Hace unos años, fui a una fiesta de cumpleaños, miraba mis alrededores, como la gente se divertía y yo permanecía tranquila en una esquina.
La celebración se dio en un restaurante con temática de comida tradicional Mexicana, mis compañeros de universidad hablaban entre ellos mientras yo estaba concentrada en mi consola de videojuegos.
No obstante un presentador anunció un juego especial.
–Muy bien, damas y caballeros, es momento del evento especial, vayan todos a la arena, los juegos van a comenzar.
Yo levante la cabeza, y me dije mentalmente:
"¿No estamos muy grandes para juegos?"
Con esto mi madre, todos los alumnos fuimos al lugar citado, era una enorme arena redonda, con piso de tierra un par de puertas de madera en los lados. Era un estado de corrida de toros.
Al verlo, sabia el peligro que se avecinaba, pero mi madre a mi lado me dijo:
–Vamos ve a participar.
Yo en silencio me negué, pero ella intento insistir, hasta que mi negativa la hizo entender que no quería participar de esta locura arriesgada. Pude notar un seño fruncido y se alejó levente de mí.
Esa mujer siempre tenía esa falsa sonrisa, pero en el fondo ella me miraba con unos ojos penetrantes, mostrando su disgusto y vergüenza al querer quedar bien con las masas.
Los juegos comenzaron, vi a mis compañeros reunidos en el centro de la arena, el primer juego que iban a realizar, era un domino gigante. Que consistía en poner las piezas en el orden de los números. Sin embargo, para darle mas "emoción" a este juego, habían traído algo especial.
El estadio retumbaba, con el crecido de la puerta, que estaba resistiendo la embestida del monstruo que estaba del otro lado, al abrir la entrada se reveló a la vestía, no era un feroz toro lo que apareció, ni si quiera una vaca, era un ternero de pelaje oscuro y carente de cuernos.
Los espectadores miraban con ojos brillosos al toro bebé, pero lo miraba con una ceja levantada, pensando que tal vez se hizo esto por seguridad.
Pero cuando el juego comenzó, el bovino era mas hábil de lo que parecía. Embistiendo a algunos de mis compañeros, mientras ellos entre risas eufóricas, esquivaban a la criatura y colocaban con rapidez las fichas de domino antes que el animal intentara embestirlos nuevamente.
En medio de esa partida, algunos de mis compañeros fueron golpeados por el bovino. Pero debido a su carencia de cuernos por su corta edad, no dejaba mas que moretones leves.
Ese pequeño hacia ver el juego como algo inofensivo, pero las cosas se retorcerían en el segundo juego. Cuando esta vez, les tocaba jugar un pequeño partido de futbol con un ternero diferente.
Este era un poco mas grande, y a diferencia del mas pequeño, este si tenia unas pequeñas pero afiladas cornamentas en su cabeza. El aprendiz de toro clavo sus pesuñas en la tierra para revolverla, mientras humo salía por su nariz.
En cuanto comenzó el partido, el bovino sin pensarlo fue a embestir a los jugadores imprudentes, esquivando al animal mientras pateaban la pelota en un intento de meter gol. Un chico fue golpeado en la cara por la criatura negra, dejándole un labio cortado a la mitad y goteando sangre. La gente se quedó impactada, pero el partido continuó. Su siguiente victima fue una chica que embistió del pecho y le dejo una herida sangrante. Miraba como el liquido carmesí manchaba la tierra, mientras un torero que vigilaba los juegos, bajo al estadio para controlar la situación.
Cuando logró sacar a la chica, el ternero lo embistió, tomando al hombre desprevenido, hasta él que se había enfrentado a un toro adulto con una fuerza descomunal, termino lastimado por un bebe en medio de un descuido.
Pese a las heridas, mis compañeros reían como si fuera el chiste mas gracioso del mundo, no obstante era consciente de lo estúpido y arriesgado que fue ese juego, si fuera un toro adulto o una vaca ya estarían tiesos en el piso mientras la sangre se derramaba por el estadio.