Te entregué mi corazón con las manos abiertas.
Te di mis miedos, mis inseguridades, mis pensamientos más profundos y esos sueños que durante tanto tiempo guardé para mí.
Te entregué partes de mí que nadie había visto.
Y tú me devolviste silencio.
Una indiferencia tan fría que terminé sintiendo vergüenza de haber sentido tanto, de haberme mostrado tanto, de haber dejado caer mis murallas.
Tú vivías el presente mientras yo, sin darme cuenta, construía un futuro donde cabíamos los dos.
Qué triste es descubrir que mientras yo construía un futuro para los dos, tú ya no estabas construyendo conmigo.
Y no puedo seguir sosteniendo solo un sueño que nació para ser de dos.