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21 días sin ti

Manuel23
Pensamiento

Pensamiento

PilarEscudero

La carta que nunca envié habla de esperar una disculpa que no llega y de perdonar sin ella, otro texto de Diario abierto sobre un silencio largo.

La carta que nunca envié habla de esperar una disculpa que no llega y de perdonar sin ella, otro texto de Diario abierto sobre un silencio largo.

Contenido de la publicación

Han pasado veintiún días
desde que dejé de escribirte,
veintiún días sin saber de ti,
sin buscarte, sin llamarte,
intentando acostumbrarme a tu ausencia
y aprendiendo, poco a poco, a extrañarte en silencio.

Me imagino que estás feliz,
disfrutando la vida que elegiste,
construyendo todo aquello que soñabas,
viviendo eso por lo que tanto insististe.
Mientras tú avanzas hacia tus metas,
yo intento entender en qué momento
dejamos de ser lo que alguna vez prometimos.

Se acerca tu grado,
ese día que alguna vez imaginé celebrar contigo,
y qué ironía tan triste la vida:
que hoy me toque desearte lo mejor desde lejos,
sin poder abrazarte como alguna vez soñé,
sin saber si todavía queda algo de mí
en ese corazón que un día sentí tan cerca.

Y aunque me duela aceptar que ya no estoy en tus planes,
espero que ese día sonrías de verdad,
que te sientas orgullosa de todo lo que has logrado
y que la vida te regale muchas razones para celebrar.
Porque, a pesar de todo lo que nos pasó,
nunca podría desearte algo distinto a la felicidad.

Nunca quise ser tu mundo entero,
solo quería tener un lugar en él.
No pedía ser tu prioridad a cada instante,
solo quería sentir que también me elegías,
que mis esfuerzos no eran en vano,
que no estaba amando por los dos
mientras tú aprendías a vivir sin mí.

Con el tiempo he comprendido
que hay verdades que duelen más que una despedida:
descubrir que para quien era tu prioridad,
tú apenas eras una opción en su vida.
Que mientras yo cuidaba lo nuestro con el alma,
tú encontrabas razones para dejarlo a la deriva.

Y lo que más me duele no es que te hayas ido,
ni que ahora tus días ya no lleven mi nombre;
es ver cómo te convertiste, poco a poco,
en esa persona que dijiste que nunca serías.
Cómo aquellas promesas que parecían eternas
terminaron convirtiéndose en simples recuerdos,
y cómo alguien que juró no hacerte daño
terminó enseñándote a vivir con él.

No sé si alguna vez te detendrás a pensar
en todo lo que dejamos a medio camino,
en las palabras que nunca nos dijimos,
en los planes que quedaron sin destino
y en aquella versión de nosotros
que alguna vez creyó que podía contra todo.

No sé si algún día me extrañarás,
si una canción te devolverá a nuestros momentos,
si alguna noche recordarás mi voz
o si mi ausencia será apenas un detalle
perdido entre los capítulos de tu vida.

Pero, a pesar de todo,
espero que seas feliz el resto de tu vida.
Que consigas todo aquello por lo que luchaste,
que nunca te falten motivos para sonreír,
que encuentres personas que te cuiden bonito
y que cada sueño que un día me contaste
se convierta en una realidad frente a tus ojos.

Que tu grado sea el comienzo de algo maravilloso,
que el futuro te abrace con nuevas oportunidades
y que nunca tengas que apagar tu luz
para encajar en la vida de alguien más.
Deseo que llegues tan lejos como siempre quisiste,
aunque esta vez me toque verte llegar desde atrás.

Ahora que vuelves por unos días,
no puedo evitar pensar en aquella charla pendiente,
en todas las cosas que quedaron sin respuesta,
en lo que callamos por orgullo o por miedo,
en las verdades que quizás nunca nos dijimos
y en esa despedida que nuestra historia todavía me debe.

No sé si para ti todavía tenga sentido,
ni si al verme queden palabras por decir,
pero yo aún espero esa conversación,
no para pedirte que regreses,
ni para intentar cambiar tu decisión,
sino para despedirnos como merecía
algo que alguna vez significó tanto para los dos.

Porque hay historias que no necesitan otra oportunidad,
pero sí necesitan un cierre.
Hay personas que no vuelven para quedarse,
sino para enseñarnos a soltar definitivamente.
Y hay sentimientos que, aunque ya no tengan futuro,
merecen al menos una última conversación sincera.

Y si de verdad lees esto, como tantas veces dices,
espero ese mensaje de despedida que nunca llegó.
No sabes cuántas veces imaginé esas palabras,
cuántas veces revisé mi teléfono en silencio,
cuántas veces quise convencerme de que escribirías,
aunque otra parte de mí supiera
que quizá tendría que aprender a vivir sin ellas.

No espero un mensaje que cambie nuestra historia,
ni unas palabras que prometan volver.
Solo espero despedirme de lo que fuimos,
entender que esta vez sí te vas
y dejar de buscar respuestas
en un silencio que parece no tener final.

Quizás nunca entiendas lo que significó para mí
esperar algo tan pequeño de alguien tan importante.
Quizás para ti todo haya terminado hace tiempo,
mientras yo apenas estoy aprendiendo
a aceptar que ya no hay un nosotros.

Y si finalmente esa charla no sucede,
si tus días pasan y vuelves a marcharte
sin decirme aquello que quedó pendiente,
tendré que aceptar que también el silencio responde,
aunque no sea la respuesta que esperaba,
aunque me duela más de lo que quisiera
y aunque me queden mil palabras guardadas.

Por ahora, me toca aprender a soltarte,
aunque una parte de mí todavía quiera encontrarte.
Me toca celebrar tus logros desde lejos,
guardar las palabras que aún quisiera regalarte
y aceptar que hay amores sinceros
que, por alguna razón, no consiguen quedarse.

Hoy no te escribo para que vuelvas,
ni para que sientas culpa por mi dolor.
Te escribo porque hay despedidas silenciosas
que necesitan convertirse en palabras,
porque yo también merecía ser elegido,
merecía certezas y no dudas,
presencia y no ausencias,
un amor que no me hiciera preguntarme
si realmente tenía un lugar en tu vida.

Y si algún día te preguntas qué fue de mí,
espero que recuerdes que hubo alguien
que te quiso incluso en tus días difíciles,
que creyó en tus sueños como si fueran propios,
que imaginó estar a tu lado cuando los cumplieras
y que, incluso cuando todo empezó a romperse,
siguió deseándote lo mejor.

Vuela alto.
Llega tan lejos como alguna vez soñaste,
conviértete en esa mujer que quieres ser,
no renuncies a lo que te hace feliz
y nunca permitas que la vida te quite las ganas
de luchar por aquello que llevas en el corazón.

Sé la mejor siempre,
incluso cuando nadie esté mirando.
Sé fuerte cuando las cosas no salgan como esperas,
sé noble sin permitir que te lastimen
y recuerda que mereces una vida
de la que te sientas orgullosa.

Yo, mientras tanto, intentaré reconstruirme,
recoger los pedazos que dejó tu partida
y aprender que amar a alguien
no siempre significa terminar a su lado.
Tal vez algún día tu nombre ya no duela,
tal vez pueda recordarte sin extrañarte,
y tal vez la vida nos enseñe
por qué tuvimos que separarnos.

No sé si volveremos a hablar,
no sé si recibiré ese último mensaje,
ni si algún día nuestras miradas volverán a encontrarse.
Lo único que sé es que hoy,
después de veintiún días de silencio,
todavía hay cosas que quisiera decirte,
pero estoy aprendiendo que no todas
las despedidas necesitan ser escuchadas
para que uno pueda comenzar a marcharse.

Espero que seas feliz el resto de tu vida.
Que cumplas tus sueños, que celebres tus triunfos,
que encuentres paz en tus decisiones
y que nunca te falten razones para seguir adelante.
Aunque ya no pueda acompañarte,
aunque nuestros caminos tomen rumbos diferentes,
siempre desearé que la vida te trate bonito.

Y si algún día recuerdas lo que fuimos,
ojalá no recuerdes solamente cómo terminó,
sino también las veces que te hice sonreír,
los momentos en los que intenté cuidarte
y todo el amor que puse en nosotros,
incluso cuando empecé a sentir
que estaba intentando salvar algo yo solo.

Hoy me despido sin saber si estas serán
mis últimas palabras para ti.
Me despido con preguntas que quizá nunca respondas,
con una conversación que todavía espero
y con la tristeza de aceptar
que no siempre somos elegidos
por las personas que nosotros elegimos.

Pero, sobre todo, me despido deseándote lo mejor,
porque, aunque no hayas sido mi destino,
fuiste una parte importante de mi historia.

Cuídate mucho. Gracias por lo bonito,
perdón por lo que nos faltó
y adiós a todo aquello que alguna vez soñé vivir contigo.

Vuela alto, cumple tus sueños
y sé la mejor versión de ti misma, siempre.

Y si algún día la vida te pregunta
quién te quiso de verdad,
ojalá recuerdes que hubo alguien
que, incluso con el corazón roto,
nunca dejó de desearte felicidad.

Veintiún días sin ti,
y todavía deseo verte feliz.
Quizás ese sea mi último acto de amor:
soltarte de mis manos,
aunque mi corazón todavía no sepa cómo,
y desearte una vida hermosa
en la que, tal vez,
ya nunca vuelva a estar yo.

ESE CHOCORRAMITO CUÁL ES….💔

Thoughts

  • deudatecnica

    Desearle que sonría de verdad el día del grado, sabiendo que uno no va a estar, es de lo más difícil de escribir sin que se cuele el reproche, y acá se cuela igual. Me gustó que no lo escondas, se puede desear lo mejor y estar dolido al mismo tiempo.

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  • PilarEscudero

    La carta que nunca envié habla de esperar una disculpa que no llega y de perdonar sin ella, otro texto de Diario abierto sobre un silencio largo.

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  • PilarEscudero

    Querer despedirse bien, no volver. Eso lo reconozco. Yo pasé casi dos años en un tramo en que solo quería una conversación de verdad, ni arreglar ni romper, solo hablar, y no llegó cuando yo la esperaba. Llegó otra, mucho más tarde y por otro lado. Apuesto a que esa charla pendiente, si se da, no se va a parecer a la que llevas veintiún días ensayando.

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  • tirando_la_talla

    Lo del chocorramito al final 😂 Veinte estrofas con el corazón en la mano y rematas pidiendo chocorramo, eso es sobrevivir con estilo po.

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  • novelaacuestas

    Aupa, Manuel. Lo leí entero de un tirón y lo que más me pesó fue la charla pendiente ahora que ella vuelve unos días, porque ahí la despedida se convierte en espera. Todo lo demás está dicho, eso no. ¿Al final hubo conversación?

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  • Ovid

    El remate del chocorramito despues de todo el adios me hizo reir, y se nota que quien escribe esto ya esta un poquito del otro lado, aunque sean solo 21 dias. Me suena a la forma en que uno se defiende cuando ya dijo todo lo serio y necesita respirar. Ojala esa charla pendiente salga mas parecida a lo que imaginas que a lo que temes.

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  • deudatecnica

    Veintiún días, contados uno a uno. Yo dejé de contar en días tras una mudanza en 2019, y ese cambio de unidad fue lo primero que noté.

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  • ThiagoPodest

    muy hermoso, me emocioné un poco jaja. vivir con esa esperanza dentro tuyo es de lo peor que hay. soltar duele, pero es necesario. con el tiempo se va aflojando el nudo, pero hay nudos que quedan atados para siempre, y no está mal tampoco. nos permite recordar, aprender.

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