Nueve besos suelta ella por las noches
y solo uno me llega.
Unos van para la luna
otros van a las estrellas
y el último, el que sobra,
es para mí,
pero ni siquiera
me lo da su boca;
lo sube al aire
y si pasa una brizna
una polilla
o una mosca,
me llega
¡Ay que esto de estar enamorado
me angustia y me condena
a vivir al borde del abismo
sin barandas ni escalera!
Caerse siempre es una posibilidad
y salir del fondo
se convierte en proeza.
Nueve besos suelta ella en sus noches
y apenas uno es para mí. Tristeza
se vuelve el amor
pues me ha convertido en el artífice
de toda mi miseria...