Luz era una niña que vivía a metros del pueblo más amable jamás conocido. Este lugar se encontraba entre bellas palmeras y un extenso mar azul, donde a diario todos sus habitantes disfrutaban largos baños y de inigualable paz.
Sin explicarse el porqué, siempre había sentido total nostalgia ante el mar nocturno y el cielo que con él se juntaba, pero en el día, ¡Ay! pero en el día, los padres de esta niña luchaban para que saliera de las aguas.
Un día, ya con 14 años iba entrando a la casa, su madre yacía tirada en la cama con fuertes dolores de cabeza a causa de un supuesto tumor que se la llevaba. La moribunda, la llamó para decirle que al cumplir 15 años se quedara en la habitación sin abrir la puerta. La mujer dormida se quedó y la joven al mar salió; era la única manera de desahogar todas sus penas. Ese día nadando pudo sentir a unos peces desprendiendo sus cabellos.
Al llegar a casa su padre con la más profunda tristeza arropó a la que fuera su esposa de pies a cabeza. Luz sintió una indescriptible desolación, su madre la había abandonado. Estas sensaciones a su padre expresó, a lo que él le respondió que pronto no lo sentiría más. Ambos se quedaron mirando como el cuerpo de la mujer desaparecía en alta mar.
Pasaron meses y el viudo dijo a su hija que no saliera porque ese día 15 años cumplía. Luz decía que aún faltaba. Él le indicó que confiara, que aunque debía emprender un largo viaje, mañana todas sus dudas se disiparían. Como no podía cuidarla le solicitó no salir de casa. La joven sintiéndose desolada al verlo alejarse descalzo y solo con un harapo que cubría su intimidad, cerró la puerta.
Se quedó dormida. Soñó que: su padre era el fitoplancton más grande y hermoso y su madre la misma mar, ambos se fundían entre sí, cuando de pronto del cielo nocturno cayó una luz cegadora que los absorbió haciéndolos desaparecer.
Muy asustada despertó sintiendo ansias de ir al mar pero luego recordó que no debía salir. Asomada por la ventana confundida estaba debido a que el pueblo en el que habitaba a lo lejos se marchaba. Ella aterrada al parecer más sola se quedaba, intentó abrir la puerta; se detuvo. Solo debía esperar hasta mañana para saber toda la verdad.
Se volvió a quedar dormida. Esta vez soñó que una niña salía del mar, y que era rescatada por una pareja que muy bien no caminaba. El lugar era hermoso y nadie más lo habitaba, solo un sinnúmero de hadas que vivían en la playa, cada casa era de coral, cada hada podía volar, pero al llegar la noche sus casas abandonaban para ir al cielo a alumbrar. Estrellas se hacían llamar.
El sueño siguió, pero esta vez, la niña era la Luz de la estrella más grande que deseó nadar, su sueño se haría realidad al ver desde lo alto el bello mar que junto al fitoplancton mantenían viva la coral, logrando en conjunto reducir tormentas y huracanes. Albergando millones de plantas y animales que proporcionarían abundancia alimenticia y oxígeno a la faz de la tierra. Cuando Luz cayó, su alma, el alma de la Mar y el alma del Fitoplancton en fundas humanas se guardaron. En ese momento la joven despertó y ya era el mañana.
Salió de su casa al sentir el llamado del cielo y del mar. Ahora entendía todo. Entendía incluso el porqué los peces halaron sus cabellos para hacerla recordar. Sólo una decisión debía tomar: volver a ser la estrella de más brillar o convertirse en aquel ser necesario que velaría eternamente por la perpetua tranquilidad de la vida en el mar. Eligió. Y aunque su nombre es Aqualuz todos la conocen como sirena.
Fin