El 18 quedó guardado como esos días que no se olvidan, porque bastó volver a verte para sentir que las semanas de ausencia pesaban menos.
Me encanta escucharte, perderme en todo lo que me cuentas, descubrir un pedacito más de ti cada vez que hablas, como si nunca fuera suficiente.
Y cuando entramos a ver la obra, hubo un momento en el que dudé si mirar el escenario o quedarme mirándote a ti. Porque, para mí, eras lo más bonito del lugar. Te veías hermosa, te veías perfecta, y me encantas.
Perdóname si me viste distinto, si mi energía no fue la de siempre, si el cansancio se me notó en la mirada. Fue una semana difícil, pero todo eso dejó de importar cuando pude abrazarte, besarte y sentirte cerca.
Hay una paz que solo encuentro contigo, una calma que no sé explicar, pero que aparece cada vez que estás aquí.
Gracias por salir conmigo. Gracias por regalarme unas horas que hicieron que el 18 se convirtiera en un recuerdo que quiero volver a vivir una y otra vez.