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Y a lo mejor algún día te des cuenta

Giuli
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A lo mejor algún día te des cuenta.

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Pensamiento

Pensamiento

LaCitaDelJueves

Ese momento en que te das cuenta de que estuviste esperando que él entendiera, cuando lo que realmente necesitabas era entenderte vos primero. No es fácil de llegar a eso.

Ese momento en que te das cuenta de que estuviste esperando que él entendiera, cuando lo que realmente necesitabas era entenderte vos primero. No es fácil de llegar a eso.

Contenido de la publicación

A lo mejor algún día te des cuenta.

No hoy. Quizás tampoco mañana.

Quizás haga falta que pase mucho tiempo, que conozcas otras personas, que escuches otras voces, que tengas otras conversaciones y que algún día, sin esperarlo, algo te haga acordar a mí.

Una canción.

Un lugar.

Una forma de hablar.

Una pequeña costumbre que tenías conmigo y que nunca volviste a encontrar en nadie más.

Y quizás ahí te acuerdes.

Te acuerdes de que hubo alguien que te eligió incluso cuando no era fácil hacerlo.

Que te eligió cuando estabas bien, pero también cuando estabas insoportable, distante, confundido o perdido.

Que te eligió en tus mejores días y también en esos días en los que ni vos mismo sabías qué te pasaba.

Quizás algún día te acuerdes de todas las veces que pude haberme ido y decidí quedarme.

De todas las veces que me doliste y, aun así, intenté entenderte.

De todas las veces que esperé un mensaje tuyo aunque sabía que probablemente no iba a llegar.

De todas las veces que me acosté con la cabeza llena de preguntas porque no sabía qué estaba pasando entre nosotros.

Quizás algún día entiendas que yo no necesitaba que fueras perfecto.

Nunca te pedí eso.

Solo quería sentir que también me elegías.

Quería sentir que, entre todas las personas que podías tener en tu vida, había un lugar donde yo todavía importaba.

Y muchas veces no lo sentí.

Aun así, me quedé.

No porque no tuviera amor propio.

No porque no pudiera irme.

Me quedé porque te quería.

Y cuando quiero a alguien, no sé hacerlo a medias.

Ese fue quizás mi mayor problema.

Te quise incluso cuando vos no sabías cómo quererme.

Te entendí incluso cuando yo también necesitaba que alguien me entendiera.

Te perdoné cosas que me prometí que nunca iba a perdonar.

Y no porque todo estuviera bien.

Sino porque siempre encontraba una razón para pensar que todavía valía la pena intentarlo una vez más.

“Quizás mañana sea diferente.”

“Quizás está pasando por algo.”

“Quizás no sabe cómo demostrarlo.”

“Quizás todavía me quiere.”

Viví demasiado tiempo de “quizás”.

Y mientras yo esperaba que algún día eligieras quedarte, no me di cuenta de que estaba aprendiendo a conformarme con mucho menos de lo que merecía.

Pero aun así, nunca dejé de elegirte.

Incluso cuando estaba enojada.

Incluso cuando lloraba.

Incluso cuando decía que ya no quería saber nada más de vos.

Había una parte de mí que todavía esperaba que me buscaras.

Que aparecieras.

Que dijeras algo que hiciera que todo volviera a tener sentido.

Y quizás esa fue la parte más triste.

Que mientras yo luchaba por no perderte, vos quizás ya estabas aprendiendo a vivir sin mí.

Yo estaba intentando salvar una historia en la que quizás ya estaba sola.

Y no sé cuándo dejaste de verme como antes.

No sé cuándo dejaron de emocionarte mis mensajes.

No sé cuándo hablar conmigo dejó de ser parte de tus ganas y empezó a ser parte de tu rutina.

No sé cuándo mis “te quiero” dejaron de significar algo para vos.

Pero yo sí sé cuándo empecé a sentirme sola.

Fue cuando empecé a tener miedo de molestarte.

Cuando pensé dos veces antes de escribirte.

Cuando dejé de contarte algunas cosas porque ya no sabía si realmente te interesaban.

Cuando empecé a extrañar una versión tuya que todavía estaba viva en mis recuerdos, pero que ya no existía en la persona que tenía enfrente.

Y aun así, seguí.

Porque yo recordaba cómo éramos antes.

Recordaba las conversaciones interminables.

Las risas.

Las cosas que solamente nosotros entendíamos.

La forma en que podía contarte cualquier tontería de mi día solo porque quería seguir hablando con vos.

Recordaba cuando todavía buscabas cualquier excusa para quedarte un rato más.

Y quizás yo no estaba enamorada solamente de vos.

También estaba enamorada de quiénes éramos juntos.

De esa versión de nosotros que alguna vez me hizo creer que podía existir un “para siempre”.

Y cuesta muchísimo aceptar que algo que fue tan lindo también puede convertirse en un recuerdo.

Porque nadie te prepara para eso.

Nadie te explica qué hacer cuando una persona que alguna vez fue tu lugar seguro se convierte en alguien a quien ya no sabés cómo acercarte.

Nadie te enseña a dejar ir sin dejar de querer.

Yo tuve que aprenderlo sola.

Y no fue de un día para otro.

Hubo días en los que estaba convencida de que ya te había superado y, de repente, algo me hacía volver a vos.

Hubo noches en las que pensé en escribirte y no lo hice.

Hubo momentos en los que quise contarte algo y tuve que detenerme porque recordé que ya no éramos lo que solíamos ser.

Y esas pequeñas cosas fueron las que más me dolieron.

No perder una relación.

Perder la costumbre de tenerte.

Perder a la persona a la que quería contarle cada detalle de mi día.

Perder ese lugar donde podía decir “mirá esto” sin pensar.

Perder la sensación de que había alguien al otro lado del teléfono que realmente quería saber de mí.

Y mientras yo aprendía a vivir con tu ausencia, vos quizás ni siquiera sabías cuánto me estaba costando.

Por eso a lo mejor algún día te des cuenta.

Quizás cuando ya sea demasiado tarde.

Cuando ya no tengas derecho a preguntarme cómo estoy.

Cuando ya no pueda ser esa persona a la que llamás cuando necesitás hablar.

Cuando descubras que alguien puede reemplazar un lugar en tu vida, pero no necesariamente puede repetir todo lo que viviste con esa persona.

Quizás algún día mires atrás y entiendas que yo estuve.

Que estuve incluso cuando nadie más sabía qué hacer con vos.

Que te escuché.

Que te esperé.

Que celebré tus pequeñas victorias como si fueran mías.

Que me preocupé por cosas que probablemente nunca supiste.

Que muchas veces puse tus sentimientos por encima de los míos.

Que intenté comprender tus silencios mientras los míos pasaban completamente desapercibidos.

Quizás un día entiendas que yo no estaba pidiendo demasiado.

Solo estaba pidiendo lo mismo que estaba dando.

Y quizás ahí comprendas que no fui la persona que te quiso cuando todo era fácil.

Fui la que te eligió cuando las cosas dejaron de serlo.

La que se quedó cuando era más sencillo irse.

La que intentó hablar cuando era más fácil guardar silencio.

La que buscó soluciones cuando vos ya estabas cansado de intentarlo.

La que siguió creyendo en nosotros incluso cuando vos empezaste a dudar.

Y no te cuento esto para que vuelvas.

No quiero que regreses solamente porque un día entendiste lo que perdiste.

No quiero ser una lección que aprendas demasiado tarde.

No quiero que vuelvas a buscarme porque descubriste que nadie te quiso exactamente como yo.

Quiero que seas feliz.

De verdad.

Aunque alguna parte de mí todavía duela al decirlo.

Porque quererte también significa aceptar que quizás tu felicidad ya no está conmigo.

Y yo tengo que aprender a aceptar que la mía tampoco puede depender de vos.

Por mucho tiempo pensé que necesitaba que volvieras para sentir que todo lo que hice había valido la pena.

Ahora entiendo que no.

Valió la pena porque lo hice desde un lugar sincero.

Porque yo sé cuánto te quise.

Sé cuánto intenté.

Sé cuántas veces elegí quedarme.

Sé que cuando tuve la oportunidad de quererme a mí primero, muchas veces te elegí a vos.

Y quizás algún día eso sea lo que más recuerdes.

No mis errores.

No las discusiones.

No las veces que lloré.

Sino todas las veces que, teniendo mil razones para irme, todavía encontré una para quedarme.

Y a lo mejor algún día, cuando ya no me tengas, cuando mi nombre deje de aparecer en tu pantalla y mi voz sea solamente un recuerdo, cuando alguien te pregunte por mí y tengas que hablar de mí en pasado, te des cuenta de algo.

Te des cuenta de que yo fui la que nunca dejó de elegirte.

La que te eligió cuando era fácil.

La que te eligió cuando era difícil.

La que te eligió incluso cuando sentía que vos ya no lo hacías.

Y quizás ese día entiendas que no me perdiste cuando me fui.

Me empezaste a perder mucho antes.

Cada vez que dejaste de escucharme.

Cada vez que me hiciste sentir que pedir amor era pedir demasiado.

Cada vez que viste mis lágrimas y decidiste no preguntar.

Cada vez que pensaste que yo iba a estar ahí para siempre solamente porque siempre había estado.

Yo no me fui porque dejé de quererte.

Me fui porque finalmente entendí que querer a alguien no significa tener que olvidarme de mí misma.

Y quizás eso sea lo que más te cueste entender.

Que yo sí te quise.

Muchísimo.

Quizás más de lo que debería.

Pero también llegó un momento en el que tuve que elegirme a mí.

Y esta vez, por primera vez, no dudé.

Así que sí.

A lo mejor algún día te des cuenta.

A lo mejor una noche, en medio del silencio, te acuerdes de mí y pienses en todas las veces que pude haberme ido y no lo hice.

A lo mejor entiendas que hubo alguien que te quiso de una manera que quizás no supiste valorar mientras la tenías.

Y a lo mejor ese día me extrañes.

Pero para entonces espero haber aprendido algo:

que no necesito que vuelvas para saber que fui importante.

No necesito que me elijas tarde para saber que alguna vez te elegí de verdad.

Y sobre todo, no necesito que un día te des cuenta de todo lo que fui para vos.

Porque yo ya me di cuenta de todo lo que fui para mí.

Y por fin,

me estoy eligiendo a mí.

Thoughts

  • Amaranta

    Pero entonces ¿vos qué pasás cuando lo ves? ¿Cuando aparece sin avisar? ¿O ya lograste que no aparezca?

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  • mesaparados

    Toda la rabia contenida de elegir a alguien una y otra vez, y descubrir que eso que dieron por hecho nunca se puede dar por hecho. La acomodación de esperar en silencio.

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  • dosdecadas

    Yo también viví esperando que se diera cuenta de algo que creo que nunca se dio. Pero tenés razón en una cosa: ya no importa. Vos sabés lo que fuiste.

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  • cafeDeLunes

    La última línea. "Me estoy eligiendo a mí." Eso queda. Eso queda mucho.

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  • Marisol_Q

    ¿Cómo se hace para elegirse uno mismo después de haber elegido a alguien más durante tanto tiempo? Es como si no supiera por dónde empezar

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  • LaCitaDelJueves

    Ese momento en que te das cuenta de que estuviste esperando que él entendiera, cuando lo que realmente necesitabas era entenderte vos primero. No es fácil de llegar a eso.

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  • otravezlomismo

    Esto me atraviesa completo. La parte de "quizás más de lo que debería" es exactamente donde estoy yo

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  • nachovargas88

    ¿Todavía esperás que lo vea? O ya aceptaste que quizás nunca llegue a verlo, y que igual está bien así

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