Capítulo 12 – Advertencias y miradas
La sala privada era silenciosa, iluminada solo por una luz suave que flotaba en el techo. Alpha estaba sentado frente a Aetherion, todavía sintiendo esa vibración constante en el pecho, como un segundo corazón que no terminaba de despertar del todo.
Aetherion lo observaba con seriedad.
—Lo que llevas dentro no es un poder común —dijo con voz calmada—. Son las técnicas de Muerte Blanca. Las mismas que The High Master nunca pudo poseer.
Alpha levantó la vista.
—¿Cuáles son exactamente?
Aetherion levantó una mano y, con un gesto sutil, proyectó cuatro imágenes de energía frente a ellos.
—La primera: Esferas Dark. Pueden absorber, desintegrar, borrar… o simplemente aplastar lo que toquen con una fuerza absurda.
La segunda: Umbral de la Muerte Blanca. Una expansión de partículas blancas explosivas que puede cubrir kilómetros. Capaz de borrar ejércitos enteros si se libera sin control.
La tercera: Ultra Desplazamiento Blanco. Velocidad que supera casi cualquier cosa que hayas visto. Golpes, cortes y saltos que parecen vuelo.
Y la cuarta: Ojo de la Muerte Blanca. Te permite ver a distancias imposibles, detectar rastros, desequilibrar las habilidades de otros… y quebrar la voluntad de quien sostenga tu mirada demasiado tiempo.
Alpha se quedó en silencio varios segundos. La vibración en su pecho se intensificó apenas al oír los nombres.
—Suena… demasiado.
—Lo es —respondió Aetherion—. Por eso voy a ocultarlas. De cara al mundo serás solo un Despertado más. Alguien que despertó de forma inesperada. Nada más. Si las organizaciones peligrosas, las familias codiciosas o incluso algunos miembros del Consejo descubren lo que realmente eres… te cazarán. O intentarán usarte.
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—No uses nada abiertamente hasta que yo te diga que estás listo. ¿Entendido?
Alpha asintió lentamente.
—Entendido.
Mientras tanto, en diferentes puntos de la ciudad…
Las pantallas seguían repitiendo la misma noticia: el Despertador había elegido personalmente a un estudiante desconocido llamado Alpha y lo había llevado bajo su supervisión directa. Ningún detalle sobre sus habilidades había sido revelado.
En una sala de entrenamiento de alto nivel, Isabella Ríos (la Reina Blanca) miraba la pantalla con los brazos cruzados. Su cabello plateado caía sobre un hombro y sus ojos helados brillaban con una mezcla de emociones.
—Interesante… —murmuró.
Una de sus asistentes se acercó.
—¿Señora Isabella? ¿Quiere que investiguemos más sobre ese estudiante?
Isabella sonrió apenas, una sonrisa fría y desafiante.
—No. Quiero conocerlo en persona. El Despertador no se acerca a cualquiera. Si ese chico despertó su interés… entonces debe tener algo que valga la pena. Curiosidad, desafío… y un poco de interés. Quiero ver de qué está hecho.
En otra instalación, los seis nuevos Despertados veían la misma noticia.
Adrien frunció el ceño, moviendo los dedos como si sintiera el aire alrededor.
—Ese tipo ni siquiera estaba en las pruebas y el Despertador lo eligió. Raro.
Valdemar cruzó los brazos, su expresión impasible.
—Shadow Step no sirve de nada si ni siquiera sabemos a quién enfrentamos. Quiero verlo.
Brunhilda soltó una risa baja y confiada.
—Si es tan especial, que demuestre esa fuerza. Yo no me impresiono fácil.
Maeve miraba la pantalla con los ojos entrecerrados, un leve vapor frío saliendo de sus labios.
—Hielo contra lo que sea que tenga… será interesante.
Florence sonrió con suavidad, aunque había un brillo peligroso en su mirada.
—Luz y fuego siempre encuentran su camino. Si el Despertador lo protege, debe ser importante.
Morgana fue la más silenciosa. Solo observó la imagen de Alpha que habían logrado capturar de lejos y murmuró:
—Clones, barreras y un solo golpe… no bastan si no conoces al enemigo. Quiero ver qué esconde.
Incluso entre los Despertados más antiguos el rumor se había extendido.
Bastian, Enzo, Adrián Varela y Valeria Soto comentaban en un grupo privado:
—El Despertador nunca había hecho algo así —dijo Bastian, serio—. Ese Alpha… no es normal.
Enzo cruzó los brazos, con su habitual sonrisa arrogante.
—Cuando salga, quiero probarlo. A ver si aguanta un golpe de verdad.
Valeria solo suspiró.
—Ojalá no se convierta en un objetivo demasiado pronto.
De vuelta en la sala privada, Aetherion apagó la proyección.
—El mundo ya está hablando de ti —dijo—. Y algunos de los más fuertes ya están interesados. Isabella especialmente. Tiene curiosidad… y le gusta el desafío.
Alpha miró por la ventana polarizada, aún sintiendo la vibración en el pecho.
—¿Y ahora qué?
Aetherion sonrió apenas.
—Ahora… aprendes a controlarlo. Antes de que alguien más intente descubrir qué eres realmente.