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REGIONES DEL ÚLTIMO TORMENTO (R.U.T.)

Creado por: Ultraceba

REGIONES DEL ÚLTIMO TORMENTO (R.U.T.)Un violento accidente en Américo Vespucio arrastra a los pasajeros de la línea 500 y a los jóvenes de un Subaru a un desierto congelado en el tiempo.

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  • Capítulo 0: El Desvío de las Almas

    El motor del Subaru rugía en un lamento mecánico, una bestia herida galopando fuera de sí por la Américo Vespucio. Dentro, el aire era una masa espesa, saturada por el vaho de cinco alientos…

  • Capítulo 1: Reino de Aricca

    A través de los parabrisas trizados y devorados por la costra de salitre, el conductor entornó los ojos. Forzó la vista hacia la imponente pared de piedra negra que cortaba el cielo gris como una…

  • Capítulo 2: Oficina Salitrera La Palma

    El conductor del Subaru tomó la primera decisión lógica del grupo: repartir las monedas en partes iguales para todos. Clavó la mirada en los otros tres adolescentes que permanecían en silencio sobre…

  • CAPÍTULO 3: Rumbo a Cuya

    El conductor de treinta años hundió el pie en el acelerador y el Transantiago de la línea 500 comenzó a avanzar con un quejido mecánico, devorando la Ruta 5 Norte en la dirección exacta que Quintín…

  • Capitulo 4: El Oasis de Esperanza

    El Transantiago avanzaba a trompicones hacia las luces mortecinas al fondo del valle; adentro, el aire de la línea 500 seguía oliendo a azufre y carne quemada. En mitad del silencio sepulcral, una…

  • Capítulo 5: La primera cacería

    En mitad del griterío que consumía la oficina de adobe del retén, Byron permanecía un paso atrás, apoyado contra el marco de la puerta con una lucidez fría que nadie más tenía.

  • Capítulo 6: Bus al sur

    El frío paridor de la pampa calaba los huesos, pero adentro de la cabeza de Byron el infierno ardía a otra temperatura.

  • Capítulo 7: Camanchaca

    El Transantiago se había transformado en un ataúd de lata congelado en mitad de la Cuesta de Chiza.

  • Capítulo 8: Estamos a salvo

    El «¡Chei chi!» se escuchaba muy cercano, vibrando con nitidez a través de la carrocería, pero la espesa niebla de la camanchaca no permitía saber dónde estaban. La Cuesta de Chiza seguía convertida…