Así me conoció bebiendo una cerveza,
bien puerca y dulce, oscura, lo recuerdo,
hablamos de nuestras vidas y obsesiones
y ninguno tuvo miedo de la oscuridad del otro.
Fuimos tan adentro de nosotros mismos,
que el ambiente se puso tétrico y entonces:
sí que tuviste miedo, ese miedo invocado,
hizo que me abriera los labios como cuchillas.
Nos abrazamos y tensionamos como marionetas;
desarmaste mis navajas con tus labios carmesí,
que se posaron en mi brazo hasta llegar a mi boca
entre la oscuridad de nuestras obsesiones, hubo luz.