Hacía una plácida tarde de verano con un precioso tono naranja atardecer
Mas en su cabeza solo había lluvia al caminar cerca de la orilla del mar
Imagina sentir y ver caer los ultimos rayos del sol dando paso al anochecer
Una espectacular vista que se perdía aquel muchacho de tanto pensar
La culpa le susurró al oído con voz inexpresiva su desoladora, acechante presencia
Portando esa esencia, aroma de los errores pasados, ligero toque a melancolía
Olor a suaves notas a desesperación, dolor, lágrimas, arrepentimiento, ausencia
Aquella fragancia arrastraba deprimentes y horribles pensamientos a quien la olía
Su sobrepensamiento era una tortura atemorizante, un recordatorio agonizante
Por actos inconscientes; un fantasma aún en vida que cargaba con sus penas
Un espectro fracturado, atrapado en el limbo por heridas profundas y sangrantes
Un alma que se lamentaba cansada por llevar esas pesadas y oxidadas cadenas
Absorto en sus nubes grises, pronóstico de tiempo atmósferico sentimental
Por un momento, olvidó todo, su mirada se encapsulaba en el firmamento
Constelaciones, mosaicos hechos de estrellas, solo que sin colores de cristal
Suspiró bajo el cielo estrellado y nocturno, divina quietud sin movimiento
Contempló en medio de tantas luciérnagas pegadas en el azul infinito del universo
La marea, quien estaba destinada a deslumbrar por donde derrame la luna su luz
El horizonte había escrito cual poeta su más profundo, hermoso y complejo verso
El océano tenía un brillo, un reflejo, una estela, un espejo, un destello, un trasluz
Aquellos escenarios fueron la excusa perfecta para escapar un rato de su cabeza
Encontraba atrayente esa inercia en la playa a medianoche, algo casi magnético
Así que escribió a puño y letra este poema en la arena, quería retratar esa belleza
Su poema se lo llevo la marea, mar adentro y pensó... ¿Será esto es algo casi poético?