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Hybris (Título Pendiente)parte 12

EngelAntigonia

Contenido de la publicación

Un sol cenital que no proyecta sombra. En el centro del vacío, una figura que parece de piedra pero respira: el Anciano, el Tres Veces Grande. En su diestra, un globo que imita el peso de los mundos apunta hacia las estrellas fijas; su siniestra señala el polvo de los imperios caídos. El Poeta se detiene, con los pies sangrando por la arena tibia).

POETA

—¿Soy acaso la presa del delirio de la senectud?, el juguete de un espejismo que brota de mis propias sienes secas? Si la sangre que corre por mis venas no es una ficción más en este páramo estéril, habla, enigma con forma de hombre: ¿quién eres tú que habitas donde la vida renuncia a sus raíces?

THOT

(Su voz no viaja por el aire; resuena desde el fondo de la tierra, pesada como el granito de las pirámides).

—Soy el Escriba de la Primera Palabra, el artífice que midió la sombra antes de que existiera la luz. Me llaman el Dios del Peso y de la Medida, el maestro que transmuta el plomo del alma en oro estelar. Los hombres rotos de orgullo, los eruditos que mendigan verdades arrodillados sobre sus propias coronas de ceniza, se despojan de su ropaje ante mí. Para el tirano ciego que gobierna el barro, soy una fábula que el viento disuelve; para el iniciado que porta la antorcha en el silencio, soy la única señal que permanece inmortal.

POETA

(Yergue el pecho, asiendo su cálamo como si fuera una lanza).

—Mi patria no es el silencio, sino el grito ordenado de la Polis. Soy Arquitecto de Mitos, Tejedor de Tragedias. Mi oficio es domar el lenguaje para que los hombres contemplen, en el reflejo de la escena, la estatura de los dioses y el fulgor del espíritu heleno.

THOT

(Una risa seca, como piedras rodando en un pozo vacío, escapa de sus labios).

—¿Espíritu heleno? ¿Oyes cómo late tu propia vanidad en el vacío? Dime, efímero hacedor de cantos: ¿es real esa carne que te sostiene o solo una sombra que proyecta la fiebre del desierto? ¿Crees que tus versos son el puntal que salvará a tu península de roca y mar? Vienes a un templo cuya magnitud ignora tus orígenes. Los hombres que llamas sabios, aquellos que sembraron las ideas que hoy recoges en tus teatros, no se creían manantiales; sabían que solo eran vasijas. Canales que transportaban un agua que no les pertenecía. ¿Hablas del Nous, del orden cósmico? Mucho antes de que tus barcos pescaran en el Egeo, Egipto ya era la gran nodriza de las naciones, la matriz donde el pensamiento aprendió a caminar. Tus maestros cruzaron el mar como mendigos de conceptos, robaron el fuego de nuestros templos, lo tradujeron a su lengua infantil y lo llamaron cultura.

POETA

—La traducción es también un parto, Sabio. Lo que era misterio en el templo, nosotros lo hicimos ley en la plaza, nuestros sabios no se detuvieron en la conversación los diálogos continuaron.

THOT

—Lo hicieron mercado, Poeta. Mira hacia atrás, hacia la Atenas que idolatras. El eterno cuestionador, aquel viejo decrépito que ya no era útil para sostener el escudo en su manos, comenzó a vagar por las esquinas del mercado por puro aburrimiento del alma. Jamás escribió una sola línea porque su copa estaba vacía; su única ciencia era señalar la desnudez de los políticos y la demagogia de los que se llamaban maestros. Se proclamó ignorante, y el mundo creyó que era un misterio, cuando solo era la honestidad del desierto de su alma, no era una mente profunda si no un fuerte instigador. ¿Y qué decir del que edificó los jardines de la Academia? Un alma enferma de grandeza, un megalómano del concepto que quería ser el soberano de las opiniones, el motor inmóvil de la memoria griega. O el tutor del joven macedonio, aquel que se arrodilló ante el trono de la espada para encerrarse entre pergaminos, creyendo falsamente que escribiendo para los siglos venideros estiraría la vida de una Grecia moribunda. Ninguno tuvo la nobleza de arrodillarse ante Oriente; ninguno confesó que sus raíces bebían del Nilo y de los ríos de Mesopotamia. La humanidad no avanza, camina en círculos sobre su propia sangre. Una estirpe alcanza la cima gracias a los huesos de una civilización olvidada; luego, un rey ebrio de poder quema las bibliotecas para esculpir su rostro en los muros, destruyendo el puente. Al final, los nuevos sabios deben desenterrar las ruinas de otra lengua. Tu gran verdad es solo una vieja sentencia de nuestros santuarios: Aprender no es descubrir; aprender es recordar. Siguen pisando las manos de quienes los ayudaron a subir, mientras borran las huellas del camino.

POETA

(Retrocede un paso, pero sus ojos brillan con la terquedad de los mortales).

—¡Sea entonces el drama , sea el teatro el cimiento del mundo! Si robamos el fuego, fue para encender las hogueras de las ciudades. Sin un mito que cante el origen de la sangre, los hombres se dispersarían como fieras en la oscura noche o vivirían bajo las estrellas como nómadas sin memoria; e incluso ellos, los que caminan sin rumbo, necesitan el misticismo de sus constelaciones para no morir de frío. El tirano borra la historia con su espada, es verdad; pero mientras mi pueblo llore y tiemble ante mis tragedias, yo seguiré dándoles rostros que imitar. Prefiero tejer la historia que une a los hombres que la verdad de los inmortales a los que soy ajeno.

THOT

—Hijo de la arcilla, criatura del instante. No eres un iniciado, eres solo un mortal atrapado en la red de tu propio lenguaje. No vuelvas a buscar mi silueta en el horizonte, porque mis ojos miran millones de mundos que tú ni en sueños podrías deletrear. Aprende a leer la poesía que se escribe fuera de tus costas, pues el mismo veneno que secó el corazón de Egipto ya corre por las venas de tu Grecia, y mañana infectará los palacios de Bizancio. Sus imperios caerán; sus mentiras y sus miserias serán expuestas bajo la luz del tiempo. Habrá quienes permanezcan tercos en el establo de su ignorancia, y unos pocos verán el oro entre las ruinas de lo que fueron. Pero la multitud pasará de largo: pensar es una carga demasiado pesada para hombros que solo buscan el látigo o el pan. Tu arte es estrecho, Poeta. Tu escenario es una celda.

POETA

—¿Y qué si lo es? Hablas con la crueldad de las estrellas, Inmortal. Para ti, la epopeya de un hombre es el pestañeo de un párpado de piedra. Pero te equivocas al creer que nada nuevo nace de la copia. La reinterpretación es un nuevo amanecer para la idea. La misma Cleopatra miraba nuestro Egipto actual y sabía que ya no guardaba relación con los constructores de las pirámides; lo contemplaba como un santuario perdido. Pero en ese choque, en esa mezcla de sangres y dialectos, la orilla de Alejandría se convirtió en el faro del universo entero. El mundo entero navegó hacia ella.

THOT

—¿Alejandría? Un mercado de almas rotas. Un nido donde se apiñaron cultos extraños y visiones que no se amaban, unidas no por el respeto del conocimiento de cada etnia, sino por la fuerza de las cadenas. El Ágora y la Academia se llenaron de hombres que vendían sus discursos al mejor postor de la política. Los llamaban filósofos; yo los llamo demagogos, traficantes de la emoción humana. Cuando el poder es guiado por la bilis, por la melancolía del imperio perdido o la ira del esclavo, el conocimiento se vuelve ceniza. Alejandría no pudo dominar la tormenta de sus propios cultos y se devoró a sí misma desde las entrañas. Defender un templo de belleza es solo preparar el terreno para que el templo del vecino te destruya. El arte es hermoso, dices, pero la tragedia es su corona. Te hago la pregunta del desierto, la que separa al sabio del monstruo: ¿sacrificarías las vidas de tus hermanos, de tu propia carne, solo para que tu obra tenga un desenlace perfecto?

POETA

(Sostiene la mirada del dios, con la pluma en alto como si desafiara al destino mismo).

—Las palabras compiten en el silencio por ser la primera y la última línea del cosmos. Incluso las letras debaten cuál de ellas rompió la quietud del Caos primordial. ¡El conflicto es el padre de todas las cosas! La inacción, el silencio de los desiertos donde tú habitas, es peor que la guerra de las visiones artísticas. La tragedia no es crueldad: es el humanismo llevado a su máxima potencia, el grito del hombre que se niega a ser una roca. Reprimir el dolor o la furia es vaciar el pecho de lo que nos hace humanos. Que existan historias más allá de las columnas de Hércules o en las profundidades de Asia, no lo dudo; pero yo no las engendré, me son ajenas a mi condición de mortal que respira el aire del Egeo. Si me las mostraras, tal vez mi alma se enamoraría de ellas, tal vez lloraría su belleza; pero en el fondo de mi ser, sé lo que soy: un moldeador de arena. Necesito que mis propias manos se manchen con el lodo de la creación. Es en ese instante, cuando esculpo el mito que sé que el tiempo va a borrar, donde yo, un simple mortal, me convierto en un Dios. La arena que elegí moldear es la arena del mar Egeo.

THOT —El autoengaño es un placer embriagador.

POETA —Sostener la verdad del mundo es una carga demasiado pesada para un mortal; no vaya a ser que muera por la espada de Damocles si sigo tus directrices. Los dioses, al no poder experimentar la muerte, no temen al peso del conocimiento absoluto. Pero un mortal debe elegir qué mundo habitar "si los habitara todos, me condenaría la locura; mi escritura no podría abarcarlo todo, no soy como tu; un Dios, pero incluso ustedes están sujetos a la voluntad de sus creyentes en Grecia te adoptamos como Hermes-Toth; Grecia antes que Egipto, el mundo que yo elegí es la Grecia de los helenos, no las escuelas de esoterismo. Que los romanos elijan a Rómulo y a Remo Como fundadores ; que los egipcios te elijan a ti; que Asia siga su propio curso. Yo pertenezco a la estirpe de Helena.

Thot—Es verdad los dioses viven también por la creencia de los mortales sin ustedes no seríamos inmortales, por eso los dioses también liberan sus propias batallas buscando su dominó sobre las razas que crearon, y al mismo tiempo los humanos los dotan de su existencia, ambos se necesitan.

THOT —Una verdad has elegido, y solo por eso te hago digno. Te regalo este libro que procede de Oriente; habla también de los dioses. Si tal vez te es imposible experimentar Asia y sus horizontes, este volumen retrata la epopeya de las deidades de Oriente.

(Thot le entrega el libro de "Viaje al Oeste" y se despide, disipándose entre la arena).

Thoughts

  • Policarpo

    Como pasó con el Cínico, Thot los despacha sin nombrarlos: el viejo del mercado que nunca escribió una línea es Sócrates, el de la Academia es Platón y el tutor del macedonio es Aristóteles. Me hace gracia que el dios no le perdone nada a ninguno de los tres.

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  • poemario

    Che, el regalo del final me descolocó. Después de toda la pelea por el fuego robado a Egipto, Thot le da al poeta Viaje al Oeste, la historia de un monje que cruza medio mundo a buscar escrituras ajenas. Yo diría que lo carga varias entregas sin abrirlo.

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