Duele más cuando hace frío,
las cobijas no calientan igual
y jamás volví a encontrar
aquel viejo abrigo azul.
Que mágicamente aparecía
siempre en el mismo lugar.
Limpio y listo para usar,
pero la magia ya no está.
Caminar hasta la tienda se hace largo,
y más pesadas las compras al regresar.
Estas cicatrices se han vuelto tan sensibles
que hasta el ligero roce de un recuerdo
duele más cuando hace frío.