Dije que no volvería a hacerlo,
me juré no tropezar de nuevo con la misma tristeza.
Y, sin embargo, volví a caer.
Porque hay momentos en los que creo haber aprendido a vivir sin vos, pero llega la noche y basta un solo recuerdo para derrumbar todo lo que durante el día creí haber superado.
Te busqué entre aquella multitud,
con la esperanza absurda de encontrarme, aunque fuera por un instante, con tu mirada.
Pero no estabas, o quizás sí, y fui yo quien no tuvo la suerte de encontrarte.
Entonces agaché la cabeza y me marché,
dejando tras de mí un silencio que decía más de lo que mis labios se atrevían a confesar.
Me fui con el pecho lleno de palabras que nunca pronuncié y con ese vacío que creí haber dejado atrás.
Y qué triste es descubrir
que, aunque uno prometa no volver al mismo lugar,
hay recuerdos que saben el camino de regreso al corazón.