Trinidad se me quedó grabada. Toda esa escena donde le va enumerando a la señora la foto de sus padres, el collar, la gorra, y la mujer sin saber por dónde salirse. Y antes, tan tranquila quemando hormigas en pleno velorio. Lo leí de un tirón. Me encantó leerte, Tom! Vas a publicar la continuación?
¿Y porque no podemos? Pregunta Sin responder
Olivia Rehegua Sall quedó sola por primera vez a los 7 años. No consideraba malo ser huérfana; lo malo era cómo la trataban al mirar a su alrededor y el duro recuerdo de aquella noche.
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Trinidad se me quedó grabada. Toda esa escena donde le va enumerando a la señora la foto de sus padres, el collar, la gorra, y la mujer sin saber por dónde salirse. Y antes, tan tranquila quemando hormigas en pleno velorio. Lo leí de un tirón. Me encantó
Contenido de la publicación
Olivia Rehegua Sall quedó sola por primera vez a los 7 años. No consideraba malo ser huérfana; lo malo era cómo la trataban al mirar a su alrededor y el duro recuerdo de aquella noche.
Pasó una semana desde los hechos, cuando ya era rutina llorar todo el día en su cama, sobre todo por la atracción tétrica que las puertas tenían sobre su mirada. Todo aquel que conocía estaba muerto, desde amigos hasta familiares, salvo por la única persona que no pudo ver esa noche.
De repente, la puerta se abrió lentamente y Olivia, temerosa, no pudo mirarla directamente hasta que se le acercó.
—¿Olivia, estás aquí? —Era Trinidad Solís, con una apariencia inconfundible entre sus ojos bicolor y cabello rizado dorado con un moño verde enredado.
Olivia fue corriendo a abrazarla, pero sin abrir los ojos, pues sabía que no quería volver a ver esa criatura.
—¿Cómo estás? ¿Te gusta el lugar? —Trinidad devolvió el abrazo con una sonrisa genuina.
—No, es horrible. Me dan de comer sopa de cebolla, ajo y limón todos los días.
—Bueno, ¿pero tenés algo para jugar a algo? —Trinidad se preocupó al ver que la habitación era gris, aburrida y sin juguetes.
—No. Dicen que se llevaron muchas cosas en la mudanza, pero me quedé con esto. —Olivia sacó los chocolates semiderretidos que guardó en su bolsillo todo el tiempo.
—¡Qué bien! —dijo Trinidad, tomando los chocolates y empezando a comer—. Sabes, mis papás dicen que crecieron aquí y que te van a “adoptar, como ellos nunca lo fueron”, sea lo que sea eso.
—¿En serio? Creo que eso significa que vamos a ser hermanas. —A Olivia le destellaron sus ojos morados.
A Trinidad se le cayó el chocolate por la noticia antes de lanzar un grito agudo al cielo.
—¡¡Qué felicidad!! Pensé que era algo aburrido, pero esto es como… como… como si Shakespeare resucitara para hacer una buena película de Titanic.
Luego de eso, jugaron a las escondidas en el patio del orfanato toda la tarde, mientras el resto de niños huérfanos las miraban como ignorantes.
Dos semanas después, Lara Solís y Cristian Solís fueron a la cabina de adopción para presentar los papeles y adoptar a la mejor amiga de su hija Trinidad Solís, que quedó huérfana en un incendio. La amiga, no la hija.
Al llegar a la recepción, tenían todos los papeles con los requisitos de adopción en orden. La señora de sesenta años en recepción, con un gafete que solo decía “Dulce Amargor” y que fumaba frente al cartel que decía “no fumar”, los miró, lo pensó y no le interesó.
—Bien, parece que estuviese todo bien. Casi no hay problemas de nada, de nada, pero noté un detallito que me preocupa. —Sacó una lima de uñas—. Aquí me indica que son extranjeros, ¿cierto?
—No, el horfanato hizo como quizo los papeles. —Comento la mujer.
—Y dice que han vivido en el país por cuatro años, ¿cierto?
—¡No! Recién entonces hicimos bien los papeles.
—Bueno, los veré en 7 meses. —Devolvió los papeles y comenzó a limarse las uñas, aparentando poco interés.
—Pero somos amigos de la familia. La pobre no tiene a nadie más y está pasando un muy mal momento —razonó el hombre.
—Tenemos que asegurar a los niños, y Olivia es un jovencito muy especial.
—¡¡Es una niña!! —habló la mujer.
—No trate de cambiar de tema, señor. No es mi trabajo conocer a los niños; solo los envío a vivir con desconocidos que pagan.
—¿Pagan? —La mujer se arremangó con intenciones agresivas antes de que el marido la detuviera.
—Mejor váyanse o llamo a seguridad, señorita.
—Pero…
—Última advertencia: solo llévese a su hija antes de que nos la quedemos también. Tenemos influencias. —Los miró directamente a los ojos, y tanto Lara como Cristian fueron a recoger a Trinidad y saludar a Olivia.
—Por favor —comentó Cristian—. Tenemos un regalo para la niña más adelante y vamos a necesitar llevarla.
La señora “Dulce Amargor” se molestó, pero al oír la propuesta sonrió.
7 días después, Lara, Cristian, Olivia, la señora del orfanato vigilante y un cura irrelevante estaban sentados juntos en el funeral de la familia de Olivia, empapados, ya que fue con un sol muy agobiante para la época.
Cristian y Lara estaban bastante impactados por igual. Literalmente, no había más nadie, porque todo el que pudo haberse interesado en la pareja muerta murió con ellos. Ni siquiera habría un funeral si ellos no se hubieran involucrado.
El cura se levantó de su silla y se posicionó frente a todos.
—Hoy nos hemos reunido en pos de una tragedia horrible que sucedió este 27 de junio, en el cumpleaños de la pequeña niña Olivia Rehegua Sall, quien ha perdido más de lo que muchos pudiésemos imaginar… —El cura pasó un pañuelo por su cara para quitarse el sudor y las lágrimas—. Porque no había nada más importante para la pequeña Olivia que sus padres… lo más importante para cualquiera… cualquier… ¡Cualquier niña pequeña!
El cura reventó en llanto, Olivia reventó en llanto, Lara y Cristian reventaron en llanto, las flores lloraron… menos Trinidad, quien permanecía lejos.
—¡Mueran, hormigas, mueran! —gritaba la pequeña Trini de fondo, quemando hormigas con una lupa mientras comía caramelos de chocolate sin comprender realmente la situación—. ¡Muajajaja! ¡No tengo misericordia! —O quizá simplemente era una niña en un velorio ajeno.
Tras los 7 meses de espera, ambos padres de Trinidad volvieron confiados al orfanato con su hija “la inclemente”, listos para llevarse a Olivia, esta vez para siempre y nunca volver a ese lugar horrendo.
En el consultorio apoyaron firmemente todos los papeles y documentos necesarios e innecesarios para la adopción, impecable en lo legal, pero con poco peso en lo demás.
—Señora Solís, ¿es cierto que usted robó un chicle con… 11 años?
—Así es —confesó la mujer—. En este mismo lugar, a esta misma hora, y “me arrepiento solemnemente de mis malas intenciones para con el orfanato”. ¿Pero eso qué tiene que ver?
—¿Qué clase de influencia tendría la niña de una roba chicles? Ustedes no pueden ser aptos para adoptar. Incluso deberíamos quitarles a su hija ante tal acto.
—¡Usted es una maniática! —Lara trató de saltar sobre la señora para destrozarla, pero Cristian la sostuvo antes de que realizara esa locura, mientras la señora veía con una sonrisa confiada.
—Oh, ¿quieres hacerme algo? —Lara paró de moverse bajo los brazos de Cristian y le levantó el dedo medio de ambas manos—. Qué linda. No creo que sea posible que adoptes nada nunca con esa actitud.
Cristian arrastró a Lara fuera del orfanato y Trinidad los siguió, extrañada.
—¿No nos vamos a llevar a Olivia? —dijo Trinidad con voz decepcionada.
Cristian y Lara se recompusieron y sonrieron para Trinidad, y Cristian explicó:
—Lo siento, Trini, pero a veces la gente mala controla el destino de la gente buena, y es muy complicado ganar en ese tipo de situaciones. Pero siempre seremos amigos de Olivia y te vamos a seguir trayendo cada semana. ¿Lo comprendes?
Trinidad no entendió y, cuando se pusieron a hablar de cosas aburridas de adultos, como policías muertos y corrupción explícita, Trinidad fue adentro a hablar con la señora Dulce Amargor por su cuenta.
—¿Por qué no podemos llevarnos a Oli?
—Porque tu madre robó un chicle.
Trinidad hizo una pausa antes de continuar.
—Pero… tú te acabas de robar una medialuna del hombre con la charola de por allá, la charola que dice “solo para niños sin papás”…
—Bueno, no tengo papás. Aunque no sea una niña, me corresponde media. Toma la otra mitad, niñita.
—Pero entonces… —Trinidad negó con la cabeza—, ¿por qué tenés una foto con tus padres en la mesa?
—¿Cómo sabes que son mis padres?
—Tienes una foto detrás tuyo que dice “mi papi y mi mami” con cada foto. También acabo de ver que tenés un collar que dice “yo amo a mis papás, papás”, y tu camisa y la gorra que usaba el otro día. Guau… sí que ama a sus papis. Yo quisiera llegar a su edad y presumir así a mis papis. ¿Tú también amas a tus papis? —dijo al niño que pasó junto a ella, el cual se puso a llorar y salió llorando a su habitación tras conocer a Trinidad—. Guau, tal vez sus papis se olvidaron de su regalo de cumpleaños. Eso pasa bastante.
—¿Tus padres se olvidaron de tu regalo, niña? —preguntó desde arriba la señora.
—Sí, pero fue porque Olivia vino a este lugar horrendo, aunque no es tan feo para mí.
—Yo creo que tus padres no te quieren.
Trinidad levantó una ceja y contestó, algo confusa:
—Aunque tu experiencia te precede, claramente no sabes de lo que estás hablando. Mi mami me arropa muy bien como para no quererme.
La señora sonrió, como encontrando un desafío digno en la niña que tenía enfrente, y contestó:
—Eso acabará. Buscan una nueva hija para reemplazarte y eres muy tontita para darte cuenta.
—Comprendo, señora Dulce Amargor, pero si unos padres pudieron llamarte así e igual amarte, estoy segura de que los míos me cuidarán por siempre.
—Claramente no me llamo así, idiota. Es un apodo que elegí yo misma.
—¿Entonces cómo te llamas?
—No te lo diré.
—Entonces supongo que me mientes y tu verdadero nombre es Señorita Vieja Dulce Amargor o algo así… ¿Por qué me mientes?
Trinidad mantenía su sonrisa, esa maldita sonrisa que perturbaba los pensamientos de la mujer.
—Cállate, niña. Vete de aquí ahora.
—¿Por qué? —Trinidad se subió a la mesada y se acercó a la mujer más de lo que cualquiera podría soportar de una niña que evita lavarse los dientes—. Voy a venir seguido a ver a Olivia y a ti, por supuesto, que también te veré muy seguido. Sé que vamos a ser amigas y que nos vamos a divertir. ¿No has visto mi colección de piñas y mi…?
—Eres aburrida, insoportable y nadie te quiere. Te van a abandonar y Papá Noel no existe.
Trinidad guardó silencio, con la boca abierta y la mirada fija en la mujer.
—Guau, gracias por avisar. Eres muy buena en el fondo.
Lara y Cristian entonces volvieron corriendo, agitados, con la niña, y la tomaron de los brazos para irse.
—Esperen, señor y señora Solís —la señora Dulce Amargor se había arrepentido; ya no le parecía divertido—. ¿Cómo se llamaba la niña que querían adoptar?
—¡Niña! —dijo Lara, molesta, y luego procesó lo que dijo y continuó—: …Olivia Rehegua Sall.
—Listo. —Entregó los papeles de adopción—. Firmen y es suya, pero no regresen aquí.
Olivia estaba en su cama, oyendo y sintiendo aún cómo las puertas la llamaban todo el día desde sus sombras. Hasta que la familia Solís abrió la puerta y le dio la noticia que finalmente cambió el rumbo de su vida y los planes de la criatura que permanecía en las sombras.
Respuestas
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PermalinkLo que estás describiendo es exactamente el punto donde la razón calla y el cuerpo sigue preguntando. Esa grieta es donde se escriben los mejores textos.
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PermalinkMe he reído solo cuando la cría le agradece a la señora el aviso de que Papá Noel no existe. Le ganó el pulso sin despeinarse, illo.
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PermalinkLo de la mujer del mostrador me lo sé de memoria. Llevo treinta años en una gestoría y he visto papeles impecables volver a casa porque a alguien ese día no le dio la gana. Siete meses por un chicle.
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PermalinkTrinidad se me quedó grabada. Toda esa escena donde le va enumerando a la señora la foto de sus padres, el collar, la gorra, y la mujer sin saber por dónde salirse. Y antes, tan tranquila quemando hormigas en pleno velorio. Lo leí de un tirón. Me encantó leerte, Tom! Vas a publicar la continuación?
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PermalinkChe, me quedé dando vueltas con que Olivia la abraza sin abrir los ojos porque no quiere volver a ver a esa criatura, y una línea antes la única que no pudo ver esa noche seguía viva. Para mí Trinidad y la cosa de las sombras son la misma, o vino con ella colgada de la espalda. Me quedo con esa teoría hasta que se sepa, y por eso la nena quemando hormigas me dio menos gracia de la que debería.
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