Buscando la madrugada a seres despiertos que acompañen a su triste soledad.
Halla, encuentra y sorprende a pequeños inocentes que buscan la respuesta del encontrar, sorprender y desarmar a la madrugada.
La madrugada es una ramera que busca clientes, a los cuales exprimir o matar.
La noche es una mujer deprimida que busca la pesquisa del hallar a hombres perdidos en los extraños mundos de sus propias mentes.
La madrugada y la noche son similares: la noche aún es bella, te da la libertad y, si la desprecias, no se queja; en cambio, la madrugada es maligna, es malvada, y no acepta huidas o un no por respuesta.
El día es la esperanza de que el huracán de la melancolía ha pasado; solo quedan los escombros y los malos olores.
En los extraños mundos de las mugrosas mentes, algunos hombres perdidos son su propio dios, y otros viven esclavizados sin el poder de saber que, si se lo proponen, pueden reinar el interior.
Es decir: grandes Martines Luteros protestando contra la mentira de su mismo ser, clavando sus escritos para convencer al dios que los perturba de que ya no tiene poder sobre ellos.
Entre tanto y todo, todos buscan, todos hallan, todos encuentran y descifran para sorprender al entorno: la madrugada busca matarte, la noche quiere hipnotizarte, el día te confronta y el dios de tu propio mundo necesita esclavizarte.
La depresión destruye todo a su paso; es ese dios, es esa noche, es esa mente extraña, es ese día que regaña, es el final de quien sobrepasa los límites de su capacidad sentimental.
La madrugada la padecen los que sienten, los que siguen vivos y están luchando contra las verdades que los rodean, protestan y dan propuestas, sugieren respuestas donde jamás hubo una, se ofrecen a cambiar problemas donde nunca hubo voluntarios, los depresivos no están muertos, están jugando a ser felices, están revelándose contra las indulgencias de sentimientos y pensamientos, están salvando al mundo que habita en sus propias mentes.
— Jorge Guzmán