecuación “E=mc²” junto a una pequeña foto de Alberto Einstein Koch. Piolina se sentó en la cama de Trinidad, desde donde se fijó en la mancha húmeda de la almohada de Olivia.
—Bueno, Pioli —dijo Olivia sentándose en su cama específicamente sobre la mancha—, ¿qué hiciste esta semana?
—No mucho —respondió Piolina—. Trato de procesar lo de Trini, he salido a caminar y… ha, probé el helado de chocolate, ese que Trini amaba, yo pensaba que sería un asco, viste que casi nadie pide nunca, pero estaba riquísimo, la verdad, aunque igual creo que Trini exageraba un poco. ¿Vos qué hiciste? —ella ya tenía una idea de la respuesta, pero necesitaba oírlo de su amiga.
Olivia se estiró en su cama, acostándose para mirar el techo, un poco para no mirar la puerta y un poco para evitar la mirada de Piolina.
—No he salido desde… la despedida en la graduación… voy a la cocina para comer y cuando vuelo casi no duermo… lo único que me alegra es… —Olivia cortó su monólogo abruptamente, no se permitía soltar lo que quería decir.
—Dale, sabes que odio el suspenso. ¿Hiciste algo malo?
—No, es que… Solo Trinidad sabía que hacía eso…
—Entiendo, pero si no lo decís nunca, nadie más lo sabrá.
Olivia sintió un nuevo temor. El techo pareció alejarse y la distancia entre su pasado, presente y futuro imitó el infinito.
—Yo también tengo un secreto que me cuidaba Trinidad —dijo Piolina levantando sus manos enguantadas—. Es la razón por la que usaba guantes de lana todo el año, incluyendo verano.
—¿Vas a contármelo? No es necesario… esas cosas son pesadas.
—Pero podemos compartirlo, ¿cierto? Compartamos nuestros secretos.
Olivia respiró profundo.
—Estás proponiendo una puerta…
—¿Cómo que una puerta?
—Ese momento en que tomas una decisión que… te hace ir de un lado a otro… como una puerta…
—Bueno, ¿entonces aceptas contestar esa puerta?
—Sí… ¿Por qué usas los guantes?
Piolina sonrió y dio un ligero aplauso.
—No es tan complicado, simplemente los usaba mi mamá, y como me quedan bien, los uso para recordarla desde el fin de la primaria, la verdad solo me arrepiento en verano, aunque me los quito para ir al baño y dormir, obviamente.
—Guau… —Olivia se cubrió la cara con las manos luego de oírlo—. Soy una idiota.
—No digas eso —Piolina le tocó el brazo—. ¿Por qué dices eso?
Olivia se levantó de la cama de un salto, deslizándose accidentalmente para caer de cola sobre el suelo, provocando un leve dolor agudo.
Piolina quiso ayudarla a levantarse, pero Olivia no lo registró, su concentración estaba en retirar una caja de abajo de su cama.
—Todo lo que me queda de mis padres es esto… —la caja delgada que apoyó sobre su suave acolchado reveló en su interior ropa muy pequeña. Camisa y pantalón de niña doblados con cuidado y planchados, al lado una bolsa de plástico con algunos juguetes de cotollon—. Es solo… lo que tenía puesto o dentro de mi bolsillo… descubrí hace poco que mi familia entera… desde abuelos hasta primos, tenían por testamento donar todo lo suyo a una agencia de protección para gatos.
Piolina rio como si fuera una broma, pero Olivia solo la miró con cara seria.
—Qué raro eso… pero te hace tonta, Oli.
—Eso no es lo tonto —Olivia se ruborizó un poco y retiró la ropa que cubría hojas escritas—. Son… canciones… las hago cuando estoy triste… Trinidad siempre fue mi primer y última oyente, creí que siempre sería así.
—Guau, eso es genial. —Piolina sujetó con cuidado letras, partituras y discos—. ¿También tenés videos?
—Sí… los hacía con Trini cuando se iban sus padres.
Vieron los vídeos juntas, Olivia mantenía su cabeza cubierta en la frazada. Piolina nunca se había sentido tan cerca de su amiga.
—Ahora sí entiendo todos esos chistes. Estuvo mal que no me contaran antes.
—Trinidad quería contarte… pero solo son tonterías.
Piolina le destapó la cabeza a Olivia.
—No, Oli, eres una artista.
—Trini nunca… nunca usaba esa palabra…
—Podrías probar suerte, buscar gente que sí sea… que sean músicos y bueno…
—¿Hacer una banda?
—Exacto, estas canciones serían mucho mejores con artistas experimentados.
—No estás… demasiado emocionada con esto.
—No, esto es oro o por lo menos cobre. Puedes tratar de hacerlo en verano y si no te gusta lo dejas. Por favor —mientras Piolina no aguantaba la emoción, Olivia sintió peso en el corazón y su mirada volvió a dirigirse a las puertas como cuando era niña. Se cubrió con la frazada de nuevo con posición fetal.
—¡No! ¡No quiero! ¡¡No vamos a fundar una banda nosotras y un par de desconocidos más para luego exponernos!!
—En realidad… Estaba hablando de ti y un cuarteto de desconocidos más, no tengo talento musical.
—Es una pésima idea —Olivia solo reafirmó su posición mientras las aterradoras posibilidades de fama se cruzaban por su cabeza.
—No seas así… tú te quedas en las sombras como letrista, solo tendrías que escribir, sería muy bueno.
—Quizá sería mejor… estudiar profesorado de lenguas muertas o… tomarme un año sabático para pensar mejor.
—O usar ese año sabático para formar tu propia banda. ¿Cómo se llamaría?
Olivia se destapó ligeramente mientras pensaba en el nombre.
—No lo sé… preferiría esperar a tener el grupo completo para eso…
—Exacto, ya tomaste la idea y vas a formar la banda.
—No quiero… pero si quisiera armarla, tampoco lo haría.
Piolina la vio frágil, pero conocía la fortaleza que Olivia podía tener.
—¿Cuál es la prenda de Trini que más te gusta? Algo que la caracteriza.
Olivia se destapó y de un cajón junto a la cama de Trinidad sacó lo que parecía un moño verde lima.
—Ella solía usar esto todo el tiempo, lo llevaba en el cabello. —Olivia y Piolina se miraron, Piolina levantó sus manos enguantadas y Olivia levantó el moño hasta su cabeza, donde lo adhirió a su cabello de manera delicada y respetuosa.
—No es para que cambies tu personalidad, pero toma un poco de Trini en tu forma de ser, será como si siguiera contigo, quizá solo algunos hábitos.
—Bueno… pero no es un primer paso… Sigo sintiendo que todo se me viene abajo.
Piolina lo tradujo en su cabeza como necesidad de admiración.
—Ni tus padres sabían de esto.
Mientras Olivia negaba con la cabeza, Piolina sujetó algunos DVD y, gritando, salió corriendo.
—¡¡Señor Solis!! ¡¡Mire lo que hicieron sus hijas!!
Para Olivia fue un escalofrío de cuerpo completo. Sus piernas la levantaron lo antes posible y corrió.
—No le muestres —decía, a la vez que le aliviaba el saber que podría hablar del tema con una persona más.
Thoughts
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PermalinkEl señor Solis ofreciendo el café frío que había hecho para su mujer me pareció lo más triste y lo más tierno de todo.
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PermalinkLa caja con la ropita de niña planchada me dejó quieta un rato. Que toda la familia haya dejado todo a una protección de gatos y a Olivia solo le quede lo que llevaba puesto ese día explica por qué las canciones viven justo ahí abajo, con eso. En mi casa mi mamá guarda así los papeles que más le importan, debajo de la cama, y nadie los toca. Me da la impresión de que para Olivia las canciones y esa ropa son lo mismo: lo único que es de ella.
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PermalinkLo de la puerta como decisión que te manda de un lado a otro me quedó dando vueltas, capaz leí algo así en un video de filosofía pero no me acuerdo de quién
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PermalinkPiolina me cae bien, pero salir corriendo con los DVD donde el papá cuando Olivia le dijo que no como tres veces es pasarse harto. Yo ahí me enojaba de verdad.
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PermalinkPiolina saliendo a los gritos con los DVD hacia el señor Solis me hizo pensar en que a veces uno solo se anima a algo cuando otra persona lo destapa por uno, sin pedir permiso. Apuesto a que Olivia se enoja un buen rato y despues lo agradece. Gracias por seguir con Olivia y Piolina, me gusta leerlas :)
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PermalinkApuesto a que Olivia termina armando la banda pero escondida, con el moño verde de Trini puesto y sin decirle a nadie que las letras son suyas. Piolina ya ganó esa pelea.
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